Página personal del médico y escritor colombiano Emilio Alberto Restrepo. Aquí se recopilan sus artículos, notas de prensa, entrevistas, conferencias, reseñas, producción literaria, etc. Si tienen comentarios, aportes, sugerencias, favor escribir a:
emiliorestrepo@gmail.com
Todas las historias, todas las miradas, desde todos los rincones
Joaquín Tornado, un cínico que investiga el crimen en Medellín
En la novela policiaca anglosajona, el crimen se resuelve. En la latinoamericana, el asesino no paga. ¿Cómo opera Tornado, el detective creado por Emilio Restrepo?
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Foto: Pixabay
En Medellín
se viene organizando desde 2010 el Congreso Internacional de Novela Negra para
investigar la situación del crimen en la sociedad contemporánea y en nuestro
país. Su director es el profesor Gustavo Forero Quintero y la sede es la
Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia. Este proyecto de
Medellín Negro nació de la investigación del profesor Forero sobre la anomia en
la novela de crímenes en nuestro contexto. En nuestro medio el crimen ha sido
más fuerte que el Estado y que la sociedad.
Una síntesis
de la teoría del profesor Gustavo Forero sería: En Colombia tenemos normas,
Constitución, códigos, leyes y la gente sabe que existen, pero no se les hace
el menor caso. La norma no se aplica. En la novela policiaca anglosajona, el
crimen se resuelve: se descubre al asesino, lo meten a la cárcel y la justicia
triunfa sobre los malos. En la novela latinoamericana también se resuelve el
crimen, la diferencia está en que el asesino no paga sus culpas. No hay cárcel,
no hay castigo, la justicia no funciona. Podría ser esto un reflejo de lo que
pasa en nuestras sociedades.
Esa
contundencia del crimen en nuestro medio llevó a que se dudara de la
posibilidad de que acá pudiera surgir una novela policiaca o una saga de
detectives como han existido en otros contextos. Muchas ciudades del mundo se
hicieron célebres por el nombre de sus detectives reales o ficticios. Londres
contó con la presencia de Sherlock Holmes y Hércules Poirot; París albergó a
Augusto Dupin y al Comisario Maigret; Barcelona fue la sede principal de Pepe
Carvallo, inventado por Manuel Vásquez Montalbán; La Habana es la ciudad donde
Mario Conde investiga los crímenes que le narra Leonardo Padura y Río de
Janeiro fue la sede de ese polémico policía Mandrake, creado por Rubem Fonseca.
No podemos olvidar tampoco los policías de nuestra infancia, Mannix y el
teniente Columbo, que como Philip Marlowe operaban en los Ángeles, Kojac en
Nueva York o el teniente Mike Stone y el agente Steve Keller en las calles de
San Francisco.
Pero contra
las apuestas y los pronósticos de los teóricos de la literatura y la sociedad,
Medellín tiene ya una saga de investigadores policiales. La editorial de la
Universidad Pontificia Bolivariana viene publicando desde 2012 la serie
Policías y bandidos que han inspirado la creación de estos particulares
personajes. Verónica Villa creó a la detective Marina Grisales; John
Saldarriaga se inventó al fiscal Oscar Rosado; José Guillermo “memo” Ánjel le
dio vida a Rambert, que no opera en Medellín sino en Barcelona; Aurelio es el
detective de Luis Fernando Macías y Emilio Restrepo creó al detective Joaquín
Tornado.
Emilio
Restrepo Baena es médico, especializado en Ginecoobstetricia, cultiva diversos
géneros literarios como el cuento, la poesía, el ensayo, y pertenece a ese
grupo de profesionales de la salud que se han interesado en Antioquia por el
arte y la literatura. Manuel Uribe Ángel, geógrafo e historiador; Jorge Franco,
que creará un personaje emblemático con Hildebrando ha dejado de beber; Héctor
Abad Gómez, columnista y escritor de textos sobre salud pública; Mario
Melguizo, novelista, biógrafo, historiador, y Gilberto Martínez, uno de
nuestros más célebres dramaturgos.
El personaje
creado por Restrepo es un hombre solitario, aficionado al bajo mundo, nacido y
crecido en un barrio popular, en medio de maleantes y de la aguda astucia de
las males artes, cínico, sarcástico, al borde del infarto, siempre saliendo de
un guayabo eterno, con alcances de dinero, obsesionado con las chicas prepago voluptuosas
que le ofrecen sus servicio; cuando los turistas extranjeros dejan el cupo
libre, en esta ciudad que conoce al dedillo y donde todo puede pasar.
Ciudad de
estafadores, falsificadores de moneda, de ropa de marca, la ciudad que más
gasta en perfumes, falsificadores de lotería, documentos, capital de la
piratería de libros, películas, discos, programas de computador, drogas legales
e ilegales, contrabandistas, brujos ligadores de amantes y maridos remilgados,
monumentos a la virgen de los sicarios, sicarios, jíbaros, lavaperros, narcos,
oficinas , oficinas de cobro, casinos, burdeles, proxenetas, tratantes de
blancas, tramitadores de todo, embaucadores, corruptos, ladrones de cuello
blanco, clérigos enfriadores de dineros calientes, practicantes de abortos
clandestinos, traidores, mendigos, paracos, extorsionistas, saltimbanquis,
mecenas, misántropos, filántropos, capital mundial de la silicona, futuro valle
del software, la ciudad más innovadora del mundo, meca del cine de autor, tumba
de Rosario Tijeras, cuyo autor dijera “que esta ciudad es como esas matronas de
antaño, llena de hijos, rezandera, piadosa y posesiva, pero también es madre
seductora, puta, exuberante y fulgurosa. El que se va vuelve, el que reniega se
retracta, el que la insulta se disculpa y el que la agradece las paga. Algo muy
extraño nos sucede con ella porque a pesar del miedo que nos mete, de las ganas
de largarnos que todos alguna vez hemos tenido, a pesar de haberla matado
muchas veces, Medellín siempre termina ganando”.
La apuesta
de Emilio Restrepo es dar cuenta de otra Medellín, diversa, compleja,
misteriosa, desconocida, azarosa, y así lo ha mostrado en las siete novelas
policiacas publicadas hasta ahora, donde el personaje es Joaquín Tornado: El
asunto miccional y otros casos de Joaquín Tornado; Nos vemos en el infierno,
mon amour; El abrazo de la viuda Negra; Después de Isabel, el infierno;
¿Alguien ha visto el entierro de un chino? Joaquín Tornado, detective; y el más
reciente El expediente Monaguillo. Con el conocimiento que le permite su
práctica médica, Restrepo nos describe de manera descarnada, precisa,
detallada, las circunstancias de los crímenes, el abuso, las trampas, los
recursos de los victimarios, pero también con conocimiento y sensibilidad se
adentra en el alma, las coartadas, las razones y sentimientos humanos para
convertirse en delincuentes, transgresores o vengadores.
Ciertamente,
Joaquín Tornado no tiene el abolengo de Dupin, Holmes o Guillermo de
Baskerville, pertenecientes a ilustres familias, poseedores de una excepcional
capacidad de raciocinio, competencias lógicas y filosóficas; Tornado no es como
Holmes, el inventor de una nueva forma de pensamiento, la abducción; no es como
Brown que quiere la conversión del asesino, o como Poirot y Maigret que
comprenden la psicología del delincuente y buscan su curación. El método de
Tornado es la supervivencia, su filosofía proviene de la alcantarilla, es
detective no por su talento excepcional sino porque no hay más. Mientras tanto.
Joaquín Tornado no tiene el garbo de un Carvalho ni su capacidad enológica,
tampoco un círculo social protector que lo alimenta y aconseja como a Mario
Conde; se acerca a la suciedad de Mandrake en el conocimiento de la calle, pero
este es un profesional, un abogado, un gourmet.
Muy lejos
está Tornado de un Philiph Marlowe que protagonizara el divo Humphrey Bogart.
Tornado es un chirrete, casi no lo pulen un día que lo querían volver un agente
encubierto. Tornado es un moscorrofio, su mayor virtud es el anonimato, pasar
desapercibido. Tornado por principio trabaja solo, pero ha ido incorporando dos
colaboradores, la Gorda Caro, que presume de su belleza y talento y Capetillo,
el costeñífero, hacker y soplón. No obstante, Tornado conoce a medio Medellín,
de todos los mundos y de todos los estratos. Se lo puede encontrar cerca a ese
inhóspito lugar del poder público en Medellín que es el centro administrativo
La Alpujarra, a veces en compañía de su viejo amigo el fiscal Agustín Restrepo,
hombre de malas pulgas que parece a toda hora con ataque de hemorroides
salpicadas de jalapeño en supositorios de crema de tabasco. Sin embargo, es su
confidente y su polo a tierra.
Ya son
muchos los que confían en la capacidad investigativa de Joaquín Tornado,
esperemos que de nuevo la literatura le pueda dar un ejemplo a la realidad y
que al menos en esta podamos aspirar a que los delincuentes, corruptos y
criminales puedan tener una parte de su merecido. O al menos que las víctimas
puedan lograr algo de justicia, así esta no se obtenga por la intervención de
los estrados judiciales sino por la astucia detectivesca del olfato de cloaca
que acompaña a Joaquín Tornado.
El médico y escritor EMILIO ALBERTO RESTREPO habló de su trayectoria literaria, de las influencias, de la creación de personajes, de sus libros, etc. en esta entrevista literaria en conversación con el escritor LUIS FERNANDO MACÍAS. Fue grabada para Teleantioquia como un episodio de la serie #CapituloAparte.
Una buena forma de estimular el talento local y dar a conocer a los escritores antioqueños
Uno de los
mejores lectores que conocí fue Jorge Villegas, hombre humilde, vecino de toda
la vida. Sabía todas las historias, conocía todos los autores, siempre tenía un
libro con él, que lo acompañaba donde fuera. En la vida normal era cordial,
aunque un tanto seco; no hablaba de chismes, noticias, futbol o política, solo
de literatura. Ahí pasaba de ser callado a ser incontenible, pedagógico, apasionado.
Era soltero, no se le conocían familiares, trabajaba como vigilante en unos
depósitos de Empresas-Varias, por lo que podía leer a su gusto.
Tenía un
defecto: no prestaba ni facilitaba libros, se negaba de plano y sin cortesía a
compartirlos. Y eso que, aunque nadie había entrado a su residencia, se decía que
tenía una biblioteca gigante, que ocupaba varias paredes con la estantería
repleta de ejemplares organizados, protegidos del polvo con plásticos y
cortinas, haciendo contraste con la notoria ausencia de muebles y decoración.
Solo lo básico, de pronto una nevera, una cama y la poltrona de lectura. Y lo
sabíamos, vista de refilón,porque su casa era muy pequeña, si mucho con 2
cuartos, la cocineta y la sala.
Un día
cualquiera no lo volvimos a ver, nadie entraba o salía por su puerta, hasta nos
atrevimos a tocar sin recibir respuesta. Al tiempo todo se supo. Había fallecido
de un balazo, producto de un atraco en la bodega en la que trabajaba. Unos
tipos se metieron y ofreció resistencia; poco entrenado para estar alerta por
pasar leyendo, no reaccionó a tiempo y quedó muerto en el acto; sobre su pecho
quedó un libro que alcanzó a mancharse con su sangre.
Unos
funcionarios vinieron a su vivienda y los vecinos supimos la verdad: tenía mas
de 3000 libros, todos sacados durante años, de manera sistemática y sin permiso,
de todas las bibliotecas de la ciudad. Aun tenían la ficha, no se había
molestado en despegarla. Nunca los devolvió.
NOTA: La entrevista completa (con Luis Fernando Macías) la pueden ver en:
A propósito de la publicación del libro Un hombre solo y mal acompañado de Emilio Alberto Restrepo, editado por Librería Grámmata, compartimos unos diferentes momentos en espacios diversos:
Lanzamiento del libro de cuentos Un Hombre solo y mal acompañado, editado por @libreriagrammata en conversación con el escritor Luis Fernando Macías
Aquí conversamos con la periodista Natalia Vélez Lopera a través de @prendasliterarias
También conversamos con el periodista Henry Amariles para el programa VOZ EN EL ESPEJO de unradio.unal.edu.co
El autor colombiano publicó su libro de relatos Un hombre solo y mal acompañado
Jorge Gómez Jiménezmiércoles 30 de junio de 2021
La pandemia de Covid-19 no fue para Emilio Alberto Restrepo lo mismo que para la mayoría de nosotros: mientras en el mundo en confinamiento se desataba la obsesión por el gel desinfectante, él, que es médico ginecobstetra, estaba imposibilitado de adoptar alguna de las formas de teletrabajo que se han creado o perfeccionado. Y así, conduciendo a través de “una ciudad de zombis”, como él dice, se le fueron ocurriendo las historias que dan forma a Un hombre solo y mal acompañado, que se encuentran hiladas entre sí por su protagonista —un dibujante publicitario con muy pocas pulgas— y ambientadas en el poco explorado hábitat que representan los condominios.
Es preciso aclarar que Emilio no es un advenedizo en la literatura. Estamos hablando de un médico de Medellín que no sólo escribe, sino que se ha forjado un nombre en la literatura gracias a un oficio sostenido y no exento de reconocimientos. Su serie negra sobre el detective Joaquín Tornado ya alcanza los seis libros y además ha incursionado en otros géneros como la literatura para niños, la narrativa urbana y, cómo no, la novela sobre el entorno médico y hospitalario. En Un hombre solo y mal acompañado está, además, bien acompañado por el destacado artista Carlos Marín, quien firma las rotundas imágenes que ilustran sus relatos. Recién publicado por Grámmata Editores, este libro es uno de los temas que abordamos en esta entrevista.
Emilio Alberto Restrepo, escritor en una ciudad de zombis
—El protagonista de las historias contenidas en Un hombre solo y mal acompañado es un dibujante publicitario que no deja de mostrar y ejercer su misantropía. ¿Hasta qué punto te representa este personaje?
—De alguna manera todos los personajes lo representan a uno como escritor, como lector, como ciudadano. Todos se alimentan de las lecturas, de las vivencias, de las películas vistas y pensadas, de la música escuchada, de los miedos, de las neurosis, y hasta de las frustraciones y rabias contenidas. No quiere decir que uno sea como él o que él represente fielmente la personalidad de uno como persona, pero no hay dudas de que expresa muchas cosas que pueden ser de uno, aunque otras no lo sean. Por ejemplo, él es introvertido y yo no lo soy. Él es noctámbulo y consumidor habitual de marihuana y yo no. Él es dibujante y yo médico. Él puede matar perros y yo me considero incapaz. Él pisa la delgada línea de lo ilegal y yo me considero un ciudadano respetuoso (y temeroso) de la ley. Pero no hay duda
Emilio Alberto Restrepo, de médico a escritor viral
—Eres médico ginecobstetra y en esa área también escribes, pues tienes varios artículos publicados sobre tu especialidad. ¿Cómo influye tu formación profesional en lo que escribes?
—La medicina me permite estar cercano al carácter humano, a la psicología de las personas que sufren y que plantean la angustia de vivir, que dan un material riquísimo para hacer buenos personajes. Es una fuente inagotable de historias y precisamente en dos meses lanzo la novela Medicina bajo sospecha, que hace parte de la “Trilogía perversa de la salud”, que cuenta ese lado oscuro de la medicina, de los hospitales, esa faceta que el ciudadano no conoce y que te garantizo que es asombrosa y hasta increíble.
—Tienes varios años compartiendo artículos y relatos en YouTube, en tu serie Consejos a un joven colega. Son videos con miles de visualizaciones en los que haces gala de humor crítico y hasta de dotes histriónicas. ¿Cómo ha sido esta experiencia para ti?
—Esos los diseñé para el final de cada seminario académico con estudiantes y residentes. Les hablaba, después de tratar el tema científico, de asuntos no médicos, que tenían que ver con el vivir cotidiano, cómo capotear los problemas de todos los días en lo que ellos llamaban “supositorios de sabiduría practica” o “garrote en tips”, por burlarse un poco de mí. Vi que empezaron a tener éxito, los estudiantes los grababan en el celular y los compartían, hasta que un canal de televisión (Teledonmatías) decidió hacerlos en una serie que de manera sorpresiva alcanzó la aceptación del público, se volvieron virales en cadenas de WhatsApp y hoy alcanzan más de un millón de visitas en YouTube, sin contar las otras redes. Es divertido, me acerca mucho a los lectores, relaja un poco el carácter grave y siempre serio de cómo se percibe a los escritores, se aprovecha para dar un mensaje y burlarse un poco de esta realidad tan dura y trascendente y amplía el público objetivo, que normalmente se interesa por conocer más cuentos o los libros. Una experiencia chévere y relajada.
—¿Cómo abordas el hecho narrativo? ¿Es Un hombre solo y mal acompañado un libro único en el panorama de tu obra o tus otros libros se le parecen?
—Tengo varias líneas de trabajo. Literatura infantil, narrativa urbana, novela negra (ya mi personaje Joaquín Tornado tomó vuelo, anda ya por seis libros) y novela con temática médica y hospitalaria. También ensayo literario y antologías. Este trabajo es muy específico, la parte urbana la trabajo en el microcosmos de la unidad residencial, ya el protagonista no es la ciudad o el barrio sino el condominio. Son cuentos con unidad temática, todos transcurren con el mismo personaje viviendo historias poderosas, siempre encerrado en la misma urbanización. Esos elementos le dan una identidad propia, un hilo narrativo que lo hace distinto a los otros, desde la forma y el fondo. Pero por supuesto que hay elementos que constituyen mi estilo, mi marca personal. No en vano siempre se ha dicho que un escritor termina escribiendo siempre sobre lo mismo y haciendo una sola obra repartida en varios libros.de que tiene cosas que yo quisiera tener y no tengo.
—Definitivamente la pandemia nos cambió a todos, incluso a quienes ya eran sedentarios y el confinamiento se les hacía, digamos, más natural. Aparte de la escritura de este libro, ¿de qué otra forma incidió el Covid-19 en tu trabajo autoral, en tu vida personal?
—Por mi trabajo como médico asistencial del gobierno no tuve los niveles de enclaustramiento de casi toda la población, pues tenía que ir diario al hospital y atender y operar pacientes. Con el confinamiento tuve mucho más tiempo para mis proyectos, pues el desplazamiento por una ciudad de zombis, deshabitada, era muy rápido, no había vida social, no había salidas turísticas ni a cine ni siquiera a conversar, y pensar en reuniones era imposible. Entonces se reforzaron las lecturas, el encuentro con las películas clásicas y la escritura. Nunca había leído y escrito tanto, ni visto y estudiado tanto cine. Pero como dices, muchos ya teníamos la disciplina de la lectura y escritura y estábamos acostumbrados a pasar largas horas en una función intelectual. Traté de que esos espacios fueran productivos, para evitar ser atropellado por el miedo o algo peor, como la depresión y el aburrimiento. Afortunadamente no me quedaron muchas secuelas (creo).
—Los perros son una presencia permanente en Un hombre solo y mal acompañado, y la mayoría de los que aparecen en estos relatos terminan mal por la desidia humana. Casi podría decirse que los perros de tu libro conforman una declaración de principios tuya como autor. ¿Es así?
—Los perros fueron una aparición casual, sin buscarla conscientemente, que atraviesan muchas de las historias. No tengo una teoría consciente para explicarlo. El primero, fue en una rabia personal por pisar una caca por un descuido de sus dueños. Esto me proporcionó una furia que canalicé en el cuento. Y eso rescata la parte catártica y sanativa de la literatura: en lugar de ponerme a matar perros o pelear con vecinos, hice un cuento para canalizar toda mi ferocidad a través de las historias y un humor algo retorcido. Conseguí un cuento bueno y me libré de hacer algo malo y terminar en la cárcel. El otro fue de una amiga a quien considero dulce e indefensa, quien me contó la historia de su problema con el extranjero de clase alta que la empezó a acosar por el desencuentro de sus mascotas. Parece mágico, pero la conversación surgió cuando ella leyó el cuento “Caca de perro”, que se había ganado un concurso. Yo ya tenía el personaje, tenía el entorno, ella puso el problema y la historia y yo monté el cuento respectivo. Se ganó también el concurso en la universidad CES. Y por esos días estaba atendiendo como ginecólogo el parto de mi sobrina, quien tenía una perra muy mimada y dominante con su territorio. Me dio miedo que de pronto atacara al recién nacido. De ahí surgieron los otros cuentos.
—Pese a la misantropía del protagonista, el libro muestra cómo hace concesiones ante el desvalimiento ajeno. Se aprecia en la historia de Mariengracia, la mujer de servicio despedida sin respeto; en Carmelina, la madre de una chica víctima de una red de pederastas, incluso en Pozetto, el can que cae del cielo. De alguna manera el personaje se convierte en un justiciero. ¿Has conocido personajes así en la vida real? ¿Puedes contarnos al respecto?
—Sí, he conocido personajes que rumian la venganza del día a día ante cosas que los indignan o los oprobian, incluso de manera solidaria con personas desvalidas que les duelen. A mí también hay cosas que me vulneran, pero puede que no tenga el valor de tomar la justicia por mis manos, entonces lo hago por medio de mis protagonistas. Los casos que relatas de esas mujeres tristes y oprimidas son reales, los conocí por referencias indirectas; hubiera querido ayudarles, pero la literatura me permitió canalizar de una forma creativa esa rabia, esa impotencia, esos deseos de lograr un equilibrio en el mundo, aunque fuera por la vía de la venganza. Al leer el libro, un amigo me recordó que en los 70 uno de mis personajes favoritos del cine de acción era Charles Bronson, en su eterno papel del “vengador anónimo”. Mire usted en dónde volvió a brotar esa admiración…
Un hombre solo y mal acompañado, el libro que quería hacer
—Cultivas el género negro y has publicado ya varias novelas con el personaje del detective Joaquín Tornado. En los relatos de Un hombre solo y mal acompañado se aprecia el eco del noir en la manera como estudia las situaciones en las que se involucra, que podríamos llamar en este contexto sus “casos”, y, claro, en las ingeniosas y complicadas soluciones que el protagonista-justiciero aporta. ¿Qué te ha dado el género negro como autor?
—El género negro (en mi faceta de lector, escritor y cinéfilo) me da la posibilidad de crear atmósferas con ese velo de suspicacia e intriga, ese deseo de pintar personajes ambiguos que no son ni buenos ni malos del todo sino que viven su vida en diversos matices de valores morales, esas ganas de ir sembrando en la narración las claves para la resolución del misterio planteado sin hacerle trampas al lector y, sobre todo, la necesidad de mostrar historias que atrapen, que sean entretenidas, pues esto es algo fundamental en el noir. Un lector no perdona lo aburrido o lo lento o lo que sea poco ingenioso. Otra cosa que utiliza el género es el narrador en primera persona, que va mostrando las cosas como las ve o como se las ingenia, mientras trata de resolver las dificultades que se le van presentando para lograr sus propósitos. Además, la tonalidad de amoralidad que rodea las situaciones, la maldad inherente al comportamiento humano, las injusticias, el enfrentarse a una sociedad desigual, abusiva y arbitraria, son muy características de la novela negra. No lo había notado, pero ya que lo resaltas veo que es innegable. Y me alegra descubrirlo.
—La literatura suele reflejar la sociedad en la que se escribe, y en uno de tus relatos comentas algunos de los trastornos que la inmigración venezolana produce en tu país. ¿Cómo están lidiando con este tema?
—En mi libro eso es accidental. Pudo haber sido un ecuatoriano o un gringo, pero el que agredió a mi compañera por la pelea de perros fue un venezolano de clase alta, un migrante de primera ola del chavismo, lleno de plata e ínfulas y totalmente abusivo y arbitrario. No hay nada de personal en ello, fue circunstancial, de hecho, uno de mis más cercanos contertulios es un periodista venezolano que también vino a nuestra ciudad en el éxodo migratorio. El fenómeno es muy complejo, sobre todo los de la última camada, gente muy pobre, indocumentada, sin oportunidades laborales, viviendo en condiciones lamentables y permanentemente rodeados de la indigencia, la mendicidad, el delito, el hambre y el desempleo. Y víctima de oportunistas que los contratan en condiciones de miseria o de bandas delincuenciales que se aprovechan de su desespero. Es un fenómeno masivo y muy preocupante, sin soluciones cercanas a la vista y agravado por la mala condición económica de Colombia en medio de la pandemia y la grave crisis política y social que vivimos.
Un hombre solo y mal acompañado, de Emilio Alberto Restrepo (Grámmata Editores, 2021).
Un hombre solo y mal acompañado Emilio Alberto Restrepo Ilustraciones de Carlos Marín Cuentos Grámmata Editores Medellín (Colombia), 2021 ISBN: 978-958-49-2293-9 108 páginas Ventas: emiliorestrepo@gmail.com
—Háblame de las ilustraciones. Carlos Marín es un artista reconocido y estaba trabajando en un proyecto que terminó ajustándose de una excelente manera a lo que tú por tu lado estabas escribiendo. ¿Cómo fue que coincidieron?
—Carlos es un amigo cercano de mis hermanos. Es un artista de trayectoria internacional y por esos días de encierro estaba trabajando unos bocetos de pinceladas agresivas que mostraban la opresión que sentía por no poder salir, por no poder abrir su empresa, por estar enfermo. En su página personal y en Instagram colgó algunas y fue grande mi sorpresa al ver que estaba pintando de lo que yo estaba escribiendo: mujeres derrotadas y humilladas, hombres recelosos siempre bajo sospecha, burgueses obesos y arrogantes e imágenes de perros vivos y muertos. Pinceladas llenas de insatisfacción, personas infelices y asustadas. Lo llamé, le pedí que me mostrara su trabajo de esos días y vi con asombro que todos los cuentos se podían usar para ilustrar los cuentos. Nuestros planetas estaban alineados en una especie de “sicosincronismo” y por eso resultó una colaboración tan compacta y simétrica. Son casos raros, ni que hubieran sido a propósito.
—Y al final, ¿resultó ser “el libro que querías hacer”?
—Siempre el autor piensa que todos los libros pudieron ser mejores, que hubiera podido profundizar más en el tema, meterle más historias o hasta darle más aliento para constituir una novela. Pero cuando vi el bello trabajo de los editores, un libro compacto con vida propia y la gran recepción de los lectores y de la crítica, entendí que era su tiempo y su tamaño preciso: cien páginas de puras historias, personaje y entorno fuertes, llenos de carácter propio y matices bien definidos. Un libro corto y contundente con lo que Cortázar esperaba del cuento: un derechazo directo a la mandíbula del lector que lo deje lleno de asombro, lleno de ganas de más, sin hastíos ni divagaciones de relleno. Entonces organizo mis ideas y confirmo: Sí, es “el libro que quería hacer”.
Emilio Alberto Restrepo, de médico a escritor viral
—Eres médico ginecobstetra y en esa área también escribes, pues tienes varios artículos publicados sobre tu especialidad. ¿Cómo influye tu formación profesional en lo que escribes?
—La medicina me permite estar cercano al carácter humano, a la psicología de las personas que sufren y que plantean la angustia de vivir, que dan un material riquísimo para hacer buenos personajes. Es una fuente inagotable de historias y precisamente en dos meses lanzo la novela Medicina bajo sospecha, que hace parte de la “Trilogía perversa de la salud”, que cuenta ese lado oscuro de la medicina, de los hospitales, esa faceta que el ciudadano no conoce y que te garantizo que es asombrosa y hasta increíble.
—Tienes varios años compartiendo artículos y relatos en YouTube, en tu serie Consejos a un joven colega. Son videos con miles de visualizaciones en los que haces gala de humor crítico y hasta de dotes histriónicas. ¿Cómo ha sido esta experiencia para ti?
—Esos los diseñé para el final de cada seminario académico con estudiantes y residentes. Les hablaba, después de tratar el tema científico, de asuntos no médicos, que tenían que ver con el vivir cotidiano, cómo capotear los problemas de todos los días en lo que ellos llamaban “supositorios de sabiduría practica” o “garrote en tips”, por burlarse un poco de mí. Vi que empezaron a tener éxito, los estudiantes los grababan en el celular y los compartían, hasta que un canal de televisión (Teledonmatías) decidió hacerlos en una serie que de manera sorpresiva alcanzó la aceptación del público, se volvieron virales en cadenas de WhatsApp y hoy alcanzan más de un millón de visitas en YouTube, sin contar las otras redes. Es divertido, me acerca mucho a los lectores, relaja un poco el carácter grave y siempre serio de cómo se percibe a los escritores, se aprovecha para dar un mensaje y burlarse un poco de esta realidad tan dura y trascendente y amplía el público objetivo, que normalmente se interesa por conocer más cuentos o los libros. Una experiencia chévere y relajada.
—¿Cómo abordas el hecho narrativo? ¿Es Un hombre solo y mal acompañado un libro único en el panorama de tu obra o tus otros libros se le parecen?
—Tengo varias líneas de trabajo. Literatura infantil, narrativa urbana, novela negra (ya mi personaje Joaquín Tornado tomó vuelo, anda ya por seis libros) y novela con temática médica y hospitalaria. También ensayo literario y antologías. Este trabajo es muy específico, la parte urbana la trabajo en el microcosmos de la unidad residencial, ya el protagonista no es la ciudad o el barrio sino el condominio. Son cuentos con unidad temática, todos transcurren con el mismo personaje viviendo historias poderosas, siempre encerrado en la misma urbanización. Esos elementos le dan una identidad propia, un hilo narrativo que lo hace distinto a los otros, desde la forma y el fondo. Pero por supuesto que hay elementos que constituyen mi estilo, mi marca personal. No en vano siempre se ha dicho que un escritor termina escribiendo siempre sobre lo mismo y haciendo una sola obra repartida en varios libros.
Algunas coordenadas de Emilio Alberto Restrepo
—Si los lectores de Letralia quieren ahondar más sobre la obra de Emilio Alberto Restrepo, con las limitaciones que puede ocasionar la distancia geográfica, ¿en dónde pueden leer sobre lo tuyo? ¿Cómo te contactan?
—Claro que hay limitaciones, pero en un mundo globalizado las distancias se acortan. Muchas de mis obras se consiguen en Buscalibre o en Amazon o en LibreriadelaU, en formatos físico y virtual. Además, estas son mis páginas y redes:
publicado, entre otros títulos, los libros de cuentos Dios y otros mitos (1993) y Uno o dos de tus gestos
(2018), las novelas breves Los títeres (1999) y Juez en el invierno (2014), la antología de narrativa venezolana Próximos (2006; bilingüe, chino-español), la novela El rastro (2009) y la plaquette de poesía
Mar baldío (2013). Textos suyos han aparecido en diversas antologías dentro y fuera de Venezuela. Ha
obtenido, entre otros, el primer lugar en el X Concurso Anual de la Universidad Central de Venezuela
(Maracay, 2002) y en el Concurso de Minicuentos Los Desiertos del Ángel (Maracay, 2012). Además, con Letralia recibió el Premio Nacional del Libro (Caracas, 2007) y ha sido en dos ocasiones finalista, y
una vez mención honorífica, de los premios Stockholm Challenge (Estocolmo, Suecia, 2006, 2008, 2010).
Su novela El rastro, publicada en Internet entre 1996 y 2008, recibió en 2007 el puesto Nº 32 en la lista