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Wednesday, December 05, 2007

HABLANDO A ¡CALZON QUITAO!



HABLANDO A ¡CALZON QUITAO!
Emilio Alberto Restrepo Baena
Al líder Guti

Dentro de las expresiones de la sexualidad, sólo la imaginación humana pone límites a su realización, decía un viejo profesor nuestro y parece ser cierto. Nunca terminamos de asombrarnos cuando descubrimos que alguien siempre encuentra posibilidades distintas e inverosímiles, independiente de si las aprobamos o no, de si las consideramos sanas, éticas o aberrantes. Porque el problema no es la valoración moral que les demos. El asunto es de asombro, de la sorpresa de enfrentarse a una situación que no habíamos concebido, acaso por limitaciones de tipo imaginativo, o por restricciones impuestas por el super yo o la norma.

Y es que en nuestro ejercicio de la medicina a diario encontramos pacientes que ilustran lo que arriba esbozamos. En un tiempo manejando un programa de planificación familiar conocimos varios casos que no por exóticos o excéntricos dejan de ser estrictamente ciertos.

Una señora solicitó con mucha vergüenza que le cambiaran las pastas de planificar marca Microgynon porque "son muy chiquitas y se me salen". ¡Horror! ¡Se les estaba aplicando por vía vaginal y llevaba más de un año con ellas sin quedar en embarazo!.

Los óvulos o tabletas espermicidas que se utilizan por vía vaginal antes de la relación también son causa de equívocos en cuanto a su ruta de administración. "Doctor, es que no puedo acostumbrarme al sabor, son muy difíciles de tragar y me dejan un espumero en la boca".

Otra paciente se aplicaba aspirina en la vagina antes de la relación sexual y otra se tomaba 3 mejorales con limón luego de ésta para evitar el embarazo no deseado.

Un caso patético fue el de una señora que sufría un serio problema cardíaco que le impedía planificar con pastillas o con dispositivo intrauterino. Se le propuso la ligadura de trompas como el medio más adecuado, pero su esposo no la autorizó y decía que el preservativo no les gustaba. Al año en una revisión le preguntamos que cual método utilizaban y respondió:

-El método antinatural, doctor...-

-Ah, el método natural-, interpelé, creyendo que se trataba del método del rítmo o "natural"
-No doctor, el antinatural- repitió y pasó a explicarme que se trataba de utilizar la penetración por la vía anal como método permanente de relación sexual, con el cual se sentirán seguros y al parecer satisfechos ¡No termina uno de aprender!.

Otros casos llamativos son la recuperación de cuerpos extraños, ¡Todo tipo de objetos!, de los genitales tanto de hombres como de mujeres, usados como parte del juego sexual o como método de autoestimulación. Es así como vemos lápices, alambres, muñecos en los genitales y las respectivas lesiones que producen.

Recordamos varios en especial: una señora llegó con una botella de vino dentro de su vagina. Parece que al utilizarla y manipularla, hizo un efecto de "vacío" que la adhirió a sus genitales, y no fue capaz de sacársela por sus propios medios. Coincidencialmente, la marca del vino era "Cariñoso".

Un joven se introdujo un tubo de luz de neon por el recto. Pasó intacto y sin quebrarse. Como no se lo pudo extraer, consultó al Hospital de San Vicente donde fue operado. Una radiografía que aún se conserva en el museo de cirugía lo confirma.

En Apartadó un señor consideró que la mejor forma de calmar su ansiedad sexual era sentarse en un aguacate verde, inmaduro, previamente lubricado; tuvo la mala fortuna de no poder dominar la situación y el aguacate se le introdujo completamente por el recto. Por la inflamación del esfinter, no fue capaz de sacárselo y consultó al hospital. Inicialmente no le creían. Cuando lo examinaron y vieron que era cierto, se intentó sacarlo directamente, pero ni con anestesia fue posible. El paciente terminó con cirugía, se le realizó colostomía (derivación del intestino grueso a la pared abdominal) y hoy todavía, todos en Urabá recuerdan la "cesárea del aguacate".)

Y hablando de colostomías, una paciente que trabajaba en un bar y ejercía la prostitución, recibió una herida por bala en su abdomen por lo que fue operada. Como el colon estaba comprometido, le fue practicada una colostomía. El programa era citarla nuevamente en 2 meses para operarla, cerrarle la colostomía e introducirle nuevamente el intestino grueso al abdomen; como a los 3 meses no aparecía, la trabajadora social del hospital la llamó para programarla y cual no sería la sorpresa cuando la paciente contestó:

-Doctora, yo le agradezco mucho, pero desde que tengo la colostomía, me gané un huequito más y estoy ganando el doble de plata.

Según supimos, muchos de sus clientes le pagaban más dinero por permitirle tener relaciones por la colostomía. Caso similar fue el de un preso de la Cárcel de Bellavista que tenía la colostomía por la misma causa y un día resultó con una infección de la piel circundante. Cuando se le hizo un cultivo de la pus, resultó ser un gonococo, bacteria de transmisión sexual.

-Yo soy todo un varón, doctor. No piense nada malo de mí, pero con la colostomía gano mucho billete, imagínese, me hacen fila..-Pero a mí lo que me gustan son las hembras, si a veces me toca tocarle las pelotas a un fulano, no quiere decir nada porque yo no miro ni siento nada, por que ¡yo soy todo un varón! Y no se la dejaba cerrar. Se ganó varias enfermedades venéreas, y el hombre tranquilo ¡como todo un varón!

Otra vez realizando una visita domiciliaria a unos pacientes del seguro social, nos tocó atender un joven que tenía una fractura del femur, y que mientras esperaba cirugía como tratamiento se le aplicó una tracción del muslo con un dispositivo de poleas y pesas, que lo mantenía reducido a la cama. Cuando llegamos a su casa de Aranjuez, nos dejaron esperando en la sala casi l0 minutos, al cabo de los cuales salió del cuarto un señor todo agitado y apurado; según supimos luego, el paciente se dedicaba a la prostitución y aún en esa penosa situación de salud no dejaba de atender a su selecta clientela.

Otro caso que viene a cuento, aunque se sale un poco del tema, es el de la paciente a quien realizamos su control de embarazo en Urabá, una indiecita de 30 años, que cursaba su ¡décimocuarto! embarazo y a quien le había fracasado, primero la ligadura de trompas y luego la vasectomía a su esposo; nos pidió el favor de que le escogiéramos el nombre de su hijo. Cuando le preguntamos por los nombres de sus anteriores hijos para tener ideas, nos hizo la lista: -Rosa, Roberto, Rosmira, Rogelio, Roque, Rodrigo, Ronaldo, etc. como ven todos los nombres empezaban por Ro, Ro, Ro,... En ese momento yo, presa de un guayabo atroz y con el mamagallismo puntudo me dio por decirle:

-Yo le tengo el nombre para su hijo; pongámoslo Rocanrolemilio, que es el nombre de moda en Medellín-.

-Hágame el favor y me lo escribe, Dotor pa' que no se me olvide, que mi comadre me lo lee- me respondió mi paciente, una pobre campesina, indígena, del último rincón de Urabá.

A los meses supe que la señora me había creído el cañazo, que en realidad había puesto a
la criatura el nombre (nombre?) de Rocanrolemilio. Pobrecito, todavía me debe estar buscando; con esa chapa, si sobrevivió, debe ser epilético el condenado.




Otras lecturas recomendadas en este blog:

CASOS Y CUENTOS DE AUXILIARES DE ENFERMERIA





Wednesday, December 27, 2006

LA EFERVESCENCIA DE LOS AÑOS PUNTUDOS (En poder de los Arrechocitos)

LA EFERVESCENCIA DE LOS AÑOS PUNTUDOS
(EN PODER DE LOS ARRECHOCITOS) a Migüín


Emilio Alberto Restrepo Baena

En esas épocas de juventud vivíamos un despertar sexual bastante interesante, agitado por una información exhaustiva y muy poco decantada, estimulado por las fantasías y alardes de los amigos mayores, exacerbada por las revistas y películas que circulaban de mano en mano. Esa revolución hormonal fue muy templada en todo el sentido de la palabra. Durante cierto tiempo todos los pensamientos, todas las conversaciones, todos los planes giraban en torno a nuestra naciente sexualidad. Recuerdo que Chumbimbo se aplicaba una pócima que combinaba raspadura de casco de burro con extracto de cuerno de rinoceronte y enjundia de gallo viejo en una mezcla de vaselina en su miembro para aumentar el tamaño de éste y emular al de aquel; ignoro los resultados. Las técnicas de los más avezados nos enseñaban que el secreto infalible para que una mujer cayera en los brazos de uno, era acariciarle el seno izquierdo, (si lo permitía, bien; si no, hacerlo con disimulo) ruta inmediata hacia la entrega total; otra forma era acariciarle el cuello, cerca a la oreja izquierda. Los resultados nunca fueron muy halagadores.

En la revista Pimienta aprendimos sobre las lociones y perfumes afrodisíacos que enviaban por correo y que nunca funcionaban. Entre nosotros circulaba el mentol chino, para prolongarse notablemente en los artes amatorios y luchar contra esa tara de los años mozos: la eyaculación precoz. Esta siguió señoreando por encima de nuestro orgullo y fuera de irritación y rasquiña, nada se prolongó.

Un gran descubrimiento fue el Atinka. Todos los mayores hablaban maravillas de él. Se trataba de un polvo blanco de uso veterinario que se le administraba a las vacas para que entraran en celo y se dejaran montar del toro. Al cabo de los años cuando estába estudiando medicina, aprendimos en el libro de medicina forense del Dr. César Giraldo que producía una dilatación de los vasos sanguíneos, un escozor en los genitales con congestión y deseos de rascarse, que de modo indirecto provocaba excitación femenina. Pues bien, fueron cantidades industriales de Atinka las que repartimos entre nuestras amigas y no recuerdo una sola aventura atribuible al famoso invento. La clave era aplicarle en la gaseosa la punta de la navaja del polvillo cuando la pelada se descuidara, para después echarle el ídem, pero nunca funcionó. Una vez se lo aplicamos a Mariatrapos, una sardinita lo más querida, pero cual no sería nuestro achante cuando la Coca Cola empezó a echar espuma, tuvimos que derramarla para disimular. Como pensamos que la cantidad era muy poca, a Claudia Patricia le duplicamos la dosis; pasó tres días con diarrea y nada de demostraciones de desafore pasional como la que nos cañaban los amigos. Estos contaban incluso anécdotas que se hicieron famosas: que una vez un man le dio la dosis a una muchacha y que mientras el fue a saludar unos amigos y ella lo esperaba en el carro, la encontró sentada en la palanca de cambios presa de una desaforada excitación. Como anécdota no estaba mala, pero en la práctica nunca vimos su resultado. Con más pena que gloria, fue la fama de otro producto para idénticos fines, el bórax, que tampoco nos surtió efecto.

En esa época no manteníamos mucho dinero en los bolsillos; casi no había moteles en Medellín; (Solo recuerdo dos, Candó en Girardota y Amaraje en Robledo) No teníamos carro, sólo cuando lográbamos escaparnos sin permiso, lo que era muy raro o cuando luego de mucho rogar nos lo prestaban para hacer alguna vuelta de la familia. Por todo eso, era difícil tener escapaditas amorosas como lo ordena la santa madre iglesia. Estas eran apresuradas, improvisadas, siempre a escondidas y de afán. Siempre con el objetivo de dar rienda suelta a ese desborde de ardor sexual (conocido como arrechera); se insistía mucho en que había que darle alguna salida a esta congestión hormonal interna porque de lo contrario, si ese furor se le subía a uno a la cabeza, en cualquier momento uno se podía enloquecer o le podía dar una meningitis pues las células concentradas (conocidas como arrechocitos), acumuladas por millones se le iban a uno para el cerebro y le impedían concentrarse, pensar, cumplir los deberes etc. Esto siempre me ha intrigado y estoy en mora de consultarlo con algún neurólogo amigo.

Que los padres se fueron para la finca o a pasear, que organizamos un bailecito a media luz, que todos están dormidos en el segundo piso y uno mirando por el reflejo de la pecera que no lo fueran a pillar, etc. Una opción era irnos en gallada para las mangas de la Nubia, cuando aún no había urbanizaciones, pero, o a las peladas no las dejaban salir de noche, o nos daba miedo por lo peligroso del sitio. Allí jugábamos “chucha americana”, “cinco minutos en el cielo”, a las escondidas por parejas, botellita, que sólo eran disculpas para tener contactos cercanos y mal disimulados con el sexo opuesto. Lo común era encomendarnos al santo patrón del juego amoroso conocido como “encarrete” llamado “San Luis Vergón”, para con suerte terminar emparejados y en el mejor de los casos “rastrojiando” en una manga. Cuando alguna amiguita se excedía en licor, corría el riesgo de terminar como víctima de un “carga-montón” o “vaca-muerta”, con todos los aprendices de galanes encima despresándole la anatomía. Cuando algún "quiebre" lograba cuajar, una opción era irse para las residencias del Centro, pero ¡qué problema para entrar! Que la pena, que nos van a descubrir, que nos van a delatar (sapiar o aventar). La más concurrida era Manhattan, que quedaba en la avenida de Greiff, abajo de las Empresas Públicas. Era el sitio preferido de los estudiantes, por barato y por central; claro que amiga que entraba allí una vez, no lo hacía dos veces. Nosotros le decíamos "urgencias" y durante la época de estudiantes fue realmente útil y sirvió para muchas "desvaradas".

Muchas veces antes del programa, uno se iba para los bailaderos del centro para no ponernos en evidencia (o “banderianos”), pues los de Belén no eran lo suficientemente reservados o discretos. Uno de los favoritos era "Rincón 70", enseguida del teatro Sinfonía, otro de los lugares preferidos por los pelaos de esa época. El sitio se conocía como un “cambiadero de aceite” o “el palacio del dedo” por una de esas analogías prosaicas tan comunes de nuestro lenguaje, y se podía aprovechar para pasar gratos momentos de música, trago y sexo a mediacaña. Luego se volvió muy peligroso y cuando crecimos, casi ninguno de nosotros regresó.

El parque de Belén los sábados y domingos por la noche era un hervidero de muchachas del servicio doméstico que salían a tomar trago y hacer levantes. Todos los pelaos salíamos a dar un vueltón y de paso ver que pescábamos, porque eso sí, para "mantequeros", los muchachos de aquellos años. Como dice un amigo, el que niega la grasa, niega la madre, como se empeñan en hacerlo hoy prestigiosos profesionales que en esa época eran voraces sirvienteros. A la heladería La Soraya, le decíamos el Palacio del Colesterol, pues allí se encontraba la mayor concentración de sirvientas por metro cuadrado del mundo. De sólo entrar allí a uno se le subía la mostaza y los triglicéridos. ¡Había que entrar con una docena de limones, para cortar el grasero!. Eso fue mucho bailar, dar bomba y echar carreta. La mayoría eran coquetonas y generosas; nosotros las conocíamos como "grasas", "coimas", "fámulas", "melegas". Había amigos que tenían directorios enteros llenos de nombres y teléfonos. Por supuesto ahora lo niegan, pero en esa época era una de las mejores formas de matar el tiempo y dar rienda suelta a las volcánicas pasiones que nos atormentaron durante la adolescencia.

Otro aspecto muy común de la época era esquivar el acoso de viejos degenerados o cacorrones, conocidos como caquirris, que siendo muy amables, atentos y generosos, pretendían arrastrar a los muchachos a prácticas homosexuales bajo artimañas casi ingenuas, con trucos muy trillados y repetidos. Casi siempre fundaban un equipo de fútbol o eran líderes activos de un grupo juvenil o era el infaltable sacristán de la parroquia, o atendían en la tienda del barrio. Casi nunca eran agresivos y era muy llamativa la forma como se dejaban explotar de los pelados, quienes de frente y burlándose de ellos, les sacaban plata, bebían gratis a su costa, se iban en grandes grupos para paseos de cuenta del pobre viejo maricón; lograban su cometido con jóvenes que sin ser declarados homosexuales, con novia incluso, los escurrían a cambio de dinero o ropa o electrodomésticos; también caían las loquitas o florecitas, pelados que desde chiquitos ya mostraban su inclinación, aunque lucharan contra ella; cuando estaban eufóricos o tomando licor se hacían evidentes y “botaban la pluma”. A manera de chiste se decía de ellos, “Ese desde chiquito es dañado por el chiquito; hay una foto de los tres meses de vida que lo muestra sentado en el chupo del biberón”.

El tiempo pone todo en su sitio. Con el paso de los años casi todos nuestros contemporáneos (ya muy cincuentones) han superado ese desespero de furor genital, y por el contrario hoy la preocupación es en el otro sentido, cuando el Viagra se convirtió en un aliado incondicional.

Monday, December 25, 2006

CRONICAS SOBRE RUEDAS

CRONICAS SOBRE RUEDAS
Emilio Alberto Restrepo Baena


PICAROS SOBRE RUEDAS


Hemos comentado en otras oportunidades la forma tan variada como se puede hacer uso del automóvil, adecuándolo a cualquier actividad humana, independiente de la intención que la motive. Los aspectos socialmente útiles de los transportes los conocemos de sobra. Hemos discutido también la utilización anómala e ilegal que de los vehículos se hace; hoy hablaremos de aquellos que utilizan los automotores para una suerte de hechos que son de difícil clasificación jurídica, ya que se debaten peligrosamente entre la legalidad y la marginalidad.

En nuestro medio son muy comunes los avivatos, aquellos seres privilegiados por la inteligencia, azuzados por la necesidad, estimulados por la estupidez ajena y bañados en el tibio manantial de la falta de escrúpulos. Es legendaria la astucia y la suspicacia de aquel especimen humano marcado por el sino del nomadismo, de la inmediatez, del hedonismo; sus armas son su mirada penetrante, su verbo poderoso, su intrepidez a toda prueba, sus rápidos reflejos, su sentido de la oportunidad.
Son aves de rápido vuelo y no escatiman cualquier ocasión para desplumar a los incautos.

Uno muy típico es aquel predicador religioso que se dice investido de un soplo divino, que se proclama por encima del bien y del mal y que pregona por todas partes el carácter espiritual de su prédica. Usualmente devuelve con una sola oración la voz a mudos que a duras penas contienen la carcajada; la fuerza en las piernas a paralíticos imposibles, fuertes como bultiadores; exorciza epilépticos, extrae demonios, saca sapos del cerebro y culebras de los hígados; canaliza en forma demasiado sagaz para la imagen que publicita la estupidez y el fanatismo de sus congéneres; luego reparte con sus socios las pingües ganancias y repite la actuación en otro pueblo, mientras las pobres beatas quedan convencidas de haber visto al enviado del señor, el alma pura de los comulgadores se fortifica para seguir luego injuriando a Dios y pisoteando al prójimo y las viejitas miran con pasión las estampitas y recordatorios del santo de marras.

Otro bellaco muy famoso era un enano que transportaba en un camión a tres prostitutas añosas, feas y varicosas pero de mucha chispa. Viajaron por muchos pueblos de Antioquia y de la Costa ofreciendo los servicios en el propio carro, que aunque destartalado, estaba acondicionado. Mucha gente aún los recuerda desde la época del oro, pues además del aspecto tan particular que representaba la caravana, eran ansiosamente esperados por los clientes y por los médicos, pues no fueron pocas las venéreas que diseminaron. Las viejas eran honradas y parranderas y el enano avaro y pendenciero. Todo terminó cuando un cliente, urgido y desplatado quiso disfrutar sin pagar. Aún debe estar el pigmeo pagando cárcel por las 20 puñaladas que le propinó. Después de eso, el negocio nunca prosperó; supe de una de ellas que terminó vendiendo tamales, gorda y desdentada a la salida del estadio de Medellín. El cadáver de otra fue a dar a una facultad de medicina donde fue reconocida por un médico que hizo el año rural en uno de los pueblos del recorrido.

Los vendedores ambulantes de rifas de autos lujosos, apartamentos en la costa y otras fantasías, son otros que se han hecho ricos vendiendo fantasías de pueblo en pueblo. Aún estamos buscando al primer ganador de un premio de esos...

Uno muy común es el cambalachero que carga con su almacén de baratijas a cuestas y que se desengüesa en todas las plazas públicas, de todo cuanto cacharro inútil puede imaginarse uno; le da gusto al campesino: "con tal de que sea barato, no importa que no sea bueno". Armado de parlante, riega en el suelo su mostrario y su parla hace el resto; hemos visto cómo vende brasieres usados, dos botas izquierdas, pantaloncillos de terlete en tierra caliente, almanaques viejos, etc.



Los vendedores de felicidad son también bastante conocidos: venden pócimas para al amor, amuletos y talismanes, echan mal de ojo, leen las manos, la ceniza, el periódico, adivinan la suerte, promocionan un mentol para aumentar la potencia sexual y el tamaño del miembro viril, tienen unos polvillos que administrados a las féminas de nuestra apetencia las excita y nos permite echarles los idem; en todas las poblaciones que visitan tienen público y por lo tanto éxito.

Para no extender más un tema tan conocido por todos, baste recordar que mientras exista gente que compre, habrá quien venda. Siempre habrá quien llene las expectativas que crea la ignorancia, la pobreza y la falta de imaginación. Y eso que hoy no hablamos de los políticos. Suspendemos aquí pues tenemos que salir de correría por varios pueblos.
..



ROMEOS AL VOLANTE

Durante siglos los poetas y juglares inspiraron los versos que componían a sus amadas en situaciones y cosas, palpables o nó, pero de indiscutible tradición romántica: La luna, el arroyo, el atardecer, el canto de un pájaro, e incluso presas anatómicas como el pelo, los ojos, las manos o la piel, pero siempre conservando muy juiciosamente los límites entre lo lírico y lo mundano.

Encontramos hoy una derivación de la poesía moderna que parece haber recibido su formación en las oficinas del INTRA, pues un aspecto de aparición constante en sus sentidos cantos es la presencia de un vehículo.

Estos modernos Romeos motorizados, a quienes uno no sabe ya si pedirles la partitura o la licencia de conducir, gozan de la aceptación popular y sus canciones son bastante conocidas.

Tal vez la primera canción que conocemos que ronda el tema, aunque en una versión bastante arcaica, es aquella del maestro Atahualpa Yupanqui que denota su preocupación nula por la lubricación y que hoy le acarrearía una multa por contribuír al ruido de la ciudad:

..."Por que no engraso los ejes,
me llaman abandonao,
si a mí me gusta que suenen,
pa' que los quiero engrasaos"...

En el extremo opuesto, Roberto Carlos, mientras hace severas advertencias a la amada que lo ignora, hace pública su protesta por lo que considera polución ambiental por estridencia:

..."El ruido enloquecedor de su auto,
será la causa obligada o algo así"...

Pero a Roberto no siempre le ha ido mal con las mujeres y los carros. Al comienzo de su carrera se montaba en los segundos para poder hacer lo mismo con las primeras. Recuerden "Mi cacharrito...".

..."Ustedes me perdonan
pero ahora yo me voy.
Existen mil muchachas
que quieren salir conmigo.
Y todo es por causa
de mi cacharro"...


Otras no han tenido la misma fortuna y sus vehículos han tenido serios desperfectos. Las canciones han plasmado su grito lastimero:

..."Yo le daba manivela...y nada,
le cambiaba batería...y nada"...

O más de malas Lizandro Meza que después de hacer una exhaustiva revisión de su carro, se encuentra conque:

..."Pipiripí, pipiripí,
es el ruido de mi carrito
que suena así"...

Vemos también como se han enriquecido las listas necrológicas de los cementerios, las acciones de las funerarias, los propietarios de los talleres de reparación y los que más han sufrido, además de los cantantes, son los novios, las madres y las compañías de seguros. Esto lo han narrado algunos artistas con la maestría apenas esperada de la crónica roja de un periódico sensacionalista bogotano. Recordemos a Alci Acosta:






..."Yo iba manejando,
iba a más de l00.
Era ya de noche
y no podía ver...
...Había un letrero de desviación,
el cual cruzamos sin precaución"...

En fin, todo termina como suponemos, ella en el cielo con alas y tocando arpa y él presa de remordimiento y del desespero por ciego, bruto, correlón e irresponsable. Y eso que no se le ha hecho la prueba de la bomba para conocer el estado de embriaguez. Creemos que no lo confesó todo. Hablando del pobre Alci, es conocido como el "asesino del piano"... En cada canción mueren trágicamente dos o tres personajes. No nos referimos por supuesto a su forma de tocar aquel instrumento, como podrían pensar algunos malintencionados.

El Caballero Gaucho nos cuenta la historia de un pobre diablo que mientras corre a recoger un juguete que un rico tira de un balcón, perece a manos (a llantas) de un auto fantasma. No se hasta donde, pero me parece ver un cierto aire de lucha de clases. Hasta comunista que será el tal Gaucho. También el maestro Alejo Durán se deja sentir con un canto que no sabemos interpretar, o bien, como la queja por un amor perdido, o como la denuncia de un secuestro:

..."Ay es que me duele,
es que me duele,
válgame Dios.
039, 039, 039
se la llevó"...

Así mismo, Piero utiliza el pretexto de un auto para hacer pública su crítica social y su envidia sexual:

... "Pasa un Mercedes con chapa extranjera, llevando la amante de un tipo cualquiera...
Pasa un Mercedes con chapa oficial,
llevando la amante de un general"...

Por último, está el aspecto contrario. La voz de un frustrado Pablo Abraira que respirando por la herida de proletario, grita a cuatro vientos su pobreza, cuando lo que necesita urgentemente es una cuenta de ahorros en el Banco de Colombia:

... "Yo no tengo carro,
yo no tengo casa,
yo no tengo nada,
pero estoy TRANQUILO"...

Dejemos la cosa aquí. Hay muchas más canciones de románticos motorizados. Para otra ocasión les prometo la letra completa de "Candonga de los Colectiveros", de Les Luthiers, "Bus Urbano", de los Amerindios y el "Blues del Autobús". Se que las disfrutarán.

A PROPOSITO DE LO NACIONAL

Si observamos con detalle algunas características de nuestro particular sistema de transporte, podemos concluír que no tiene nada que envidiarle a los tan promocionados y sofisticados adelantos técnicos que han hecho furor en Europa y USA.

Para demostrar lo anterior, veremos que no es necesario hacer ese derroche económico y tecnológico que hacen las potencias; basta una buena dosis de imaginación y malicia indígena para alcanzar el nivel de perfección del que ellos hacen gala. Incluso podemos afirmar que muchos de los descubrimientos que se ponen al servicio del gremio transportador ya tenían en nuestro medio su versión más precaria y no por ello menos eficiente. Incluso podemos jactarnos de ser precursores y descubridores de artefactos que ellos perfeccionaron y publicitaron. Todo ésto con el fin de demostrarle a los malos patriotas, que se ensañan contra lo nuestro y se dedican a despotricar de lo propio y a ensalzar lo extranjero, que aquí también se avanza en forma paralela a los países que van a la vanguardia.

¿Recuerda Usted amable lector, aquellos buses usados por el sistema Nazi para eliminar judíos? Nosotros tampoco. Pero investigando supimos que las víctimas eran encerradas en los vehículos, se les llevaba a un lugar desolado y allí, luego de cerrar herméticamente las ventanas, eran sometidos a los efectos de unos gases venenosos. Para la pesada broma usaban cianuro y otras dulzuras. Francamente, es propio de un macabro sentido del humor y de pésimo gusto hacer de los buses una cámara de gas ambulante. Pues bien, aquí no nos quedamos atrás. Incluso estando las ventanas abiertas, muchos de nuestros buses podrían competir por el premio "El Rey del Cachupe", en cuanto a la proliferación de pestilencias y hedores se refiere. Si Usted es valiente, arriésguese a montarse sin máscara de oxígeno en un bus urbano a las l2 del día; huele a campamento de gorilas, a carcajada de león, a vueltacanela de cura, a sobaco de cotero. Ni los de Buenos Aires escapan a tal situación. A ello contribuyen además los que encienden muy tranquilos un tabaco en un bus atiborrado de sudorosos pasajeros. O el niño que no controla su esfínter ante la amenaza de una diarrea inminente. O el borracho que vomita sin consideración de nadie.

También se jactan en las películas, de los vehículos que tienen T.V. o pantalla de cine para brindar espectáculo a los usuarios y hacer un viaje menos monótono. Aquí el espectáculo es real, en vivo y en directo, dejando por el suelo a los pretenciosos gringos; diariamente se ven a través de las ventanillas atracos, robos, disparos, puñaladas, a la altura de cualquier programa infantil norteamericano.

No faltan los mendigos con sus inverosímiles historias o con sus enfermedades desgarradoras e impresionantes que reemplazan con creces las telenovelas venezolanas o los programas médicos. Las escenas eróticas también se observan con cierta frecuencia y no son raros los musicales a cargo del talento nacional que diariamente destroza tímpanos en los buses.

Siempre nos han hablado de los casacarros, apartamentos rodantes aptos para el sueño, el descanso, el amor y todos los ingredientes de la vida diaria. Pues aquí también los hay. Recordamos a un paisa que consiguió plata siendo celador de un guardadero de buses, los cuales alquilaba por horas a las prostitutas que conseguían clientes y a las parejas de novios o de homosexuales. Era tan conchudo que les alquilaba incluso el colchón y les vendía trago y gaseosas. Además cobraba por dejar consumir vicio dentro de los buses, por guardar corotos de vendedores ambulantes en ellos, por esconder malandrines y por dejar dormir borrachos. Su buena estrella se extinguió el día que dejó que un tipo metiera unas cajas que contenían 80 gallinas: El plumero, la rila y el olor hicieron el resto y el negocio se derrumbó.

Son comunes en el extranjero las competencias de vehículos pesados. Aquí diariamente y en forma espontánea se organizan carreras de buses o camiones en las calles de la ciudad, con metas volantes en los chequeaderos y con bonificación al que más cristianos mate y más carros destroce.

Se habla mucho de los carros con chofer automático, que funcionan por medio de un mecanismo electrónico y de radar. Aquí los carros de los borrachitos saben el camino de regreso a casa; los de las señoras llegan sanos y salvos a los costureros mientras ellas se cuentan a gritos, de un carro a otro, la última chiva o el capítulo de la novela de la noche anterior; los de los amantes llegan indemnes a su destino mientras ellos cumplen al pie de la letra el precepto bíblico de amarse y multiplicarse.

Los buses de dos pisos, tan típicos de la vieja Inglaterra, tienen aquí su antecesor en el bus de escalera, que monta hasta 300 campesinos y 80 bultos en el capacete. Eso sin contar las "chivas" tan comunes en las costas que hacen proezas no menos impactantes.



En cuanto a lujo no hay por qué sentirnos apocados. Cada bus y cada taxi llevan cerca de 40 kilos de adornos y confituras haciendo de ellos cacharrerías y misceláneas ambulantes en el sentido más lobo del término. Hubo un Pisco que a su camión le adaptó sauna, piscina, gimnasio, pista equina, caballerizas, dormitorios, sala y estadero. El único problema fue que quebró porque no le quedaba espacio donde llevar la mercancía que le encargaban y porque le quedó un poco difícil ponerle ruedas a la finca donde montó el entable. Hoy está en el hospital mental convencido de que es un medicamento para el estreñimiento.

Como vemos, no tenemos por qué sentirnos menos que los demás. Tenemos que ser más conscientes de lo nuestro, apoyarlo, rechazar la penetración tecnológica y cultural del imperialismo extranjero. O.K.? ¡Thank you!.

UN LUCRATIVO NEGOCIO
La mendicidad ha sido a través de la historia de la humanidad un lucrativo negocio. Hay escritos griegos y romanos de siglos antes de Cristo que ya hablan de su existencia; incluso la biblia nos da testimonio de ello. Pero hay una sutil diferencia entre los mendigos de hoy y sus milenarios antecesores. Estos incurrían en el oficio como consecuencia de una clara e invalidante incapacidad física o una miseria libre de toda sospecha. Aquellos hacen parte de un gremio claramente definido al cual lo único que le falta para ser legalmente aceptado es personería jurídica, estatutos y sindicato y cuyos miembros, con honrosas excepciones, no son limitados, sino seres socialmente desadaptados con una irredimible e indomable vocación para la pereza y la improductividad y que han hecho del vicio de pedir, un oficio altamente remunerado.

Y no es que bajo una óptica fachista y carente de sensibilidad pretendamos desconocer lo crítico de la situación económica que actualmente afrontamos. No faltaba más. Sólo censuramos el papel de parásitos sociales que asumen algunas personas, quienes con un poco más de sentido común, espíritu y buena voluntad serían productivas. Pero es que estamos regidos por la ley del menor esfuerzo y nuestras decisiones están determinadas muchas veces, más por la sensiblería que por la razón. Y esto lo saben los profesionales del sablazo y lo aprovechan muy bien. Y cuantas veces sucumbimos ante el chantaje emocional que tan magistralmente nos aplican o ante el melodrama de una situación que sabemos irreal pero que no deja de conmovernos.

Y llega a tal grado su sofisticación que ya existen especializaciones; una de ellas es la de los motorizados. Son aquellos que mediante súplicas, o en un acuerdo con el conductor, o incluso "coliados", abordan a los pasajeros con la más variada gama de argumentos, que fluctúan desde los prolíficos, cuya camada nunca baja de los l5 hijos o hermanitos, según sea el caso, hasta los trágicos, condimentados con el asesinato de 2 o 3 personas allegadas y la infaltable presencia de un familiar en el hospital o en la cárcel en los casos más dramáticos y cuando ya vamos por los 40 gramos de lágrimas y mocos, rematan de tal forma el culebrón de historia con l0 días de hambre obligada y un punzante dolor en el alma tal que don Félix B. Caignet, el famoso autor de novelones, se escondería avergonzado por la sensación de incompetencia.

Son también ampliamente conocidos los cantores, aquellos aprendices de ruiseñores que aprovechando la especial circunstancia de montarse sólo en buses atiborrados y a las l2 del día, golpean inmisericordemente los tímpanos de los indefensos pasajeros que lo único que desean es llegar rápido y en paz a su casa y no escuchar esa algarabía de texto incomprensible.

Un espécimen muy clásico es aquel que parece extraído de un libro de dermatología, que al mismo tiempo que pone una cara de tristeza infinita, muestra con un deleite morboso y con riqueza de detalles hasta el último rincón de su llaga purulenta o de su costra adornada con las más variadas especies de gusanos e insectos, o la cicatriz de una puñalada de hace 40 años o el ojo de vidrio que según él, lo somete a torturantes dolores, al mismo tiempo que muestra una averiada fórmula médica con fecha de hace l0 años.

Otro muy común es el místico camandulero que reparte estampas de santos desconocidos o escapularios a cambio de un voluntario aporte.

Comúnmente se aprecian los que en nombre de ciertas entidades invocan la solidaridad y piden colaboración económica.

En fin, vemos cómo de tantas formas es explotada nuestra alcahuetería y la permisividad de un sistema que deja florecer este tipo de lacras sociales, sin facilitar ninguna solución de orden práctico que les brinde posibilidades, los reubique laboralmente o les dé oportunidad de reestructurar su vida, cosa que estamos seguros, muchos no aceptarían pues implicaría renunciar a su cómoda forma de ganarse el pan de cada día.


ESPANTOS SOBRE RUEDAS

Es bien sabido que algunas ánimas en pena son sometidas a un fatigoso e interminable peregrinar, en forma material o inmaterial, por los senderos de lo humano y lo divino hasta que sus faltas sean purgadas con suficiencia. Claro que no todas las almas de pecadores son sometidas a dicho castigo, pero hoy nos interesa hablar de las andariegas, las errabundas, aquellas que tienen que desandar los desolados y polvorientos caminos de la tierra hasta cuando sus fechorías sean amnistiadas y la paz retorne a su atribulado espíritu.

Y más específicamente nos referiremos a aquellos que han sucumbido ante el embrujo de lo técnico y para sus travesuras metafísicas utilizan el automóvil, demostrando así que las antiguas cadenas, los aullidos, los parajes solitarios y los vetustos caserones sólo hacen parte del pasado y que la tendencia que ahora impera en el más allá es la modernización, que avanza conforme a la civilización terrenal.

Y es que además la polvorienta sábana de antaño es sólo un elemento caduco que ya no les sirve para vestirse sino para desvestirse y acostarse sobre ella. O si no, que lo diga aquella hermosa mujer que suele aparecerse a las l2:00 p.m. en la avenida que pasa por el cementerio Campos de Paz y que deslumbra a los trasnochados conductores a quienes pide un aventón, los enamora con su belleza, les conversa y pasa con ellos una noche inolvidable; luego les pide que la dejen en una dirección determinada pero antes pide prestada la chaqueta al cándido tenorio. Al otro día, éste va a su casa y la madre de ella con extrañeza, enfado y lágrimas le dice que su fugaz dulcinea pereció hace dos años, que está enterrada en Campos de paz y que su vida no fue propiamente un dechado de virtudes (al parecer su muerte tampoco). El pisco se extraña e incrédulo va a la tumba y preciso: allí encuentra la chaqueta. Por lo menos si la castidad no es su fuerte, aún conserva su honradez.

O el del tipo que todas las noches ofrecía una bonita suma de dinero a los taxistas para que lo subieran a la loma de Pajarito a los ll:00 p.m. Muchos se negaban en vista de lo peligroso del lugar, pero otros aceptaban. En plena loma el carro se detenía inexplicablemente, el chofer lo creía averiado, nuestro espanto le decía que tenía deseos de orinar y se perdía por la manga, obviamente sin pagar la tarifa. El chofer, luego de mentarle mil madres y presa del pánico por lo tenebroso del sitio, lograba prender el carro y huir de allí para seguir trabajando... Así lo hizo varias veces hasta que un chofer que conocía la historia recogió al espíritu mión y mala paga, le dió juego, decidió seguir su rastro en la oscuridad hasta que descubrió una luz que después, y para resumir el cuento pues aún tiene mas detalles, resultó un cuantioso entierro.

También están las fondas camineras que deslumbran por su alegría al camionero novato, el cual hace allí un alto y disfruta de una juerga inolvidable. Al despertar, presa de un guayabo atroz, se descubre tirado en una manga con el camión y todas las pertenencias al lado, pero el bailadero escenario de la rumba no se observa por ninguna parte. Lo más extraño es que pierde una semana, es decir, despierta ocho días después del baile todo asustado y confuso, y sin poder explicarle a nadie el por qué de su desaparición. Lo más probable es que haya sido víctima de los llamados espíritus burlones.

Hace algún tiempo hubo un carro último modelo que pasaba pitando y con mucho escándalo a las l2:00 p.m. por Buenos Aires con rumbo hacia Santa Elena. La policía lo seguía y nunca le daba alcance. Sus ocupantes subían muchachas que al otro día despertaban en plena carretera sin saber como habían llegado allí, pero sin ningún signo de abuso físico o atropello sexual que delatara a un malandrín de procedencia terrestre. Alguien dice que es el auto de unos venezolanos que violaron a una joven y que borrachos se mataron en ese paraje, mucha gente cree haberlos visto u oído.


Se comenta de otros espíritus que desvían de su ruta a los camioneros, los guían por caminos desconocidos e interminables y les cambian el rumbo; así, por ejemplo, quien iba originalmente para Cali, termina en los Llanos o en la Guajira.

Algunos camioneros han aparecido muertos en un camión a orilla del camino sin señales de violencia, desnudos, sin evidencia de robo o intoxicación. Se cree que son víctimas de fantasmas que en forma de mujer les piden que las lleve, los seducen y cuando el conductor piensa haber alcanzado la dicha gracias a sus encantos varoniles, la espectral vampiresa se transforma en una horrible bestia, profiriendo blasfemias y alaridos hasta que aquel cae fulminado por el terror. (No sólo en vida dan guerra. Ahora parece que ni después de muertas dejan de producir desasosiego en el hombre).

P.D. En Medellín están floreciendo bandas de "espantos" que hacen que los autos desaparezcan como por arte de magia. Claro que sus métodos son más contundentes, actúan a plena luz del día y al igual que sus colegas del más allá, son un verdadero germen de desconcierto para los choferes.

DEFENSA MINIMA DEL CONDUCTOR
Ser conductor en una ciudad moderna es poco menos que una hazaña. Ciertamente tiene ribetes de odisea sortear con éxito los mil obstáculos que a diario interpone la selva de concreto a los profesionales del volante. Claro que para nosotros, los que estamos al margen de tan ingrata actividad, es muy fácil emprenderla contra ellos haciendo gala de aquella crítica mordaz y destructiva tan característica de nuestro pueblo. Es más sencillo apabullar con un comentario gratuito que entrar a cuestionar el verdadero motivo que determina tal o cual actitud.

Y si muchas veces los choferes han sido víctimas de nuestros improperios, justo es que reconozcamos hoy que en virtud a las vicisitudes propias de su oficio, el comportamiento de muchos ha sido provocado por mil y una causas que atentan permanentemente contra su estabilidad psíquica y emocional.

Recordemos primero la estructura de su trabajo. Parten de su casa muy temprano en la mañana cuando la gran mayoría de sus semejantes duerme plácidamente en la comodidad de sus hogares. Empiezan a recoger unos pasajeros, muy escasos por cierto, que con rostros huraños y gestos hostiles se preparan a cumplir sus obligaciones. Las posibilidades de diálogo son escasas. Las voces de gratitud, una rareza. Y desde este momento empiezan las presiones, los requerimientos sin cortesía, las palabrotas. El vehículo comienza a llenarse y la ruta a cubrirse.

Y éste es otro aspecto. Diariamente hay que hacer un monótomo, repetitivo y rutinario recorrido con una demarcación que no permite variantes ni posibilidades de creación, en carrera permanente contra el reloj y contra la voracidad de los compañeros desleales, en lucha constante contra ese monstruo del tráfico urbano, contra las variaciones climáticas, contra el mal humor de los ciudadanos (que al parecer es ya un mal crónico e incurable).

No hay posibilidades de progreso jerárquico. No hay una factibilidad de ascensos que motiven y fomenten el autoestímulo y el afán de superación. El único aliciente es económico y en escasas ocasiones, vocación de servicio al público.

Y en pleno cumplimiento del deber vienen los agentes de tránsito, muy queridos y responsables unos, ambiciosos, groseros y abusivos otros. En ocasiones entorpecen la labor de un conductor que lo que más desea es prestar un servicio eficiente. En otras circunstancias, aunque la sanción es justa, no deja de ser un factor de indisposición.

También asechan los cacos, aquellos infaltables individuos que quieren vivir a costa del sudor del prójimo y que en todo momento están pendientes para aprovechar el menor descuido y hacer de las suyas con los bienes ajenos. Aquí encasillamos a los "coliados", los cuales no tienen dentro de sus costumbres pagar pasaje ni pedir permiso.

No faltan los dementes que ya son vitales en el paisaje cotidiano de nuestras ciudades y que en medio de una euforia incomprensible y utilizando un lenguaje indescifrable, dan rienda suelta a su pasatiempo favorito: el tiro al blanco contra el parabrisas con los más diversos objetos, desde las piedras hasta los adobes, pasando por las varillas de acero e incluso su dura y amotinada cabeza.

Como en los tiempos antiguos, vemos hoy frecuentemente los duelos entre conductores, confrontaciones armadas de dos o más sujetos que sin padrinos ni reglas se la juegan entusiastamente a las puñaladas o a los machetazos. No importan los motivos: una mirada fea, un insulto, una atravesada en el carro, la guerra sin cuartel por acaparar un pasajero y otras pequeñeces suficientes para engrosar las listas de viudas y huérfanos, además de las de valientes idiotas, muertos en la defensa de un oscuro e incomprensible honor.

Son también víctimas del descaro del pasajero que paga con un billete de 2.000, de quien quiere montar un escaparate o un caballo al bus y se enoja porque se lo impiden o le cobran un recargo; del humo, de la bulla, de los mendigos, de las congestiones, etc.

Como puede desprenderse de lo anterior, es un oficio poco gratificante. No son tampoco unas peras en dulce o unos angelicales querubines. Son seres humanos que con sus defectos y virtudes piden ser comprendidos antes que vituperados, perdonados antes que ofendidos. Ya es mucha gracia mantenerse mínimamente equilibrados ante semejantes desestímulos, que en otras personas menos resistentes, sólo desencadenarían fenómenos neuróticos criminales o tendencias homicidas o suicidas.





SADICOS AL VOLANTE

Es innegable la utilidad del vehículo automotor en el proceso de desarrollo, socialización y expansión del progreso humano. Cuestionarlo sería estúpido además de inútil. Sin embargo, las cosas se evalúan no por su condición sino por el uso que de ellas se haga; es aquí donde irrumpe la tristemente recordada especie de los sádicos, aquellos despreciables pero pintorescos personajes que han utilizado el automóvil para satisfacer los fines más ruines y censurables que caracterizan su retorcida personalidad. Hay para todos los gustos, de todos los matices y de todas las tendencias aberrantes y criminológicas. Desde la banda de atracadores de bancos, mitificada por el cine de gansters y cuya figura más representantiva es la pareja de Bonnie y Clide que nacieron, vivieron, se desarrollaron y murieron para el crimen en un automóvil; hasta los asesinos a sueldo que hacen parte de oscuras organizaciones y que hoy ven desplazado el automóvil por otro artefacto más ágil, rápido y funcional: la moto.

Al margen del crimen organizado, se destaca el individuo de tendencias aberrantes que asecha a las parejas de novios en los parques públicos, los aborda y ejecuta actos de violencia sexual; o el tipo que frecuenta lugares públicos generalmente colegios, con su aspecto insospechable y manejando un auto que pasa desapercibido hasta que se descubre que nuestro hombre de la cintura para abajo está en la más absoluta almendra. Su truco consiste en llamar niños y preguntarles datos, direcciones, etc. Hubo en nuestro medio uno muy conocido en los barrios residenciales, que al parecer se mantenía acosado por el calor, a juzgar por sus escasas vestiduras y que resultó ser un conocido ejecutivo, con hijos y con un hogar aparentemente estable.

En otro nivel encontramos al que usa los vehículos para transportar objetos ocultos que de otra forma sería difícil movilizar, como estupefacientes, contrabando, objetos robados, personas secuestradas, e incluso, con un cierto dejo de humor macabro, cadáveres que estamos seguros se encontrarían más cómodos en un carro mortuorio y que terminan al aire libre en algún paraje desolado.

En términos más apacibles y más cotidianos nos encontramos diariamente con una serie de especímenes, que siendo estrictos, merecerían el calificativo de sádicos pues disfrutan de actos que son declaramente molestos para su prójimo, los cuales ejecutan con un inocultable placer.

Encontramos aquí al conductor que metiendo 350 personas en un bus urbano, coloca el último éxito de salsa a l0 de volúmen, mientras se fuma un cigarrillo tras otro. Sin consideración con nadie, se pasa 3 semáforos en rojo a l20 kms por hora y haciendo gala de lo refinado de sus modales acomete a insultos a los atribulados pasajeros que osan llamarle la atención; no crea que son extraños; aquí se dan en cantidades industriales y por generación espontánea.

También es común el que antes de conducir se toma el "arranque" de 18 cervezas y 25 "guaritos", o el típico hijo de papi que para descrestar a las 8 niñas y amigotes que lleva en el carro, anda a enormes velocidades, le quita el silenciador al carro y pitando le desea los buenos días a sus vecinos a las 3 de la mañana, con una eficiencia tal, que el gallo de las Acevedo se sonrojaría de vergüenza. Lejos de nosotros hacer apología a este tipo de comportamiento. Sólo queremos hacerlo reflexionar a usted amable lector y recordarle que estos indeseables tienen permanentemente a su alrededor una serie de pacientes personas que difícilmente se contienen de apretar sus manos contra su cuello y que de hacerlo, automáticamente subirían al pedestal de los héroes, reivindicadores de la dignidad humana
.

UNA PROPUESTA MUSICAL AL DIAGNOSTICO

Cuando uno como ciudadano corriente, del común, (léase peatón, contribuyente, quejumbroso doliente de la cotidianidad) enfrenta la necesidad diaria de transportarse, está en el riesgo permanente, o de morir en el intento o de perder la paz, el equilibrio y neurotizarse. Realmente el desplazarse genera estrés por múltiples razones de todos conocidas. Cierta responsabilidad en el aporte a esa descompensación la tienen los conductores, los cuales a su vez tienen múltiples razones para ser como son. Son una raza especial, un género humano aparte, con una delineación de carácter, comportamiento y personalidad sui géneris. Mucho han analizado tratadistas citadinos, teóricos sociológicos y antropológicos sobre esta situación y sus sesudos comentarios reposan polvorientos en el anaquel de tesis de grado de las bibliotecas universitarias. Diagnósticos cerebrales se han hecho muchos.

Hay unos filósofos argentinos, camuflados de músico-humoristas, conocidos como Les Luthiers, que han afrontado el fenómeno. Para ello compusieron un híbrido entre candombe y milonga llamado "Candonga de los colectiveros", que es como allí conocen a los conductores de colectivos y aquí se extrapola a ellos y a los choferes de taxi y de bus. Se advierte que cualquier parecido con la realidad es la pura realidad. Veamos:

(CORO). Semos los colectiveros
que cumplimos nuestro deber...

No se puede, yo lo siento
ni bajarse o subir
con el coche en movimiento
no me gusta transigir
salvo cuando son ancianos
los que quieren descender
que se larguen, si son sanos
no me pienso detener.

(CORO)

Plata chica no me queda
cuando tengo que cobrar
o me pagan con monedas
o se bajan, ¡que embromar!
Eso si ante la afrenta
de pagarme con diez mil
en monedas de cincuenta
doy el vuelto muy gentil

(CORO)

Corro siempre, nunca aflojo
con coraje, y con valor
si el semáforo está en rojo
acelero sin temor
Pero yo he metido el freno
yendo a gran velocidad
con el colectivo lleno
¡Doy porrazos de verdad!

(CORO)

Cuando llego a la vereda
me aproximo servicial
salpicando con la rueda
al que espera -¡soy genial!
si el asfalto está mojado
a lo lejos del cordón
nunca falta el apurado
que se ligue el tropezón.

(CORO)


Como ven, ni la situación ni la idiosincrasia cambian, desde el polo sureño, hasta nuestro extremo del continente. La misma impiedad, el mismo irrespeto por el prójimo, las mismas costumbres, igual insatisfacción ciudadana.

Ante tal estado de cosas, sólo queda anteponer el recurso del humor para defenderse de la agresión cotidiana, pues la otra opción, la violencia o el choque han mostrado históricamente resultados no muy satisfactorios; la tercera posibilidad, la concertación, la educación, el replanteamiento y la renegociación no tienen terreno abonado ante un gremio que se niega la posibilidad de la autocrítica y el cambio, en búsqueda del bienestar social.

Sunday, May 29, 2005

LA ESQUINA, LA CUADRA

LA ESQUINA, LA CUADRA
Emilio Alberto Restrepo Baena
Para nuestra formación de muchachos de barrio, la esquina fue un lugar fundamental. Era el sitio de confluencia, de encuentro, de rituales de gallada. La esquina usualmente estaba coronada por una tienda mixta, donde nuestras madres ajustaban el mercado y los hombres menudeaban cerveza y aguardiente. Era el sitio tácito de reunión, a la salida del colegio, luego de la comida, después de los partidos, a la hora de salida de las peladas del colegio; era el meridiano de la cuadra, otro concepto fundamental dentro de nuestra filosofía de barrio.

En ella se ventilaba todo, se opinaba de todo, se pontificaba, se decidía, se absolvía, se vetaba. Era el termómetro calificador de las muchachas (peladas) que pasaban, pavorosa fuente de todo tipo de piropos. Allí se discutía sobre la alineación de los equipos de fútbol, se descalificaban técnicos y jugadores, se recreaba la película, se mentía sobre nuestras fantasías amatorias, se organizaban acampadas, se quitaban las broncas a golpes. Era el lugar perfecto para perpetuar una de las más hermosas costumbres del barrio: la tradición oral. Todo giraba en torno de la palabra. El discurso era el rey; una y otra vez se repetían las historias, cada vez con más aditamentos, con más sal y pimienta; la hipérbole era la norma. Allí le oímos las historias a los marihuaneros del barrio; entre ellos había jerarquías, sustentadas en el grosor de las mentiras (cañas) y en sus antecedentes; los más duros eran los "caneros", aquellos que en virtud a su oficio de rufianes habían conocido la "cárcel" (cana o guandoca), en ese entonces la Ladera y luego "La Finca" o Bellavista. Nos hablaban del malevaje, del sufrimiento, del abuso de los jefes del patio y de los guardianes, de los sobornos, del tráfico de drogas y armas dentro del penal; nos fanfarroneaban con hipotéticas fugas y con tropeles inverosímiles, adornadas las fantasías (chepas) con una clara influencia de las peores películas. Los que estábamos más jóvenes (sardinos) entonces, conversábamos, o mejor, oíamos boquiabiertos todos estos cuentos a escondidas de nuestros padres que por supuesto, no aprobaban nuestras compañías, pero nunca pudieron hacer nada por impedir que realizáramos lo que nos viniera en gana.

Los "Chachos" o líderes de la esquina eran: "Memo Peinilla", un pobre perdedor que había formado parte del batallón Colombia en la Guerra de Corea y al que la marihuana, el alcohol, el hambre y la frustración lo habían convertido en un costal de huesos con ojitos brillantes y lengua poderosa, todo un varón de la nostalgia, héroe de mil batallas imaginarias, conversador incansable, pedigüeño tenaz. Al principio le oíamos los cuentos entre asombrados, admirados e incrédulos, pero después de mucho repetirlos, cada vez más distintos y adornados, nos reíamos y disfrutábamos, pero no le creíamos. Otro clásico era "Frentepanela", otro vago (pato) divertidísimo y enjuto que decía que había formado parte del Nacional cuando se llamaba Atlético Municipal; mostraba fotos y recortes de periódicos viejos y vivía recluido en la añoranza de días gloriosos que pudieron ser y nunca fueron.

A "El Gordo", "Carechimbo", "Bayo", "Fastidio", "Lunar de Puta", "Armandito", “Carecreisi” y otros pelafustanes típicos del barrio, marihuaneritos mediocres y ladronzuelos aún más malos, les oíamos cientos de historias, miles de chistes, reflexiones en reversa desde su orilla de perdedores, de marginales, de resentidos. Se gastaban su día en la esquina, planeando un futuro lleno de plata y de mujeres, tratando de olvidar un pasado triste y un presente peor; compensaban la falta de acción con exceso de verbo, fumándose los "cachos" de yerba (marimba) con una dignidad que los hacía echar a los niños (pelaos) sanos mientras se trababan, jugando interminables partidos de fútbol (picados o desafíos) con galladas de otras cuadras y otros barrios, de vez en cuando atracando o "colgando" borrachos y viejitas de otros lados. Sistemáticamente caía la policía a "raquetiar" o a requisarlos; se los llevaba por indocumentados, o por tener una bolita (un "diez") de maracachafa o por jugar fútbol en la calle y quebrar vidrios con los balones. Se perdían una semana y siempre volvían a la esquina.

Recuerdo una vez que el hermano de "Papilo" se trajo por charlar un caballo de las mangas de los Medina, que eran los grandes terratenientes de Belén y por hacerse el gracioso le puso un lazo en la boca a manera de freno y lo montó a pelo (sin silla ni freno). Eso fue un espectáculo, todos los amigos le hicimos corrillo y le rogábamos que nos dejara montar. Asustado por la romería, el caballo se desbocó y echó a correr desesperado como un poseído; en el cruce de la 72 con la 27 se le atravesó un bus de Las Playas y el impacto fue espantoso. El caballo murió en el acto. Al hermano de Papilo no le pasó nada, pero desde entonces lo llamamos "el llanero solitario". Ese día se apareció la policía (Los Polochos, o los feos, como les decíamos), nos pillaron a todos aún en la esquina comentando el tropel, nos llevaron a la inspección y nos detuvieron todo el día. En medio del susto, fueron acaso las horas más divertidas de que tengo memoria, eso fue mucho tirar risa y goce en esa encarcelada (encanada). El hecho no pasó a mayores.

La esquina era todo un derroche de melomanía. Allí aprendimos a valorar la música como una expresión sentida y sincera de lo que el alma popular tiene que decir. En las épocas en que no la tenía empeñada en la prendería (o "La Peña"), El "Mexicano" sacaba un enorme armatoste plateado, de 2 bafles en la que molía tango tarde y noche. El tipo se transformaba con Julio Sossa y repetía varias veces las canciones, mientras con los ojos cerrados y la mano empuñada, imitaba los gestos del "Varón del Tango". Una vez puso a "Cambalache" l0 veces seguidas, hasta que don Guillermo el de la tienda le quitó el alambre de extensión que le permitía conectar. Recuerdo que un día lo vi llorar con "Rencor", nunca nos dijo por qué; también Oscar Larroca y Hugo del Carril señoreaban a través de los parlantes; nunca puso a Gardel, pues lo consideraba un marica señoritero.

Por una época la salsa fue la reina; se oía a todo volumen a Richie Ray, Bobbi Cruz, la Negra Celia Cruz, Lavoe, La Fania, la Sonora y Larry Harlow, pero su dominio fue más pasajero. No tuvo la valoración que se le daba en barrios más populares, en cambio se hizo una rápida transición al Rock. Led Zeppelin, Black Sabbath, Sweet, Rolling Stones, fueron muy importantes para nuestro oído de rockeros. Gracias a ellos tuvimos también varias visitas de la policía, alertada por vecinos que no soportaban la estridencia. En esta época íbamos en tumulto a las películas de conciertos que daban en el teatro Tropicana y en el Diana, y que casi siempre terminaban en trifulca.

Con el tiempo, la esquina se fue muriendo. Al principio, cuando conseguimos novias y amigas, gastábamos más tiempo con ellas que con los amigotes del barrio y luego ellas nos exigían que no nos paráramos mucho con "esa manada de vagos". Sus presiones lograron lo que nuestros padres nunca pudieron. Luego con ese desafore hormonal que da el ingreso a la adolescencia, preferíamos irnos para bailes o a darles besitos (piquitos) en las escalas de la casa o detrás de las puertas o nos íbamos para las mangas del barrio La Nubia (aún sin construir) a jugar "chucha americana", "cinco minutos en el cielo" o "botellón" que eran disculpas para poder deslizar nuestras inquietas manos o nos íbamos a tirar heladería en el Parque, al Portal o a Los Sauces, lugares oscurísimos, donde nos encerrábamos en los reservados (o confesionarios) donde dábamos rienda suelta a nuestro furor adolescente.

Muchos de los muchachos cambiaron de barrio. A varios de los patos los encanaron, a otros los mataron, Pablito murió tísico en un vómito de sangre. Varios seguimos estudiando y gastando el tiempo en otras cosas. Algunos empezaron a trabajar. En Belén aparecieron grandes almacenes como El Ley, Comfama, El Cafetero que mataron las tiendas de esquina. Muchas casonas viejas fueron derrumbadas para construir edificios y unidades cerradas que desgastaron y destruyeron el concepto y el espacio de "La cuadra".

La esquina se consumió por sustracción de materia, por inanición. Hoy la esquina es sólo eso. Una esquina, un cruce de 2 calles que confluyen, una arista. Su significado sociológico y antropológico se perdió por el urbanismo, por la violencia, por la transformación de valores, etc. Hoy los muchachos prefieren El Mall, la taberna, los centros comerciales, y eso está bien, los tiempos cambian. Pero nuestra generación mira con nostalgia hacia atrás y evoca la calidez y hospitalidad de las que fueron nuestras esquinas.

La cuadra como aglutinador también perdió su dimensión. Ya sólo existe como línea recta de casas o edificios ubicados uno a continuación del otro, que alberga familias diferentes y constituye manzanas de un barrio determinado.

En el Belén de los años sesenta y setenta manejamos el concepto de cuadra en el sentido que hoy la evocamos. Las familias de la misma cuadra constituían casi que un clan, una cofradía estrecha y solidaria con criterios unificados de pertenencia y una relación muy fraternal.

Todos en la cuadra nos conocíamos, todos nos ayudábamos; las madres se asistían unas a otras con sus enfermedades y las de sus hijos, se prestaban mercado y utensilios; los padres, conversaban de lo humano y lo divino, lavaban el carro juntos, tomaban cerveza y trago en comunidad, iban al estadio en grupo y los muchachos, el verdadero motor de la cuadra, éramos hermanos de padres distintos, cofrades, cómplices, verdaderos y fraternos amigos. Al amparo de la cuadra se gestó el concepto de gallada en su hábitat natural: la esquina.

Las actividades eran comunes, los colegios, casi siempre los mismos, las amigas de unos eran las de todos. Se organizaban severos campeonatos de futbolito callejero que eran el desespero de las beatas de la cuadra, por la algarabía, la palabrería y los balonazos que generaban. Se jugaba también Béisbol con tapas de gaseosa, golosa (o rayuela como le denominaron en otros sitios), vuelta a Colombia, también con tapas de gaseosa parafinadas o con plastilina sobre una ruta pintada con tiza en el pavimento.

Las modas iban y venían. Cíclicamente nos atropellaban con costumbres que hacían furor. Por ejemplo el uso de yoyo, hoy tan pasado de moda. Se organizaban campeonatos en los cuales se competía con florituras y figuras, al que más enredos hiciera con él. Una multinacional de gaseosas traía campeones mundiales que hacían un despliegue de destreza y en todos los colegios se hacían concursos internos. También el trompo hacía su aparición por tiempos; no faltaban los expertos, incluso recuerdo el caso de un pelao de San Bernardo que jugando con una de estos aparatos (que tenía una punta metálica) se accidentó un ojo, se complicó y terminó con una prótesis de vidrio. Otro aparato consumista para envolatar muchachos era el Hula-Hula, que consistía en un aro de tubería plástica con el que uno hacía piruetas, haciéndolo girar en el cuello, en la cintura, en las piernas.

El taqui-taqui también era reencauchado por épocas; eran dos bolas unidas por una pita a un anillo. Se hacían golpear una con la otra haciendo competencia de duración y de efectos. Otro más clásico era el balero, conocido por nosotros también como perinola, que era una esfera de madera, con un huequito, que se introducía o "encholaba" en un palo puntudo, al cual estaba unido por una pita; venía en todos los tamaños, colores y materiales; no fueron pocos los golpes en la cabeza y en la cara por cuenta de este aparatejo. La otra perinola, o tomatodo, era un trompito de plástico para hacer girar y jugar juegos de azar.

La cuadra era todo un polideportivo informal, se hacían competencias de patinaje, deporte que algunos nunca pudimos aprender. Se jugaba “chucha”, también llamada "La lleva", individual o en equipos, donde uno castigado, tenía que alcanzar a los otros y transmitirle la pena; la clave o el tiro era no dejarse alcanzar. Jugábamos “escondidijo” o "cuclí", donde alguno con los ojos tapados contaba hasta l00 mientras el resto se escondía; luego salía a buscar y el plan era que los otros sin dejarse pillar, llegaran hasta el cielo y se liberaran.

Un básquetbol muy rudimentario era un juego llamado "competencia", formado por dos bandos, cada uno de los cuales debía mantener el mayor tiempo posible el balón, pero sin objetivos de puntaje como portería o canasta.

Se competía también con bombas de chicle que se hacían con la boca y con bombas de jabón que se hacían con popos de higuerilla; se jugaba a la 31, tratando de sostener un balón de fútbol en el aire con el muslo, el pie o la cabeza. Además de los campeonatos de eructos se usaba todo tipo de secreciones y expresiones fisiológicas para hacer concursos (léase chorros de orines y otras barbaridades que en honor al pudor y la vergüenza omito).

Los viernes por la noche, en alguna casa se organizaban bailes y en diciembre la calle se llenaba de adornos navideños y pasacalles. En los días claves como 7 y el 8 de diciembre, la cuadra se llenaba de velitas y el 24 y el 31, la cuadra se cerraba, se impedía el acceso de carros, se mataba marrano, se quemaba pólvora y se hacía un tremendo sancocho y fritanga callejera. Había alegría natural, sincera camaradería y verdadera participación de todos los vecinos.

Los domingos nos íbamos todos a un "paseo de olla y pelota de números" dentro del mismo barrio. Teníamos los charcos del Manzanillo, en lo que hoy es Belén Rincón, ya un barrio completamente urbanizado; los bañaderos de Aguas Frías, las caminatas a Tres morros; hoy nadie habla de esos sitios como especiales para un día de campo.

Hoy domina la urbanización, la unidad cerrada, el edificio de apartamentos; hoy los vecinos son extraños, son un accidente circunstancial que nos tocó al lado y del cual ignoramos su nombre y filiación; realmente no nos conocemos; no nos queremos ni nos tenemos confianza.

Nuestros niños tienen que resignarse a crecer con pocos amigos espontáneos. Acaso los de las guarderías o colegios. Si quieren jugar fútbol hay que inscribirlos en una escuela o semillero, nada de partidos callejeros. Es una generación de pronto un poco solitaria, rodeada de artificios, bombardeada por la informática, absorbida por la sociedad de consumo y los medios de comunicación y sin mucho espacio para la espontaneidad y ese aire primitivo y salvaje que nos hizo tan felices.

LOS BACANES Y LA PUCHOLOGIA

LOS BACANES Y LA PUCHOLOGIA
(Semblanza de los marihuaneros del barrio)
Al Raúl
Emilio Alberto Restrepo Baena
El marihuanero era un personaje típico del barrio. Era habitante permanente de la esquina, terror de las madres, obsesión de la policía, líder de la palabra y adalid de la tradición oral de la cuadra. Sin proponernos hacer una apología o exaltación de ellos, debemos reconocer que su presencia era permanente en todos los acontecimientos de la cotidianidad de nuestro barrio.

Eran los que mantenían a raya a los viciosos y ladrones de otros lugares, pues no los dejaban operar en su territorio, no atracaban ni agredían a la gente propia del barrio, montaban unos sancochos terroríficos ( Conocidos como “cochos bifásicos de gumarra y runcho con un buen cate”- entiéndase sancocho de dos carnes, gallina y cerdo con aguacate) hechos con leña en plena calle; molían música a todo volumen en una enorme grabadora callejera, jugaban partidos de fútbol interminables, contaban historias inverosímiles pero divertidísimas que los niños (o pelaos) escuchábamos extasiados. También eran útiles, ayudaban a llevar mercados, a desvarar carros o acarrear trasteos, siempre a cambio de una propina (o la "liga", como decían).

Se tomaban muy en serio su oficio de marihuaneros. A la marihuana le tenían muchos nombres. Le decían La Mona, La María, La Marimba, La Maracachafa, La Cebolla. Ir a comprarla era ir a mercar o al rebusque. Normalmente se iba al “hueco” o al “chispero”, metederos donde con disimulo (con disipeto) hacían la transacción (o el cruce) y conseguían la mercancía (un diez, un cien, un paco, un tamal). Los vendedores (conocidos como jíbaros), la mantenían dentro de los pantaloncillos, en las pilas del radio, o en los rincones de las ventanas. Usualmente vendían bajo la complicidad de la policía, la cual les cobraba la protección (la vacuna). Eran muy celosos para defender el territorio (o el parche) y no dejaban entrar competencia. Al final sólo le proveían a viciosos (llamados güelengues o sopletes) conocidos y de confianza.

El efecto de fumarla era estar trabado, estar turro, estar colino, darse en la cabeza o en la torre o “estar sollado”; armar el cigarrillo (pucho, cacho, porro) era todo un arte. Primero había que conseguir un papel especial, que se llamaba "cuero" y podía ser el papel que traía la cajetilla de cigarrillos Pielroja, (o Marlboro salvaje), junto al papel aluminio. Los más criollos lo armaban con saliva (lo ligaban); los más refinados tenían una maquinita (la machín) que lo compactaba y formaba un tabaco perfecto. Para esto se conseguían cueros americanos, que los más pudientes compraban en Sanandresito o les traían de Estados Unidos ( la USA ). Antes, había que desmenuzar (o "rascar") la hoja pues usualmente traía muchos palitos o semillas. Alguno de ellos, el vigía, el que servía de campanero, miraba a lado y lado pendiente de los policías (cariñosamente llamados tombos, tiras, rayas, peyes); eso se llamaba estar mosca, o estar piloso, para “no dar visaje” y no ser sorprendidos en el acto.

La de mayor calidad era la punto rojo, que no tenía tanta viruta o excedentes. La más ordinaria era la “paja” o el “colchón”, que era de mala calidad y daba trabas enloquecedoras.

Un truco para mejorarla era fermentar la yerba con un vino ordinario llamado Gatonegro; si no lo conseguían, compraban Moscatel o “trespatadas”; la mezclaban, la dejaban remojando por medio día y luego la dejaban secando al fresco (no podía ser al sol); decían que daba una traba reposada o filosófica.

Cuando no conseguían cueros, el papel de globo también servía. Los más varados (o embalados) arrancaban hojas de las biblias de sus casas, para escándalo materno, y con ellas armaban los baretos; decían que daban trabas místicas o viajes celestiales.

Normalmente la marihuana les estimulaba los sentidos y tenían una hipercaptación de la realidad. La música se oía en notas vibrantes, los colores eran vivos e intensos, los olores muy estimulantes. Había tendencia a la hipérbole y a la magnificación de las sensaciones. Los más volados, hablaban en lenguaje que pretendía ser poético o metafórico y hasta metafísico. Decían que veían las notas musicales, mientras imitaban los movimientos de los guitarristas del rock o de los timbaleros salseros mientras sonaba la grabadora a volumen estridente. Cuando había sobredosis, llegaban incluso a alucinar. Rara vez había problemas o peleas (tropeles); generalmente hablaban de temas anecdóticos, bajo un marco de mucho humor, pues era característica que los cogiera un ataque incontrolable de risa conocida como "la risueña". A veces le mezclaban licor, en baja cantidad, pues sostenían que era bueno "emborrachar una traba", pero no lo contrario pues les dada "la pálida", con mareos, malestar, vómito, cólicos. Al final de la traba (o turra) les acometía un apetito voraz (llamado la comilona, la melona o la hambruna). Casi siempre la acompañaban con coca-cola, pan de diez y salchichón (ó coctel “llenabobos”). También la saliva se volvía espesa, la boca se volvía como una polvera, se resecaba y producía una severa sed (llamada la “seca” o la “cometrapo”).

Cuando la traba estaba maluca (pasmosa, casposa), ellos la catalizaban con cigarrillo marca Lucky (o "5 letras"), el cual "se las bajaba".

Los narcotraficantes (“traquetos” o mafiosos) trajeron una costumbre nociva que prostituyó, según ellos, el oficio del vicioso (lo perratió, lo putió o se cagó en él). Era mezclarle coca o bazuco para hacer un "diablito", que daba unas trabas horribles, enloquecedoras, excitadas (colineras demoníacas, las llamaban).

Los viciosos pobres (chichipatos) mantenían las puntas de los dedos índice y pulgar de color amarillo (conocido por los médicos de la Policlínica como el signo del boliqueso) por tratar de fumar hasta lo último lo que quedaba del bareto (la patica o la chicharra); los más curiosos, tenían una pequeña pipa donde lo ponían. La llamaban matachicharra. Podía ser comprada, pero la mayoría era fabricada (hechiza) por viciosos de la cárcel (o caneros, signo supremo de prestigio en el gremio). En la cabeza del aparato les tallaban imágenes de mujeres desnudas, de caras, de demonios. Otro truco era guardar todas las chicharras pues decían que había recogido toda la esencia, toda la miel del pucho, y los juntaban para fabricar un enorme tabaco que llamaban ambil o “hachís de pobre” y que olía a llanta quemada. Dicen que producía unas trabas pavorosas. Lo cogían con una horqueta, pues dejaba mal olor en los dedos.

También era común hacer tortas de marihuana o echarle a los sancochos. ("sancocho callejero sin canabis no es sancocho" sentenciaban).

Bajo los efectos del consumo, su hablar era característico, arrastrado, cadencioso; eran enamorados y piroperos. Sus ojos eran pequeños y rojos en todo momento. Para evitar este efecto, mantenían un frasquito de un descongestionante oftálmico llamado Vicina o Luz Sul. Era tan estigmático, que cuando la policía paraba un muchacho y le encontraban un frasquito de esta marca, lo detenían (lo “encanaban” o lo metían a la guandoca) por sospechas.

Decían que la marihuana fortalecía el corazón, estimulaba la creatividad, agudizaba los sentidos y mejoraba la calidad de las relaciones sexuales.

Cuando estaban muy avanzados en el vicio (cogidos o embalados) le mezclaban pastillas al consumo, todo tipo de estimulantes. Eran ya estados graves de adicción. Se conocían en este momento como Pepizos o Pastizos; vimos a varios caer en la locura. Muy pocos de los marihuaneritos clásicos del barrio usaban drogas duras como el ácido, la heroína o la morfina. En ocasiones se extrovertían comiendo hongos "boñigueros", que revolvían con panela picada o con leche condensada, lo que les ocasionada un viaje sicodélico y delirante, una experiencia alucinante, impredecible, esquizofrénica. Casi nunca quedaban ni con deseos ni con alientos de repetirla.

En fin, estos personajes ocuparon muchos de los espacios de nuestra infancia en los barrios de Medellín; en retrospectiva les miramos con benevolencia y afecto su imagen típica y constante en las esquinas con sus poses características y su discurso lleno de fanfarronería, imaginación y fantasía.

CASOS Y CUENTOS DE AUXILIARES DE ENFERMERIA

CASOS Y CUENTOS DE AUXILIARES DE ENFERMERIA
Emilio Alberto Restrepo Baena

No podemos definitivamente vivir sin las auxiliares de enfermería. Son un complemento necesario para nuestro ejercicio médico. Ellas nos apoyan y nos permiten realizar nuestra labor a cabalidad en clínicas y hospitales. Pero también es cierto que dan mucho tema. Hoy, sin pretender ofender a nadie, recopilamos algunos de los casos que nos han hecho reir, muy a pesar de nosotros, de tan especial gremio.

Recopilemos algunas frases de uso común:

- ¡Me estoy maluquiando de hambre! (Dos horas después de almorzar).

- ¡Muchachas, llegó la merienda! (Sobra decir que se detiene inmediatamente el trabajo)

- Oigan, ¿Están pagando?

- ¿Cuándo será que se acaba este turno? (Frase común a las 10:30 am)

- ¡Que sueño tan verriondo!

- ¿Cuándo será que pagan la prima? ¡Ya la debo toda!

- ¿De quién será ese sobraíto?

- Dotor, ¿Esta muestra médica para que sirve? ¿Será que me la puedo tomar?

- Dotor, ¿No me va a comprar la boletica para la rifa de una garrafa de aguardiente y un pollo asado?

- Estoy ahorrando para hacerme tumbar este colmillo que me queda y comprarme una prótesis baratica en Bello (Paraíso de los dentistas empíricos o teguas sacamuelas). Luego de eso quedaban con una sonrisa eterna, puesto que la muelamenta dificilmente las dejaba cerrar los labios y la voz les cambiaba, quedando con un fraseo siseante muy coqueto y gitanillo.)

- ¿A como prestan en esa natillera?

- Si pregunta por mi un señor de maletín que trabaja en el almacén de ventas por club, ¡No me has visto!

- Dotor, que tan raro que la pupila no le dilata.(Nos pareció raro, pero le estaba iluminando al paciente el ojo de vidrio)

- Dotor, ¡Urgente, hay un embarazo utópico roto!

- Dotor, estuve motorizando al paciente y la suturación estaba en 90.(Queremos creer que se refería a monitorizar y a la saturación)

- ¿Cuántas ampollas de Trendelenburg le pongo?(Asumimos que se trata de una respuesta cuando el cirujano pide el favor de que le pongan al paciente en posición de Trendelenburg, o sea con la cabeza más baja)

- Señora , ¿Usted tiene diapositivo o planifica con óvulos de Neosampao, o con coitus interceptado? (Preguntas reales de un interrogatorio)

- Dotor, en confianza, ¿Qué diferencia hay entre peroné y periné, o entre faringe y laringe?

- Dotor, ¿Eso no va contra la Hípica?(¿Será acaso contra la ética?)

- No mija, con ese ventilador sí le robaron la plata al hospital. Eso no enfría nada y no hace sinó pitar y sonar.(Cuando compraron un ventilador nuevo para respiración asistida en el hospital, la auxiliar auténticamente conmovida, no entendía cómo diablos nos habíamos dejado estafar)

También recordamos algunas anécdotas aisladas, absolutamente reales

- El hijo de una compañera tenía un espasmo muscular severo en la espalda. Como sabía en el servicio de cirugía que el “QUELICIN” era tan buen relajante muscular, le aplicó un centímetro, la dosis usual. El espasmo sí se le quitó, pero terminó en cuidados intensivos con una severa dificultad respiratoria.(No recordó que la droga sólo se utilizaba en quirófano para uso anestésico)

- Un Ginecólogo le ordenó “DIANE”(Un anticonceptivo que sirve para el tratamiento del acné) a la hija de una auxiliar para un problema de barros y espinillas; como le dio tan buen resultado, ella no tuvo inconveniente en recetárselo a su otro hijo. Curiosamente, el acné le mejoró mucho, pero creo que tuvo que empezar a utilizar sostenes “principiante” o “pinina”, cuando notó que sus pechos le crecían desaforadamente.

- Es común encontrar en el bolso de las auxiliares todo tipo de objetos, como boletas de prendería, solicitudes de crédito, carretas de microporo, etc, pero el que no falta nunca, es la estampita de José Gregorio Hernández, del Indio Amazónico y de Regina Once. Lo mismo en el gusto musical, es estigmático escuchar en los quirófanos y con buen volumen un cassette con los éxitos de Helenita Vargas, o de Marbelle y del favorito, Darío Gómez; de este último por supuesto el tema más popular es “Nadie es eterno en el mundo”, que aún les arranca lágrimas y suspiros, sin contar con la versión que hace de “Sobreviviré” de Gloria Gaynor, en Apache, idioma que Darío domina a la perfección. Una vez una compañera contó muy emocionada que había estado en un concierto de música clásica muy hermosa. Cuando le preguntaron, dijo que se trataba de la banda ”Marco Fidel Suárez” de Bello. Claro, como no cantaban pensó que eran dignos representantes del género musical de Mozart y Bach.

- Parece que el uso de pastillas anticonceptivas machacadas y mezcladas con shampoo para aplicarse en el cabello, nació de las auxiliares. Por eso es que todas arrasan con las muestras médicas de tales medicamentos. También es común los Domingos, cuando están en turnos corridos de doce horas, aprovechan y se aplican en el cuero cabelludo pepa de aguacate cocida y molida, tapadas con un gorro de plástico la cabeza. Dichas pócimas son muy populares en ellas y las preconizan para el cuidado de un cabello reluciente y brillante.

- Cuando por la pobreza de los hospitales se comenzaron a utilizar las bolsas de suero recicladas a manera de sonda vesical para recoger la orina de los pacientes operados, una novata no tuvo escrúpulo en aplicarle por vía venosa a un paciente ¡una bolsada de orines!, creyendo que era suero vitaminado (En justicia con ella, el suero”VENOVIT”, es parecido, y lo raro, el paciente no tuvo ningún problema y por el contrario, se sintió tonificado y rejuvenecido)

- Cuando empezaron a llegar los video-laparoscopios a las hospitales que tenían dentro del equipo un televisor de 21 pulgadas, que problema para convencerlas que no era para ver la novela de moda en ellos y que los pacientes abaleados y heridos tenían que ser atendidos de inmediato no importa que “Café” o “La Caponera” o “Betty la Fea” estuvieran en su mejor momento.
- En las fiestas de integración de los hospitales salían a relucir otras facetas: Severas obesidades acomodadas de milagro en pantalones “Chicle” o “Botadetubo”, camiseras ombligueras o “Strapless” que sólo Dios sabe cómo lograban entrar en esas panzas díscolas y monumentales; la consabida borrachera con vomitada en plena pista de baile luego de repetir tres veces la fila de la comida; el abrazo de rigor mientras con un tufo aguardientoso le recordaban al galeno :”Usté si es lo más sencillo que hay en cirugía, dotor, venga bailemos, yo me lo apreto,¡Tarrao!

- Un cirujano plástico irreverente y tomapelo que estuvo de moda porque les hacía sin remordimientos cirugía estética barata y a plazos a las compañeras de trabajo, comentó que se estaba haciendo millonario a punta de “Neverectomías” y “Monstruoplastias”, refiriéndose al tipo de procedimientos que les practicaba.

- Otro tema que siempre ha dado mucho que hablar es el de la afición desmedida de las auxiliares de enfermería por la comida, pues es una de sus actividades favoritas durante su turno de trabajo. Hay que haber visto una de las pantagruélicas francachelas gastronómicas para poder creerlo. Se dice que todas desayunan suave en la casa con un tamal para no “llegar muy entamboradas al trabajo”; algunas llegan media hora antes del cambio de turno, pero no a recibir más rápido a las compañeras trasnochadas y cansadas, sinó a ver que sobró de la merienda de la noche anterior, y dar rápida cuenta de ello. A las 7:30 am preparan un desayuno liviano con fríljoles recalentados, huevo y chicharrón pues, “Me estoy maluquiando del hambre”. A las 10 am. empieza la bacanal. Reunen las viandas de todas, hacen un convite, mandan a la persona de servicios generales al mercado a comprar morcilla, arepas, salchichón y chocolate y hacen una mescolanza feroz que llena de olores el quirófano y la sala de recuperación de pacientes. Se sabe de casos de pancreatitis agudas y úlceras gástricas desencadenadas por la arremetida de jugos biliares ante semejantes estímulos en pacientes quirúrgicos. En ese momento todo está suspendido. No hay poder que se imponga para montar una cirugía de moderada urgencia; sólo reciben, y eso con desdén y de mala gana, pacientes con heridas de corazón o familiares en primer grado de consanguinidad gravemente enfermos, eso sí, previo visto bueno y autorización de la más veterana, usualmente miembro beligerante del sindicato, que es la que comanda la paila de la fritanga. Un viejo profesor de cirugía cuenta que cuando hay que operar una auxiliar por una causa urgente, de entrada hay que asumir que tienen el estómago lleno pues es imposible pretender que tengan ayuno. Para una vez que estén en la sala de recuperación , se inventó una fórmula de N.P.T.(Nutrición parenteral total o alimentación completa por vía venosa consistente en:
- 500 centímetros de A de P al 250% (Cuyo componente fundamental es el Agua de Panela ;con limón, eso sí para no engordarse)
- 30 centímetros de C de O ( Caldo de Ojo)
-3 ampollas de muestras médicas (De lo que sea, pero gratis)



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HABLANDO A ¡CALZON QUITAO!



¡¡¡¡DESTACADO!!!!
Cuentos propios, leídos por el autor:




DE PATOS Y OTROS FAUNOS( FAUNA SOCIAL)

DE PATOS Y OTROS FAUNOS

A Jipi, palmípedo tenebroso
A julián, plumífero feroz
Emilio Alberto Restrepo Baena




Los Patos eran personajes muy importantes dentro de la vida del barrio. En el libro de Antonio Montaña, "Fauna Social Colombiana" los definen como colados, seres que sin invitación se infiltraban a todos los sitios donde hubiera algo que hacer o que celebrar.

Nuestros Patos, además de la anterior, tenían otras connotaciones. Pato no solamente era el colado, también era el pegajoso, incluso el vago. El Pato estaba en todas. Una de las características que lo definen es el oportunismo. Siempre aparece en el momento preciso, cuando el carro va a salir, cuando destapan la botella de aguardiente (“guaro”), cuando van a servir el sancocho o la fritanga. Por el contrario, siempre desaparece, como por arte de magia, en el momento de recoger la cuota ("hacer vaca") o pagar la cuenta. Él busca compensar su falta de aporte económico, tratando de aparecer servicial, incluso servil. El Pato es muy acomedido, incluso hace labores que otros rechazan: carga cajas, prende fogones de leña, sirve trago, hace mandados. Otra característica del Pato es que no genera mucho rechazo. Todos lo acolitamos, incluso fomentamos su existencia, pues generalmente es un tipo muy buena persona, chistoso, conversador agradable y buen amigo. Sin esas características no sería Pato. Acaso, si mucho, clasificaría para remedo de vulgar lagarto, ser mucho más repulsivo y fastidioso. Pero no. El pato es fundamental dentro de la fauna del barrio. Nadie como él para el trabajo sucio en los paseos, para dar lora graciosa (hacer miserablemente el ridículo) cuando está prendido (copetón o farriado), bajo los efectos de la marihuana (trabado), o para servir simplemente de fiel compañía.

Era típico que en las acampadas al Limón, a San Carlos o a Cisneros, los Patos (Recuerdo ahora a "La Roya", a "Paja", a "Pepito") se aparecieran con una media de guaro casi vacía. "Aquí traemos la cuota" decían soltando la carcajada y nosotros ya sabíamos que todo el paseo seguía por cuenta nuestra. Sobra decir que les sacábamos jugo, (los "cogíamos de parche") y tirábamos risa todo el paseo de cuenta de ellos. Hablando de "Paja", pato memorable y de excelsa categoría, fanfarroneó (también se dice cañó o chicanió) durante 2 años con que se iba para la marina, a trabajar en un crucero por el Caribe. Luego nos dimos cuenta de que el famoso transatlántico era aquel que vino a Cartagena con un cargamento de parejas de cacorros; como chiste se decía que los más varones del barco eran Juan Gabriel y Miguel Bosé. Hasta ahí le llegó la honra al pobre Paja. Aún debe tener las orejas calientes de todo lo que los lenguaraces del barrio han despotricado de su fama y de su esfínter.

Una variante muy especial de pato fue la que constituyó en Belén el "Loco Mejía", pues nunca se delimitaron con exactitud sus características de pato, vago, demente y mendigo. Marihuanero desde muy joven, hijo menor de una familia pudiente, criado y mimado por tías y hermanas, nunca sirvió para nada socialmente útil. De buena presencia física, era bebedor, bailarín, muy conversador y parrandero. De tanto "soplar" parece que se enloqueció (se rayó, se totió, se corrió) y le dio por vivir en una esquina del barrio Granada. Allí cantaba, hablaba solo, peleaba contra sus alucinaciones y cuando estaba de buen genio contaba cantidad de historias, demasiado razonables y coherentes para su supuesta locura. Hasta chistes le sacaron; Polilo (otro pato brillante) se adjudica aquel famoso chiste que luego se extrapoló a otros locos de Medellín: "Supiste -preguntaba Polilo entornando las cejas con aire de preocupación- que al "Loco Mejía" lo encontraron en una caneca? - ¿muerto!!?. preguntábamos angustiados por el sorprendente anuncio - no, ¡cagando!! respondía, mientras se reía mostrando un mueco enorme en su dentadura. Ese tiro hizo carrera y en todos los barrios se lo contaban a uno protagonizado por el bobo propio de cada sitio.

Volviendo al "Loco Mejía" se pegaba en todas las bebas de esquina, en todos los sancochos de cuadra, goteriaba en todos los bailes. Al principio la gente lo toleraba por miedo, luego se acostumbró a él. Un buen día, luego de morirse sus dos hermanas, como por milagro se alivió, se afeitó su barba de profeta, se bañó y se fue a vivir a su casa de la 76. Hoy es un ciudadano "normal y sano". Ya ni pato es...

Casi todos los patos compartían el estigma de "gotereros"(Expertos en beber a expensas de los demás). ¡Hasta petróleo tomaban si creían que era trago y si era gratis!. Recuerdo que una vez a Absalón, conocido como el Rey de los Ánades del Barrio, que olía una botella de aguardiente a l0 cuadras, le hicimos tomar un tequila asqueroso que el papá de un amigo trajo de Méjico. Lo que no le dijimos era que habíamos sacado la mitad del contenido de la botella y en su lugar le habíamos echado "agua de mípalo al 25%" (léase orines o vulgares miaos). Cosa curiosa, mientras nosotros nos sosteníamos el estómago presa de una risa desbordada, él estaba convencido de que nos reíamos de sus chistes. Facilito se tomó la botella entera, se amarró una borrachera de todos los demonios, vomitó 3 días seguidos y a la semana volvió a preguntar si todavía teníamos de ese traguito tan bueno. !Horror!.

Los pelaos que permanecían todo el día en la esquina también eran denominados por las señoras como Patos. "Ahí va Usted a gastarse la vida haciendo nada y hablando pendejadas todo el día con esos Patos", era el reclamo materno cada que uno decía que iba "pa' la oficina"(La tienda, la esquina o la cancha). Para graduarse como Pato, en esta acepción, había que ser un vago redomado, no trabajar ni estudiar, levantarse a mediodía, vacilar sin pudor peladas del San Juan Bosco (o del colegio femenino del barrio) y para aspirar con honores al título, ser marihuanerito.

Otra alternativa para optar a la denominación de pato era ser piropero y mujeriego, enamorado y dulzarrón con las mujeres, lo que en otros barrios se conocía como "perro" o "gallinazo".- "Mucho cuidado con ese sinvergüenza, mijita, que ese tipo es muy picaflor y muy pato"-, advertían las suegras cuando algún don Juan criollo le hacía la corte (o "le echaba los perros", como decíamos) a su hija. Esta última era la acepción menos utilizada. El sueño último de todo pato para poder realizarse como tal, era trabajar poquito o nada, si ello fuera posible, mantener billetico en el bolsillo sin mucho sacrificio, que nunca falte el traguito, los cigarrillos y el bareto, no perderse ningún programa, paseo, parche, convite o furrusca, pero nunca caer tan bajo de dar la cuota y hacer todos los esfuerzos para conseguirse una muchacha joven, bonita y querendona, ojalá profesional con buen sueldo, que no sea celosa ni jodona, eso si, bien responsable y trabajadora para que en cada mesada le pase el cheque y él administrarlo conforme a su sentido de las cosas. Como a veces no es fácil conseguirlo todo, el pato fácilmente se transa por una menos joven, menos bonita, casi siempre con algunas toneladas de más, pero eso sí, que tenga casa, carro y trabajo. De quererla, adularla y empalagarla se encarga él, en virtud a sus milenarias artimañas.

Definitivamente la cuadra y el barrio no eran lo mismo sin los patos. Eran un mal necesario, un ingrediente cotidiano imprescindible para el goce y el disfrute del día a día en las lejanas épocas en que éramos un poco más jóvenes, más gozones y más irreverentes, en fin, un poco (¡Mucho!) más felices.

CODA. (Algunos apuntes de Fauna barrial)

Además de los Patos, el barrio era un hervidero de fauna de todos los pelambres, una variopinta combinación de todo tipo de bichos que pululaban y se reproducían por generación espontánea. Evidentemente no podemos pasar de largo sin mencionar al vuelo otra serie de avechuchos que desde siempre nos circundaron. Para efectos pedagógicos, empezaremos su enumeración dividiéndolos por género, empezando por supuesto por las damas:

Las Perras. Eran rechazadas públicamente, pero tenían gran aceptación en secreto. El sueño de todo Gallinazo o incluso de todo Pato era retozar con una Perra, y solazarse en ella de las dulces mieles del sexo frenético y sin compromisos afectivos, no necesariamente con intereses económicos, como sí ocurría con la Zorra o incluso con la Loba. (Mucho menos con la Grilla). La Perra era generosa con su cuerpo por el simple hecho de disfrutarlo, acompañada usualmente de rumba y licor. De naturaleza ardiente, se decía de ellas que si no fornicaban les daban ataques epilépticos o convulsiones. “Lo daban miando”, decían los mojigatos; o uno les decía, siéntense, y se acostaban. Eran unas vacas locas que les encantaba sentir y experimentar, cambiando de pareja sin ningún impedimento y en ocasiones ganándose repelos, reclamos o mechoneadas por su bien ganada fama de casquivanas sin límite.

Las Zorra. También de carácter volantón, era menos “arrecha” que la Perra, pero más interesada, siempre pendiente de sacar provecho o explotar al “pipiloco” de turno que caía en sus redes. Si la Perruncha buscaba hombres por placer, o por que no es capaz de contenerse, la Zorrilla lo hace por ver que obtiene. Si hay generosidad de por medio, no tiene ningún inconveniente en repartir sus presas y atributos como lo hace la primera, pero sin la búsqueda del disfrute, o la ninfomanía de ella. Sólo le interesa su aprovechamiento y en eso es un poco Lagarta. A medida que mejora la oferta, sin ningún problema cambia de postor y se consiguen otro amante para exprimirlo. Generalmente es un hombre mayor y casado. Las señoras las conocen como las Fufurufas o las Fufas.

La Loba puede ser un poco Zorra, un poco Perra, pero se caracteriza por que lo que más le interesa es andar en manadas con otras Lobas, en busca o de los placeres de la carne o de las ventajas del dinero o de los autos o todos los anteriores. Generalmente hablan a los gritos, en forma chillona, tratando de llamar la atención, a la puerta de un auto lujoso con la puerta abierta y el equipo de sonido prendido a volumen extravagante. La coquetería es su carta de presentación, aunque no estén siempre dispuestas a ceder. Era muy común encontrarlas acompañando a los Lobos, pero han sido peligrosamente desplazadas por las Grillas, que las tienen en un serio peligro de extinción.

Las Grillas están más vigentes que nunca, han tomado un poco de todas las características de sus predecesoras más veteranas y de pronto un poco anacrónicas para el día de hoy. Lo más llamativo en ellas es el vestir, obsesivante ceñido a los designios de la moda imperante. Pelo cepillado a diario, teñido de rubio(con las raíces llamativamente negras), o mechones rojizos, o “rayitos” de decoloración. Tetas de una silicona siempre a punto de estallar, o por el tamaño, o por el realce a la fuerza de una talla menor en una camisetita imposible. Sostenes transparentes, ombligo al aire, pantalones descaderados, bronceado en cámara, celular de colores al cinto, no siempre activado. Pululan en manadas por la Zona Rosa de las ciudades, en las corridas de toros y son infaltables en las cabalgatas con sus amigos traquetos o emergentes. Allí no les falta el sombrero blanco. Cuando se les va la mano en licor se vuelven insoportablemente intensas, y necesitan ser el centro de atracción o sino arman el berrinche.

Las Gallinas generalmente son las predestinadas a ser solteronas, pero no precisamente por castas sino por feas. Llenas de barros en la cara, usualmente usan gafas por una miopía temprana, tienen tratamiento de ortodoncia para unos dientes incorregiblemente díscolos, sufren de mal aliento. A falta de llamadas de un galán en ciernes, sus teléfonos echan humo cada que entre ellas se gastan la tarde entera echando carraca a través de las bocinas. Hacen cofradías para mantenerse juntas y hacer las tareas, ir a hacer deporte o tomar el algo mientras las Grillas están divirtiéndose con sus amigos de turno. Cuando las invitan a los bailes, calientan sofá toda la noche, o bailan entre ellas o juegan trencito donde tratan de involucrar a los que si están bailando con sus parejas. Uno las reconoce no sólo por su obviedad física, sino por el graznido que sus lenguas afiladas y poderosas generan cuando están en la mitad de los cotorreos que tanto las animan.

Además de las anteriores, hay otros que también sirven para definir la fauna femenina. Las Sardinas son en general las adolescentes, conocidas como pelaítas, usualmente menores de 18 años. Son el deleite de los viejos verdes y de los exhibicionistas de colegio. Cuando las logran contactar para casas de lenocinio, en uniforme colegial, son una verdadera sensación. Se conocen también como Pollas. Si son bonitas y de cuerpo armónico, se les dice Bagrecitos, así en diminutivo, mote cariñoso y admirativo; muy distinto a los Bagres o Iguanas o Cocodrilos, que son Sardinas feas que se creen bonitas, haciendo un grotesco contraste, a diferencia de las Gallinas, que llevan con verdadera dignidad y muy concientes de sus limitaciones, las cargas de su maldición estética. Cuando una muchacha es de baja posición social, o es o se viste como pobre, o tiene aspecto sirvientoide, se dice que es una Pisca, y tiene una connotación francamente peyorativa. Las Gallinas viejonas se conocen como Pajarracos o Cotorras.

En cuanto a los hombres, la taxonomía de barriada también los clasifica:

El Lobo, expresión suprema del ascendido o emergente social gracias al narcotráfico, tiene su propio capítulo en el apartado de Las Carangas, páginas más adelante.
El Zorro. Normalmente se denomina así al astuto para los negocios que no tiene escrúpulos ni impedimentos morales para tratar de tirar ventaja al momento de hacer algún tipo de transacción con el prójimo. Es supremamente común en nuestras calles, auspiciado por ese concepto ancestral del Paisa despierto y avispado, que no deja perder una oportunidad y que en parte explica el apogeo del narcotráfico en nuestro medio, ya que desde el hogar cuenta con la anuencia de padres y hermanos. Recordemos aquel “Si puede conseguir plata hágalo honradamente hijo; y si no puede, consiga plata hijo”.

El Gallinazo local es una especie de Pato, con obsesión enfermiza de conquistar mujeres, casi que coleccionar aventuras, para poder luego fanfarronear y despertar la envidia de sus contertulios, usualmente una caterva de Patos esquineros. Suele tener una libreta donde anota nombres y teléfonos de sus Pollas. Cuando es fetichista, les roba su ropa interior, como trofeo máximo ante sus amigotes. Cuando es atractivo o eficaz en su labor, alcanza la categoría de Gavilán, usualmente merodeando alrededor de las muchachas bonitas nuevas en el barrio, o de las difíciles para los Gallinazos locales,(Cuyas presas favoritas son las Perras o las muchachas del servicio, que cuando son Perrunchas les dicen Chuchas Mantequeras) como profesoras, secretarias o doctoras.

Los Guaches o Toches, son aquellos seres que la vida les negó cualquier asomo de clase, distinción o estilo. Generalmente son pobres y de bajo nivel cultural, y no se esfuerzan en disimularlo. Ejercen oficios físicos y materiales, a la hora de beber o comer lo hacen hasta las últimas consecuencias, sus piropos ante una muchacha bonita o decente son temibles y pavorosos y harían sonrojar a un arriero. Cuando pelean con alguien, lo hacen en la calle y no quedan contentos sino le propinan una puñalada sobaquera a su rival, o le parten el rostro con el pico de una botella quebrada. Algunos, los de más trayectoria, sobrevivientes de varias cirugías por arma blanca y ex-convictos, cuando están enfiestados libando copiosamente, moliendo música despechada o parrandera, y cuidando un sancocho callejero de carne barata y pacotilluda, alcanzan la categoría de Macacos, que luego va avanzando a medida que circula la fritanga y el trago hasta hacer mutación en Cerdos, actitud de respeto que implica que en los próximos minutos es mejor desocupar la cuadra para evitar una tragedia.

La Mula no tiene sexo específico, aunque la denominación es más común en hombres. La principal es la que transporta en su cuerpo o en el equipaje alguna cantidad de drogas para transportarlas a otros países. En el capítulo de las Carangas hacemos referencia a ellos. También cuando alguien es muy bruto, tarado, tapado y sellado por dentro, se dice que es una Mula, lo mismo cuando es muy brusco y violento para jugar fútbol o deportes de grupo.

Los Lagartos son aduladores y lambones profesionales, expertos en el arte de sobar saco, echar cepillo, colarse a todo tipo de eventos fingiendo ser importantes o conocidos del dueño; son especialistas en echar sable, en pedir favores a cambio de nada, en empalagar la vanidad del anfitrión para sacarle algo a cambio. Suelen rodear a los Lobos, a un lado de los Patos, pero sin tener la gracia ni la aceptación de éstos. Son más comunes en los estratos altos y en las encumbradas esferas sociales, su hábitat es el coctel, aunque muchos de ellos suelen salir de nuestros barrios de clase media, donde hacen un curso rápido de Babosas y Sanguijuelas y comienzan a mirarnos por encima de los hombros.

El Sapo es imprescindible y no puede faltar en ninguna reunión humana de más de tres personas. No se aguanta las ganas , (ya que en él es una necesidad biológica) de contar, de llevar y traer, de aventar, de delatar; y no lo hace por llamar la atención, pues su estilo es rastrero, hipócrita y servil. Se da en todos los estratos y en todos los oficios. A veces comparte estigmas con los Lagartos, y cuando tiene algo de Lobo, puede ser temible y peligroso. Se reconoce desde pequeñín, y desde los colegios es estimulado por curas y maestros.

Cuando uno le debe plata a alguien, se dice que tiene Culebras, y son abundantísimas en los barrios. También se utiliza cuando alguien está ofendido con uno o cree que uno le hizo algo, sea cierto o nó. Los Sapos y los Lobos suelen tener muchas culebras tras de sí, y en ocasiones tienen que andar en todo momento con suero antiofídico.

Otro personaje habitual del barrio es el Cabrón, también conocido como Cornudo; sea éste el momento para hacer claridad entre ellos y los Cachones, pues el uso y el abuso de los términos han contribuido a la confusión y al uso indistinto de los apelativos de tales Cornúpetas.

Es cierto que ambos son astados, que lucen sobre su frente unas prominencias que en ocasiones les impiden atravesar la puerta de su casa y que dependiendo del estado de calcificación de la víctima pueden alcanzar tamaño, forma y ramificaciones, a manera de simple venado o rimbombante alce, pero son distintos.

El Cornudo, tiene unas sólidas prolongaciones que provienen, más que de su voluntad, del comportamiento y generosidad de su mujer para con el prójimo. Tiene una alta prevalencia en hombres y su denominación es casi exclusivamente masculina, aún cuando no debería serlo. El folclore tradicional ha ideado varias fórmulas, si no para combatirlos, sí para disimularlos, como el "topizol" y la "cornitina" o el "descurnol" (este último no los tumba, pero les da un brillo!!). Son la gran mortificación de muchos maridos justa o injustamente celosos. El Cachón por el contrario, tiene una cierta connotación más benigna, y si se quiere más aceptada por una sociedad que en ocasiones peca por alcahueta. Este sujeto de nuestra fauna social se caracteriza porque asume con largueza los romances extramaritales y trata a toda costa, y costo, de obtener los parabienes de la cortejada con obsequios, galanterías, invitaciones, lo cual en ocasiones sacrifica la estabilidad económica del hogar. Como se infiere de lo anterior, todo acto de cachonería tiene implícito una potencial cornamenta.

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