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Thursday, October 10, 2013

FERNANDO MORA MELENDEZ y sus LETRAS DE MOLDE, en UNIVERSO CENTRO

En la Fiesta del libro de 2013, en el agite del lanzamiento de mi libro de cuentos negros publicado por el Fondo Editorial del ITM, "UN ASUNTO MICCIONAL Y OTROS CASOS DE JOAQUIN TORNADO, DETECTIVE", me encontré con Fernando Mora Meléndez, profesor de EAFIT y columnista de UNIVERSOCENTRO. Amable y simpático como siempre, muy culto y con la ironía a flor de lengua ante cualquier interpelación, hablamos tranquilos y relajados, contentos de departir casualmente; lo que yo no sabía es que nuestro amigo andaba con su parabólica de periodista prendida y su olfato de sabueso croniquero algo arisco por la hora del cierre del periódico. Sin darnos apenas cuenta, mientras compartíamos una tertulia improvisada y muy agradable con los otros colegas de letras que se iban acercando, Fernando iba elaborando una reseña que trataba de plasmar bajo su particular mirada,  aquella noche de viernes en el vayven de las cientos de personas que como hormigas daban vueltas alrededor de jardín botánico.

De eso da testimonio lo que apareció en UNIVERSOCENTRO  de Septiembre de 2013:

http://www.universocentro.com/NUMERO49/Letrasdemolde.aspx

A propósito de Fernando Mora Melendez, es profesor de EAFIT. Este año ganó el Premio Simón Bolívar(El más importante de Colombia) en Entrevista en Medio Escrito por su trabajo:  "El Poema llega solo", dedicado al poeta nadaista Jaime Jaramillo Escobar.Pueden leer esta excelente aproximación al poeta en: http://elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2687

La referencia al premio de Fernando Mora, la pueden leer en:
http://www.eafit.edu.co/agencia-noticias/historico-noticias/2013/noticias-noviembre/Paginas/Academia-entrevista-un-simon-bolivar-fernando-mora.aspx#.UnwSX8Ug_Z4

Felicitaciones, Maestro.

UNIVERSO CENTRO







El Texto:

Letras de molde
Fernando Mora Meléndez. Ilustración: Mónica Betancourt


Al lado del Cafetín espero a un amigo que anda al otro extremo del Jardín Botánico. Mientras asoma, saludo a otros que pasan. Uno me dice que quedó de finalista en un concurso literario, pero que al final le ganó un pelado que está empezando a escribir cuentos. Después del veredicto decidió publicar el libro de su propio bolsillo.
Enseguida se acerca otro que hace tiempo no veía. Me cuenta que tiene una nueva versión de su novela, un repaso por diversos lupanares de Medellín. En uno de ellos el protagonista va a besar a una prepago en la boca, pero ella le dice que allí no porque ese sitio está reservado a su novio: es un lugar sagrado. Nuestro autor entiende lo difícil que es vender un libro, se alegraría solo de verlo publicado. Parece que este anhelo no se cura con mirar la cantidad de textos que prueban suerte en los estantes, con pilas de nombres desconocidos; "el alud editorial", lo llamó un profesor que conocí en la escuela de periodismo.
Estos dos escritores no se conocen, y apenas los presento se cruzan números telefónicos y datos sobre posibles editores. Me convidan a un té frío, pero insisto en que debo esperar aquí a alguien que está del otro lado.
Mientras tanto llega un tercer escritor. Hace parte de un movimiento que busca despertar el entusiasmo por la novela negra. Parece que en el Valle de Aburrá hay suficiente material para escribir cientos de estas historias. Aclara que la novela negra no es la policiaca, pero tampoco la negroide, ni la que escriben los llamados negros literarios. Aunque no es racista, aclara. Por lo visto, entender qué es la novela negra es una trama secreta.
Este novelista atiende partos en una clínica de Envigado, y en la tarde urde crímenes de papel. Luz en la clínica, oscuridad en las páginas. La pluma es otro bisturí. Vendió 800 ejemplares de su última novela, con todo y haberla editado un sello español con un nombre propicio para el tema: Ediciones B. Está satisfecho de haber creado su propio detective, con gabán, aunque sin pipa. El sabueso criollo ya anda muy orondo por este valle, a pesar de que un jurado de novela dijo que los detectives privados ya estaban archivados por inverosímiles. Pero él conoce a varios en persona, se ha encontrado con alguno en el parque, ambos con crímenes sin resolver.
En el corrillo, el mismo novelista les sugiere a los otros dos hacer libros que se vendan para luego buscar el gran arte. Ha escrito un best seller sobre obstetricia que leen con juicio los estudiantes de esta rama. También tiene uno de autosuperación que ojalá supere a Og Mandigno, el de El vendedor más grande del mundo. "Recuerden que a la Fiesta del Libro no se va solo a comprar libros", nos dijo su director, y en una conferencia un invitado también dijo que en Colombia había más escritores que lectores.
El autor de la serie negra me muestra a los ejecutivos de su editorial española, que han venido a desafiar estos calores que atentan contra la textura de las flores del Orquideorama.
Muy a propósito, a Laura Restrepo le pareció bello el encuentro de las plantas con los libros, la naturaleza y la cultura de nuevo juntas, como en los tiempos de Lévi-Strauss, aunque Juan Gabriel Vázquez hizo ruido con estas cosas al decir que no valía la pena sacrificar un bosque para editar a gente como Paolo Coello. La frase, por supuesto, no detendrá la marcha de los fieles paulistas, que se amparan en uno de los derechos del lector: leer lo que se le dé la gana.
Deberían poner a hablar más a los lectores, dijo otra de las plumas del corrillo, como esa vez que vino hasta el general Bonnet a conversar sobre Lisístrata.

 ¿Será que hay tan poquitos lectores en el país como dice la última encuesta? Le pido a uno de ellos que me la explique: ¿Cómo así que un colombiano lee en promedio 1,9 libros? ¿Quiere decir esto que un lector en Colombia termina un libro y deja el final del otro para verlo por televisión? No hay una sibila que nos resuelva el enigma, y entonces uno de los inéditos propone buscar puesto en el recital de los poetas de agua dulce.
Al final nadie se pone de acuerdo. Comienzan a rondar los jóvenes de logística para anunciar que la fiesta ya terminó. El amigo que esperaba no llegó o se hizo el perdido. Los tres escritores que quieren mojar tinta ya andan en confianza, como viejos cuates, por el milagro del encuentro. Vamos a curiosear a un puesto de la colección Biblioteca de Ayacucho con otras preguntas inocuas como: ¿Es cierto que Chávez compró a Monte Ávila dizque para limpiarla de las plumas burguesas? ¿Qué más se ha sabido sobre la vida del camarada Bolívar? Y mientras los chamos empacan en cajas sus volúmenes, alguien propone ir a la calle Barranquilla donde un librero que antes hacía hamacas, de las mismas en que dormía el prócer.
En el local nos dicen que el dueño anda perdido en el Congreso Mundial de Haikuistas. ¿De qué hablarán en ese evento? ¿Vendrá algún experto japonés a mostrar el poema más pequeño del mundo en su microscopio? ¿Habrá ronda de haikús eróticos para leer sin kimono? ¿Hay vida más allá del haikú?
De pronto, en medio de la chacota, una vieja amiga me llama desde la trastienda para mostrarme algo que hay enmarcado en la pared. Se trata de un poema que le envió su amor desde el lecho de deshauciado. Está escrito a lápiz sobre una hoja de cuaderno simple. El poeta había sido mi profesor años antes, y era el mismo que hablaba del alud editorial. Varios de sus textos quedaron sin publicar, después del pedido que les hizo a sus hijos: "si yo me muero, no publiquen nada de eso". Al final de sus días lo único que le importó fue estar lejos de las letras de molde. 
El poema dice:
Defínete de una vez, y haz caso omiso de mí.
No me tengas en cuenta en adelante
y ni siquiera me recuerdes en las fechas sagradas.
Sácame a empellones de tu vida
y ocupa pronto el lugar
que me correspondía en tu corazón.
Rompe mi retrato
y borra las letras indelebles del amor.
Grita, exagera, difama.
Hazlo todo a la perfección,
pues este es el último homenaje que me rindes.
UC

Sunday, April 08, 2012

Crónicas de Belén y otras variaciones

Crónicas de Belén y otras variaciones

El 17 de Julio de 2011 el periodista Reynaldo Spitaletta grabó una entrevista con el médico y escritor Emilio Alberto Restrepo Baena hablando del barrio Belén, ambientando una serie de situaciones y personajes bajo una óptica literaria. El programa se transmitió por Radio Bolivariana (FM 92.4 Mhz) y tuvo una amplia difusión, generando gran cantidad de comentarios y reacciones favorables, a propósito del libro ALGUNAS COSAS NUESTRAS (Crónicas de Belén), editado por el Municipio de Medellín. A continuación el enlace de la entrevista completa.


Monday, June 29, 2009

DE CADAVERES EXQUISITOS Y OTROS FIAMBRES.

DE CADAVERES EXQUISITOS Y OTROS FIAMBRES.
Emilio Alberto Restrepo Baena
Acaba de morir el indefinible Michael Jackson y hoy estamos atiborrados, literalmente acribillados de noticias, recuerdos, especiales y añoranzas que tratan de reivindicar la enorme pérdida que ha representado para la humanidad su partida. Al parecer, quedará difícil continuar la marcha por el mundo sin su presencia, sin su aporte. Ya lo decían los abuelos: “No hay muerto malo ni niño feo”. Parece que el féretro tiene la enorme virtud de diluir los recuerdos, de suavizar la memoria, de pasteurizar la imagen. A partir del colapso todo es ideal, todo es perfecto, todo es inmaculado. Nada de ensuciar la historia con pecados, con debilidades, con aberraciones.

Y es que hay que entender que Jackson es uno más de los cadáveres exquisitos con que cada cinco o diez años el imaginario colectivo se vuelca a la idealización, al reforzamiento masivo de la necesidad perentoria de ídolos, aunque sea con pies de barro. La sociedad necesita íconos. Si no los tiene, los crea. Si tienen talento, los potencia. Si tienen defectos execrables, los matiza. Si caen en la perdición, la perspectiva del tiempo, sobretodo si es más allá de la muerte, los despercude, los llena de brillo, limpia de la superficie de su imagen todo el estiércol, toda la podredumbre, todo lo que se acerque a reconvertirlos en humanos con altas y bajas, con caídas y resbalones, con debilidades y contradicciones. Son demasiado grandes para ser como nosotros. Los necesitamos perfectos para que se diferencien de nosotros, tienen que ser como los ángeles para poder mirarlos en el pedestal de nuestros sueños, ansiedades y frustraciones, porque, qué gracia tiene endiosar a alguien como nosotros, que suda, siente miedo, va al baño, hiede de mediocridad y de inseguridad y patina en el pantano de una vida cotidiana que sabe cruel, difícil y sin ninguna expectativa para afianzar lo que alguna vez moldeamos en nuestros delirios de ciudadanos del montón con ego de superestrellas incomprendidas.

“Vive rápido, muere joven y deja un bello cadáver”, dijo unos de los más representativos entre los cadáveres exquisitos que en el Olimpo son, James Dean. Entendía que sin una carrera de vértigo apenas tan corta para no cometer errores que los hicieran aparentes y los pusieran en evidencia, con una muerte inesperada que truncara una trayectoria en ascenso, se creaba una expectativa sobre lo que pudo ser y no fue, sobre la grandeza que se desperdició por culpa del destino, sobre toda la obra que pudo haber sido y no fue.

Todavía los fanáticos se conduelen de lo que pudo haber hecho Nino Bravo si no se hubiera desportillado contra otro auto a los 27 años en pleno furor de su carrera. No se les ocurre pensar que hubiera podido caer en la decadencia y en el olvido en vida –de lo cual están preservados nuestros cadáveres exquisitos, acaso la más dolorosa de las indiferencias y el peor de los castigos para un artista- y que hoy probablemente andaría viejo y gordo por los pueblos, vendiendo su espectáculo de nostalgia a cambio de centavos como tantos otros dinosaurios de su generación, hoy refugiados en el alcoholismo, en el alzheimer, en la frustración, mientras viven del recuerdo cochambroso de sus prediluvianos días de gloria, olvidados por todos, por no haber cometido la impertinencia de morirse antes de tiempo, en el cenit de su producción. (recomendamos leer: https://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/medelln-el-paraso-de-los-dinosaurios.html

Y no es sino ver las cifras de ventas póstumas de los discos y películas del gran Elvis Presley, las peregrinaciones a Graceland para entender algo del fenómeno. Ya no es la mole de 150 kilos y multiadicto que se empacaba 100 pastillas diarias, hacía pactos non-santos con la CIA, disparaba a los televisores cuando no le gustaba algún programa y golpeaba a las mujeres –mayores y regordetas que le recordaban a su madre- cuando no lograba consumar el sexo que tan generosamente aún le prodigaban, sino que ya se convirtió en un dios en su propio reino, un arcángel de música celestial, un profeta que hasta secta religiosa tiene, sostenida por admiradores que se niegan a olvidarlo.

Lo mismo con Jackson, ya nadie habla de su apetencia desaforada por los niños, acusado incluso de violación y administración de drogas prohibidas para lograr sus abyectos deseos, ni su odio por las mujeres, ni su asco por el contacto con las personas y sus microbios, ni su negación de su identidad de raza y género, ni su paranoia, ni su dismorfofobia que le obligó a hacerse más de 50 intervenciones en su cuerpo. Hoy sólo hay espacio para la consagración, para el perdón de los pecados, para el despercudido de su aura. Para eso es un cadáver exquisito.

Por eso el gran Cortazar (¿Acaso también él un cadáver exquisito?) fabuló en ese cuento maravilloso “Queremos tanto a Glenda”, que lo mejor que podían hacer un grupo de fanáticos cuando la gran actriz Glenda Garson anunció su regreso a los estudios, luego de que ellos habían limpiado todos los errores, cortado todos los detalles que mancillaran su imagen, luego de que la habían llevado casi al límite de lo perfecto mediante el encubrimiento y eliminación de los errores en las películas. Al regresar a la actuación, más vieja, con necesidad de éxito y reconocimiento, es probable que se desdibujara, que se equivocara y ensuciara lo que ya con un enorme esfuerzo se había conseguido encumbrar a un nivel irrepetible. Entonces tomaron la única decisión, lógica, válida, sensata: la asesinaron. Al convertirla en un cadáver exquisito, la preservaban de todo error y se preservaban ellos mismos de un atentado a su memoria, a su idolatría, a lo que más idealizaban de ella.

Por ello mismo tanta veneración por Carlos Gardel y Javier Solís, después de tantos años de muertos. Su virtud fue que fallecieron relativamente jóvenes, activos, en pleno éxito. No falta el que asegure que todavía están vivos, que en tal y cual parte los vieron con la identidad cambiada. Y siguen saliendo discos y su prestigio con los años es cada vez más grande, más alimentado por los buenos deseos y el gran afecto de sus admiradores.

Esa es la ventaja de morir joven: no hay tiempo de cometer muchos errores, de grabar malas canciones o películas perversas o libros peores. Siempre quedará la especulación de sus fanáticos -siempre benigna y a su favor- para imaginar que la obra iba a ser cada vez más brillante, porque así lo quieren creer.

Y eso lo hemos sentido con las Jotas fatales del rock( Janis Joplin, Jimmi Hendrix, John Lennon, John Boham, Brian Jones, Jim Morrison, Jeff Buckley), con Kurt Cobain, con Michael Hutchence con Sid Vicious y con las súper estrellas que han terminado muertas en forma accidental o trágica como Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Heath Ledger, Natalie Wood, Kalet Morales, Bruce Lee y su hijo Brandon, como River Phoenix. Siempre queda la duda de si hubieran seguido siendo grandes y talentosos. En todo caso, queremos pensar que sí. Y como masa, como fanáticos, como consumidores, como compradores de sus productos, como rebaño necesitado de ídolos y figuras de adoración en las cuales creer y becerros de oro a los cuales adorar, preferimos decir que sí y erigirles un pedestal.

Friday, August 22, 2008

¿QUÉ TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR? ¡MAMOLA!

¿QUÉ TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR? ¡MAMOLA!
Emilio Alberto Restrepo Baena


Mientras más viejo estoy, menos estoy de acuerdo con el manido adagio que dice que todo tiempo pasado fue mejor.

Es cierto que los tiempos modernos han sacrificado ciertos valores, que lo urgente no deja tiempo para lo importante, que la carrera loca, que el estrés, que la comida chatarra y mil etcéteras más. Pero violencia, corrupción, maldad, políticos aprovechados, curas abusivos, tiranos déspotas han existido desde siempre y se repetirán una y otra vez. Es la historia natural de la humanidad.

Pero estoy impresionado con las mil y una posibilidades que nos brinda la era moderna. No salgo de un asombro para caer en otro más impactante. Hagamos un pequeño recorderis.

Cuando estaba estudiando y haciendo los posgrados, la búsqueda de bibliografía era un verdadero martirio. Había que inscribirse, pagar una búsqueda, esperar varios días para obtener copia -en ocasiones tan sólo resúmenes- del artículo que necesitábamos. A veces en idiomas que no éramos capaces de traducir. Hoy, con un click, tenemos en segundos el tema que necesitamos, de números de revistas que aún no han visto la luz. Si no tengo la clave parra acceder a un texto completo, cualquier estudiante me la consigue. El traductor automático me lo facilita en mi idioma. Gratis, inmediato, actualizado. Las revistas científicas en papel son parte del pasado. Y lo mismo para leer periódicos o revistas de actualidad, la que se me ocurra , de cualquier parte del mundo.

Las películas que me soñé, las que añoraba por mis lecturas o por referencias de terceros y que nunca pude ver dada las dificultades de distribución en mi país, hoy las tengo al alcance de mi mano con sólo desearlas. Ya la colección completa de Dimensión desconocida, de Chaplin, de Buster Keaton, de Kurosawa, de Stanley Kubrick o de Hitchock se consigue gratis en las páginas de Internet dispuestas para tal efecto. Nada es misterioso, nada es oculto, todo está en alguna parte, si uno no sabe, un amigo le ayuda y podemos hacer la cinemateca de nuestros anhelos sin que ningún expertico criollo se haga el preciso o se crea poseedor de la verdad revelada. Le estoy dando un banquete a mi espíritu. Y en los buscadores investigo sobre el autor, su vida y su obra y la información es ilimitada.

Y en música ni se diga. Todo se consigue. La canción o el intérprete que yo deseo volver a escuchar, está en algún sitio de la red. Estoy gozándome canciones que no escuchaba desde niño, tengo ya las colecciones completas de artistas que antes me estaban negados por egoísmos, escasez o comercialización. ¿Cuando había pensado tener la colección completa de Bob Dylan, de David Bowie, de Camilo Sesto o de Serrat sin depender de nadie? Estoy dándome gusto en forma con todos los temas y géneros que siempre quise tener y por uno u otro motivo no lograba conseguir.

¿Y qué les parece la locura del youtube.com?. Artistas que toda la vida deseé ver cantando para mí, hoy los tengo para mi disfrute. Cosas que ni sabía que existían, en videos de la época, se consiguen en segundos. Hacía tiempos no me emocionaba tanto redescubriendo temas que tenía en mi memoria desde la infancia, los grandes baladistas, los héroes del rock en sus versiones originales, en un primitivismo encantador. Los chismes, las entrevistas, los grandes hitos históricos filmados están allí, sin límite, al momento que se necesitan. Ya no paga ni comprar colecciones de música en DVD. Youtube hizo de eso un gasto innecesario.

Y las colecciones de libros. El que quiera, el que no se consigue en librerías, ya está en alguna de las páginas especializadas. Ingrese al Aleph.com o a cualquiera de los muchos que hay y pregunte por lo que no vea. La colección completa de Borges, de Cortazar, de Agatha Cristie, de Sherlock Holmes, cosas que no se consiguen en el mercado, se bajan en minutos. Lo mismo los libros técnicos y especializados. ¿Qué muy cansador leer en el computador? Muy sencillo, se imprimen por un ínfimo costo en otro invento maravilloso de la época, la fotocopiadora, y se empasta por un valor mínimo. Arme la biblioteca que quiera. Cuando me piden libros prestados, yo mismo se lo regalo al amigo grabado en esa creación fantástica que son los discos compactos grabables y así no pierdo ni el libro ni el amigo y todos quedamos felices. Lo mismo cuando me piden prestado un CD de un artista favorito o hasta una película. Tenemos ya redes de intercambio.

Cuando tengo que preparar una clase o una conferencia y estoy sobre el tiempo, simplemente ingreso a Google.com , anoto el tema y la sigla pps. Y me aparecen cientos de recursos gráficos organizados y listos para el uso inmediato. Antes me demoraba más de ocho días preparando mis ayudas audiovisuales y ahora lo hago en poco menos de una o dos horas. Adiós a los proyectores de diapositivas, a los papelógrafos a los marcadores, a las carteleras, a los acetatos, al retroproyector. ¡Viva el portátil, el videobeam , el señalizador de láser, el Power point!. Y no tengo que cargar un mamotreto con mi material. Lo almaceno en un aparatito de pocos gramos, más pequeño que un encendedor, lo conecto al computador del sitio a donde voy y ahí están todos mis archivos, mis conferencias, mis escritos, fotos, chistes, todo lo que yo quiera llevar. ¡Definitivamente la memoria USB si es una verdadera redención, se demoraron mucho en inventarla.!

Y ni que decir del computador y su procesador de textos; borra, corrige, guarda, intercambia párrafos, corrige ortografía. No entiende uno cómo hacían los escritores de hace veinte años para atrás, para escribir sus grandes obras a punta de papel, pluma, lapicero, tachones y pesadas máquinas de escribir. Eran unos portentos, pero hoy es todo mucho más amigable y eficaz.

Y que opinan de esa joya del I Pod y su capacidad de almacenar música y llevarla a todas partes en el bolsillo, instalarla en unos amplificadores del tamaño de una cajetilla de cigarrillos para que suene perfectamente nítida al volumen que uno desee en el sitio que sea. Y pida lo que quiera, pues uno de 160 gb guarda hasta 40.000 canciones, o videos, o películas, o audiolibros para uno escuchar mientras conduce o mientras hace ejercicio o mientras espera algún trámite o va en el metro.

Y las cámaras digitales y sus miles de fotos para uno gastar sin medirse y después escoger e imprimir las que le provoque, sin botar material, ni gastar rollo, sin que se velen o se deterioren y poder mandárselas al que uno quiera en cualquier parte del mundo, sin costo, por ese portento que es el correo electrónico. Qué pesar de las cartas y el correo convencional, pero el e mail ha revivido el gusto por la correspondencia, las distancias se acortaron, la eficacia se aumentó. Se puede hasta conversar a larga distancia por este medio, gratis, en tiempo real, sin límite. Uno se sienta con un escritor o un investigador de otro país y arma una conferencia para resolver un problema, ultimar unos detalles de una publicación o simplemente para intercambiar impresiones.

Y el teléfono celular y las cámaras del computador y la tarjeta de crédito y los domicilios de lo que uno quiera y las compras por Internet en cualquier sitio del mundo y los viajes interoceánicos a precios módicos.

Todo ello era impensable en nuestra infancia, a nuestros padres nunca les tocó. Es claro que se presentan problemas, efectos secundarios, abusos, pero no todo puede ser perfecto. Es más lo bueno que lo malo, es un privilegio tener la oportunidad de vivir y disfrutar de las cosas del presente. Va más allá del esnobismo, es disfrute, es calidad de vida, es aprovechamiento del tiempo, de las cosas buenas de la vida y alimentadoras del espíritu.

Gracias Dios mío por permitirme vivir y disfrutar de la modernidad y sus avances maravillosos. Dadme por favor salud y vida para disfrutarlo con mi familia y mis amigos. Gracias por el placer, gracias por los sentidos, preservadnos de los abusos y la maldad que se pueda generar del progreso. Dadme buen criterio y sensatez para sacarles todo el jugo posible.

Wednesday, February 27, 2008

ESCAPEROS EN EL HIPERMERCADO

ESCAPEROS EN EL HIPERMERCADO Emilio Alberto Restrepo Baena

Claro que si lo vemos con los ojos del siglo XXI, nos puede parecer fantasía o simplemente anecdótico, cuando no inverosímil. Los robos en los supermercados son el pan nuestro de cada día, explican un porcentaje muy alto de las pérdidas del negocio, mantienen toda una red de bandas conocidos como “Escaperos”, que se dedican a este oficio para luego revender en las tiendas de barrio y es la principal causa de amenazas y muerte para los empleados que a diario se enfrentan a combos supremamente hábiles y entrenados, con sangre fría y sin escrúpulos, con conexiones en la policía y con abogados que los defienden para salir de inmediato incluso cuando son cogidos en el acto, a seguir nuevamente delinquiendo en otro sitio, pues la rotación es la clave para desconcertar y pasar más desapercibidos.

Y este capítulo incluye también desde el tranquilo señor que consume un yogurt o una cerveza mientras hace sus compras, como el que lee una revista y recorta una página para guardar un dato, hasta el niño que destapa un paquete de golosinas o el que saca un disco compacto para ensayarlo en su reproductor portátil y no lo devuelve al salir; todo lo anterior sin pagar, por supuesto. Caso aparte es el de los cleptómanos por compulsión enfermiza, no con motivación delincuencial, pues usualmente son personas prestantes de estrato social superior, profesionales de altos ingresos que no pueden reprimir el vértigo de robar a sabiendas de ser vigilados, ya que necesitan el baño de adrenalina para vivir y llamar de alguna manera la atención. Esto se considera un trastorno de tipo siquiátrico.

Los almacenes se han inventado todo tipo de estrategias. Vigilancia abierta o encubierta. Personas que fingen cuidar el parqueadero, o estar mercando o ser mendigos. Cámaras de circuito cerrado de todo tipo, filmaciones, grupos que actúan de incógnito como autodefensa, abogados que acusan, estoperoles de seguridad pegados a los productos, alarmas y detectores a la salida, marca de las facturas. Pero hecha la ley, hecha la trampa y los rufianes se inventan una estrategia que supere el escollo y siguen coronando y surtiendo a sus reducidores.

Y los vigilantes tienen que sortear a esta peste. Los tienen referenciados en fotos, galerías enteras de toda ralea de alimañas, hombres mujeres, jóvenes y viejos, de todo tipo y condición. Y no se pueden equivocar. Si a un capturado no le encuentran mercancía en su cuerpo, le cuesta al empleado equivocado la expulsión del trabajo y se puede ganar una demanda y todo tipo de amenazas. Y si lo encuentran cargado, hasta peor, pues el pillo nunca está solo, lo intimida y hay muchos casos de homicidio por retaliaciones de este tipo, ya que el implicado a las pocas horas está nuevamente en las calles, a pesar de ser muchas veces reincidente.

Señoras que llegan con pantalón forrado estilo “chicle” y camiseta ancha hasta la mitad del muslo, inmediatamente son seguidas por los vigilantes encubiertos. Lo mismo las señoras embarazadas. Son los principales sospechosos. El modus operandi es sencillo y basado en la velocidad de sus dedos, en lo pequeño y costoso de los artículos seleccionados y en las advertencias de sus cómplices que fingiendo comprar, les hacen cortina y les sirven de “campaneros”, para avisar oportunamente cuando se presenta algún riesgo de ser sorprendidos. En fracción de segundos esconden por debajo de sus camisetas o bajo las faldas anchas, productos como tintas de computador, cuchillas de afeitar, desodorantes finos, licores importados, que usualmente son pequeños, compactos y costosos. Ceñido a sus cuerpos, llevan una especie de faja en la que esconden lo hurtado, sin hacer bultos que los delaten y sin que se les caiga. Luego salen tranquilamente como si nada. Con la aparición de las puntillas de seguridad que tienen muchos de estos productos y que hacen un ruido escandaloso al cruzar las puertas del almacén, ya los pillos se han inventado otra modalidad: tienen el aparato que supuestamente es de uso exclusivo del almacén con el que quitan los pines. ¿Cómo lo consiguieron?, no se sabe. Acaso fue que el fabricante rompió el pacto de confidencialidad y realizó varios de más para venderlo a las bandas, o un empleado infiltrado sustrajo alguno del stock de la compañía o algún genio criollo diseñó un aparato “hechizo” que imita a la perfección al original y cumple todas sus funciones. Lo cierto es que le quitan el sonido delator y el rufián se embolsilla o se encaleta en su cuerpo los productos apetecidos como en los viejos tiempos. Es tan epidémica la situación, que han tenido que implantar una cámara permanente para monitorizar estas secciones. Si hay faltantes en los inventarios, se les cobra a los encargados de la seguridad del turno en el que ocurrió el desfalco.

Cuando logran conseguirse un tiquete de la factura de pago de máquina registradora que no haya sido señalado con marcador para indicar que ya fue sacada la mercancía del almacén, se anotan otro tanto a su favor: Empiezan a llenar los carritos con exactamente los mismos productos que vienen referenciados en la tirilla, disimulan con un niño muy pequeño dentro del carrito y el cómplice, generalmente una anciana o una embarazada va metiendo con toda la cautela y sin ninguna prisa los productos dentro de la bolsa del supermercado. Al finalizar la jornada, tienen varias bolsas en el carrito, dan vueltas cerca de una caja en la que han comprado cualquier chuchería de poco valor, salen por la puerta principal y ahí sí les chequean con marcador el recibo. Si de pronto el portero es cómplice, no pone ninguna marca y la factura queda lista para ser nuevamente utilizada. Para no despertar sospechas, muchas veces se las venden a otras bandas por un precio del 10 % del valor de la compra y un nuevo grupo de payasos vuelve a mercar una o todas las veces que fuera posible, de acuerdo al compinche de la vigilancia en la portería.

Otra modalidad es la de ingresar con bolsas de marca del almacén llenas de papel o trapos o basura; al entrar el vigilante, sobornado o no, les pone el tiquete distintivo de mercancía traída de afuera, un integrante escoge en otra bolsa la mercancía seleccionada, y en una fracción de segundo cogen el tiquete con que lo sellaron a la entrada, se lo ponen a la bolsa con el hurto, le aplican un gancho, esperan tomando un refrigerio mientras ven si la cosa se complica o no y luego salen como si nada. Otros más osados o mejor conectados, tienen a su disposición de una vez las marcas que los porteros le ponen a las bolsas que entran de afuera, sin tener que pasar paquetes por delante de los vigías; una vez adentro, empacan y sellan.

Antes del código de barras obligado para todos los productos, y muchas veces a pesar de él, los escaperos le cambiaban el tiquete con el precio y el código, de un producto para otro, poniéndole a un producto caro, un menor valor. Hay quien incluso tenga una grapadora especial para aplicarlos y retirarlos sin un deterioro que levante sospechas.

En los baños y en los probadores de ropa también se aprovecha para acomodarse cualquier tipo de prendas y no es raro que las “pájaras” se pongan hasta veinte sostenes o prendas de interior, camisillas, chaquetas, todo tipo de indumentaria. Por eso el mayor deshonor para un vigilante de área, es que en su zona aparezcan vestidos raídos o zapatos viejos que denotan que en la calle, alguien está estrenando sin pagar. Para aumentar el compromiso, la administración del local, hace pagar entre el personal que estaba de turno en la jornada del robo, el valor de lo sustraído. Hay supervisores que han comprometido a sus subordinaos a que asuman la vergüenza de ponerse la ropa en jirones y maloliente o los tenis en hilachas dejadas como ingrato recuerdo, cuando han sido víctimas de un escapero más hábil que ellos.

En casos más rebuscados de sofisticación, se ha dado la situación de un muchacho que infiltró el sistema, copió los códigos de seguridad, clonó el formato del área de cambios y devoluciones. Se aparecía muy elegante a la sección de electrodomésticos con el tiquete de compra alterado, con el documento de cambio aparentemente en regla y salía con su televisor nuevo por la puerta principal con uno de los muchachos llevándole el equipo hasta el taxi. Cuando el asunto reventó por el lado de los inventarios, luego de rotar varios almacenes, se le hizo inteligencia y fue capturado. La sorpresa era que también venía defraudando a la empresa de servicios públicos con cuentas millonarias, y en el pasado lo habían relacionado con una banda que estafaba con tarjetas de crédito.

Con las tarjetas de crédito que no necesitan clave a diferencia de las de débito, también se han hecho maravillas. De acuerdo al cupo pagan todo tipo de cuentas, de servicios, de mercado, de electrodomésticos. El cajero no siempre cumple con el requisito de pedir la cédula de identidad del dueño de la tarjeta. Muchas veces cuando el malandrín consigue la tarjeta, llama a su cajero amigo infiltrado, averigua su turno y paga el producto en su caja sin ningún inconveniente. Otras veces, cuando el cupo es grande y el producto caro, justifica mandar a fabricar un documento (en la ciudad hay mucho quien lo haga), o se presenta una falsa denuncia de cédula extraviada a nombre del pobre dueño quien al mes siguiente se encontrará con la mala noticia de la cuenta a su nombre.

Para evitar registrar menos de lo realmente comprado, se les prohíbe a los cajeros que atiendan en sus turnos a sus familiares cuando están comprando, sobre todo mercado y productos comestibles abundantes que no tienen dispositivo de seguridad. Los pillos se las ingenian y en ocasiones hacen compras de incógnito fingiendo no conocerse, o dos cajeros encompinchados se cruzan los respectivos amigos o familiares y el uno le registra al del otro y viceversa. Por eso muchas veces, estos empleados son monitorizados por las cámaras en forma oculta.

Otra modalidad es la de “tirar dedo”, que consiste en señalar a las personas que retiran dinero de las sucursales bancarias o que compran productos costosos o mercados abundantes. Al salir, son perseguidos por integrantes de las bandas conocidos como “fleteros” y atracados en el camino. Hay leyendas urbanas que describen la infiltración de los supermercados por guerrilleros para detectar potenciales víctimas de extorsión y secuestro.

Otro ejecutivo del pillaje se ha hecho célebre por demandar a varias cadenas de hipermercados por perjurio, calumnia, daño moral y todo tipo de leguleyadas hábilmente orquestadas por abogados de dudosa ética. Va con la esposa y los hijos a comprar. Se esconde en el cuerpo productos caros, dejándose pillar a propósito de los vigilantes. En milésimas se descarga y al ser requerido por la policía a la salida del almacén, se descubre con sorpresa que no lleva nada, pese a la certeza de los testigos. En ese momento sus niñas lloran, la esposa se desmaya, la cuñada vocifera que no sabía que era un vulgar ladrón. Al instante, aparece de la nada un amigo suyo, abogado que pasaba por allí a comprar cualquier bisutería y se le pone al frente al caso. Ante la falta de pruebas y el histrionismo de la familia, amenazando un escándalo que convoca a los clientes que en ese momento rodean al pobre ciudadano víctima del abuso del gran capitalista despiadado, no queda más camino que conciliar. Incluso, han ido a juicio, cuando la suma ofrecida no es satisfactoria. Se invoca la constitución, el derecho al buen nombre, la honra mancillada, la pérdida de confianza con impacto emotivo y sexual, impacto laboral, daño sicológico, trauma de los niños y mil cosas más. Este personaje se ha hecho notorio, rota de ciudades y su foto es reconocida por los jefes de seguridad. Se convirtió en una leyenda. Se ha resbalado por escaleras dentro de los locales, ha recibido descargas eléctricas en las ferreterías, se ha cortado al roce de los estantes, ha sufrido dolores de pecho tipo infarto o convulsiones en almacenes que se sabe no tienen unidad médica como lo exige la ley. Siempre su amigote el abogado hace su aparición e invocando la ley infringida, y el derecho a indemnización por responsabilidad civil, han sacado una jugosa tajada. A pesar de ser tan conocidos, siguen propinando golpes certeros. Primero se acaba el helecho que los marrano, se ha dicho siempre.
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Para leer más sobre pillaje urbano, les propongo este artículo sobre los "técnicas de malevaje":
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2014/01/tecnicas-de-malevaje.html



Wednesday, February 20, 2008

UN RECIEN LLEGADO A LA CABALGATA DE LA FERIA DE LAS FLORES

UN RECIEN LLEGADO A LA CABALGATA DE LA FERIA DE LAS FLORES
Emilio Alberto Restrepo Baena. emiliorestrepo@gmail.com


Foto tomada de: http://www.noticaballos.com/los-borrachos-y-los-caballos.html



Aquí hago lectura del texto para Teledonmatías, para quien prefiera el video al texto

Hace alrededor de un año, un buen amigo me convenció para integrarme con él y su grupo, todos los jueves en la tarde, a la cabalgata que arrancaba de una caballeriza de Sabaneta y recorría por algunas zonas rurales de este y otros municipios del sur del Valle del Aburrá. Al principio lo hice por algo de curiosidad y esnobismo y no sin cierto temor que asiste al que ha sido urbano a ultranza y citadino desde la más tierna infancia. Se trataba de un grupo de profesionales, jubilados la mayoría, que sacaron de su rutina el espacio para estar en un grupo de hombres solos, inicialmente con la prevención de sus esposas que huelen peligrosos estrógenos circulantes en todas las actividades de sus cónyuges y luego con una amodorrada resignación de ellas, como cuando se les activa el chip del fútbol o de los negocios o de la política que casi todos los machos llevan insertados en su ADN.

Las primeras jornadas fueron sorprendentes. Conversación amena, apuntes divertidísimos, música al gusto y por tandas, sin estridencias, licor en la dosis justa, viandas exquisitas, ambiente, color de naturaleza, senderos ecológicos, cero ostentación, reivindicación de la palabra y del disfrute de las cosas simples de la vida. Estuve muy animado por un tiempo y no veía la hora de que llegara el jueves para departir con mis amigotes, relajarme y olvidarme de tanta obligación y tanto estrés de la vida diaria. Que gente tan agradable, se veía lo honesto, lo decente, lo dignos y educados que eran.

Por asuntos profesionales me ausenté unas semanas de la ciudad y al volver me enteré de que en el fin de semana siguiente sería la famosa cabalgata de la Feria de las Flores. Sin pensarlo mucho, acepté la invitación de unos compañeros del trabajo, distintos al grupo de los jueves, nos entusiasmamos, nos inscribimos, alquilamos los caballos y nos preparamos para lo que sería una velada inolvidable.

Ese sábado fue uno de los peores de mi vida. Durante varias horas traté de avistar a mis colegas de travesía y no me pude encontrar a ninguno. Los celulares tenían las líneas saturadas y no había conexión y cuando esta se lograba, oír era imposible, pues el barullo era insoportable, la estridencia era ensordecedora, todo el mundo estaba a los gritos. El calor del medio día nos golpeaba inmisericorde los hombros y nuestras duras testas parecían a punto de reventar. Había miles, léase bien, miles de caballos con sus respectivos jinetes, todos apeñuscados, en un hacinamiento que no permitía una marcha fluida, cemento y edificios por todos los lados, nada de aire puro ni verde alrededor, caballos resoplando, sudando a cántaros y echando babaza por la boca. Pero lo que más me llamó la atención era los personajes que estaban a mi alrededor. Todos uniformados con sombrero, poncho, lentes oscuros, camisa de cuadros y manga larga y blue jeans. Cadenas y relojes de marca en notoria ostentación. Bebeta compulsiva de licor en todas sus presentaciones y combinaciones, un lenguaje vulgar y ordinario, en berridos ininteligibles y carcajadas sin razón aparente, insultos cuando se presentaban fricciones entre los binomios bestia-bestia, que era cada dos pasos. A su alrededor, la concentración más alta del mundo de mujeres bonitas, pero todas iguales: pelo largo, rubio a la fuerza de las tinturas y recién cepillado, sombrero vaquero puesto por primera vez, tetas descomunales a punto de reventarse muy seguramente de origen siliconudo, pantalón apretado, bota tejana comprada la víspera, lentes negros de marca, casi siempre sobre el sombrero, no en los ojos como uno espera. Casi todas igual de chillonas y ebrias, igual de fanfarronas, igual de mostronas, era casi evidente que la mayoría era la primera vez que montaban. Me llamó poderosamente la atención la ausencia de esposas, que a esa hora deberían de estar viendo el desfile por televisión. Después un amigo me sacó de la ignorancia y me dijo que esos maniquíes reciben el remoquete de “grillas” y suelen acompañar en eventos públicos a los señorones que tanto me asombraron. No lo sabía, pero al verlos juntos me asombré de su volumen, de su cantidad, pero después me hicieron caer en cuenta que a Medellín le dicen “Lobolandia” y que aquí se cuentan por millares.

En todo caso mi faena se tornó en pesadilla. Una vez metido en el torrente de bestias y caballos, era imposible salirme. Me mencionaron mil veces la madre, me ensuciaron de babas, sudor y boñiga de caballo, vómito de borracha; me insolé y todavía me duelen los muslos y la cintura de hacer fuerza. Los hongos que me quedaron en la ingle de tanto sudar parecían champiñones y por poco quedé despellejado. Si me hubieran visto la parte posterior y baja donde termina la espalda, hubieran pensado que estuve en un crucero con un grupo de marineros escandinavos y que se había acabado el lubricante. Hubo amenazas, miradas fieras, alegría por decreto, alboroto artificial, euforia postiza y una de las veladas más desgastantes que me ha tocado vivir, por no decir que decadente y aburridora.

Supe que en otros años se presentaron peleas de borrachos, caballos muertos, desmayos, equinos subidos al metro, grescas, basura por todos los lados, caos vial, atropellados, pero nunca lo había vivido tan de cerca. En el remate de la dichosa cabalgata, se presentó una riña al parecer de carácter pasional-etílica en la plaza mayorista que terminó con varios asesinatos.

No pude por ningún lugar recuperar lo lúdico, lo grato de la naturaleza, la fluidez de una jornada espontánea contemplando paisajes y deleitándome de una buena conversación al calor de unos buenos tragos y una comida agradable. Encontré solo apariencias y vulgaridad, mezquindad y agresión, ebriedad de la mala, vanidad de la fea, poses y artificios, superficialidad y belleza de postín. Creo que dentro de mí, tengo suficientes razones para nunca más volver.

Cuando le pregunté a los del grupo de los jueves que porqué no habían ido, sorprendidos de mí, me contestaron que por todo eso mismo, que los caballistas puros, de años de experiencia, de formación ecuestre por ancestro, abolengo, gusto y convicción, nunca se prestaban para tal desmadre; que eso violaba todas las normas del respeto por los animales y por el prójimo y que el cemento desvirtuaba el sentido real de una cabalgata ecológica en su más pura concepción estética y filosófica. Con indignación me ripostaron que cómo se me ocurría siquiera pensar que ellos iban a ir a semejante adefesio que prostituye el sentido puro y conceptual de la cabalgata como tal, que no contara con ellos para prestarse a semejante aparato de ostentación, arribismo y superficialidad. Que a los jinetes de verdad, a los que amaban el arte ecuestre, jamás los verían en semejante esperpento mediático.

Con la vergüenza de un recién llegado que comete una torpeza por desconocimiento, entendí que me merecía lo que me pasó por embelequero y filipichín y preferí cambiar de tema.









Fotos tomadas de: http://www.gentedecabecera.com/2011/09/bucaramanga-vivio-una-feria-mas/



LEER MAS ARTICULOS DE "MEDELLIN, ESA DESCONOCIDA" EN:


Leyendas urbanas de Medellín:
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/leyendas-urbanas-de-la-tradicin-oral.html

Crónica de Medellín Esotérico:
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/crnica-esotrica-de-medelln.html
 Crónica de los Cantantes jubilados que nos visitan:
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/medelln-el-paraso-de-los-dinosaurios.html

 Crónica de Medellín Underground
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/medelln-underground.html


¡¡¡¡DESTACADO!!!!
Cuentos propios, leídos por el autor:


Wednesday, December 05, 2007

HABLANDO A ¡CALZON QUITAO!



HABLANDO A ¡CALZON QUITAO!
Emilio Alberto Restrepo Baena
Al líder Guti

Dentro de las expresiones de la sexualidad, sólo la imaginación humana pone límites a su realización, decía un viejo profesor nuestro y parece ser cierto. Nunca terminamos de asombrarnos cuando descubrimos que alguien siempre encuentra posibilidades distintas e inverosímiles, independiente de si las aprobamos o no, de si las consideramos sanas, éticas o aberrantes. Porque el problema no es la valoración moral que les demos. El asunto es de asombro, de la sorpresa de enfrentarse a una situación que no habíamos concebido, acaso por limitaciones de tipo imaginativo, o por restricciones impuestas por el super yo o la norma.

Y es que en nuestro ejercicio de la medicina a diario encontramos pacientes que ilustran lo que arriba esbozamos. En un tiempo manejando un programa de planificación familiar conocimos varios casos que no por exóticos o excéntricos dejan de ser estrictamente ciertos.

Una señora solicitó con mucha vergüenza que le cambiaran las pastas de planificar marca Microgynon porque "son muy chiquitas y se me salen". ¡Horror! ¡Se les estaba aplicando por vía vaginal y llevaba más de un año con ellas sin quedar en embarazo!.

Los óvulos o tabletas espermicidas que se utilizan por vía vaginal antes de la relación también son causa de equívocos en cuanto a su ruta de administración. "Doctor, es que no puedo acostumbrarme al sabor, son muy difíciles de tragar y me dejan un espumero en la boca".

Otra paciente se aplicaba aspirina en la vagina antes de la relación sexual y otra se tomaba 3 mejorales con limón luego de ésta para evitar el embarazo no deseado.

Un caso patético fue el de una señora que sufría un serio problema cardíaco que le impedía planificar con pastillas o con dispositivo intrauterino. Se le propuso la ligadura de trompas como el medio más adecuado, pero su esposo no la autorizó y decía que el preservativo no les gustaba. Al año en una revisión le preguntamos que cual método utilizaban y respondió:

-El método antinatural, doctor...-

-Ah, el método natural-, interpelé, creyendo que se trataba del método del rítmo o "natural"
-No doctor, el antinatural- repitió y pasó a explicarme que se trataba de utilizar la penetración por la vía anal como método permanente de relación sexual, con el cual se sentirán seguros y al parecer satisfechos ¡No termina uno de aprender!.

Otros casos llamativos son la recuperación de cuerpos extraños, ¡Todo tipo de objetos!, de los genitales tanto de hombres como de mujeres, usados como parte del juego sexual o como método de autoestimulación. Es así como vemos lápices, alambres, muñecos en los genitales y las respectivas lesiones que producen.

Recordamos varios en especial: una señora llegó con una botella de vino dentro de su vagina. Parece que al utilizarla y manipularla, hizo un efecto de "vacío" que la adhirió a sus genitales, y no fue capaz de sacársela por sus propios medios. Coincidencialmente, la marca del vino era "Cariñoso".

Un joven se introdujo un tubo de luz de neon por el recto. Pasó intacto y sin quebrarse. Como no se lo pudo extraer, consultó al Hospital de San Vicente donde fue operado. Una radiografía que aún se conserva en el museo de cirugía lo confirma.

En Apartadó un señor consideró que la mejor forma de calmar su ansiedad sexual era sentarse en un aguacate verde, inmaduro, previamente lubricado; tuvo la mala fortuna de no poder dominar la situación y el aguacate se le introdujo completamente por el recto. Por la inflamación del esfinter, no fue capaz de sacárselo y consultó al hospital. Inicialmente no le creían. Cuando lo examinaron y vieron que era cierto, se intentó sacarlo directamente, pero ni con anestesia fue posible. El paciente terminó con cirugía, se le realizó colostomía (derivación del intestino grueso a la pared abdominal) y hoy todavía, todos en Urabá recuerdan la "cesárea del aguacate".)

Y hablando de colostomías, una paciente que trabajaba en un bar y ejercía la prostitución, recibió una herida por bala en su abdomen por lo que fue operada. Como el colon estaba comprometido, le fue practicada una colostomía. El programa era citarla nuevamente en 2 meses para operarla, cerrarle la colostomía e introducirle nuevamente el intestino grueso al abdomen; como a los 3 meses no aparecía, la trabajadora social del hospital la llamó para programarla y cual no sería la sorpresa cuando la paciente contestó:

-Doctora, yo le agradezco mucho, pero desde que tengo la colostomía, me gané un huequito más y estoy ganando el doble de plata.

Según supimos, muchos de sus clientes le pagaban más dinero por permitirle tener relaciones por la colostomía. Caso similar fue el de un preso de la Cárcel de Bellavista que tenía la colostomía por la misma causa y un día resultó con una infección de la piel circundante. Cuando se le hizo un cultivo de la pus, resultó ser un gonococo, bacteria de transmisión sexual.

-Yo soy todo un varón, doctor. No piense nada malo de mí, pero con la colostomía gano mucho billete, imagínese, me hacen fila..-Pero a mí lo que me gustan son las hembras, si a veces me toca tocarle las pelotas a un fulano, no quiere decir nada porque yo no miro ni siento nada, por que ¡yo soy todo un varón! Y no se la dejaba cerrar. Se ganó varias enfermedades venéreas, y el hombre tranquilo ¡como todo un varón!

Otra vez realizando una visita domiciliaria a unos pacientes del seguro social, nos tocó atender un joven que tenía una fractura del femur, y que mientras esperaba cirugía como tratamiento se le aplicó una tracción del muslo con un dispositivo de poleas y pesas, que lo mantenía reducido a la cama. Cuando llegamos a su casa de Aranjuez, nos dejaron esperando en la sala casi l0 minutos, al cabo de los cuales salió del cuarto un señor todo agitado y apurado; según supimos luego, el paciente se dedicaba a la prostitución y aún en esa penosa situación de salud no dejaba de atender a su selecta clientela.

Otro caso que viene a cuento, aunque se sale un poco del tema, es el de la paciente a quien realizamos su control de embarazo en Urabá, una indiecita de 30 años, que cursaba su ¡décimocuarto! embarazo y a quien le había fracasado, primero la ligadura de trompas y luego la vasectomía a su esposo; nos pidió el favor de que le escogiéramos el nombre de su hijo. Cuando le preguntamos por los nombres de sus anteriores hijos para tener ideas, nos hizo la lista: -Rosa, Roberto, Rosmira, Rogelio, Roque, Rodrigo, Ronaldo, etc. como ven todos los nombres empezaban por Ro, Ro, Ro,... En ese momento yo, presa de un guayabo atroz y con el mamagallismo puntudo me dio por decirle:

-Yo le tengo el nombre para su hijo; pongámoslo Rocanrolemilio, que es el nombre de moda en Medellín-.

-Hágame el favor y me lo escribe, Dotor pa' que no se me olvide, que mi comadre me lo lee- me respondió mi paciente, una pobre campesina, indígena, del último rincón de Urabá.

A los meses supe que la señora me había creído el cañazo, que en realidad había puesto a
la criatura el nombre (nombre?) de Rocanrolemilio. Pobrecito, todavía me debe estar buscando; con esa chapa, si sobrevivió, debe ser epilético el condenado.




Otras lecturas recomendadas en este blog:

CASOS Y CUENTOS DE AUXILIARES DE ENFERMERIA





Monday, February 12, 2007

ALGO QUE DECIR SOBRE DAMAQUIEL

ALGO QUE DECIR SOBRE DAMAQUIEL


Emilio Alberto Restrepo Baena
A Chucho Vásquez

Por alguna inexplicable razón, en una época empezamos a oír hablar muy frecuentemente de un sitio perdido en el mapa llamado Damaquiel, corregimiento ubicado en la costa de Urabá, al suroccidente de Arboletes. Es un poblado triste y feo, postrado por el calor y el olvido, pero rodeado de una extraña energía que lo hace especial.

La primera vez que se oyó mentar fue durante la bonanza marimbera de los años setenta, pues era un sitio favorito de embarque para los envíos de marihuana de los traficantes que iniciaron el oficio. Poco a poco el negocio se puso complicado (se "calentó") y fue bloqueado por las autoridades que inicialmente se transaban pero que después desarrollaron una insaciable voracidad. Allí había y aún hay vestigios de pistas de aterrizaje demasiado evidentes para su condición de clandestinas.

Pero lo más llamativo de Damaquiel es su isla, un fenómeno impresionante de la naturaleza, pues es una isla fugaz, que aparece y desaparece por épocas, de acuerdo con los desplazamientos de las capas tectónicas y constituye un hermoso espectáculo rodeado de cierto aire mágico. Cíclicamente, 2 veces al año y por períodos de 2 o 3 meses aflora a la superficie esta mole de piedra, rica en metales, con forma de manta raya, a pocos cientos de metros de la playa. La aparición usualmente es de noche, se escuchan ruidos como truenos y en ocasiones se ha sentido algo parecido a un temblor de tierra.

Estos movimientos de las capas tectónicas producen movilización de bloques de piedra y arrecife que han ocasionado accidentes a los barcos y encallamientos inesperados, lo que le confiere al lugar un aire de misterio y un prestigio nefasto entre los navegantes. Se le llegó a comparar por entusiastas narradores criollos con el triángulo de las Bermudas. Era común observar electrodomésticos hundidos y enseres flotando, transportados por embarcaciones repletas de contrabando que chocaban contra las neo-formaciones costeras. Durante el tiempo de aparición de la isla es fama que aumenta dramáticamente la pesca y literalmente hay bancos de pescado.

Esta abundancia genera aumento en el trabajo, en los ingresos y en las celebraciones rumberas del pueblo pues la gente sale a la playa a celebrar con jolgorio el fenómeno, a beber ron en cantidades extravagantes, a bailar con alegría y a obedecer con entusiasmo el mandato bíblico de amarse y multiplicarse.

Desde el punto de vista de salubridad, Damaquiel ostenta el dudoso honor de ser uno de los principales focos de tétanos de la región, dadas las precarias condiciones de higiene, servicios públicos, baja cobertura de vacunación, en fin, variables todas estigmáticas de la pobreza y del abandono. La tuberculosis es muy frecuente, lo mismo que las enfermedades crónicas producidas por hongos. La lepra también tiene allí un comportamiento epidémico. Los casos son muy abundantes y alcanzan estados dramáticamente avanzados. Recordamos el caso de una señora infectada que estando una noche dormida fue mordida en su extremidad afectada de úlcera leprosa por una voraz rata. Como las pacientes tienen los miembros anestesiados por el compromiso del nervio propio de la enfermedad, ella no sintió dolor ante el ataque del roedor y por lo tanto no reaccionó. Esto le produjo una herida de la arteria tibial que la desangró por completo. Cuando los familiares se percataron, ella yacía mortalmente pálida, exangüe en un charco de sangre, mientras varios animales se daban un banquete ¡Realmente escalofriante!.

El folclor del litoral también se hace presente en el lugar. Un hecho típicamente macondiano es el de Don Mateo, un venerable patriarca con una abundante descendencia que ha logrado imponer a todos sus hijos, nietos y bisnietos nombres extraídos de uno de los pocos libros que leyó y releyó hasta que sus cansados ojos le permitieron: Las mil y una noches. Es así como entre sus casi ciento cincuenta familiares hay reyes, príncipes, magos, brujas, esclavas, genios que constituyen una alegre cohorte. Conocimos en carne y hueso a Yunán, Cheresada, Simbad, Hasan, Nuraldin, Cufa, Mojamed, Sulaiman, Jacan, Ibrajim, etc. Curiosamente un perro de la familia, un chandoso criollito y feo se llamaba Jhon Jairo...

Otro hecho muy curioso, es la costumbre de los campesinos de vender las hijas, pues son una pesada carga y no son económicamente productivas.

-Cómpreme la muchachita, dotor- insiste el chilapo -aproveche que está sin estrená...-

Parece mentira oír esto en pleno tercer milenio, pero es culturalmente aceptado en la zona. En su óptica tan particular es un buen negocio cambiar una jovencita por un burro o una cama. Para muchas familias de la costa y de Urabá, es una forma barata de conseguir sirvientas, en la mejor tradición del feudalismo.

El precepto de crecer, amar y multiplicarse es cumplido fielmente y al pie de
la letra por los lugareños en una concepción bastante primitiva de la institución
matrimonial. En cuanto a la conformación de las familias, es típico observar que el
hombre tenga varios hogares constituidos con sus respectivas compañeras e hijos. Una
es la “propia”, la oficial, la permanente y las otras las llaman las “queridas” o
“comprometidas”. Incluso conviven en vecindad, en aparentes condiciones de armonía y tolerancia formando todo un clan familiar pues es común convivir con los padres y abuelos. Lo que no se tolera es la infidelidad femenina, pues cuando se hace evidente, genera el repudio en la población y casi implica el destierro del hogar y del pueblo y abandono hasta de los propios hijos.

También se presentan casos de abierta convivencia incestuosa, donde una muchacha
adolescente tiene hijos con su propio padre, con la pasiva aceptación de la madre y de los hermanos, sin que a nadie del lugar le genere asombro o conflicto existencial.

El despertar sexual de los jóvenes tiene un ritual de iniciación usualmente presidido por
los tíos o los hermanos mayores; consiste en que antes de conocer mujer, tienen
relaciones con burras, en una fiesta donde abunda el licor ( primera borrachera oficial del iniciado), el buen humor con burlas y comentarios alegres, maliciosos y de doble
sentido.

Una vez se ha ingresado al mundo de los adultos reproductores y con licencia sexual, es típico que recurra a los prostíbulos de Arboletes o Necoclí porque las muchachas jóvenes del pueblo son muy protegidas pues la madre las cela estrecha y celosamentemente, ya que el objetivo es que consigan marido fijo porque las que tienen hijos o fama de casquivanas no se consideran buen partido para comprometerse formalmente.


El hombre que adulto sea sorprendido teniendo relaciones con los animales es mal
visto, lo llaman “ burrero” y es mirado como un pervertido. La homosexualidad no es
tolerada, siendo un factor de destierro y los solterones son estigmatizados y aislados,
usualmente relegados a un segundo plano laboral y social.


Definitivamente Damaquiel es un caso especial en nuestra lógica pragmática del siglo 21. Como éste, hay decenas de poblados costeros donde la realidad se confunde
extrañamente con nuestra forma de imaginar la fantasía y donde su cotidiana forma de
vida riñe con nuestros más alocados sueños. Pero allí, aunque lenta, la vida sigue su
extraño curso...

Wednesday, December 27, 2006

CRONICA DEL "MARISCAL", EL TEATRO DEL BARRIO

CRÓNICA DEL "MARISCAL", EL TEATRO DEL BARRIO
Emilio Alberto restrepo Baena

El teatro Mariscal fue toda una institución para los jóvenes de Belén de los años 60 y principios de los 70. Ubicado en toda una esquina del parque, la enorme y antigua construcción llena de un extraño encanto nos vio varias veces por semana como bulliciosos testigos de las funciones de cine continuo que sin ningún pudor mezclaban en severos dobles al "8½" de Fellini, con joyas del western spaguety, como “El Bueno, El Malo y El Feo” o “Los cuatro del Ave María”. Allí desfiló una interminable lista de películas de aventuras, empezando por los pistoleros como Dyango, Sabata, Sartana, Trinity, Ringo; inmortales, imbatibles, fumadores, sucios, con una mirada penetrante llena de desprecio y una barba de 8 días, de certera puntería, que cobraban recompensas, amaban con indiferencia a la reina del cabaret de turno y una madrugada partían por la llanura hasta la película siguiente.

Allí vimos todas las películas de chinos, las buenas, las malas; febriles producciones llenas de puños, gritos y brincos inverosímiles, mortales golpes de héroes que derrotaban sin armas a hordas enteras de enemigos quienes en tropel rodeaban al muchacho, el cual en silencio los batía uno a uno, hasta llegar al enemigo principal, a quien invariablemente derrotaba en el sangriento combate final de la película. Era interesante ver como luego de la función salíamos las docenas de niños del teatro voliando pata a lo Tribilín y chillando como condenados en una extraña posesión que nos duraba varios días. Bruce Lee fue un ícono de nuestra generación y sus afiches empapelaban nuestros cuartos mucho antes de que las imágenes de modelos y actrices en cueros o las grandes estrellas del rock lo destronaran de su pedestal

Nunca pudimos olvidar las películas de cantantes. Era emocionante vivir las simplezas de Rocío Durcal, Marisol, Joselito, Angélica María; la superación de Enrique Guzmán que siempre era el muchacho pobre que con sacrificio enfrentaba al destino, los suplicios de Palito Ortega a quien lleno de ritmo y románticas canciones en todas las películas se le moría la mamá, que casi siempre era Libertad Lamarque. ¡Eran una nota! Sabú, Sandro, Leonardo Fabio, Raphael y hasta Julio Iglesias crearon la ilusión de un mundo lleno de canciones y emociones donde el bueno siempre triunfaba y donde todos los problemas se resolvían con música. También pasaban a los mejicanos cantando sus rancheras a grito herido en unos bodrios insufribles y pésimamente dramatizados, pero pegando con mucha fuerza en el gusto popular.

El humor era vital. Por allí desfilaron Viruta, Capulina, Cantinflas, Borolas, Tin Tan, Abott y Costello, Buster Keaton, Chaplin, Los 3 Chiflados y todos los que con gracia nos arrancaban carcajadas. Mirando hacia atrás, hay muchos que hoy no nos provocarían ni una mueca parecida a una sonrisa, pero que en su momento fueron muy graciosos. En especial, hubo varios que nunca volvimos a oír mencionar, como Pili y Mili, Los 3 Supermen, Los Loquitos, Lando Buzanca, Mauricio Garcés. A estas películas íbamos en gallada, y luego nos sentábamos en la esquina a contarnos una y otra vez los tiros, a imitarlos, a sacarles jugo.

Otro estilo que con el tiempo entró en desuso y cayó en un triste olvido, fue el género de los luchadores. Cuántas horas gastamos haciendo fuerza con las aventuras de Santo "El Enmascarado de Plata", Blue Demon, Milmáscaras y varios macancanes mexicanos que se metían en las historias de acción más endiabladas, en unos cuentos todos retorcidos y peor actuados. Crearon una verdadera devoción entre nosotros, teníamos sus afiches, copiábamos el diseño de sus máscaras, coleccionábamos los álbumes de figuritas. El paso del tiempo acabó con ellos. Hoy sólo son un grato recuerdo. Es mejor tenerlas en la memoria, pues es claro que hoy en día no vale la pena ni siquiera intentar verlas.

Era un teatro sano. Rara vez presentaban películas de pornografía. Recuerdo especialmente una, "Las Masajistas", la primera que vi en la vida, a los 8 años, la cual me proporcionó un complejo de culpa que me costó confesión y amenazas de infierno eterno cuando le conté al ingratamente recordado Padre Villegas de la Parroquia. (En una época en que todavía no se desnudaban los vicios de pedofilia y abuso de los prelados de la santa madre iglesia y hablar mal de los curas era un pecado que condenaba irremediablemente al fuego eterno. Satán lo tenga en sus aposentos)

Cuando crecimos, el vacío de cine rojo lo llenó el teatro el Dorado de Envigado, en donde nos dejaban entrar sin pedirnos documentos y donde desfilaron desnudas todas las actrices y los sueños de entonces.

En el Mariscal o "Metropulgas" de nuestros afectos nunca existió la censura; no había ningún criterio de selección de las películas. Invariablemente en el público predominaban los pelados en manadas. Eran ensordecedores los chillidos y silbidos cuando la película se demoraba para empezar, cuando empezaba, cuando se reventaba el rollo, cuando mochaban una escena, cuando el galán besaba a la muchacha o cuando mostraban senos. Era casi un himno cuando en un coro unánime todos gritábamos "-¡Soltá al pelao!"- cuando por alguna falla técnica se interrumpía la película y el pobre proyeccionista pagaba los platos rotos con insultos que infamaban invariablemente a su madre y cuestionaban su hombría. ( A propósito, nunca he terminado de entender por que todos los encargados de las proyecciones en los teatros de barrio, así como los sacristanes de iglesia tienen irredimiblemente fama de homosexuales vergonzantes y muchacheros, y es en todos los barrios). Cuando la luz se apagaba, nos sofocaba el humo que se levantaba en el "gallinero" o parte baja del teatro, más barata y de más mala fama, pues los gañanes prendían los puchos de marihuana y empezaban a tirar objetos, comida, chitos, pedazos de salchichón etc. Las familias o las parejas de novios, o los pelaos sanos, siempre se sentaban en "Platea" en la parte más alta, o en “Balcón”, donde estaban un poco protegidos de los desmanes de atarvanería de los camajanes del gallinero. Era infaltable e irrepetiblemente gracioso cuando en medio del silencio solemne de un duelo de pistoleros, o de un apasionado beso de la pareja de celuloide, un eructo bárbaro, contundente, atronador, rompía la paz, desencadenaba la carcajada histérica del respetable y el consecuente e imparable desorden. Lo mismo cuando el gracioso de turno tiraba una papeleta explosiva en medio de una escena de suspenso que nos crispaba la tensión y los nervios.

Antes de que lo tumbaran para construir un edificio donde ahora figura una entidad bancaria, vimos por última vez "El Mártir del Calvario" con Enrique Rambal, una lacrimosa versión de la Pasión de Cristo. Recuerdo que era en función continua, la daban una y otra vez. Mientras desocupaban el teatro, nos escondíamos en los baños para volverla a ver, para hacerle nuevamente fuerza a Jesús, conservando la esperanza de que en la siguiente versión prevaleciera el bien sobre el mal, pero no, siempre lo crucificaban. Después de 4 o 5 funciones, llegábamos por la noche a la casa, con los ojos hinchados, no sé si de llorar o de ver tanto cine.

En el Mariscal era fácil colarse, pues tenía un vestíbulo muy amplio, en donde era posible turnarse con los amigos para engañar a los porteros. Era muy barata la entrada, casi a la mitad que en los teatros de La América o del Centro. Casi nunca el teatro estaba vacío; por lo que recuerdo, siempre había filas y se veía lleno de gente.

Al Mariscal lo mató el tiempo. Se lo llevó el progreso pues planeación necesitaba el terreno para un ensanche de la calle. Lo mataron los intereses del gran capital. Todos aún lo extrañamos, como en su momento lo lloramos; cuando empezaron a derrumbarlo nos parecía imposible que nuestra fábrica de sueños fuera demolida. Sentíamos que íbamos a quedar vacíos, impotentes ante la desocupación, el tedio y la falta de oficio. El tiempo ha pasado. Cuando lo perdimos valoramos en su real dimensión la importancia de un teatro de barrio. Aún hablamos de él y lo añoramos con nostalgia y gratitud.



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LA EFERVESCENCIA DE LOS AÑOS PUNTUDOS (En poder de los Arrechocitos)

LA EFERVESCENCIA DE LOS AÑOS PUNTUDOS
(EN PODER DE LOS ARRECHOCITOS) a Migüín


Emilio Alberto Restrepo Baena

En esas épocas de juventud vivíamos un despertar sexual bastante interesante, agitado por una información exhaustiva y muy poco decantada, estimulado por las fantasías y alardes de los amigos mayores, exacerbada por las revistas y películas que circulaban de mano en mano. Esa revolución hormonal fue muy templada en todo el sentido de la palabra. Durante cierto tiempo todos los pensamientos, todas las conversaciones, todos los planes giraban en torno a nuestra naciente sexualidad. Recuerdo que Chumbimbo se aplicaba una pócima que combinaba raspadura de casco de burro con extracto de cuerno de rinoceronte y enjundia de gallo viejo en una mezcla de vaselina en su miembro para aumentar el tamaño de éste y emular al de aquel; ignoro los resultados. Las técnicas de los más avezados nos enseñaban que el secreto infalible para que una mujer cayera en los brazos de uno, era acariciarle el seno izquierdo, (si lo permitía, bien; si no, hacerlo con disimulo) ruta inmediata hacia la entrega total; otra forma era acariciarle el cuello, cerca a la oreja izquierda. Los resultados nunca fueron muy halagadores.

En la revista Pimienta aprendimos sobre las lociones y perfumes afrodisíacos que enviaban por correo y que nunca funcionaban. Entre nosotros circulaba el mentol chino, para prolongarse notablemente en los artes amatorios y luchar contra esa tara de los años mozos: la eyaculación precoz. Esta siguió señoreando por encima de nuestro orgullo y fuera de irritación y rasquiña, nada se prolongó.

Un gran descubrimiento fue el Atinka. Todos los mayores hablaban maravillas de él. Se trataba de un polvo blanco de uso veterinario que se le administraba a las vacas para que entraran en celo y se dejaran montar del toro. Al cabo de los años cuando estába estudiando medicina, aprendimos en el libro de medicina forense del Dr. César Giraldo que producía una dilatación de los vasos sanguíneos, un escozor en los genitales con congestión y deseos de rascarse, que de modo indirecto provocaba excitación femenina. Pues bien, fueron cantidades industriales de Atinka las que repartimos entre nuestras amigas y no recuerdo una sola aventura atribuible al famoso invento. La clave era aplicarle en la gaseosa la punta de la navaja del polvillo cuando la pelada se descuidara, para después echarle el ídem, pero nunca funcionó. Una vez se lo aplicamos a Mariatrapos, una sardinita lo más querida, pero cual no sería nuestro achante cuando la Coca Cola empezó a echar espuma, tuvimos que derramarla para disimular. Como pensamos que la cantidad era muy poca, a Claudia Patricia le duplicamos la dosis; pasó tres días con diarrea y nada de demostraciones de desafore pasional como la que nos cañaban los amigos. Estos contaban incluso anécdotas que se hicieron famosas: que una vez un man le dio la dosis a una muchacha y que mientras el fue a saludar unos amigos y ella lo esperaba en el carro, la encontró sentada en la palanca de cambios presa de una desaforada excitación. Como anécdota no estaba mala, pero en la práctica nunca vimos su resultado. Con más pena que gloria, fue la fama de otro producto para idénticos fines, el bórax, que tampoco nos surtió efecto.

En esa época no manteníamos mucho dinero en los bolsillos; casi no había moteles en Medellín; (Solo recuerdo dos, Candó en Girardota y Amaraje en Robledo) No teníamos carro, sólo cuando lográbamos escaparnos sin permiso, lo que era muy raro o cuando luego de mucho rogar nos lo prestaban para hacer alguna vuelta de la familia. Por todo eso, era difícil tener escapaditas amorosas como lo ordena la santa madre iglesia. Estas eran apresuradas, improvisadas, siempre a escondidas y de afán. Siempre con el objetivo de dar rienda suelta a ese desborde de ardor sexual (conocido como arrechera); se insistía mucho en que había que darle alguna salida a esta congestión hormonal interna porque de lo contrario, si ese furor se le subía a uno a la cabeza, en cualquier momento uno se podía enloquecer o le podía dar una meningitis pues las células concentradas (conocidas como arrechocitos), acumuladas por millones se le iban a uno para el cerebro y le impedían concentrarse, pensar, cumplir los deberes etc. Esto siempre me ha intrigado y estoy en mora de consultarlo con algún neurólogo amigo.

Que los padres se fueron para la finca o a pasear, que organizamos un bailecito a media luz, que todos están dormidos en el segundo piso y uno mirando por el reflejo de la pecera que no lo fueran a pillar, etc. Una opción era irnos en gallada para las mangas de la Nubia, cuando aún no había urbanizaciones, pero, o a las peladas no las dejaban salir de noche, o nos daba miedo por lo peligroso del sitio. Allí jugábamos “chucha americana”, “cinco minutos en el cielo”, a las escondidas por parejas, botellita, que sólo eran disculpas para tener contactos cercanos y mal disimulados con el sexo opuesto. Lo común era encomendarnos al santo patrón del juego amoroso conocido como “encarrete” llamado “San Luis Vergón”, para con suerte terminar emparejados y en el mejor de los casos “rastrojiando” en una manga. Cuando alguna amiguita se excedía en licor, corría el riesgo de terminar como víctima de un “carga-montón” o “vaca-muerta”, con todos los aprendices de galanes encima despresándole la anatomía. Cuando algún "quiebre" lograba cuajar, una opción era irse para las residencias del Centro, pero ¡qué problema para entrar! Que la pena, que nos van a descubrir, que nos van a delatar (sapiar o aventar). La más concurrida era Manhattan, que quedaba en la avenida de Greiff, abajo de las Empresas Públicas. Era el sitio preferido de los estudiantes, por barato y por central; claro que amiga que entraba allí una vez, no lo hacía dos veces. Nosotros le decíamos "urgencias" y durante la época de estudiantes fue realmente útil y sirvió para muchas "desvaradas".

Muchas veces antes del programa, uno se iba para los bailaderos del centro para no ponernos en evidencia (o “banderianos”), pues los de Belén no eran lo suficientemente reservados o discretos. Uno de los favoritos era "Rincón 70", enseguida del teatro Sinfonía, otro de los lugares preferidos por los pelaos de esa época. El sitio se conocía como un “cambiadero de aceite” o “el palacio del dedo” por una de esas analogías prosaicas tan comunes de nuestro lenguaje, y se podía aprovechar para pasar gratos momentos de música, trago y sexo a mediacaña. Luego se volvió muy peligroso y cuando crecimos, casi ninguno de nosotros regresó.

El parque de Belén los sábados y domingos por la noche era un hervidero de muchachas del servicio doméstico que salían a tomar trago y hacer levantes. Todos los pelaos salíamos a dar un vueltón y de paso ver que pescábamos, porque eso sí, para "mantequeros", los muchachos de aquellos años. Como dice un amigo, el que niega la grasa, niega la madre, como se empeñan en hacerlo hoy prestigiosos profesionales que en esa época eran voraces sirvienteros. A la heladería La Soraya, le decíamos el Palacio del Colesterol, pues allí se encontraba la mayor concentración de sirvientas por metro cuadrado del mundo. De sólo entrar allí a uno se le subía la mostaza y los triglicéridos. ¡Había que entrar con una docena de limones, para cortar el grasero!. Eso fue mucho bailar, dar bomba y echar carreta. La mayoría eran coquetonas y generosas; nosotros las conocíamos como "grasas", "coimas", "fámulas", "melegas". Había amigos que tenían directorios enteros llenos de nombres y teléfonos. Por supuesto ahora lo niegan, pero en esa época era una de las mejores formas de matar el tiempo y dar rienda suelta a las volcánicas pasiones que nos atormentaron durante la adolescencia.

Otro aspecto muy común de la época era esquivar el acoso de viejos degenerados o cacorrones, conocidos como caquirris, que siendo muy amables, atentos y generosos, pretendían arrastrar a los muchachos a prácticas homosexuales bajo artimañas casi ingenuas, con trucos muy trillados y repetidos. Casi siempre fundaban un equipo de fútbol o eran líderes activos de un grupo juvenil o era el infaltable sacristán de la parroquia, o atendían en la tienda del barrio. Casi nunca eran agresivos y era muy llamativa la forma como se dejaban explotar de los pelados, quienes de frente y burlándose de ellos, les sacaban plata, bebían gratis a su costa, se iban en grandes grupos para paseos de cuenta del pobre viejo maricón; lograban su cometido con jóvenes que sin ser declarados homosexuales, con novia incluso, los escurrían a cambio de dinero o ropa o electrodomésticos; también caían las loquitas o florecitas, pelados que desde chiquitos ya mostraban su inclinación, aunque lucharan contra ella; cuando estaban eufóricos o tomando licor se hacían evidentes y “botaban la pluma”. A manera de chiste se decía de ellos, “Ese desde chiquito es dañado por el chiquito; hay una foto de los tres meses de vida que lo muestra sentado en el chupo del biberón”.

El tiempo pone todo en su sitio. Con el paso de los años casi todos nuestros contemporáneos (ya muy cincuentones) han superado ese desespero de furor genital, y por el contrario hoy la preocupación es en el otro sentido, cuando el Viagra se convirtió en un aliado incondicional.

Monday, December 25, 2006

CRONICAS SOBRE RUEDAS

CRONICAS SOBRE RUEDAS
Emilio Alberto Restrepo Baena


PICAROS SOBRE RUEDAS


Hemos comentado en otras oportunidades la forma tan variada como se puede hacer uso del automóvil, adecuándolo a cualquier actividad humana, independiente de la intención que la motive. Los aspectos socialmente útiles de los transportes los conocemos de sobra. Hemos discutido también la utilización anómala e ilegal que de los vehículos se hace; hoy hablaremos de aquellos que utilizan los automotores para una suerte de hechos que son de difícil clasificación jurídica, ya que se debaten peligrosamente entre la legalidad y la marginalidad.

En nuestro medio son muy comunes los avivatos, aquellos seres privilegiados por la inteligencia, azuzados por la necesidad, estimulados por la estupidez ajena y bañados en el tibio manantial de la falta de escrúpulos. Es legendaria la astucia y la suspicacia de aquel especimen humano marcado por el sino del nomadismo, de la inmediatez, del hedonismo; sus armas son su mirada penetrante, su verbo poderoso, su intrepidez a toda prueba, sus rápidos reflejos, su sentido de la oportunidad.
Son aves de rápido vuelo y no escatiman cualquier ocasión para desplumar a los incautos.

Uno muy típico es aquel predicador religioso que se dice investido de un soplo divino, que se proclama por encima del bien y del mal y que pregona por todas partes el carácter espiritual de su prédica. Usualmente devuelve con una sola oración la voz a mudos que a duras penas contienen la carcajada; la fuerza en las piernas a paralíticos imposibles, fuertes como bultiadores; exorciza epilépticos, extrae demonios, saca sapos del cerebro y culebras de los hígados; canaliza en forma demasiado sagaz para la imagen que publicita la estupidez y el fanatismo de sus congéneres; luego reparte con sus socios las pingües ganancias y repite la actuación en otro pueblo, mientras las pobres beatas quedan convencidas de haber visto al enviado del señor, el alma pura de los comulgadores se fortifica para seguir luego injuriando a Dios y pisoteando al prójimo y las viejitas miran con pasión las estampitas y recordatorios del santo de marras.

Otro bellaco muy famoso era un enano que transportaba en un camión a tres prostitutas añosas, feas y varicosas pero de mucha chispa. Viajaron por muchos pueblos de Antioquia y de la Costa ofreciendo los servicios en el propio carro, que aunque destartalado, estaba acondicionado. Mucha gente aún los recuerda desde la época del oro, pues además del aspecto tan particular que representaba la caravana, eran ansiosamente esperados por los clientes y por los médicos, pues no fueron pocas las venéreas que diseminaron. Las viejas eran honradas y parranderas y el enano avaro y pendenciero. Todo terminó cuando un cliente, urgido y desplatado quiso disfrutar sin pagar. Aún debe estar el pigmeo pagando cárcel por las 20 puñaladas que le propinó. Después de eso, el negocio nunca prosperó; supe de una de ellas que terminó vendiendo tamales, gorda y desdentada a la salida del estadio de Medellín. El cadáver de otra fue a dar a una facultad de medicina donde fue reconocida por un médico que hizo el año rural en uno de los pueblos del recorrido.

Los vendedores ambulantes de rifas de autos lujosos, apartamentos en la costa y otras fantasías, son otros que se han hecho ricos vendiendo fantasías de pueblo en pueblo. Aún estamos buscando al primer ganador de un premio de esos...

Uno muy común es el cambalachero que carga con su almacén de baratijas a cuestas y que se desengüesa en todas las plazas públicas, de todo cuanto cacharro inútil puede imaginarse uno; le da gusto al campesino: "con tal de que sea barato, no importa que no sea bueno". Armado de parlante, riega en el suelo su mostrario y su parla hace el resto; hemos visto cómo vende brasieres usados, dos botas izquierdas, pantaloncillos de terlete en tierra caliente, almanaques viejos, etc.



Los vendedores de felicidad son también bastante conocidos: venden pócimas para al amor, amuletos y talismanes, echan mal de ojo, leen las manos, la ceniza, el periódico, adivinan la suerte, promocionan un mentol para aumentar la potencia sexual y el tamaño del miembro viril, tienen unos polvillos que administrados a las féminas de nuestra apetencia las excita y nos permite echarles los idem; en todas las poblaciones que visitan tienen público y por lo tanto éxito.

Para no extender más un tema tan conocido por todos, baste recordar que mientras exista gente que compre, habrá quien venda. Siempre habrá quien llene las expectativas que crea la ignorancia, la pobreza y la falta de imaginación. Y eso que hoy no hablamos de los políticos. Suspendemos aquí pues tenemos que salir de correría por varios pueblos.
..



ROMEOS AL VOLANTE

Durante siglos los poetas y juglares inspiraron los versos que componían a sus amadas en situaciones y cosas, palpables o nó, pero de indiscutible tradición romántica: La luna, el arroyo, el atardecer, el canto de un pájaro, e incluso presas anatómicas como el pelo, los ojos, las manos o la piel, pero siempre conservando muy juiciosamente los límites entre lo lírico y lo mundano.

Encontramos hoy una derivación de la poesía moderna que parece haber recibido su formación en las oficinas del INTRA, pues un aspecto de aparición constante en sus sentidos cantos es la presencia de un vehículo.

Estos modernos Romeos motorizados, a quienes uno no sabe ya si pedirles la partitura o la licencia de conducir, gozan de la aceptación popular y sus canciones son bastante conocidas.

Tal vez la primera canción que conocemos que ronda el tema, aunque en una versión bastante arcaica, es aquella del maestro Atahualpa Yupanqui que denota su preocupación nula por la lubricación y que hoy le acarrearía una multa por contribuír al ruido de la ciudad:

..."Por que no engraso los ejes,
me llaman abandonao,
si a mí me gusta que suenen,
pa' que los quiero engrasaos"...

En el extremo opuesto, Roberto Carlos, mientras hace severas advertencias a la amada que lo ignora, hace pública su protesta por lo que considera polución ambiental por estridencia:

..."El ruido enloquecedor de su auto,
será la causa obligada o algo así"...

Pero a Roberto no siempre le ha ido mal con las mujeres y los carros. Al comienzo de su carrera se montaba en los segundos para poder hacer lo mismo con las primeras. Recuerden "Mi cacharrito...".

..."Ustedes me perdonan
pero ahora yo me voy.
Existen mil muchachas
que quieren salir conmigo.
Y todo es por causa
de mi cacharro"...


Otras no han tenido la misma fortuna y sus vehículos han tenido serios desperfectos. Las canciones han plasmado su grito lastimero:

..."Yo le daba manivela...y nada,
le cambiaba batería...y nada"...

O más de malas Lizandro Meza que después de hacer una exhaustiva revisión de su carro, se encuentra conque:

..."Pipiripí, pipiripí,
es el ruido de mi carrito
que suena así"...

Vemos también como se han enriquecido las listas necrológicas de los cementerios, las acciones de las funerarias, los propietarios de los talleres de reparación y los que más han sufrido, además de los cantantes, son los novios, las madres y las compañías de seguros. Esto lo han narrado algunos artistas con la maestría apenas esperada de la crónica roja de un periódico sensacionalista bogotano. Recordemos a Alci Acosta:






..."Yo iba manejando,
iba a más de l00.
Era ya de noche
y no podía ver...
...Había un letrero de desviación,
el cual cruzamos sin precaución"...

En fin, todo termina como suponemos, ella en el cielo con alas y tocando arpa y él presa de remordimiento y del desespero por ciego, bruto, correlón e irresponsable. Y eso que no se le ha hecho la prueba de la bomba para conocer el estado de embriaguez. Creemos que no lo confesó todo. Hablando del pobre Alci, es conocido como el "asesino del piano"... En cada canción mueren trágicamente dos o tres personajes. No nos referimos por supuesto a su forma de tocar aquel instrumento, como podrían pensar algunos malintencionados.

El Caballero Gaucho nos cuenta la historia de un pobre diablo que mientras corre a recoger un juguete que un rico tira de un balcón, perece a manos (a llantas) de un auto fantasma. No se hasta donde, pero me parece ver un cierto aire de lucha de clases. Hasta comunista que será el tal Gaucho. También el maestro Alejo Durán se deja sentir con un canto que no sabemos interpretar, o bien, como la queja por un amor perdido, o como la denuncia de un secuestro:

..."Ay es que me duele,
es que me duele,
válgame Dios.
039, 039, 039
se la llevó"...

Así mismo, Piero utiliza el pretexto de un auto para hacer pública su crítica social y su envidia sexual:

... "Pasa un Mercedes con chapa extranjera, llevando la amante de un tipo cualquiera...
Pasa un Mercedes con chapa oficial,
llevando la amante de un general"...

Por último, está el aspecto contrario. La voz de un frustrado Pablo Abraira que respirando por la herida de proletario, grita a cuatro vientos su pobreza, cuando lo que necesita urgentemente es una cuenta de ahorros en el Banco de Colombia:

... "Yo no tengo carro,
yo no tengo casa,
yo no tengo nada,
pero estoy TRANQUILO"...

Dejemos la cosa aquí. Hay muchas más canciones de románticos motorizados. Para otra ocasión les prometo la letra completa de "Candonga de los Colectiveros", de Les Luthiers, "Bus Urbano", de los Amerindios y el "Blues del Autobús". Se que las disfrutarán.

A PROPOSITO DE LO NACIONAL

Si observamos con detalle algunas características de nuestro particular sistema de transporte, podemos concluír que no tiene nada que envidiarle a los tan promocionados y sofisticados adelantos técnicos que han hecho furor en Europa y USA.

Para demostrar lo anterior, veremos que no es necesario hacer ese derroche económico y tecnológico que hacen las potencias; basta una buena dosis de imaginación y malicia indígena para alcanzar el nivel de perfección del que ellos hacen gala. Incluso podemos afirmar que muchos de los descubrimientos que se ponen al servicio del gremio transportador ya tenían en nuestro medio su versión más precaria y no por ello menos eficiente. Incluso podemos jactarnos de ser precursores y descubridores de artefactos que ellos perfeccionaron y publicitaron. Todo ésto con el fin de demostrarle a los malos patriotas, que se ensañan contra lo nuestro y se dedican a despotricar de lo propio y a ensalzar lo extranjero, que aquí también se avanza en forma paralela a los países que van a la vanguardia.

¿Recuerda Usted amable lector, aquellos buses usados por el sistema Nazi para eliminar judíos? Nosotros tampoco. Pero investigando supimos que las víctimas eran encerradas en los vehículos, se les llevaba a un lugar desolado y allí, luego de cerrar herméticamente las ventanas, eran sometidos a los efectos de unos gases venenosos. Para la pesada broma usaban cianuro y otras dulzuras. Francamente, es propio de un macabro sentido del humor y de pésimo gusto hacer de los buses una cámara de gas ambulante. Pues bien, aquí no nos quedamos atrás. Incluso estando las ventanas abiertas, muchos de nuestros buses podrían competir por el premio "El Rey del Cachupe", en cuanto a la proliferación de pestilencias y hedores se refiere. Si Usted es valiente, arriésguese a montarse sin máscara de oxígeno en un bus urbano a las l2 del día; huele a campamento de gorilas, a carcajada de león, a vueltacanela de cura, a sobaco de cotero. Ni los de Buenos Aires escapan a tal situación. A ello contribuyen además los que encienden muy tranquilos un tabaco en un bus atiborrado de sudorosos pasajeros. O el niño que no controla su esfínter ante la amenaza de una diarrea inminente. O el borracho que vomita sin consideración de nadie.

También se jactan en las películas, de los vehículos que tienen T.V. o pantalla de cine para brindar espectáculo a los usuarios y hacer un viaje menos monótono. Aquí el espectáculo es real, en vivo y en directo, dejando por el suelo a los pretenciosos gringos; diariamente se ven a través de las ventanillas atracos, robos, disparos, puñaladas, a la altura de cualquier programa infantil norteamericano.

No faltan los mendigos con sus inverosímiles historias o con sus enfermedades desgarradoras e impresionantes que reemplazan con creces las telenovelas venezolanas o los programas médicos. Las escenas eróticas también se observan con cierta frecuencia y no son raros los musicales a cargo del talento nacional que diariamente destroza tímpanos en los buses.

Siempre nos han hablado de los casacarros, apartamentos rodantes aptos para el sueño, el descanso, el amor y todos los ingredientes de la vida diaria. Pues aquí también los hay. Recordamos a un paisa que consiguió plata siendo celador de un guardadero de buses, los cuales alquilaba por horas a las prostitutas que conseguían clientes y a las parejas de novios o de homosexuales. Era tan conchudo que les alquilaba incluso el colchón y les vendía trago y gaseosas. Además cobraba por dejar consumir vicio dentro de los buses, por guardar corotos de vendedores ambulantes en ellos, por esconder malandrines y por dejar dormir borrachos. Su buena estrella se extinguió el día que dejó que un tipo metiera unas cajas que contenían 80 gallinas: El plumero, la rila y el olor hicieron el resto y el negocio se derrumbó.

Son comunes en el extranjero las competencias de vehículos pesados. Aquí diariamente y en forma espontánea se organizan carreras de buses o camiones en las calles de la ciudad, con metas volantes en los chequeaderos y con bonificación al que más cristianos mate y más carros destroce.

Se habla mucho de los carros con chofer automático, que funcionan por medio de un mecanismo electrónico y de radar. Aquí los carros de los borrachitos saben el camino de regreso a casa; los de las señoras llegan sanos y salvos a los costureros mientras ellas se cuentan a gritos, de un carro a otro, la última chiva o el capítulo de la novela de la noche anterior; los de los amantes llegan indemnes a su destino mientras ellos cumplen al pie de la letra el precepto bíblico de amarse y multiplicarse.

Los buses de dos pisos, tan típicos de la vieja Inglaterra, tienen aquí su antecesor en el bus de escalera, que monta hasta 300 campesinos y 80 bultos en el capacete. Eso sin contar las "chivas" tan comunes en las costas que hacen proezas no menos impactantes.



En cuanto a lujo no hay por qué sentirnos apocados. Cada bus y cada taxi llevan cerca de 40 kilos de adornos y confituras haciendo de ellos cacharrerías y misceláneas ambulantes en el sentido más lobo del término. Hubo un Pisco que a su camión le adaptó sauna, piscina, gimnasio, pista equina, caballerizas, dormitorios, sala y estadero. El único problema fue que quebró porque no le quedaba espacio donde llevar la mercancía que le encargaban y porque le quedó un poco difícil ponerle ruedas a la finca donde montó el entable. Hoy está en el hospital mental convencido de que es un medicamento para el estreñimiento.

Como vemos, no tenemos por qué sentirnos menos que los demás. Tenemos que ser más conscientes de lo nuestro, apoyarlo, rechazar la penetración tecnológica y cultural del imperialismo extranjero. O.K.? ¡Thank you!.

UN LUCRATIVO NEGOCIO
La mendicidad ha sido a través de la historia de la humanidad un lucrativo negocio. Hay escritos griegos y romanos de siglos antes de Cristo que ya hablan de su existencia; incluso la biblia nos da testimonio de ello. Pero hay una sutil diferencia entre los mendigos de hoy y sus milenarios antecesores. Estos incurrían en el oficio como consecuencia de una clara e invalidante incapacidad física o una miseria libre de toda sospecha. Aquellos hacen parte de un gremio claramente definido al cual lo único que le falta para ser legalmente aceptado es personería jurídica, estatutos y sindicato y cuyos miembros, con honrosas excepciones, no son limitados, sino seres socialmente desadaptados con una irredimible e indomable vocación para la pereza y la improductividad y que han hecho del vicio de pedir, un oficio altamente remunerado.

Y no es que bajo una óptica fachista y carente de sensibilidad pretendamos desconocer lo crítico de la situación económica que actualmente afrontamos. No faltaba más. Sólo censuramos el papel de parásitos sociales que asumen algunas personas, quienes con un poco más de sentido común, espíritu y buena voluntad serían productivas. Pero es que estamos regidos por la ley del menor esfuerzo y nuestras decisiones están determinadas muchas veces, más por la sensiblería que por la razón. Y esto lo saben los profesionales del sablazo y lo aprovechan muy bien. Y cuantas veces sucumbimos ante el chantaje emocional que tan magistralmente nos aplican o ante el melodrama de una situación que sabemos irreal pero que no deja de conmovernos.

Y llega a tal grado su sofisticación que ya existen especializaciones; una de ellas es la de los motorizados. Son aquellos que mediante súplicas, o en un acuerdo con el conductor, o incluso "coliados", abordan a los pasajeros con la más variada gama de argumentos, que fluctúan desde los prolíficos, cuya camada nunca baja de los l5 hijos o hermanitos, según sea el caso, hasta los trágicos, condimentados con el asesinato de 2 o 3 personas allegadas y la infaltable presencia de un familiar en el hospital o en la cárcel en los casos más dramáticos y cuando ya vamos por los 40 gramos de lágrimas y mocos, rematan de tal forma el culebrón de historia con l0 días de hambre obligada y un punzante dolor en el alma tal que don Félix B. Caignet, el famoso autor de novelones, se escondería avergonzado por la sensación de incompetencia.

Son también ampliamente conocidos los cantores, aquellos aprendices de ruiseñores que aprovechando la especial circunstancia de montarse sólo en buses atiborrados y a las l2 del día, golpean inmisericordemente los tímpanos de los indefensos pasajeros que lo único que desean es llegar rápido y en paz a su casa y no escuchar esa algarabía de texto incomprensible.

Un espécimen muy clásico es aquel que parece extraído de un libro de dermatología, que al mismo tiempo que pone una cara de tristeza infinita, muestra con un deleite morboso y con riqueza de detalles hasta el último rincón de su llaga purulenta o de su costra adornada con las más variadas especies de gusanos e insectos, o la cicatriz de una puñalada de hace 40 años o el ojo de vidrio que según él, lo somete a torturantes dolores, al mismo tiempo que muestra una averiada fórmula médica con fecha de hace l0 años.

Otro muy común es el místico camandulero que reparte estampas de santos desconocidos o escapularios a cambio de un voluntario aporte.

Comúnmente se aprecian los que en nombre de ciertas entidades invocan la solidaridad y piden colaboración económica.

En fin, vemos cómo de tantas formas es explotada nuestra alcahuetería y la permisividad de un sistema que deja florecer este tipo de lacras sociales, sin facilitar ninguna solución de orden práctico que les brinde posibilidades, los reubique laboralmente o les dé oportunidad de reestructurar su vida, cosa que estamos seguros, muchos no aceptarían pues implicaría renunciar a su cómoda forma de ganarse el pan de cada día.


ESPANTOS SOBRE RUEDAS

Es bien sabido que algunas ánimas en pena son sometidas a un fatigoso e interminable peregrinar, en forma material o inmaterial, por los senderos de lo humano y lo divino hasta que sus faltas sean purgadas con suficiencia. Claro que no todas las almas de pecadores son sometidas a dicho castigo, pero hoy nos interesa hablar de las andariegas, las errabundas, aquellas que tienen que desandar los desolados y polvorientos caminos de la tierra hasta cuando sus fechorías sean amnistiadas y la paz retorne a su atribulado espíritu.

Y más específicamente nos referiremos a aquellos que han sucumbido ante el embrujo de lo técnico y para sus travesuras metafísicas utilizan el automóvil, demostrando así que las antiguas cadenas, los aullidos, los parajes solitarios y los vetustos caserones sólo hacen parte del pasado y que la tendencia que ahora impera en el más allá es la modernización, que avanza conforme a la civilización terrenal.

Y es que además la polvorienta sábana de antaño es sólo un elemento caduco que ya no les sirve para vestirse sino para desvestirse y acostarse sobre ella. O si no, que lo diga aquella hermosa mujer que suele aparecerse a las l2:00 p.m. en la avenida que pasa por el cementerio Campos de Paz y que deslumbra a los trasnochados conductores a quienes pide un aventón, los enamora con su belleza, les conversa y pasa con ellos una noche inolvidable; luego les pide que la dejen en una dirección determinada pero antes pide prestada la chaqueta al cándido tenorio. Al otro día, éste va a su casa y la madre de ella con extrañeza, enfado y lágrimas le dice que su fugaz dulcinea pereció hace dos años, que está enterrada en Campos de paz y que su vida no fue propiamente un dechado de virtudes (al parecer su muerte tampoco). El pisco se extraña e incrédulo va a la tumba y preciso: allí encuentra la chaqueta. Por lo menos si la castidad no es su fuerte, aún conserva su honradez.

O el del tipo que todas las noches ofrecía una bonita suma de dinero a los taxistas para que lo subieran a la loma de Pajarito a los ll:00 p.m. Muchos se negaban en vista de lo peligroso del lugar, pero otros aceptaban. En plena loma el carro se detenía inexplicablemente, el chofer lo creía averiado, nuestro espanto le decía que tenía deseos de orinar y se perdía por la manga, obviamente sin pagar la tarifa. El chofer, luego de mentarle mil madres y presa del pánico por lo tenebroso del sitio, lograba prender el carro y huir de allí para seguir trabajando... Así lo hizo varias veces hasta que un chofer que conocía la historia recogió al espíritu mión y mala paga, le dió juego, decidió seguir su rastro en la oscuridad hasta que descubrió una luz que después, y para resumir el cuento pues aún tiene mas detalles, resultó un cuantioso entierro.

También están las fondas camineras que deslumbran por su alegría al camionero novato, el cual hace allí un alto y disfruta de una juerga inolvidable. Al despertar, presa de un guayabo atroz, se descubre tirado en una manga con el camión y todas las pertenencias al lado, pero el bailadero escenario de la rumba no se observa por ninguna parte. Lo más extraño es que pierde una semana, es decir, despierta ocho días después del baile todo asustado y confuso, y sin poder explicarle a nadie el por qué de su desaparición. Lo más probable es que haya sido víctima de los llamados espíritus burlones.

Hace algún tiempo hubo un carro último modelo que pasaba pitando y con mucho escándalo a las l2:00 p.m. por Buenos Aires con rumbo hacia Santa Elena. La policía lo seguía y nunca le daba alcance. Sus ocupantes subían muchachas que al otro día despertaban en plena carretera sin saber como habían llegado allí, pero sin ningún signo de abuso físico o atropello sexual que delatara a un malandrín de procedencia terrestre. Alguien dice que es el auto de unos venezolanos que violaron a una joven y que borrachos se mataron en ese paraje, mucha gente cree haberlos visto u oído.


Se comenta de otros espíritus que desvían de su ruta a los camioneros, los guían por caminos desconocidos e interminables y les cambian el rumbo; así, por ejemplo, quien iba originalmente para Cali, termina en los Llanos o en la Guajira.

Algunos camioneros han aparecido muertos en un camión a orilla del camino sin señales de violencia, desnudos, sin evidencia de robo o intoxicación. Se cree que son víctimas de fantasmas que en forma de mujer les piden que las lleve, los seducen y cuando el conductor piensa haber alcanzado la dicha gracias a sus encantos varoniles, la espectral vampiresa se transforma en una horrible bestia, profiriendo blasfemias y alaridos hasta que aquel cae fulminado por el terror. (No sólo en vida dan guerra. Ahora parece que ni después de muertas dejan de producir desasosiego en el hombre).

P.D. En Medellín están floreciendo bandas de "espantos" que hacen que los autos desaparezcan como por arte de magia. Claro que sus métodos son más contundentes, actúan a plena luz del día y al igual que sus colegas del más allá, son un verdadero germen de desconcierto para los choferes.

DEFENSA MINIMA DEL CONDUCTOR
Ser conductor en una ciudad moderna es poco menos que una hazaña. Ciertamente tiene ribetes de odisea sortear con éxito los mil obstáculos que a diario interpone la selva de concreto a los profesionales del volante. Claro que para nosotros, los que estamos al margen de tan ingrata actividad, es muy fácil emprenderla contra ellos haciendo gala de aquella crítica mordaz y destructiva tan característica de nuestro pueblo. Es más sencillo apabullar con un comentario gratuito que entrar a cuestionar el verdadero motivo que determina tal o cual actitud.

Y si muchas veces los choferes han sido víctimas de nuestros improperios, justo es que reconozcamos hoy que en virtud a las vicisitudes propias de su oficio, el comportamiento de muchos ha sido provocado por mil y una causas que atentan permanentemente contra su estabilidad psíquica y emocional.

Recordemos primero la estructura de su trabajo. Parten de su casa muy temprano en la mañana cuando la gran mayoría de sus semejantes duerme plácidamente en la comodidad de sus hogares. Empiezan a recoger unos pasajeros, muy escasos por cierto, que con rostros huraños y gestos hostiles se preparan a cumplir sus obligaciones. Las posibilidades de diálogo son escasas. Las voces de gratitud, una rareza. Y desde este momento empiezan las presiones, los requerimientos sin cortesía, las palabrotas. El vehículo comienza a llenarse y la ruta a cubrirse.

Y éste es otro aspecto. Diariamente hay que hacer un monótomo, repetitivo y rutinario recorrido con una demarcación que no permite variantes ni posibilidades de creación, en carrera permanente contra el reloj y contra la voracidad de los compañeros desleales, en lucha constante contra ese monstruo del tráfico urbano, contra las variaciones climáticas, contra el mal humor de los ciudadanos (que al parecer es ya un mal crónico e incurable).

No hay posibilidades de progreso jerárquico. No hay una factibilidad de ascensos que motiven y fomenten el autoestímulo y el afán de superación. El único aliciente es económico y en escasas ocasiones, vocación de servicio al público.

Y en pleno cumplimiento del deber vienen los agentes de tránsito, muy queridos y responsables unos, ambiciosos, groseros y abusivos otros. En ocasiones entorpecen la labor de un conductor que lo que más desea es prestar un servicio eficiente. En otras circunstancias, aunque la sanción es justa, no deja de ser un factor de indisposición.

También asechan los cacos, aquellos infaltables individuos que quieren vivir a costa del sudor del prójimo y que en todo momento están pendientes para aprovechar el menor descuido y hacer de las suyas con los bienes ajenos. Aquí encasillamos a los "coliados", los cuales no tienen dentro de sus costumbres pagar pasaje ni pedir permiso.

No faltan los dementes que ya son vitales en el paisaje cotidiano de nuestras ciudades y que en medio de una euforia incomprensible y utilizando un lenguaje indescifrable, dan rienda suelta a su pasatiempo favorito: el tiro al blanco contra el parabrisas con los más diversos objetos, desde las piedras hasta los adobes, pasando por las varillas de acero e incluso su dura y amotinada cabeza.

Como en los tiempos antiguos, vemos hoy frecuentemente los duelos entre conductores, confrontaciones armadas de dos o más sujetos que sin padrinos ni reglas se la juegan entusiastamente a las puñaladas o a los machetazos. No importan los motivos: una mirada fea, un insulto, una atravesada en el carro, la guerra sin cuartel por acaparar un pasajero y otras pequeñeces suficientes para engrosar las listas de viudas y huérfanos, además de las de valientes idiotas, muertos en la defensa de un oscuro e incomprensible honor.

Son también víctimas del descaro del pasajero que paga con un billete de 2.000, de quien quiere montar un escaparate o un caballo al bus y se enoja porque se lo impiden o le cobran un recargo; del humo, de la bulla, de los mendigos, de las congestiones, etc.

Como puede desprenderse de lo anterior, es un oficio poco gratificante. No son tampoco unas peras en dulce o unos angelicales querubines. Son seres humanos que con sus defectos y virtudes piden ser comprendidos antes que vituperados, perdonados antes que ofendidos. Ya es mucha gracia mantenerse mínimamente equilibrados ante semejantes desestímulos, que en otras personas menos resistentes, sólo desencadenarían fenómenos neuróticos criminales o tendencias homicidas o suicidas.





SADICOS AL VOLANTE

Es innegable la utilidad del vehículo automotor en el proceso de desarrollo, socialización y expansión del progreso humano. Cuestionarlo sería estúpido además de inútil. Sin embargo, las cosas se evalúan no por su condición sino por el uso que de ellas se haga; es aquí donde irrumpe la tristemente recordada especie de los sádicos, aquellos despreciables pero pintorescos personajes que han utilizado el automóvil para satisfacer los fines más ruines y censurables que caracterizan su retorcida personalidad. Hay para todos los gustos, de todos los matices y de todas las tendencias aberrantes y criminológicas. Desde la banda de atracadores de bancos, mitificada por el cine de gansters y cuya figura más representantiva es la pareja de Bonnie y Clide que nacieron, vivieron, se desarrollaron y murieron para el crimen en un automóvil; hasta los asesinos a sueldo que hacen parte de oscuras organizaciones y que hoy ven desplazado el automóvil por otro artefacto más ágil, rápido y funcional: la moto.

Al margen del crimen organizado, se destaca el individuo de tendencias aberrantes que asecha a las parejas de novios en los parques públicos, los aborda y ejecuta actos de violencia sexual; o el tipo que frecuenta lugares públicos generalmente colegios, con su aspecto insospechable y manejando un auto que pasa desapercibido hasta que se descubre que nuestro hombre de la cintura para abajo está en la más absoluta almendra. Su truco consiste en llamar niños y preguntarles datos, direcciones, etc. Hubo en nuestro medio uno muy conocido en los barrios residenciales, que al parecer se mantenía acosado por el calor, a juzgar por sus escasas vestiduras y que resultó ser un conocido ejecutivo, con hijos y con un hogar aparentemente estable.

En otro nivel encontramos al que usa los vehículos para transportar objetos ocultos que de otra forma sería difícil movilizar, como estupefacientes, contrabando, objetos robados, personas secuestradas, e incluso, con un cierto dejo de humor macabro, cadáveres que estamos seguros se encontrarían más cómodos en un carro mortuorio y que terminan al aire libre en algún paraje desolado.

En términos más apacibles y más cotidianos nos encontramos diariamente con una serie de especímenes, que siendo estrictos, merecerían el calificativo de sádicos pues disfrutan de actos que son declaramente molestos para su prójimo, los cuales ejecutan con un inocultable placer.

Encontramos aquí al conductor que metiendo 350 personas en un bus urbano, coloca el último éxito de salsa a l0 de volúmen, mientras se fuma un cigarrillo tras otro. Sin consideración con nadie, se pasa 3 semáforos en rojo a l20 kms por hora y haciendo gala de lo refinado de sus modales acomete a insultos a los atribulados pasajeros que osan llamarle la atención; no crea que son extraños; aquí se dan en cantidades industriales y por generación espontánea.

También es común el que antes de conducir se toma el "arranque" de 18 cervezas y 25 "guaritos", o el típico hijo de papi que para descrestar a las 8 niñas y amigotes que lleva en el carro, anda a enormes velocidades, le quita el silenciador al carro y pitando le desea los buenos días a sus vecinos a las 3 de la mañana, con una eficiencia tal, que el gallo de las Acevedo se sonrojaría de vergüenza. Lejos de nosotros hacer apología a este tipo de comportamiento. Sólo queremos hacerlo reflexionar a usted amable lector y recordarle que estos indeseables tienen permanentemente a su alrededor una serie de pacientes personas que difícilmente se contienen de apretar sus manos contra su cuello y que de hacerlo, automáticamente subirían al pedestal de los héroes, reivindicadores de la dignidad humana
.

UNA PROPUESTA MUSICAL AL DIAGNOSTICO

Cuando uno como ciudadano corriente, del común, (léase peatón, contribuyente, quejumbroso doliente de la cotidianidad) enfrenta la necesidad diaria de transportarse, está en el riesgo permanente, o de morir en el intento o de perder la paz, el equilibrio y neurotizarse. Realmente el desplazarse genera estrés por múltiples razones de todos conocidas. Cierta responsabilidad en el aporte a esa descompensación la tienen los conductores, los cuales a su vez tienen múltiples razones para ser como son. Son una raza especial, un género humano aparte, con una delineación de carácter, comportamiento y personalidad sui géneris. Mucho han analizado tratadistas citadinos, teóricos sociológicos y antropológicos sobre esta situación y sus sesudos comentarios reposan polvorientos en el anaquel de tesis de grado de las bibliotecas universitarias. Diagnósticos cerebrales se han hecho muchos.

Hay unos filósofos argentinos, camuflados de músico-humoristas, conocidos como Les Luthiers, que han afrontado el fenómeno. Para ello compusieron un híbrido entre candombe y milonga llamado "Candonga de los colectiveros", que es como allí conocen a los conductores de colectivos y aquí se extrapola a ellos y a los choferes de taxi y de bus. Se advierte que cualquier parecido con la realidad es la pura realidad. Veamos:

(CORO). Semos los colectiveros
que cumplimos nuestro deber...

No se puede, yo lo siento
ni bajarse o subir
con el coche en movimiento
no me gusta transigir
salvo cuando son ancianos
los que quieren descender
que se larguen, si son sanos
no me pienso detener.

(CORO)

Plata chica no me queda
cuando tengo que cobrar
o me pagan con monedas
o se bajan, ¡que embromar!
Eso si ante la afrenta
de pagarme con diez mil
en monedas de cincuenta
doy el vuelto muy gentil

(CORO)

Corro siempre, nunca aflojo
con coraje, y con valor
si el semáforo está en rojo
acelero sin temor
Pero yo he metido el freno
yendo a gran velocidad
con el colectivo lleno
¡Doy porrazos de verdad!

(CORO)

Cuando llego a la vereda
me aproximo servicial
salpicando con la rueda
al que espera -¡soy genial!
si el asfalto está mojado
a lo lejos del cordón
nunca falta el apurado
que se ligue el tropezón.

(CORO)


Como ven, ni la situación ni la idiosincrasia cambian, desde el polo sureño, hasta nuestro extremo del continente. La misma impiedad, el mismo irrespeto por el prójimo, las mismas costumbres, igual insatisfacción ciudadana.

Ante tal estado de cosas, sólo queda anteponer el recurso del humor para defenderse de la agresión cotidiana, pues la otra opción, la violencia o el choque han mostrado históricamente resultados no muy satisfactorios; la tercera posibilidad, la concertación, la educación, el replanteamiento y la renegociación no tienen terreno abonado ante un gremio que se niega la posibilidad de la autocrítica y el cambio, en búsqueda del bienestar social.