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Saturday, November 21, 2020

Emilio Alberto Restrepo en Festival de poesia Epifanio Mejia de Yarumal nov 2020 -POEMAS DE DESAMOR-

 En el marco del festival de literatura EPIFANIO MEJIA en Yarumal, el escritor colombiano EMILIO ALBERTO RESTREPO hizo una lectura de sus poemas POETICA y POEMAS DE DESAMOR, extraídos de su libro TEXTOS PARA PERVERTIR A LA JUVENTUD






































El libro completo se puede leer aquí:





Monday, October 16, 2017

El género negro en la poesía colombiana(Prólogo a la antología ENTRE EL MIEDO Y EL MAL

ENTRE EL MIEDO Y EL MAL
El género negro en la poesía colombiana
Ensayo
por  Emilio Alberto Restrepo
Nota: el portal español Solonovelanegra reprodujo el ensayo del libro que referencia la relación entre crimen, género negro y poesía, en la literatura colombiana, por considerarlo de interés general para los amantes de estos géneros.
Prólogo

vagó toda la noche por calles desiertas
maldiciendo
alguien lo llamó por un nombre que no era el suyo
 pero sabía que era a él a quien llamaban.
José Manuel Arango

Introducción

El género negro, novela y cuento incluidos, trata de explorar el mundo del crimen, describiéndolo desde adentro, penetrando en sus más secretos recovecos.
Su búsqueda, más allá de encontrar o no un culpable, es también una búsqueda estética con una motivación que puede ser abiertamente filosófica o sociológica: encontrar la verdad, describir el entorno deteriorado por el miedo, la inseguridad, la violencia, la venganza, la maldad o la corrupción, y tratar de describir cómo esas características impactan al ser humano e influyen en él como víctima o victimario, detallando el sentido de las relaciones entre los dos protagonistas: cómo la sociedad cambia al individuo y cómo este se deja transformar por aquella, casi siempre para mal.
El género ha sido una especie de amanuense para nada condescendiente, un testigo y relator de primera mano de los aspectos más oscuros y abyectos del comportamiento del ser humano en la relación con sus semejantes. Su ojo avizor no deja escapar detalle y se ha encargado de dejar constancia escrita de las debilidades humanas, mientras, tácitamente, al describirla sin ahorrar detalles, va haciendo una reflexión desde la literatura (no desde la religión ni la jurisprudencia ni el periodismo) de ese deterioro ético, implacable e irrefrenable. Por ello mismo es que, como decía Paco Ignacio Taibo II: “una buena novela negra investiga algo más que quién mató o quién cometió el delito, investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad”.
Lo más tradicional es que el género se apoye en la novela y el cuento, expresiones literarias narradoras por excelencia, basados en la descripción de situaciones concretas o en anécdotas o historias que pueden estar tomados o no de la vida real y modificados en la ficción por la imaginación del autor.
Por eso, cuando se habla de género negro, se hace referencia a novela y cuento. Hasta ahora, nunca se ha tenido en cuenta la poesía. 
Motivaciones
¿Por qué la poesía, por lo menos en la literatura colombiana, no tiene representación en el género negro?, fue la pregunta que planteó el escritor y cineasta Andrés Burgos, durante  una conferencia en el II Congreso Internacional de Literatura “Medellín Negro”. El comentario no se hizo esperar. En Colombia sí hay una tradición poética que tiene que ver con el crimen, que trata de pintar imágenes del bajo mundo, que recrea metáforas alusivas al oscuro universo de la muerte y del delito en un ambiente urbano cargado de asperezas y conflictos sociales. Sin embargo, luego de un rastreo amplio, no encontramos en la literatura colombiana referentes previos consolidados en cuanto a la existencia de “lo negro” en la poesía. Por lo menos como género. Lo que existe son intentos aislados, poemas que deambulan y conspiran desperdigados en periódicos, libros y revistas, pero sin unidad temática, sin circunscribirse en corrientes o movimientos. Esta antología trata de ser el primer intento.
En el estricto sentido de la discusión, es claro que la poesía no puede competir con los equivalentes narrativos de la novela y el cuento, pues es posible que no resuelvan un asesinato; es más, puede que no haya ni asesino ni víctima ni investigador, pero no se debe desconocer que tiene todos los elementos de dicha vertiente literaria. Verso a verso se sienten la atmósfera opresiva, los callejones, las búsquedas que no conducen a ninguna parte o que desembocan en lo más ruin de la condición humana, en un entorno típico de ciudad, envuelto por el temor, la soledad, la pobreza, la maldad o el abandono: las características que recrean la esencia del género negro. Lógicamente, casi siempre sin la carga de una historia, sin el hilo conductor de una investigación, ni siquiera con respuestas, pero el color, el sabor y el olor están allí.
Las imágenes del poema pintan el desencanto, el profundo resentimiento de un hombre usualmente solo —pero no necesariamente indefenso— ante la urbe y sus vericuetos, tratando de sobrevivir desde la marginalidad de su condición con la única arma de su palabra, todavía humeante luego de disparar el poema que lo redime en su indignidad de personaje sujeto a un destino que casi nunca le es favorable. En ello vemos con toda claridad la esencia de lo negro, incluso permitiendo que se adopten desde el poema la brutalidad y la violencia como formas reales y válidas de expresión artística.
El resultado final: agridulce, poco definido, errático, marcado por una sensación de pesimismo. Como la vida. Hay en consecuencia mucho más escepticismo en las calles, vías asfaltadas de un enorme cinismo y una sensación de frustración en el ambiente, pero nos queda a cambio la descripción de la sociedad donde nacen el vicio y el pecado, y la reflexión sobre el deterioro ético de un colectivo del que no podemos excluirnos, pero que sí podemos representar con el arte y la literatura.
La poesía y su relación con el género negro 
En el género negro importan tanto los asuntos éticos como los estéticos. Como ya se dijo, su objetivo, más allá de entretener, es tratar de ahondar en los aspectos del proceder humano y social que tienen que ver con la relación del individuo consigo mismo, con el otro y con la sociedad, sobre todo en lo que respecta a su cara oculta, perversa, violenta. Mariano Sánchez Soler, hablando de cine negro, pero extrapolable a la narrativa y, en este caso, a la poesía, hace un aporte muy significativo al respecto:
El término “negro” tiene mucho que ver con la composición visual de las imágenes, con la estructura narrativa y con la mirada crítica, la búsqueda del realismo, la verosimilitud (…) es preciso que las narraciones criminales contengan la denuncia política, la crítica social; esta última característica es la fundamental para hablar de “género negro”: al tratar temas sociales, políticos y económicos, al bajar el enigma a la calle y a la realidad, el género nos permite acercarnos al funcionamiento del sistema para criticarlo, mostrando sus malas prácticas y sus elementos deficitarios, o para justificarlo con una visión reaccionaria que, por sí misma, también desvela los entresijos del poder. De cualquier poder.
No obstante, los autores del género se preocupan por dibujar con las palabras escenarios y acciones, a través de imágenes que buscan traducir la esencia de lo negro, para proyectar la intención de mostrar lo más oscuro del alma. De ahí se desprenden los elementos que lo caracterizan: la intensidad de la acción, el suspenso y el ritmo narrativo, el miedo y la ansiedad que suscitan en el lector, la recreación de la violencia, la derrota individual, el heroísmo, el descaro, la desfachatez y, siempre rondando, la ambición, el poder, el abandono, la corrupción y el dinero como factores dispuestos a torcer y desviar el destino de los seres humanos.
En este género, la línea que separa el bien y el mal es delgada e imprecisa, y nada de lo que es evidente a primera vista puede considerarse como cierto. Lo más común es encontrar que sus protagonistas son individuos angustiados, temerosos, llenos de dudas e insatisfacciones, sin un sentido muy claro del rumbo de su existencia.
Pero lo más llamativo es la descripción de las atmósferas: callejones y antros oscuros y asfixiantes; injusticia, traición, inseguridad y depravación. El ambiente —primordialmente urbano— de barrio, de esquina, de bajos fondos, es lo que lo define en sus límites territoriales.
En cuanto a la poesía, una de sus características, gracias a su capacidad de síntesis y asociación, es el uso de las figuras literarias. Estas se tejen, en paciente filigrana de palabras, buscando pintar imágenes de valor simbólico que se decantan y se representan en la mente del lector, quien las recrea mediante una especie de decodificación que requiere de su participación (por eso, no siempre es un asunto fácil ni masivo); cuando este cometido se logra, en unas pocas líneas se puede apreciar el mensaje latente condensado en los versos, que llegan a su cerebro como una proyección que se mira y se recibe, no solo con los ojos, ni se oye únicamente con los oídos, sino con la sensibilidad, la emotividad y la inteligencia puestas al servicio del goce, el disfrute y la contemplación.
Si bien la poesía en su concepción tradicional es una búsqueda permanente de  la belleza, no es una motivación única ni excluyente. Este dilema, en lo personal, me lo resolvió un párrafo del fallecido escritor Mario Escobar Velásquez. Al no toparse con su concepto clásico de la estética literaria en la poesía de Carlos Trejos, ganador del Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia de 1995, en contradicción con la fuerza de unos versos que lo conmovían, Escobar escribió en la presentación:
Muy difícilmente hubiera podido creer, antes del libro Manos ineptas, de Carlos Héctor Trejos Reyes, que pudiera hacerse poesía verdadera y honda sin una sola palabra untada de belleza o de bondad o de optimismo o de salud o de cielo o de esperanza o de verde.
Podido creer que los otros cuarenta y dos hablaran de cosas lúgubres, solamente, como tinieblas, ahorcamientos, Judas de Kerioth, condenamientos a fracturas y amputamientos, y malos tinos de la vida, y destrucciones, y naufragios, y trampas y muertes y fantasmas y partidas y muertes —para los de las buenas venturas— y ebriedades y sentencias y herencias de miserias y dolores y manos ineptas —como tullidas y engarabatadas—, e infiernos…
Pero es. Tremendamente es, y uno acabó aprendiendo que las tinieblas son luz y las puses belleza y las maldiciones edificantes. Eso lo logrado por Carlos Héctor, a quien Dios guarde. (En Trejos, 1995)
Esto resume con toda claridad el poderoso efecto de la mezcla de poesía y género negro que pretendemos recuperar en esta antología: joyas que brillan en la oscuridad, fulgores resplandeciendo en el infierno de hordas de desposeídos marcados por la soledad, el abandono y la desesperanza. 
La temática
Dice Mempo Giardinelli, uno de los estudiosos más reputados del género:
Los valores primordiales en que basa su existencia el género negro son en primer lugar el poder y el dinero, y asociados a ellos están siempre la ambición incontrolada, el heroísmo personal, la hipocresía, el machismo, la conquista sexual, la ominosa crueldad que humilla o somete, las infinitas formas efímeras de la ilusión de la gloria. Decir todo esto no es otra cosa que hablar de la naturaleza humana. Y es que el crimen, el poder y el dinero son como el miedo y la culpa: no se puede vivir sin ellos. Aunque la literatura negra conserva enigma (ninguna narrativa existe sin enigma) no es su presencia lo que la define, sino la ambientación que se describe, la causalidad, las motivaciones de sus personajes y sobre todo su lenguaje, que es violento, duro, machista y completamente despiadado.
Con esa premisa emprendimos la búsqueda de los textos más representativos de lo negro en la literatura colombiana. Y la primera referencia apareció a finales del siglo XIX y no precisamente en un tratado de violencia; por el contrario, se trata de un texto infantil de Rafael Pombo, “El gato bandido”, que narra la intención del ciudadano del común de asumir la canallesca como fórmula de vida. Es toda una declaración de principios. Nada distinto a lo que vemos a diario, ya intuido desde un siglo antes, del que toma a su libre albedrío la decisión de asumir el camino del mal como forma de vida, versificado con una ironía y una musicalidad que lo volvió un clásico apreciado por varias generaciones de todas las edades; no podía prescindir, a la usanza de la época, de la moraleja y la enseñanza de anteponer las virtudes y los valores por sobre otras consideraciones.
En esta misma línea se encuentra el hombre que toma voluntariamente la determinación de acoger el pillaje como hoja de ruta con la claridad de una autoconciencia feroz, o el que se sabe marginal, porque entiende que no tiene otra opción, y hay varios poemas que lo registran.
Y para hablar de temas mirados desde siempre con recelo y aprehensión, como el suicidio y la homosexualidad, los poetas siempre han tenido su propia voz. Ya a principios del siglo XX, Bernardo Arias Trujillo había asumido y consignado por escrito en un poema publicado y muy difundido una ruptura con dos conceptos convencionales, muy arraigados para su época: un amor homosexual, y con alguien del bajo mundo. Era ir a contracorriente de los preceptos morales y aun de la propia seguridad personal. Se refería a “Roby Nelson”, poema que deja constancia de esa relación prohibida e intensa. Sobre el suicidio, se citan en esta antología varios poemas alusivos y se recogen textos de vates que efectivamente acabaron de cuenta propia con su vida.
La experiencia carcelaria, que marca los espíritus de forma indeleble, así como los peligros de la calle, son evocados y descritos en forma recurrente; la muerte que espera a la vuelta de la esquina, la pesada carga de una tensión que impregna con su densa bruma el simple hecho de salir a recorrer el laberinto de las ciudades. Los barrios, las esquinas y las avenidas, apéndices y arterias de la urbe, son cantados una y otra vez en definiciones por lo demás melancólicas.
Y el miedo interior, para acabar de acrecentar el que de por sí ya asfixia la ciudad, también se narra en forma reiterativa. O la dolorosa premonición del que sabe que va a morir en sus calles.
Se encuentran, además, versos que evocan un cantar metafísico: una suerte de voces fantasmales, que parecieran de ultratumba, hacen coro y son estampa en la ciudad entre penumbras. Así mismo, alusiones obvias y directas a la muerte como una presencia necesaria y cotidiana. El reclutamiento forzoso, las desapariciones, ese azar casi siempre adverso que agazapado en las sombras planea el zarpazo definitivo.
En otras ocasiones el poema no se escapa de lo explícito, de lo espantosamente real, pues entiende que también puede ser una fotografía de la misma vida o incluso de la muerte, no de la manera periodística, por supuesto, lo que no lo hace menos desgarrador. Cabe aquí el conflicto armado, la confrontación entre facciones que disparan desde todos los frentes y que son motivo de zozobra, de muerte, de crimen, que afectan la paz interior y la seguridad exterior del ciudadano de a pie. Si bien los gobiernos se obstinan en negar oficialmente la existencia de la guerra y no hay bombardeos aéreos de grandes ciudades ni campos de concentración, el monstruo está ahí y la poesía y la literatura lo han evidenciado, desnudando su carácter destructivo y aterrador. Los poemas han seguido su rastro y las metáforas han pintado sus imágenes cargadas de dolor, espanto y destrucción.
Esos, entre otros, son los temas desarrollados a lo largo de muchas décadas de poesía colombiana en lo que respecta al género negro. Esta antología mínima, en la que se escogieron autores de varias épocas y de casi todas las regiones geográficas, trata de recopilar textos representativos que hacen alusión a ese mundo sin perder la música, sin sacrificar esa cadencia que siempre deja algún sinsabor en el espíritu, como en los buenos tangos, como en el mejor Borges, con el gusto agridulce de la insatisfacción, en seres humanos marcados con el sello de la perdición y la derrota.
Referencias
Escobar, M. (1995). Prólogo. En Trejos, Carlos. Manos Ineptas. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Giardinelli, M. La novela negra en la América hispana. Recuperado de: www.mml.cam.ac.uk/sp13/resources/detective/Giardinelli.html
Sánchez, M. ¿De qué hablamos cuando decimos “cine negro”? En Calibre 38, mayo de 2011. Recuperado de:

Publicado en 2014 por Hilo de Plata editores 
Más referencias:

Wednesday, September 03, 2014

ENTRE EL MIEDO Y EL MAL (El género negro en la poesía colombiana)

En la Fiesta del Libro de septiembre de 2014 será lanzado el libro ENTRE EL MIEDO Y EL MAL (El género negro en la poesía colombiana),  que recopila los poemas más representativos de la literatura del crimen en la poesía de nuestro país durante los últimos  150 años. Con el apoyo  del periódico UNIVERSOCENTRO, el libro ha generado gran expectativa en los diferentes ambientes, tanto en los lectores de género negro como de poesía colombiana. 


Dice el presentador: Invitamos pues a nuestros lectores a degustar esta antología. 
En UNIVERSOCENTRO estamos seguros que  ENTRE EL MIEDO Y EL MAL  (El género negro en la poesía colombiana) no tiene desperdicio. Desde su ensayo introductorio, pasando por su original  planteamiento y la rigurosa selección de los textos más representativos, se recrea esa atmósfera tan característica, ese olor, ese ambiente de calle, de esquina, de ciudad, que en sus cerca de cien páginas hace un recorrido por más de un siglo de creación. Y repetimos, es la primera vez que se recoge en un solo volumen. Y ha valido la pena.

A propósito de lo anterior, en el número 58, de Agosto de 2014, apareció la siguiente reseña.

(Agradecemos el entusiasmo e invitamos a nuestros amigos y lectores a acompañarnos en este proyecto, adquiriendo el libro, degustándolo, comentándolo y regalándolo entre amigos y conocidos.

Informamos que se consigue en las librerías GRAMMATA, EL ACONTISTA, EX-LIBRIS COOPRUDEA Y STAND DE MEDELLIN NEGRO -SALON HUMBOLD)

Los interesados, pueden adquirirlo en la editorial. 

Ver link: http://hilodeplataeditores.com/entreel.php

UNIVERSO CENTRO
Número 58 • agosto 2014






Universo Centro invita a bajar
al sótano de Entre el miedo y el
mal
, una recopilación de poemas
y crímenes en 150 años de tinta
y sangre. No encontrarán al
culpable pero sentirán el olor.


Entre el miedo y el mal

En Colombia hay una tradición poética que tiene que ver con el crimen, imágenes del bajo mundo, metáforas alusivas al universo de la muerte y el delito. Los poemas deambulan y conspiran desperdigados en periódicos, libros y revistas sin unidad temática. La antología que ha reunido Emilio Restrepo —lector, autor y gestor del género— es un primer intento que pondrá en aprietos a quien se atreva al segundo. Joyas que brillan en la oscuridad, resplandores desde la escoria, tesoros en el basural.
En estos poemas no se resuelve el asesinato, incluso es posible que en algunos de ellos no haya ni asesino, ni víctima, ni investigador. Pero verso a verso aparecen la atmósfera opresiva, los callejones, las búsquedas que no conducen a ninguna parte. Y están los retratos de ciudad rodeados por el temor, la pobreza, la maldad o el abandono; en resumen, por los estigmas que recrean la esencia del género negro.

En el género negro son primordiales los asuntos éticos, además de los estéticos. Su objetivo artístico es ahondar en los aspectos del proceder humano y social, sobre todo en las sombras de las figuras abyectas, ocultas, perversas, violentas. Caminando a su lado debe estar el lector-espectador respirando con miedo, ansioso y malpensado.
El Ars poético que podría definir esta colección lo escribió Mario Escobar Velásquez en el acta de jurado en la que se premió Manos ineptas, un libro de Carlos Trejos que ganó el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia en 1995.

“Muy difícilmente hubiera podido creer, antes del libro Manos ineptas, de Carlos Héctor Trejos Reyes, que pudiera hacerse poesía verdadera y honda sin una sola palabra untada de belleza o de bondad o de optimismo o de salud o de cielo o de esperanza o de verde […] poemas que hablan de cosas lúgubres, solamente, como tinieblas, ahorcamientos, Judas de Kerioth, condenas a fracturas y amputaciones, y malos tinos de la vida, y destrucciones, y naufragios, y trampas y muertes y fantasmas y partidas y muertes —para los de las buenas venturas— y ebriedades y sentencias y herencias de miserias y dolores y manos ineptas, como tullidas y engarabatadas...”

Los autores de Entre el miedo y el mal recorren cerca de ciento cincuenta años de poesía y crimen en Colombia. Un amplio grupo de autores que dan cuenta de una realidad que oprime afuera y adentro... Nadaístas como Gonzalo Arango, Eduardo Escobar y Jaime Jaramillo Escobar, representantes de la generación desencantada como José Manuel Arango y Juan Manuel Roca, del grupo Mito como Fernando Charry Lara y Álvaro Mutis, y poetas que no han sido incluidos en ninguna generación como Helí Ramírez, Piedad Bonnett, Raúl Gómez Jattin, Bernardo Arias Trujillo, entre muchos otros, que abordan temas como el miedo interior del hombre común, la vida de la cárcel, el pillaje, el suicidio, la guerra, nuestra guerra tan particular, que cada vez más asume la forma de la delincuencia.

La primera referencia de la búsqueda detectivesca emprendida por Restrepo apareció en un libro publicado a finales del siglo XIX, donde un ‘gato’ planea y ejecuta sus vueltas. Con esos versos infantiles de Rafael Pombo los invitamos a buscar y a leerEntre el miedo y el mal.

Sigan, habrá “francachela y habrá comilona”.
“Ya le he robado a papá / daga y pistolas; ya estoy / armado y listo; y me voy / a robar y matar gente, / y nunca más (¡ten presente!) / verás a Michín desde hoy”. UC


Ah y es de nuevo la mañana
Ah y es de nuevo la mañana
tibia y azul
El que está señalado
(en la lista hay una cruz después de su nombre)
liviano todavía
va por las calles
Trae la calavera llena de sueños
Limpio recién peinado
va a sus negocios
Cuando el asunto se despache un nombre
se tachará
Por ahora va por las calles.
José Manuel Arango

Los buscadores de la muerte 
Nando se fue por un pequeño hueco
de plomo que abrieron en su frente,
en la esquina de la carnicería.
Magila se deshizo en un chorro de sangre
que salió de su garganta
tras el cuchillo de su amigo íntimo.
Julio preparó un jugo
que de sus entrañas hizo surtidores.
A Carlos Mario lo sorprendió el amanecer
nadando en el charco de sangre
de su corazón partido.
Eduardo viajó a Cali en busca del puñal
que debería traer bien hondo en el pecho...
Este mundo no era la casa verdadera
de los buscadores de la muerte,
pues la casa verdadera es el amor.
Ellos, desde niños ya, andaban buscándola.
Entre los matorrales de nuestros juegos,
sus ojos ávidos bebían su corta estancia
en la tierra. Al ir creciendo, entraron
en los actos que la muerte suele frecuentar
y, a veces, sus manos hicieron que asumiera
el rostro de alguien.
Los buscadores de la muerte
no estaban a gusto en esta vida
y la dejaron pronto,
briznas de rocío en olvidada hierba.
Luis Fernando Macías

Desierto 
Las puntas de la lluvia en mis ojos.
Apacible, entre el olor a sudor de caballo,
y gotas fuertes que aplastan la tierra rojiza
reconozco el duelo.
Desafío el miedo centímetro a centímetro
y la tormenta me devuelve las imágenes
cuando intentamos el vuelo de los sueños.
La oscuridad es perfecta, la soledad amplia,
larga la distancia.
El disparo no despertará a mamá
.
Mery Yolanda Sánchez

El espejo No es verdad que los ojos sean el espejo del alma.
Si tal ocurriera, los asesinos caerían fulminados
Y nada sucede cuando el torturador
cruza
y se peina.
Ómar Ortiz

No nací para morir antes
de estar muerto 

De las ilusiones que me hago a alguna llego.
Yo no nací para morir antes de estar muerto.
Olvídese. Así
como no me quedé en la pared de una esquina
pegado de grafiti
en fondo de pantalla para un video.
Nada está perdido para mí.
Y fuera de la consigna “plata o muerte”
que a veces tan burda suena cuando
se escucha desde la comodidad o desde un
mediado estar
me he planteado otras consignas para ser
feliz entre la realidad cotidiana siempre de
reina cruel
cuando se está encajonado entre
un Mínimo de salario que no entrega
una noche de fiesta ni aunque se le
amenace y de la amenaza se pase al
hecho de dejarlo en las afueras de la
ciudad de basura en una bolsa negra..., al
Mínimo. Claro. Con mayúscula.
¿Muy viniendo traición?
Cuidado con ese muerto que quiere hablar.
Helí Ramírez



Nota: se puede adquirir en la sede de la Fiesta del libro, en las principales librerías de la ciudad. 






Tomado de:

http://cosario-de-mempo.blogspot.com/2015/03/lecturario-36-schweblin-kundera.html







Reseña publicada por Libros&Letras, el 12 y 26 de Septiembre de 2014
http://www.librosyletras.com/2014/09/entre-el-miedo-y-el-mal-la-poesia-en-el.html

http://www.librosyletras.com/2014/09/la-poesia-en-el-genero-negro.html
Libros y Letras | Noticias Culturales: Literatura y artes

La Poesía en el género negro
Posted by Libros y Letras on jueves, septiembre 11, 2014 No comments 
Por: Universocentro y Janeth Posada/ Medellín/ Colombia. 

En la próxima Fiesta del Libro se presentará el libro Entre el miedo y el mal (el género negro en la poesía colombiana) que recopila los poemas más representativos de la literatura del crimen en la poesía de nuestro país. Fieles a nuestro lema, “Cualquier cosa, menos quietos”, Universocentro se enorgullece de apoyar esta antología, un verdadero y novedoso hallazgo, en un medio en donde todavía hay quienes piensan que ya todo estaba descrito, que no había pequeñas joyas por descubrir. 

El género negro, novela y cuento incluidos, trata de explorar el mundo del crimen, describiéndolo desde adentro, penetrando en sus más secretos recovecos. Por ello mismo es que, como decía Paco Ignacio Taibo II: “una buena novela negra investiga algo más que quién mató o quién cometió el delito, investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad”. 

Su búsqueda, más allá de encontrar o no un culpable, es también una búsqueda estética con una motivación que puede ser abiertamente filosófica o sociológica: encontrar la verdad, describir el entorno deteriorado por el miedo, la inseguridad, la violencia, la venganza, la maldad o la corrupción, y tratar de describir cómo esas características impactan al ser humano e influyen en él como víctima o victimario, detallando el sentido de las relaciones entre los dos protagonistas: cómo la sociedad cambia al individuo y cómo este se deja transformar por aquella, casi siempre para mal. Pero lo más llamativo es la descripción de las atmósferas: callejones y antros oscuros y asfixiantes; injusticia, traición, inseguridad y depravación. El ambiente —primordialmente urbano— de barrio, de esquina, de bajos fondos, es lo que lo define en sus límites territoriales. 

Y porque le gusta a los escritores y a sus lectores explorar este mundo del crimen —y aquí nos centramos de modo particular en la novela negra— este tipo de literatura se ha extendido por todas las latitudes, cada vez con un mayor número de adeptos y un respeto creciente por los títulos que se publican. Nuestro país no es la excepción: Gonzalo EspañaRamón Illán BaccaSantiago Gamboa,Mario Mendoza, para citar algunos. Novelas y cuentos donde predominan las ya conocidas atmósferas que transpiran miedo, violencia, injusticia, inseguridad, corrupción, como espejo de lo más convulso de nuestra sociedad, y donde debe prevalecer la acción, como corresponde a cualquier obra narrativa. 

Y he ahí lo interesante del libro Entre el miedo y el mal, antología compilada por el escritor antioqueño Emilio Alberto Restrepo: la mirada a ese mundo oscuro desde una nueva perspectiva. Dado que no es la acción sino la búsqueda de una imagen, de una sensación, la expresión de un sentimiento o de una reflexión lo que quiere lograr el poeta, las posibilidades se abren al universo íntimo en el que se mueve la poesía, aunque nos hable de la vida de afuera. Digámoslo así: si en la novela un hombre acuchilla a otro en la mitad de una calle, en la poesía podremos oír la voz interior de quien se prepara para asesinar o quien se prepara para ser asesinado. Se abre también la posibilidad de un nuevo lenguaje, pues la sonoridad y la cadencia propias de la poesía se mezclan con el lenguaje casi siempre llano y crudo del llamado género negro y en su mixtura ambos se enriquecen. 

Restrepo, autor de La milonga del bandido (novela, 2005), Después de Isabel, el infierno (novela, 2012) y Un asunto miccional y otros casos de Joaquín Tornado, detective (cuentos, 2013), entre otros, se puso en la tarea de rastrear poemas con temática negra en la literatura colombiana. Asunto nada fácil, dado que hasta ahora no se había hecho una recopilación de este tipo y los poemas se encuentran desperdigados en cientos y cientos de páginas escritas por poetas de todas las vertientes —lo cual resulta natural a la luz de nuestra historia. Sin embargo, luego de un rastreo amplio, no se encuentran en la literatura colombiana referentes previos consolidados en cuanto a la existencia de “lo negro” en la poesía. Por lo menos como género. Lo que existe son intentos aislados, poemas que deambulan y conspiran cada uno por su lado, pero sin unidad temática, sin circunscribirse en corrientes o movimientos. Esta antología trata de ser el primer intento. Ese es su gran valor, su verdadero aporte, la impronta que lo define y lo hace un proyecto novedoso y original. 

El ejemplo más lejano en el tiempo, y quizá el hallazgo más curioso, es “El gato bandido” de Rafael Pombo (1833-1912), quien, desde la aparente inocencia del poema infantil, anuncia la elección del bandidaje como estilo de vida: “Ya le he robado a papá/ daga y pistolas; ya estoy/ armado y listo; y me voy/ a robar y matar gente,/ y nunca más (¡ten presente!)/ verás a Michín desde hoy”. Y aunque en principio causa gracia su lectura, la sonrisa desaparece cuando uno recuerda que estas palabras se repiten a lo largo de toda nuestra geografía, pero ajenas a cualquier música y sin un final alentador. 

El más reciente es del poeta pamplonita Ricardo Contreras (1983), “Desde el jardín junto a tu silencio”: “y la voz cortada por el recuerdo/ surtía a lo lejos una tristeza de animal herido,/ y ni un rostro con el cual bautizar nuestros miedos,/ ni una sola forma con la cual concertar nuestro dolor”. Contención en el lenguaje que expresa un desasosiego profundo. 

Entre estos dos poetas hay ciento cincuenta años de diferencia y un nutrido grupo de autores que, probablemente sin la intención de hacer parte de esta corriente, y sí con la necesidad de liberarse, dan cuenta de una realidad que oprime afuera y adentro… Nadaístas como Gonzalo ArangoEduardo Escobar y Jaime Jaramillo Escobar, representantes de la generación desencantada (José Manuel ArangoJuan Manuel Roca), del grupo Mito (Fernando Charry LaraÁlvaro Mutis) y poetas que no han sido incluidos en ninguna generación, pero que no por ello son menos importantes: Helí Ramírez,Piedad BonnettRaúl Gómez JattinBernardo Arias Trujillo, entre muchos otros, que abordan temas como el miedo interior del hombre común, la vida de la cárcel, el pillaje, el suicidio, la guerra, nuestra guerra tan particular, que cada vez más asume la forma de la delincuencia. 

Esta antología es pues una muestra valiosa del paso de lo oscuro por el género más sublime. Un primer acercamiento que seguramente obligará a los inquietos a continuar la búsqueda. Y aunque, como toda antología, obedece a un criterio personal, la selección cumple su cometido: “recopilar textos representativos que hacen alusión a ese mundo sin perder la música, sin sacrificar esa cadencia que siempre deja algún sinsabor en el espíritu, como en los buenos tangos (…), con el gusto agridulce de la insatisfacción, en seres humanos marcados con el sello de la perdición y la derrota”, como bien dice Emilio Alberto Restrepo en su texto de presentación.

En resumen, Colombia sí hay una tradición poética que tiene que ver con el crimen, que trata de pintar imágenes del bajo mundo, que recrea metáforas alusivas al oscuro universo de la muerte y del delito en un ambiente urbano cargado de asperezas y conflictos sociales. Sin embargo, luego de un rastreo amplio, no encontramos en la literatura colombiana referentes previos consolidados en cuanto a la existencia de “lo negro” en la poesía. Por lo menos como género. Lo que existe son intentos aislados, poemas que deambulan y conspiran desperdigados en periódicos, libros y revistas, pero sin unidad temática, sin circunscribirse en corrientes o movimientos. Esta antología trata de ser el primer intento.


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RESEÑA PUBLICADA POR EL PERIODICO  EL COLOMBIANO DE LOS TEXTOS MAS RECOMENDADOS EN LA FIESTA DEL LIBRO 2014



Detalle:



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Vida y cultura

  • Medellín, 16 de septiembre de 2014
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La sangre que llega al verso
FOTO MANUEL SALDARRIAGA
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La sangre que llega al verso

Entre el miedo y el mal es la primera antología de poesía de género negro en Colombia.
POR JOHN SALDARRIAGA | Publicado el 16 de septiembre de 2014
¿Por qué la poesía, por lo menos en la literatura colombiana, no tiene representación en el género negro?

Esta pregunta, que en su seno contiene una negación categórica, fue pronunciada por el escritor y cineasta Andrés Burgos, en una conferencia del II Congreso Internacional de Literatura "Medellín negro". Y la idea cayó en la mente inquieta del escritor Emilio Alberto Restrepo, el autor de Después de Isabel el Infierno; ¿Alguien ha visto el entierro de un chino? y Un asunto miccional y otros casos de Joaquín Tornado, detective, novelas y relatos policíacos, y desde ese momento comenzó su tarea de demostrar lo contrario.

Más de un año pasó Emilio revisando poesía de todos los tiempos, más de 200 libros entre poemarios de autores específicos y antologías. Y el resultado: Entre el miedo y el mal. El género negro en la poesía colombiana.

"Es cierto que ningún poeta se dedica a este género de manera específica, pero gran parte de los colombianos tienen uno que otro poema sobre el crímen; así como escriben sobre lo cotidiano, lo hacen sobre la violencia", dice, aunque reconoce que hay un autor contemporáneo que dedica libros enteros al asunto: Jaime Jaramillo Panesso. Poemas malevos es uno de sus poemarios.

Y encontró que uno de los autores más queridos del país, Rafael Pombo, escribió un poema que es un verdadero manifiesto de criminal: El gato bandido:

Michín dijo a mamá:/ "voy a volverme Pateta,/ y al que a impedirlo se meta/ en el acto morirá./ ya le he robado a papá/ daga y pistolas; ya estoy/ armado y listo; y me voy/ a robar y matar gente...

De 180 piezas iniciales, comenta, fue decantando hasta dejar el libro en 83. Algunos los sustrajo por falta de calidad y otros porque si bien se referían a la muerte se prestaban para ser entendidos como alusivos a muerte natural.

Juan Manuel Roca, Jaime Jaramillo Escobar, Héctor Rojas Herazo, Piedad Bonnett, Óscar Hernández Monsalve, José Manuel Arango, Raúl Gómez Jattin, Eduardo Escobar, Carlos Castro Saavedra, María Mercedes Carranza, Juan Gustavo Cobo Borda, Gonzalo Arango y Nicolás Suescún son algunos autores de los poemas de este volumen.

"Bellísimos y escalofriantes". Así los califica Restrepo, quien propone su libro como un punto de partida para seguir explorando el tema y, por supuesto, para seguir escribiendo poemas que enriquezcan el género negro.

DE HELÍ RAMÍREZ: LO VOLVIERON A BUSCAR

Después de matado,

familias, amistades, conoci- dos y curiosos,

realizaron la ceremonia final:

lo enterraron en tierra,

lo enterraron en el recuerdo.

Ida para sus casas familia,

amistades, conocidos y curio- sos

quienes lo mataron lo volvie- ron a buscar,

lo desenterraron de la tierra,

lo desenterraron del recuerdo,

y lo volvieron a matar

EN DEFINITIVA

Entre el miedo y el mal es la primera antología de poesía colombiana en género negro. Preparada por Emilio A. Restrepo, se presentará el jueves en la Fiesta.
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VIDEO ENTRE EL MIEDO Y EL MAL(El género negro en la poesía colombiana)


https://www.youtube.com/watch?v=V_gkKevXqtM&feature=youtu.be









En la Fiesta del Libro de 2014, en el evento Medellín Negro, el escritor 
Emilio Alberto Restrepo hizo el lanzamiento de la antología: 
ENTRE EL MIEDO Y EL MAL(El género negro en la poesía colombiana), 
en la que recopila poemas colombianos que tienen que ver con el mundo 
del crimen.


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Poesía negra, antología en el nuevo libro "Entre el miedo y el mal"

Orlando Ramírez Casas

13:09 (Hace 19 horas.)

Hola, jóvenes:

Los Escobares siriríes de Titiribí son familia de poetas. Hay muchos en sus filas y en las de los otros Escobares Pateperros, Despicados, y Hacheros, que poblaron el suroeste antioqueño. Pero los Escobares son también familia de locos, como el que vivía en el sembrado de aguacates llamado antiguamente El Aguacatal, al lado de la quebrada la Aguacatala, que desde finales del siglo XIX llaman El Poblado. El Escobar del Aguacatal tomó un hacha y dio muerte a los parientes que lo acompañaban en la casa cuya descendencia por su culpa se siguió llamando de los Hacheros. El crimen del Hachero es todavía conocido como “Crimen del Aguacatal”. Algunos versos se escribieron describiendo su crimen y aparecieron en folletos de periodismo amarillo que vendían en Guayaquil y no sé si en la cacharrería La Campana. Pero no son esos versos dignos de figurar en antologías de poesía del crimen, y ni siquiera lo son los del poeta Arcesio Escobar Uribe en el poema titulado “La Gabriela”, que aparece en el blog Postigo de Orcasas. Lástima que Camilo Escobar Quijano, que era de los siriríes, no hubiera sido poeta de pluma, así lo fuera de corazón. Sólo un poeta de corazón, diría yo, se enamora de esa manera tan obsesiva y paranoica de una mujer que se casó con otro tan apuesto como él pero mucho más rico y poderoso que él. Por seguir enamorado de ella y seguirla considerando su novia cuando ya era mujer casada y madre de muchos hijos, le dio por ir a buscar la muerte en la finca donde su amada vivía. Allí se encontró con el cañón de la escopeta del marido que no tuvo otra solución para quitárselo de encima. Si en vez de picar pleitos Camilo se hubiera dedicado a escribir poemas, esos poemas bien hubieran podido figurar en antologías del amor. O si alguno de los buenos poetas que ha dado su familia hubiera contado en verso de cómo fue que el hombre enamorado encontró que la mejor manera de suicidarse era provocando la furia de su rival. 

Hay ahí material para un poema, y ese poema podría figurar en la antología que en un libro está publicando el periódico Universo Centro y va a ser presentado en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín 2014. Es una recopilación del médico y autor de novela negra Emilio Restrepo Baena, y saldrá con el título Entre el miedo y el mal –El género negro en la poesía colombiana”. La página del periódico que reseña con una muestra este novedoso género puede verse en el enlace del blog del Dr. Restrepo y los invito a leerlo, así como a estar pendientes del libro, y comprarlo, y gozarlo, y degustarlo, y disfrutarlo como se degusta ese verso póstumo que José Dicenta Sánchez pone en boca del abandonado Waldo de los Ríos: “Y a la luz difusa de la madrugada, me quité la vida… para no matarla”. Bien que hace parte este verso del género de la poesía negra; como hace parte de ella la letra de la canción cantada por Juan Arvizu: “Señor Juez: yo la quería como a nadie podría querer más. De ella fueron mis anhelos, mis fatigas y desvelos, la locura de mi afán… sin saber que allá en su pecho se escondía el puñal de la pérfida traición”. En las letras de tangos, de boleros, y de rancheras, sí que se encuentra el género de la poesía negra.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

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Aquí, una reseña publicada en la revista de la UNIREMINGTON:

http://emiliorestrepo.blogspot.com.co/2016/12/resena-del-libro-entre-el-miedo-y-el.html