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Saturday, March 13, 2021

El oficio de escribir literatura negra en Medellín entrevista U de A

 

El oficio de escribir literatura negra en Medellín 

entrevista en canal U de A 


El Canal U de la Universidad de Antioquia entrevistó a los escritores Gustavo Forero y Emilio Alberto Restrepo, a propósito de la celebración del IV Congreso Literario Medellín Negro celebrado en la Fiesta del Libro, en Septiembre de 2014 y del auge de la Novela Negra en Colombia y la ciudad como inspiradora. Dice la presentación: Escribir literatura negra es adentrarse en lo más profundo y desconocido de una ciudad como Medellín que grita historias de violencia y crimen, y que además, sirve de inspiración para decenas de escritores del género negro que encuentran en ella los personajes y el entorno perfecto para recrear sus narraciones. www.udea.edu.co



Saturday, November 21, 2020

Conferencia NOVELA NEGRA Y CIUDAD Nov 2020

 En el marco del festival de literatura EPIFANIO MEJIA en Yarumal, el escritor colombiano EMILIO ALBERTO RESTREPO hizo una presentación sobre novela negra y ciudad, en la que habló del género, sus caracteristicas, profundizando sobre la colección POLICIAS Y BANDIDOS de la Editorial y Librería UPB y finalmente hizo recomendaciones de lectura y peliculas para los interesados en empezar a conocer sobre este tema apasionante.





Wednesday, November 06, 2019

Reseña de la colección POLICÍAS Y BANDIDOS de Editorial UPB


POLICIAS Y BANDIDOS por Emilio Restrepo

Publicado en la Revista española SoloNovelaNegra: noviembre 2019:
https://www.solonovelanegra.es/policias-y-bandidos-por-emilio-restrepo/

POLICIAS Y BANDIDOS de Editorial UPB
Una serie de género negro que lucha por ganarse su espacio
La Ciudad como protagonista
El género negro es fundamentalmente urbano, ya que la mayoría de su acontecer transcurre en ambientes de ciudad y se preocupa de manera particular en explorar su entorno. En la propuesta más contemporánea, aunque expresada desde la primera mitad del siglo XX en los representantes más estigmáticos, se hace énfasis en lo citadino y en lo que puede perturbar el de por sí ya enrarecido ambiente de la urbe: la corrupción, el odio, el racismo, la homofobia, la insolidaridad, toda clase de abusos y discriminaciones, el tráfico de drogas, la explotación sexual o laboral y un etcétera interminable y sazonado de toda clase de matices.
Desde los mismos inicios de la literatura policial, ha existido una estrecha relación con la ciudad, creciendo y desarrollándose ambas en paralelo, dando cuenta la primera de los vicios y pecados de la segunda, directamente proporcionales al desaforado aumento de su población y extensión. Aunque en sus orígenes y épocas de más esplendor solía ubicarse en recintos rurales (Agatha Christie, Conan Doyle, Georges Simenon, G. K. Chesterton), la irrupción del hard-boiled (años 20 y 30 del siglo XX) la situó en un entorno eminentemente urbano, hasta el punto de establecer una relación simbiótica entre la una y la otra, con personajes (detectives) que se movilizaban exclusivamente en ambientes duros y tensos de sus respectivas ciudades. Esta vinculación narrativa hace un especial énfasis en lo social, en los aspectos que enturbian el comportamiento de los ciudadanos, lo cual puede incluso superar a los personajes y a la trama de la novela, lo que nos permite establecer el triángulo estructural que define a la novela negra: historia, personajes y entorno. No se puede concebir una obra definitiva si alguno de los componentes no está presente. Los autores más reconocidos lo tienen muy claro, y eso les ha permitido alcanzar un sólido prestigio y un gran reconocimiento en todo el mundo, no solo en la literatura de entretenimiento popular (los “pulps”) sino en las letras en general, hasta el punto que autores como Ricardo Piglia, sin pretender exagerar, pone a R. Chandler a la altura de Hemingway, Joyce, Brecht o Borges. Y no se sonroja por ello. *1
En este sentido la novela de crimen (policial, negra, de intriga, de enigma) nos pinta la ciudad, nos permite conocer sus rincones más oscuros, su aspecto más pecaminoso y sus costumbres más ocultas y abyectas. Esto es particularmente válido para autores de obra con detective y ciudad, como Dashiell Hammett, Raymon Chandler y Ross Macdonald.
América latina llegó más tarde a la novela negra, aunque hay que reconocer que con menos presencia, sobre todo en la concepción del protagonista de saga, el detective, que en la literatura anglosajona tiene una marcada presencia, en cine y literatura, personajes que muchas veces se hicieron más populares que sus mismos autores. No sobra referenciar a Sherlock Holmes, Poirot, Miss Marple, Sam Spade, Marlowe, el Padre Brown y tantos otros que hacen ya parte de la cultura popular universal, trascendiendo fronteras, idiomas y culturas.
En el ámbito latino podemos referenciar a varios narradores preponderantemente urbanos: Sergio Ramírez(Nicaragua) y su personaje el inspector Dolores Morales, Paco Ignacio Taibo II (México) y su detective Héctor Belascoáran Shayne,  Leonardo Padura(Cuba) y su detective ex policía Mario Conde,  Fernando López(Argentina) y su juez Alejandro Barón Roca,  Ramón Díaz Eterovic (Chile) y su investigador Heredia, Elmer Mendoza(México) y su detective Edgar El Zurdo Mendieta o Roberto Ampuero y su detective privado Cayetano Brulé, quienes ubican en sus respectivas capitales a sus personajes, aprovechando para hacer una disección social de ellas; en cuanto al espacio, insistimos, la naturaleza de la novela negra implica sitios urbanos qué retratar: la calle, los antros, las oficinas, los burdeles, los estadios, las cafeterías, los edificios, los bares. Es en dicho medio en donde se encuentran con mayor vigor la gran mayoría de las contradicciones sociales del mundo actual, no solo como  decorado o marco de la acción, puesto que en este entorno hay una enorme variedad de personajes, sitios y ambientes, y se da además la mayor tasa de criminalidad con delitos constantes y de todos los pelambres, sino como determinante social, porque como forma narrativa contemporánea el relato negro no se puede sustraer a la presencia del componente urbano que es, en las sociedades modernas, la pieza básica de la organización vital y social. Y no importa que en este caso sean ciudades de países en desarrollo. Por el contrario, les agrega el “color local”, la ciudad latinoamericana con todas sus contradicciones y características de identidad social, política y antropológica.
El detective.
Así como Philip Marlowe está indisolublemente ligado a Los Ángeles, Sherlock Holmes tiene su Londres y Pepe Carvalho y Ricardo Méndez tienen su Barcelona, los autores latinoamericanos citados conjugan de primera mano lo mejor y lo peor de sus respectivas capitales, y esto lo hacen notar Taibo, Padura y el resto de autores citados en sus novelas, describiendo pormenorizadamente el interactuar de sus personajes en estas ciudades llenas de contrastes y desigualdades. Hago notar que los escritores referenciados, si bien comparten con los autores clásicos anglosajones los elementos básicos de los detectives de ficción, se caracterizan porque introducen algunos nuevos en los que sobresalen el desarrollo de personajes complicados, con tensiones existenciales que desbordan las tradicionales y el papel de la ciudad como escenario central de la trama que establece una nueva relación entre el personaje-detective y el espacio urbano hispanoamericano, en ciudades complejas, conflictivas y de una voracidad que marca el devenir de sus habitantes. Estos autores retoman al detective y el delito como elementos centrales del género y crean una serie en torno a un investigador, con una personalidad, unos gustos y una manera de actuar muy caracterizada y definida, que le ha dado a sus personajes (y por ende a los autores), un amplio reconocimiento que va más allá de los lectores especializados del estilo y han trascendido al ámbito de la literatura local para considerarse globales y mediáticos, multi-premiados (Por ejemplo, Padura es Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015) y cuentan con un gran valoración académica y un indiscutible respeto en lo puramente literario.
En este momento, se trata de una obra ya estructurada, madura y de amplio reconocimiento internacional, en lo mediático y lo académico. Taibo II, específicamente con su personaje Belascoarán, sus métodos, su entorno social y afectivo, su relación estrecha y contradictoria con la violencia y la solidaridad de la ciudad de México, ya figura en una saga de 9 novelas. Así mismo, el detective Mario Conde de Padura desde su óptica de empleado policial que recorre La Habana enfrentado a sus fantasmas, sus carencias, su pasado, sus amores y su afición por la música y la literatura, en un ambiente de crimen que se tiñe de corrupción a muchos niveles, en una colección de 9 novelas. Heredia Figura en 12 libros, el juez Barón en 5, el Zurdo Mendieta en 5, Cayetano Brulé en 7 títulos; casi todos estos personajes han tenido gran aceptación comercial y de crítica y muchos han sido llevados al cine.
POLICÍAS Y BANDIDOS EN SERIE EDITORIAL
A partir del año 2015, la Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana (U.P.B.), de Medellín, Colombia, en su sello POLICÍAS Y BANDIDOS se fijó la meta de patrocinar una colección de novela policial con autores locales, haciendo énfasis en la continuidad, pero sobre todo apostando a una calidad literaria destacada, con una temática que privilegiara lo urbano, dejando memoria histórica  de la ciudad, en este caso casi siempre Medellín, aunque se tuviera que hablar de lo oscuro, de lo recóndito, de lo pecaminoso, como es usual en este género.
El Fondo Editorial de dicha Universidad presenta una colección dedicada a inspectores, fiscales, detectives, policías y bandidos. Y en el fondo, siempre La Ciudad. Con esta serie, se le quiere dar impulso a la novela negra en Colombia, en una gran apuesta. Se trata de publicar novelas de personaje definido, en sagas que cuenten a través de sus entregas anuales nuevas aventuras de estos investigadores que poco a poco se han ido posesionando en el competido mercado editorial. Y en justicia, es una novedad: es la única serie en Colombia dedicada a la literatura policiaca y al género negro, con personajes de colección. Toda una revelación editorial, digna de ser apoyada.
En la presentación de esta colección, expresé las siguientes palabras: “la producción de novela negra en Colombia es más una excepción que una regla y obedece casi siempre a las iniciativas aisladas y muchas veces personales, que no configuran un movimiento literario como tal, a pesar de que en todo el mundo se esté experimentando un nuevo auge, con escritores de oficio y lectores fieles que responden con creces a las expectativas del mercado “.
Insistí, igualmente, que “la novela negra explora el mundo profesional del crimen, haciendo una disección de su entorno, preponderantemente urbano, profundizando en las características más oscuras y abyectas de la Ciudad y de la sociedad. En ella, el objetivo no es solo resolver el crimen, responder a las preguntas de quién y cómo, sino saber el dónde y el porqué, yendo más allá de lo aparente, dándole la importancia debida a los hechos y las cosas que rodean el misterio, recordando que detrás de él, siempre hay unos seres humanos derrotados y en decadencia y otros que se obstinan en aproximarse a la verdad, no importa lo dolorosa que sea lo que se paga por ello”. “Nuestro país es una cantera inagotable de ideas, de historias, de referentes y ejemplos. Y es una nación de contrastes, de riqueza y de pobreza, de bondad y de maldad, de pujanza e indolencia, de solidaridad y abandono. Las historias fluyen por todas las esquinas, surgen por generación espontánea en los barrios, en el centro, en los bares, en la universidad, en los antros.” *2
En mi concepto, esta colección del Fondo Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana, “marca un hito”,  porque apoya la producción local con sagas de personaje, con escritores antioqueños que sin complejos de inferioridad escriben para un mundo globalizado, pintando desde adentro un entorno de ciudad que padecen y conocen, con detectives originales que historia tras historia narran los entresijos de esa urbe despiadada que ruge bajo los pies de una metrópoli caótica e indiferente, con un humor irreverente y una ironía que les da una mirada muy particular.
La Editorial define la serie Policías & Bandidos como un esfuerzo coherente y riguroso en el que ya hay publicados dos libros de cada uno de los personajes, con la idea de que se extienda, “dándoles continuidad a través de las historias contenidas en novelas cortas que privilegian el entretenimiento y la complicidad con el lector “.
En el primer momento de la colección se reseñó: el ex inspector Rambert, de Memo Ánjel , el fiscal Oscar Rosado, de John Saldarriaga , “que hurga en los rincones oscuros de Medellín para resolver sus diversos casos” y Joaquín Tornado, de Emilio Alberto Restrepo , “contratado para investigar el crimen de un futbolista de élite que juega en Europa y que regresan a una víctima de un atentado, para intentar la liberación de un secuestrado, para seguirle la pista al robo de arte y una serie compleja de enredos”. Además, una novedad: una autora mujer, con un personaje femenino: la escritora Verónica Villa con Marina, una guardia de seguridad que resuelve crímenes. Hasta ahora van publicados 12 libros de estos personajes. El último en incorporarse fue Luis Fernando Macías con su personaje Aurelio. Y se plantean 4 nuevos números para el 2020, incluido el presente volumen.
Es un objetivo claro de la editorial que al terminar de leer su cada una de los números lanzados hasta la fecha, el lector quede con la sensación de que el autor cumple lo que promete, la exposición de un detective profundamente humano, con sus defectos y virtudes y su relación conflictiva y contradictoria con la ciudad, reivindicando la naturaleza de su literatura, descriptiva, cuestionadora y testimonial, mientras establece una aproximación con elementos críticos y socio-antropológicos que no dejan de lado el entretenimiento y la función de recreación de la memoria colectiva que tiene la novela, mientras asume su compromiso de ser literatura de primer orden. Y con su dosis de buen humor y en un lenguaje que trata de apartarse del abuso de los localismos para su disfrute global.
La colección busca, usando la figura del detective como una disculpa, afrontar su verdadera intención: desenmascarar los pecados de unas ciudades que aman y padecen, que vibran y sufren en proporciones equilibradas. Proponer las ciudades latinoamericanas como escenarios alternativos de un género que, hasta ahora, con las notables excepciones citadas, ha sido contado en idiomas distintos al español (en inglés, en sueco o en francés, entre otros).  Para los que conocen y han disfrutado del género, les permite ratificar lo que al principio sospechaban: los límites se han perdido, las barreras entre los géneros son cada vez más imperceptibles y lo que antes se consideraba una “especie menor”, hoy se codea con la gran literatura, la que pretende ahondar sobre el estudio del alma humana, o en el juego de palabras, “el ánima urbana”.
Como dicen sus editores y autores en las presentaciones, están muy comprometidos con la colección, la asumen con coherencia y sin complejos tercermundistas, tienen metas a largo plazo porque asumen que se trata de “novela negra de calidad, de Medellín para el mundo”.
REFERENCIAS
*2. RESTREPO, Emilio A. Colombia: en busca de su propia novela negra. Revista virtual OTROLUNES Revista Hispanoamericana de Cultura, #31 Febrero 2014 – Año 8 http://otrolunes.com/31/este-lunes/colombia-en-busca-de-su-propia-novela-negra/
OTRAS LECTURAS RECOMENDADAS:
María Pizarro Prada De policías, detectives y crímenes: la actualidad de la novela policiaca. Brown University / Iberoamericana Editorial Vervuert https://journals.iai.spk-berlin.de/index.php/iberoamericana/article/viewFile/1181/842
Gustavo Forero Quintero LA NOVELA DE CRÍMENES EN AMÉRICA LATINA: HACIA UNA NUEVA CARACTERIZACIÓN DEL GÉNERO. https://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/lyl/article/view/6295
* Emilio Alberto Restrepo Médico y escritor colombiano, ha incursionado en varios géneros. En novela negra ha publicado las novelas LOS CÍRCULOS PERPETUOS, LA MILONGA DEL BANDIDO, DESPUES DE ISABEL, EL INFIERNO, ¿ALGUIEN HA VISTO EL ENTIERRO DE UN CHINO?, y la antología y el ensayo de ENTRE EL MIEDO Y EL MAL (El género negro en la poesía colombiana). En lo que respecta a “detective y ciudad”, tiene cinco libros de su personaje JOAQUÍN TORNADO, investigador privado ubicado en la ciudad de Medellín, publicados por las editoriales universitarias ITM y UPB.

©Artículo: Emilio Alberto Restrepo, 2019.      emiliorestrepo@gmail.com   www.emiliorestrepo.blogspot.com
#UPB

El escritor Emilio Alberto Restrepo recomienda la Colección Policías y Bandidos.





En esta oportunidad el escritor Emilio Alberto Restrepo tiene como recomendado conocer todos los libros y autores de la Colección Policías y Bandidos.
¡Te invitamos a explorar las obras del género negro que desde el Sello #UPB tenemos para ti!

Tuesday, October 29, 2019

Los autores de POLICÍAS Y BANDIDOS en MEDELLÍN NEGRO

En la Fiesta del libro de 2019, en el marco del congreso de literatura MEDELLÍN NEGRO, los autores de la serie POLICÍAS Y BANDIDOS (de la Editorial UPB)  conversaron con la profesora Shelley Godsland

Aquí un aparte: 


En este aparte, la intervención de Emilio Alberto Restrepo, autor del detective literario JOAQUIN TORNADO, en donde explica de dónde surgió la idea de la serie y la importancia del género para dejar "memoria de ciudad"


Wednesday, November 14, 2018

LAS NARCONOVELAS: REALIDAD VS RATING



LAS NARCONOVELAS: 

REALIDAD VS RATING


Para su trabajo de grado, las estudiantes de comunicación Social de la UPB, Giseth García y Diana Marcela De los Ríos entrevistaron al escritor colombiano Emilio Alberto Restrepo, al semiólogo y comunicador Federico Medina Cano, al crítico de medios Omar Rincón sobre la actualidad de la narco-novela en la literatura y la televisión colombiana. Como resultado, se produjo este documental que hace un análisis del fenómeno del crimen en la literatura y la televisión del país, ampliamente exportado a los medios de todo el mundo.




NARCONOVELA EN COLOMBIA



NOVELA NEGRA EN COLOMBIA




Sunday, September 11, 2016

RESEÑA DEL LIBRO "EL FISCAL ROSADO" DE JOHN SALDARRIAGA - EL COLOMBIANO

JOHN SALDARRIAGA Y SU FISCAL ROSADO. UN AUTOR QUE SE SALE CON LA SUYA
Emilio Alberto Restrepo*
La novela negra colombiana goza de buena salud, pues para que la literatura no se muera en el tedio o en el inmovilismo o en la nostalgia, se debe remozar con creaciones que cada cierto tiempo la aireen y títulos novedosos que den cuenta de personajes que le inyecten sangre fresca, mientras en las calles se ve correr otra sangre, la de  las víctimas, que generan la historia y la investigación tras los culpables, que es lo que  hace interesantes las narraciones.
Y es por eso  que nos complace reseñar con el lanzamiento del libro EL FISCAL ROSADO, del periodista y escritor John Saldarriaga, en la serie POLICIAS Y BANDIDOS, de la Editorial de la UPB.
El libro contiene dos relatos del fiscal Oscar Rosado, jefe de la 13ª unidad de investigación, producto de sus investigaciones en barrios de una ciudad que podría ser Medellín, pero que se enmarca en cualquier urbe latinoamericana. Color local, negrísimo,  para disfrute global, respetando todas las convenciones del género: una víctima, un investigador, unos culpables, unas pesquisas enrarecidas por un entorno hostil en una ciudad contaminada por el delito y la corrupción. Desde los títulos, La clara oscuridad de los gatos y El extraño caso de la gallina saraviada, se descubre la irreverencia, el estilo bien cuidado, la elaboración de los escenarios y la caracterización de los personajes, en una narración no exenta de humor y una desencantada ironía. Para llevar a cabo sus investigaciones, el Fiscal Rosado y sus colaboradores se desenvuelven en unas calles enmarañadas, donde todo está diseñado para el encubrimiento, donde tiene que hacer alianzas hasta con el diablo para espiar pecados propios y ajenos. Al final, se logra el objetivo: los crímenes se resuelven, no sin quedar cicatrices y un sabor agridulce, pero el lenguaje y el ritmo de Saldarriaga es poderoso y entretenido y el que sale ganando es el lector.
Es el tercer número de una serie que comenzó con otros dos personajes, RAMBERT de Memo Anjel y JOAQUIN TORNADO, de Emilio Alberto Restrepo. La colección estimula la creación de género negro escrito en Colombia, con novelas y relatos “de personaje”, que tenga continuidad en números sucesivos y que generen series con identidad, con fuerza narrativa y una alta y decantada calidad literaria.
En hora buena recibimos con regocijo este lanzamiento por parte de la editorial y del autor. Esto augura señales positivas para los amantes del género negro en Colombia. Se están publicando títulos originales, personajes locales con proyección universal, se les está apostando a los autores antioqueños y colombianos, se pretende darle continuidad a las sagas y a la colección. No son intentos aislados. Hay continuidad. Y los personajes, los Policías y Bandidos, tienen quien les escriba, quien cuente sus aventuras y desventuras y sobre todo, quien los lea. Estamos contentos: aún tenemos esperanza.

*(Médico y escritor antioqueño. En el género negro ha publicado Los Círculos perpetuos, La milonga del bandido, Después de Isabel, el infierno, ¿Alguien ha visto el entierro de un chino? Y las novelas y relatos de Joaquín Tornado, detective. En pocos días sale su libro GAMBERROS S.A., historias de pícaros)

Publicado en el periódico EL COLOMBIANO, a propósito del lanzamiento del libro el 11 de Septiembre de 2016

https://www.pressreader.com/colombia/el-colombiano/20160911/283029759062500




Thursday, February 13, 2014

COLOMBIA EN BUSCA DE SU PROPIA NOVELA NEGRA

En el número 31 de la revista Internacional de Literatura Hispanoamericana OTROLUNES, de Febrero de 2014, dirigida por el escritor AMIR VALLE, publicaron un ensayo sobre el estado actual de la Novela Negra en Colombia. A continuación lo compartimos completo:

También publicado en el Blog de la Bóbila, especialista en Género Negro:

 

 

Introducción

Tratando de buscar una definición amigable y comprensible de la Novela Negra que no divague en rabuleos teóricos o en encasillamientos académicos forzosos -aunque entendemos que puede interpretarse como un atajo simplista pero de todos modos eficaz-, en Wikipedia, encontramos lo siguiente:
La novela negra es, como la definió Raymond Chandler en su libro El simple arte de matar, la novela del mundo profesional del crimen. Debe su nombre a dos factores: a que originalmente fue publicada en la revista Black Mask de Estados Unidos y en la colección Série Noire francesa, así como a los ambientes “oscuros” que logra. El término se asocia a un tipo de novela policíaca en la que la resolución del misterio no es en sí el objetivo principal; que es habitualmente muy violenta y las divisiones entre el bien y el mal están bastante difuminadas. La mayor parte de sus protagonistas son individuos derrotados, en decadencia, que buscan encontrar la verdad (o por lo menos algún atisbo de verdad). Este tipo de relato presenta una atmósfera asfixiante, miedo, violencia, falta de justicia, corrupción del poder e inseguridad. Nace en las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos como una variante de las historias policíacas, y difundida en revistas. La novela negra agrega la violencia a las características del género policíaco. Los crímenes se basan en las debilidades humanas como la rabia, ansias de poder, envidia, odio, avaricia, pasiones, etc. Por esta razón aparece un lenguaje más crudo, donde se le da más importancia a la acción que al análisis del crimen. En este tipo de relato importa más la descripción de la sociedad donde nacen los criminales y la reflexión sobre el deterioro ético.1
Paco Ignacio Taito II, uno de los más destacados exponentes, acuñó en una entrevista su definición, con todo el conocimiento de causa: “Una novela negra es aquella que tiene en su corazón un hecho criminal y que genera una investigación. Lo que ocurre es que una buena novela negra investiga algo más que quién mató o quién cometió el delito, investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad”.2

Y ello es muy cierto. En la novela policíaca clásica lo más importante era resolver el QUIÉN y el CÓMO del asunto. Un detective superdotado, amparado en las armas de su inteligencia superior y de su discursiva capacidad de análisis, era capaz de contestar estas dos preguntas mientras aspiraba hondo su pipa o se acariciaba su barba dejando perplejos a los coprotagonistas y a los lectores. En la moderna novela de crímenes o en la novela negra contemporánea, el investigador no es necesariamente un detective profesional. Puede ser cualquiera que se ve involucrado por la fuerza de las circustancias en la resolución del delito –de manera voluntaria o no, pagado u obligado por las mas diversas justificaciones-, pero tiene que responder, además de los dos interrogantes antes citados (imprescindibles, por lo demás), por el POR QUÉ y por el DÓNDE, para entrar en los detalles de las motivaciones más íntimas del culpable, además de explorar el entorno en el que suceden los acontecimientos. En la propuesta más contemporánea, se hace énfasis en lo urbano y en lo que puede perturbar el de por sí ya enrarecido ambiente de La Ciudad: la corrupción, el odio, el racismo, la homofobia, la insolidaridad, el abuso de genero, la explotación sexual o laboral y un etcétera interminable y sazonado de toda clas de matices.

Por otro lado, a diferencia del policial clásico, “En la novela negra, la lógica del orden se desplaza, los límites del bien y el mal se desvanecen, y lo marginal se realza; no se centra únicamente en la figura del detective invulnerable que encuentra respuesta a todo, sino en las situaciones morales y sociales en las que el criminal y sus víctimas se ven comprometidos. En la novela negra, el crimen es un espejo de la sociedad en el que se ve la decadencia de la misma y la corrupción que la permea desde la familia hasta las instituciones gubernamentales. El contexto social de las ciudades exige a los escritores sacar el asesinato de los salones burgueses para llevarlo a calles y callejones. Existe una cercanía del término novela policiaco al termino novela negra. El primero connota asesinato limpio y un manejo bien educado de los personajes. El segundo implica violencia innecesaria, ambientes sórdidos y ciudades caóticas.” (Tomado del documental sobre La Nueva Novela Negra en Colombia, realizado por el departamento de humanidades y letras de la Universidad Central, 2008)3

El color local: lo negro “a la colombiana”

En cuanto a lo que se pretende, ubicarla en Colombia, encontramos que la aproximación académica más lejana, es la realizada por el profesor Hubert Pöppel, La novela policíaca en Colombia. ( Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2001). En este texto se revisan las definiciones literarias, se hace un recuento de la historia del género en el país -con muy pocos referentes de por sí- y se revisan las obras más representativas.

De pronto otro análisis interesante que puede contribuir a la definición de los conceptos, se encuentra en El Segundo Simposio Internacional de Literatura, «Indefiniciones y sospechas del Género Negro», organizado por el Departamento de Humanidades y Letras para conmemorar los 25 años del Taller de Escritores de la Universidad Central.

Del documento se extraen ciertos rasgos que permiten entender mejor aún el planteamiento:
1.- “… La imagen de la ciudad como la «ciudad en eterna crisis»: la urbe como laberinto, infierno o babel demoníaca. La ciudad descrita en estas obras es el espacio de la desesperanza, de las colectividades anómalas con sus problemáticas sociales, sus representaciones estereotipadas y la vaguedad de los valores individuales.
2.- Para definir la nueva novela negra no hace falta remitirnos a los clásicos, Edgar Allan Poe, Ágata Christie, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, entre otros; basta con retomar la propuesta del escritor brasilero Rubem Fonseca, quien es tal vez el que traslada ese subgénero al campo del «gran arte». La novela negra evolucionó y se adentró al mundo de las ciudades latinoamericanas. Al principio, la característica principal del género era la construcción del personaje principal, la figura del detective. Las narrativas pasaron a incorporar aspectos históricos, de las técnicas de investigación y hasta las mismas características de un tipo específico del criminal. Un abanico de opciones se abrió para el escritor y hoy podemos leer varios tipos de novela negra.
3.- El término se asocia a una tipo de novela policíaca en la que la resolución del misterio o crimen no es el objetivo principal; es habitualmente bastante violenta y el aspecto policíaco pasa a un segundo lugar, para dejar espacio a la evaluación crítica de las sociedades modernas. Por lo tanto, uno de los temas dominantes es la violencia que recorre las calles colombianas, en una especie de guerra civil no declarada y sin bandos claros. Normalmente las historias están presentadas sobre la estructura de la novela policíaca: hay un crimen o un misterio a ser descubierto y la figura del detective pasa a ser asumida por un policía o un abogado o un periodista, hasta un mismo escritor, llegando en algunos casos a desaparecer esta figura.
4.- Otra de las características del género negro es la soledad de los individuos en las grandes ciudades, que gracias a los problemas de orden sociopolítico han generado el desplazamiento indiscriminado de poblaciones que aumentan el desarrollo demográfico de las ciudades que cada vez se hacen más grandes. Casi todos los protagonistas o personajes son presos de la sensación de aislamiento, verbi gracia, en las cuestiones amorosas, el encuentro con otros seres suele darse apenas en el campo sexual.
5.- Lo que confiere mayor verosimilitud a las novelas del género negro es el uso consciente del lenguaje y las técnicas narrativas en la configuración de los mundos narrativos. El escritor puede hacerse personaje que oscila entre lo ficcional y lo real autobiográfico, a través del relato en primera persona. El narrador siendo el mismo protagonista produce la sensación de cercanía verosímil con lo narrado. Igualmente, está el dominio de la hetoroglosia, la proliferación de las voces: para cada tipo social existe un lenguaje distinto; el asesino, el asaltante, el mendigo, el loco, etc., tiene su propio código, su estilo en una multiplicidad lingüística asombrosa.
6.- En la novela negra los personajes actúan mediante un desarrollo psicológico complejo, gobernado por la ambigüedad o la contradicción; pueden pasar de unas actitudes injustificadamente crueles, inexplicables, a unas extremadamente sensibles, lo que produce en el lector el sobresalto. Una muestra magnífica de esa poca argumentación del delito puede verse en Rosario Tijeras en la que, por ejemplo, después de cometer un crimen sin razón alguna uno de los personajes podría decir: «Es muy fácil matar una persona o dos, principalmente si usted no tiene motivo para eso». La expresión artística ha logrado basarse en la violencia de los personajes, valiéndose del choque con la moral imperante de la sociedad.
7.- La novela negra se centra más en el criminal, en la descripción y ejecución del crimen que en la solución e investigación del mismo. Los personajes, muchas veces, son movidos por una obsesión momentánea, y tal vez esta sea la señal para desbandar su crueldad y su identificación con el público. Se percibe una clara influencia de Rubem Fonseca, en la que el público se ve en cierta forma atraído y horrorizado por el narrador; quien cuenta, sin pudor alguno, toda su trayectoria de crímenes. Es tan inhumano ser totalmente bueno como malo. Lo importante es la escogencia de la moral. El mal ha de existir junto con el bien, de modo que la escogencia moral pueda existir.
8.- La delincuencia es síntoma del deterioro de los sistemas de valores de las sociedades en crisis, por tanto, el delito es el resultado de la contradicción entre la personalidad y la sociedad, que se presenta en el individuo marginal como manifestación extrema y brutal del conflicto con la colectividad.
9.- La crisis sociopolítica colombiana ha generado un estilo de delincuencia particular, especialmente en los atentados contra la persona. Durante la década de los ochenta, con el auge del narcotráfico, se consolidó la forma de implementar la violencia institucionalizada en todos los campos sociales, el fenómeno del sicariato, el desplazamiento forzado por los grupos armados ilegales y los desmanes de los aparatos de inteligencia como de seguridad nacional contra la población civil al creerse amenazado. Siendo lo anterior, el contexto nacional que da cabida a la formulación de diferentes propuestas estéticas que interpretan con una sensibilidad especial esta realidad.
10.- El género negro, como tendencia, suele darse en contextos de especial relieve del sentimiento de la crisis de credibilidad de la sociedad como colectividad. La realidad violenta de nuestro país ha sido una constante del siglo XX y principios del XXI, entonces, ¿realmente se da una tendencia de escritura hacia el género negro? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Cuáles son sus rasgos? ¿Cómo asumen los escritores el género?…”4

El escritor antioqueño Héctor Abad Faciolince tiene al respecto, su diagnóstico muy elaborado: “Es curioso que en el país con mayor número de facinerosos del mundo, que en el país con más matones y delincuentes que se conozca, que en el país donde más secuestran, donde más roban, donde más atracan y donde más asesinan, que en ese país (y me parece que se llama Colombia) no haya habido muchos intentos de escribir novela negra. Por novela negra entiendo esa novela a la que también se conoce como novela policíaca o detective thriller, pero en su vertiente más dura, más cruda, más radical, es decir, la que genealógicamente se remonta a los norteamericanos Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Colombia, tierra fértil para el delito, pone al alcance de la mano de todos, una materia prima ya lista para este tipo de literatura, y es raro que apenas últimamente algunos escritores locales (Hugo Chaparro, Luis Aguilera, Santiago Gamboa, Boris Salazar) hayan empezado a explotar este filón. En todo caso, era hora, y la cosecha es de buena calidad. Toda novela negra se pone una máscara de austeridad, de modestia, casi de literatura de tono menor, que puede hacer pensar a algunos que no es un género serio. Sí lo es, al menos en este caso, pues en esta trama de suspenso se va colando una buena radiografía de la Colombia de hoy, de esta sórdida Colombia actual donde más vale decir la verdad en un libro ficticio, en la mentira de la literatura, mediante las técnicas del thriller, que en la verdad verdadera del periodismo.” (Héctor Abad, El Tiempo, 11 de Octubre de 1998)

Llama la atención en el libro de Hubert Pöppel que en lo que a Colombia se refiere, se hace relación a novelas como Rosario Tijeras o La Virgen de los Sicarios, que hacen parte más del boom de la sicaresca que del género negro. También se cita El crimen del Aguacatal, escrito en el siglo XIX por Francisco de Paula Muñoz y rescatado por Juan José Hoyos, pero que dista mucho de ser calificado como Novela Negra. En realidad, el panorama del género en Colombia ha sido muy precario, por no tildarlo de inexistente como movimiento literario. Puede haber intentos aislados o personales, pero no han logrado el suficiente reconocimiento ni han sentado precedentes importantes como ha ocurrido en otros países. Pese a lo anterior, es claro que hay autores con difusión notable, como Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Hugo Chaparro, Alberto Duque López, Octavio Escobar, Gonzalo España, entre otros.

No se puede hablar de una verdadera “escuela” de Novela Negra, ni siquiera de tradición o esbozos de ella en nuestra país, a diferencia por ejemplo de México o España, naciones de confluencia mundial del género no sólo por su producción literaria en cantidad y en calidad, sino por los evantos académicos especializados en el género que hoy por hoy ya son todo un referente. De esa reflexión parte la iniciativa de realizar una serie de novela negra con elementos autóctonos colombianos. Esa es una de las fortalezas de este proyecto: prácticamente está abriendo un camino, está señalando un norte, está sentando un precedente.
Nuestro país es una cantera inagotable de ideas, de historias, de referentes y ejemplos. Y es una nación de contrastes, de riqueza y de pobreza, de bondad y de maldad, de pujanza e indolencia, de solidaridad y abandono. Las historias fluyen por todas las esquinas, surgen por generación espontánea en los barrios, en el centro, en los bares, en la universidad, en los antros.

Y eso que hay que insistir en que la novela negra no debería pretender encarar al sicario en su ejercicio. De la sicaresca ya se ha escrito y filmado mucho y eso que no se ha agotado el tema. En ella, los teóricos todavía tienen un filón que va más allá de lo literario y que tiene que ver con lo socio-sicológico y lo antropológico. En ese campo hay que entender que para que haya un asesinato debe haber un asesino, y a veces ese trabajo se delega en un sicario, pero en el género negro eso es un asunto meramente circunstancial que ocupa un segundo plano de interés. Lo importante es el crimen y su entorno, sus motivaciones, el medio social que lo circunda, la personalidad de los involucrados, sus amores, odios y circunstancias. Eso va mucho más allá que la simple anécdota o el ejecutor.5
En un módulo para estudiantes de literatura, al plantear la posibilidad de diseñar una serie de novela Negra “hecha en Colombia” (que después se llevó a cabo liderada por Ediciones B y aún está vigente), la plenaria concluyó con unas recomendaciones que concernían sobre “lo ideal”, desde el punto de vista de la estructura:
– Cada novela es independiente de la otra en el argumento y en lo estructural, pudiendose leer cada una por separado. Tienen lo temático –colombiana, urbana, negra y corta- como elemento característico común.
– Todas involucran un crímen que inicialmente no identifica un culpable determinado y que desencadena la investigación que da cuerpo a la historia.
– Se desarrollan en el ambiente urbano genérico de una ciudad latinoamericana. Se especifica que es colombiana, no tiene que especificarse necesariamente el nombre, pero se “debe sentir el olor, se debe matizar el ambiente”.
– Las tramas tienen lugar en la calle, la esquina, los barrios, el centro; no se presentan exclusivamente en los bajos fondos de la ciudad. Involucran tambien a las clases media y alta; se desarrollan además en oficinas, hospitales, colegios, sindicatos.
– Alguien se encarga de investigar el delito. Se parte de una propuesta: Se debe estimular la creación de un arquetipo, invitando –tratando de no caer en los estereotipos fáciles y eludiendo los lugares comunes- a recurrir a la figura clásica del detective privado, muy criollo, muy colombiano, evidentemente alejado del modelo esquemático inglés o norteamericano. Él lo sabe y se burla de sí mismo; debe tener el “picante” latinoamericano, un toque de desenfado y cinismo, sin acartonamientos, un enfoque de la vida no excento de humor y picardía. Si no hay elementos para construir dicho personaje, otros, casi que por obligación o por designios del azar y desmarcándose de la figura estigmática del investigador “formal”, se encargan de adentrarse en la búsqueda de la verdad: un novio, el mismo asesino, un vigilante fisgón, un tendero devenido en investigador aficionado, un periodista, etc.
– En ninguna se debe hacer apología del delito. Es distinto, por supuesto, a describirlo y ahondar en sus detalles.
– Se trata de no caer en los conceptos tan trillados de la literatura sobre la sicaresca, tan en boga en los últimos veinte años.
– En ninguna se debería usar el parlache como lenguaje. No se abusa del terminacho soez, por el contrario, hay depuración formal para ampliar el público objeto, para quitarle repelencia y universalizar su comprensión.
– En todas, además de la historia ( no se puede olvidar que la Novela Negra busca sobre todo entretener a un lector que está buscando aventuras, sorpresas y emociones ) se hace énfasis en el entorno urbano, en la crisis de valores, en aspectos tales como el caos de la vida moderna, la perversión, el poder corruptor del dinero y de la política, la ambición, la culpa, la traición. El lenguaje es ágil, irónico, matizado de un humor negro que descarga un poco lo grave y serio de los asuntos tratados.6

Conclusión

La buena salud del género en Colombia se empieza a vislumbrar con el advenimiento de dos eventos, que a mediano plazo interpretamos como cruciales y que pretenden coesionar y dar cuerpo formal a la literatura negra en nuestro País: El lanzamiento de la serie especializada en Novela Negra por la editorial Ediciones B que a la fecha cuenta con cinco libros y siete títulos con la idea de una colección de largo aliento y que ha contado con una gran acogida entre los medios, los académicos y el público, y el certamen Congreso Internacional de Literatura “Medellín Negro”, vigente desde 2010, con una periodicidad anual y que reune a verdaderas autoridades en el tema provenientes de muchos países, en un marco de discusiones de gran altura intelectual. No contentos con eso, que de por sí es importante, está publicando anualmente su libro de memorias para dejar constancia académica y bibliográfica de las ideas y análisis que allí se suscitan, además del concurso que convocan de novela corta en asocio con la mencionada editorial. El más reciente que recopila el trabajo de los académicos es Trece formas de entender la novela negra: la voz de los creadores y la crítica literaria, publicado por Editorial Planeta. Antes ya la Editorial de la Universidad de Antioquia había publicado Crímen y control social: Enfoques desde la literatura, ambos bajo la coordinación del director del evento, Dr Gustavo Forero Quintero. Este mismo académico publicó en 2012 con la Editorial Siglo del Hombre, el libro de ensayos La anomia en la novela de crímenes en Colombia, en la que analiza la perspectiva anual del género, mediante el estudio de alguna novelas publicadas en las últimos años en el País.7

En este orden de ideas, las cosas están marchando buen ritmo en Colombia, para regocijo de la literatura en general y del género en particular, haciéndonos cada vez más reconocidos en el orden internacional. Se puede decir que hay una producción de calidad, que con los años se complementará con la cantidad. Ya somos visibles en el mundo con un sello de identidad propio, que busca ganar su espacio en lo editorial, en lo literario y en lo académico.
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Wednesday, January 23, 2013

RESEÑAS DE LAS NOVELAS NEGRAS PUBLICADAS POR EDICIONES B

Estudiosos de la novela negra como el periodista JORGE CONSUEGRA de la revista  Libros&Letras y el académico de la Universidad de Antioquia, GUSTAVO FORERO QUINTERO, director del congreso Medellín Negro, han publicado reseñas con el análisis literario de las novelas DESPUES DE ISABEL, EL INFIERNO y ¿ALGUIEN HA VISTO EL ENTIERRO DE UN CHINO?

Fuente:
http://www.librosyletras.com/2013/01/despues-de-isabel-el-entierro-de-los.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+LibrosYLetras+%28Libros+y+Letras%29

http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/2-2013-despu%C3%A9s-de-isabel%E2%80%A6-el-entierro-de-los-chinos.html





Después de Isabel… 
el entierro de los chinos 


Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras

Muy poco a poco la Novela Negra ha ido entrando a Colombia. Ya son varios los periodistas y los escritores y las editoriales y las universidades y los libreros que se están dando a la tarea de promocionar, difundir y vender este género que ya lleva muchos años en EUA y otro tanto es España, tan es así, que en la península Ibérica la Semana Negra se ha convertido más que en un ícono del mundo editorial español. 

En Argentina el número de novelas de este género sobrepasó la cifra de los cien títulos en los últimos diez años, algo similar en México y un poco menos en Chile; en Colombia estamos apenas en el amanecer, y aunque se han hecho esfuerzos, aún nos falta mucho para que el motor arranque, de todas formas Fernando Iriarte puso un buen punto hace unos días años con sus novelas, seguido de Gonzalo España y hoy ya estamos casi por las dos docenas de escritores, todos igual de profesionales y dedicados a escribir lo mejor de su creación en este maravilloso género. 

Uno de esos disciplinados autores es Emilio Alberto Restrepo del que uno se extraña, pues es un médico antioqueño dedicado con alma, vida y sombrero a su profesión, entonces ¿de dónde saca tiempo para crear sus novelas? El asunto es que B y Medellín Negro publicaron el año anterior Después de Isabel, el infierno y ¿Alguien ha visto el entierro de un chino?nouvelles que bien valen la pena leerse, especialmente la primera que está extraordinariamente bien tejida iniciándose con el asesinato de una destacada médica que iba a un centro asistencial a cumplir con su labor y de pronto todo empezó a complicarse. 

Su novio, Augusto “Tuto” Trespalacios se extraña sobremanera de su muerte y empieza a buscar la o las razones por las cuales fue asesinada y a medida que avanza en su investigación, se da cuenta que se ha ido metiendo en un oscuro laberinto, como oscuro es lo que sucede en el interior de ese centro geriátrico. 

Andrés García, también médico y amigo de Isabel Isaza la médica asesinada, dialoga con “Tuto” y entre los dos tratan de descubrir qué fue lo que sucedió con Alejandro Osorio, un hombre adinerado a quien castran y de un día para otro sale del lugar sin que nadie de razón de su salida… 

La novela tiene un personaje muy importante y es la hermana Caridad, un ser oscuro, tenebroso, de mucho cuidado y quien es la protagonista de todo lo que sucede en ese laberinto de miedo, y aunque aparece en muy pocas páginas, no hay duda que ella es la protagonista de esta novela. 

Emilio Alberto Restrepo así como es un reconocido médico en Medellín, no dudamos en decir que estanouvelle lo gradúa como uno de los buenos creadores literarios del país. De pronto la segunda novela no sea tan brillante: ¿Alguien ha visto el entierro de un chino? y todo porque para explicar la muerte de los chinos propietarios de un restaurante, Restrepo da una serie de explicaciones para esclarecer los hechos. 

De todas formas, sus personajes tienen solidez, como el “sacerdote” Ramón Aranzazu que dice ser pariente de Fanny Aranzazu y quien cae en las redes del “prelado”; también tiene protagonista Carlos Oquendo conocido como “Carrique” y que vivió en el mundo de la política; y luego otros personajes que le ponen “picante” a la narración. 

Al final Restrepo nos dice por qué se produjo el deceso del oriental y explica lo sucedido con la esposa del mismo, con un argumento bastante bueno aunque, como arriba decimos, fueron muchas las vueltas para lograr desenredar la madeja… 

Vamos por buen camino con la Novela Negra en Colombia.




Presentación de las novelas DESPUES DE ISABEL, EL INFIERNO/¿ALGUIEN HA VISTO EL ENTIERRO DE UN CHINO, de Emilio Alberto Restrepo
 (Incluidas en el prólogo del libro publicado por ediciones B)
Lo mejor del relato de crimen contemporáneo son sus posibilidades de representación épica del ajedrez social que puede llevarnos a cada uno de los ciudadanos al delito, por un lado, y a la muerte, por el otro. En cualquiera de estos casos, cada vez más la voz del criminal o de la víctima se pone por encima de la del antiguo detective o el policía, que tradicionalmente investigaba y contaba la historia desde su punto de vista privilegiado. Ese nuevo héroe se desenvuelve en un mundo épico que rebasa las características del capitalismo industrial, base de la novela moderna anglosajona, para dar cuenta de conflictos periféricos del orden mundial. Por esta razón, en sistemas complejos donde la modernidad aún no es la regla, la resolución del argumento se da de maneras muy distintas a la sanción y, como lo demuestran autores latinoamericanos del género, el imperio de la libertad o la inconsciencia social colocan a ese héroe al margen del mundo legal que antes servía de referencia.
Un ajedrez de este tipo es el que propone Emilio Alberto Restrepo en sus textos “¿Alguien ha visto el entierro de un chino?” y “Después de Isabel, el infierno”, novela finalista en el Primer Premio Internacional de Novela Corta Mario Vargas Llosa, celebrado en 2011. En la propuesta narrativa del escritor, que parece ser el jugador más confiable del tablero, el lector-contendor debe ser un cauteloso crítico que vaya descubriendo el curso mismo de la anécdota criminal. En este encuentro, sin embargo, la resolución puede ser la caída inquietante de cada una de las figuras blancas y negras y un territorio despoblado y, al parecer, sin sentido lúdico alguno para los objetivos del azar. Su narración posee una singularidad tal que los criminales y las víctimas conforman una amalgama de inseguridad y desconfianza que impiden una perspectiva moralizante: monjas tenebrosas a la manera de El silencio de los claustros, de Alicia Giménez Bartlett, que alternan con un sistema de salud espantoso como el que expone uno de esos personajes, en una síntesis emblemática de lo que, desde el punto de vista de mis trabajos académicos, constituye la anomia social que explica el género: “En este oficio hay muchos torcidos, usted sabe que la norma es la corrupción. La salud es uno de los negocios más rentables, entonces hay mucho tiburón bregando a quedarse con la tajada más grande, mordiendo al que se le atraviese, tratando que quedarse con el pedazo más grande del pastel”.
En general, en ese mundo de corrupción e ilegalidad se desenvuelven los personajes de los relatos de Restrepo: un novio abandonado, alcohólico y cobarde, que fracasa en su búsqueda de los responsables de la muerte de su amada; una secretaria, investigadora por accidente, que se ve envuelta en las redes del poder; un detective retirado que nos cuenta una vieja historia y un estafador infiltrado que hace de las suyas para apoderarse del dinero de la madre de un delincuente consumado. Estos héroes se desenvuelven en medio de las víctimas más elocuentes: una pareja de chinos en un barrio marginal, un hombre castrado por las hermanas de la caridad, enfermos mentales que robustecen el mercado de sangre, una parroquia de mentiras y sus leales feligreses. La omnisciencia permite estas experiencias y otras tales como la visión panorámica del caos (“Al tipo le achacaban todo lo que pasara, pero al parecer no era del todo una exageración. Parece que mandó matar a su primera esposa en un accidente de tránsito y el chofer involucrado —antiguo empleado— apareció muerto poco después”) o cierto humor del escritor (“Y Fanny procedió a cantarle hasta el himno de Checoslovaquia y poemas en esperanto”). Los relatos suceden, además, en el barrio de clase media baja, en un “Hogar de la Misericordia” o en restaurante popular y una calle cualquiera de un centro urbano que se convierten en escenarios de un crimen anónimo y rápidamente olvidado.
Esta perspectiva hasta cierto punto indicativa del hecho supone otra forma de entender el tema de la naturaleza humana. Esos personajes, sus conflictos y sus motivaciones parecen ilustración de la dinámica de la acción por encima de la reflexión. Ya no se trata de describir desdoblamientos de doctores Jekyll, ni tampoco de recrear la epopeya de mártires que “se lo buscaron” y se entregan sumisos al cadalso luego de un gran discurso de sacrificio. Criminales comunes y corrientes o víctimas en medio del dolor  surgen como nuevos héroes, pues la sociedad produce estos y otros individuos de los más diversos matices psicológicos sin que apenas se les dé el derecho a la reflexión.
Este ejercicio en torno al significado contemporáneo del crimen continúa así en Ediciones B la Colección Novela de Crímenes, iniciada por autores como Ramón Illán Bacca, Gonzalo España y Luis Fernando Macías, y continuada por Julio Balcázar Centeno y Inés Lucía Blackie, ganadores del Primer Concurso de Relato de Crimen del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro. Desde este último espacio, se busca fortalecer esta literatura reveladora y crítica de los conflictos sociales y las crisis de la naturaleza humana.


Prof. Dr. Gustavo Forero Quintero
Universidad de Antioquia
Director de Medellín Negro

A propósito de la serie de Novela Negra de Ediciones B y de las publicaciones asociadas con el Congreso Internacional de Literatura  "Medellín Negro", en la página:

Salió esta información:




Monday, September 24, 2012

NOVELA NEGRA / ENTREVISTA EN EL PERIODICO EL COLOMBIANO

Emilio, el ginecobstetra de la novela negra
En total, Emilio contabiliza ya 12 novelas. Las dos más recientes fueron publicadas por Ediciones B. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ.
Tomado de EL COLOMBIANO, 24 de Septiembre de 2012

Emilio, el ginecobstetra de la novela negra

Emilio Alberto Restrepo tiene ya dos títulos en el género de novela negra, en un volumen de Ediciones B.
Por JOHN SALDARRIAGA | Publicado el 24 de septiembre de 2012
Ya había matado a algunos de sus personajes. Ya había andado por caminos de truculencia. Pero ahora, Emilio Alberto Restrepo da un paso más: incursionó de lleno en la novela negra. En la novela detectivesca. Parece que se siente cómodo en ella y tiene planes de quedarse.

Él viene escribiendo desde los 80, cuando ganó el premio de la Universidad de Antioquia con un trabajo titulado Poemas para pervertir a la juventud. Después escribió novelas de diversos tópicos. Los círculos perpetuos, El pabellón de la mandrágora. Y con esa personalidad hiperactiva, que le exige siempre estar haciendo cosas y diciendo con la boca o con los libros, ahora son 12 las novelas que tiene este ginecobstetra, que no separa sus dos profesiones, la de contador de historias y la de médico; las combina.

Como médico, va “embaucando” a las pacientes con cuentos que sirven de anestesia. Como contador de historias, acude a anécdotas y sucesos que ocurren en el hospital, curiosos unos, terroríficos otros.

Isabel y los chinos
Después de Isabel, el infierno y ¿Alguien ha visto el entierro de un chino? Son dos novelas cortas que conforman un volumen de la colección Novela Negra, de Ediciones B.

“Los médicos somos como detectives: vamos tras la pista de las causas de un mal, del mismo modo que los investigadores van detrás del esclarecimiento de un crimen. Ante nosotros se sienta un viejito y nos dice: ‘me duele en esta parte, me salió una mancha en tal lado y comí tal alimento’. Esos son indicios que nos sirven para tratar de esclarecer las causas del mal. Nunca llega diciéndonos: ‘doctor, tengo apendicitis”.

Después de Isabel, el infierno es la historia de una mujer residente de ginecología a quién asesinan a la salida en su automóvil de un refugio de ancianos, al parecer, por robarle el computador portátil y... Está bien, no contaré más.

En ¿Alguien ha visto el entierro de un chino?, una pareja de asiáticos, dueña de un restaurante, es asesinada en su casa. Nadie ha visto nada, pero la gente y las autoridades se dan cuenta de que adentro hay cadáveres por el hedor y por la presencia de gallinazos que quisieran darse un festín.

Conocedor del género, voraz lector de los relatos de Edgar Allan Poe, Gilbert Keith Chesterton, sir Arthur Connan Doyle, Ágata Christie y especialmente de Raymond Chandler, maestros del género, sabe que tradicionalmente, en la novela negra, un detective, por lo general dotado de una inteligencia asombrosa, resuelve un caso que se efectúa en un sitio específico.

En estas novelas, los asesinatos suceden como ocurren los crímenes en Medellín: sicarios que llegan en sus motocicletas y descargan sus ametralladoras. Y los investigadores no tienen que se profesionales en ello, sino circunstanciales. En la de Isabel es el novio, quien después de superar las iniciales etapas de la tristeza, comienza a esclarecer datos que le resultan extraños.

“Yo me baso en hechos de la vida real, que conozco de primera mano o por las noticias. En la novela de Isabel, conocí el caso de una médica asesinada y lo demás es ficción; en la de los chinos, la noticia de ese extraño crimen salió en los diarios y yo me fui llenando de recortes de prensa sobre el caso y yo me encargo, con la ficción, de tergiversarlo todo. Yo soy más bien un tergiversador”, revela Emilio, quien también siente encanto por estar en esquinas, tiendas de barrio, donde termina de enterarse de los asuntos que le interesan para sus ficciones.