Showing posts with label Opinión. Show all posts
Showing posts with label Opinión. Show all posts

Thursday, December 06, 2018

SER MÉDICO EN COLOMBIA:¡VAYA UN OFICIO DIFÍCIL!


SER MÉDICO EN COLOMBIA:¡VAYA UN OFICIO DIFÍCIL!

Emilio A. Restrepo Baena
Tomado de: Revista 360 2018  

Esta es la tercera edición de la publicación que presenta el medio de comunicación 360. Como siempre, recogemos lo mas relevante del año en distintos frentes, analizamos el futuro y presentamos distintos puntos de vista sobre lo tratado. Esta Revista llega a mas de 20.000 personas en las ciudades de Medellín, Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena y Manizales.


El trabajo del médico en Colombia, a la luz de la ley que nos rige, se ha vuelto poco menos que imposible cuando no indignante, todos los días menos apetecido y cada vez más mal remunerado.

Los intermediarios del sistema no solamente explotan su trabajo pauperizándolo cada vez más, sino que se quedan con el mayor porcentaje de las ganancias que se derivan del ejercicio de la profesión, obviando conceptos como calidad y solidaridad.

Recordemos algunas de las situaciones que nos atormentan:

Los abogados que tratan en todo momento de pescar en río revuelto, sometiendo por cualquier razón al médico, justa o injusta, al riesgo permanente de ser demandado. Cualquier motivo genera una demanda, sin ninguna consideración de tipo ético. Muchos de ellos engolosinan al paciente o a su familia, les cobran el adelanto para comenzar a trabajar y disparan el proceso. No les importa lo que tengan que enfrentar, si las evidencias son reales o no, si los testigos son válidos o no, el  plan es tratar de conciliar y sacar la mejor tajada posible. Si no lo logran, asumen inicialmente el proceso y en el desgaste natural de él, lo más común es que pierdan rápidamente el interés; de hecho, cerca del 98% de las demandas médico legales son precluidas o falladas a favor del médico. Pero en el camino quedan grandes costos, angustias que no tienen precio y menguan la tranquilidad, la autoestima y el entorno personal y familiar del galeno involucrado; se generan enemigos potencialmente peligrosos, el prestigio se socava, se crea un precedente. Y todo por la plata. Y todos los que estamos en esto sabemos que un altísimo porcentaje ejercemos con ética y compromiso, con responsabilidad y honradez, que nadie se complica porque quiere, que nadie daña a un paciente a propósito, que explicamos bien los procedimientos para que la persona sepa a que se está sometiendo cuando firma el consentimiento informado.

Los malos colegas, verdadera peste que nos implica estar durmiendo con el enemigo, bajar la guardia y no saber que a la vuelta del pasillo nos espera la puñalada trapera, por resentimiento, por celos profesionales, por envidia, por luchas de egos, por competencia desleal, por dinero, etc.

Los sapos, usualmente camuflados entre el personal paramédico, son capaces de destruir en un minuto con un comentario venenoso un prestigio construido durante años a base de sacrificio, coherencia y trabajo duro. En ocasiones reciben prebendas de las aseguradoras o de los abogados carroñeros en busca de casos para demandas por delatar con disimulo los errores ocurridos o las complicaciones.

Los acompañantes del paciente, incluido el infaltable “pato” o “metiche lambón” que es el que más grita, el que más injuria, el que más amenaza, sobre todo en los servicios de urgencias, más aún si está borracho. En todo acto siempre está por delante la advertencia de que si algo sale mal, a pesar de lo grave que esté el paciente, el galeno se tendrá que ver con él y atenerse a las consecuencias.

Los auditores médicos, verdadera piedra en el zapato, que si bien en el diseño teórico del sistema son muy importantes, en el acontecer cotidiano no hacen más que perseguir a sus colegas clínicos, entorpecer el trabajo, dilatar los procesos (exámenes, remisiones, cirugías), glosar las cuentas para retrasar los pagos y así favorecer a las empresas promotoras, pervirtiendo los preceptos del juramento hipocrático y la ley 23 de 1981.

Las oficinas de control de las direcciones de salud, empecinadas como están en lograr finiquitar los procesos de acreditación y certificación, al mismo tiempo que mantienen en la nómina oficial hordas enteras de burócratas sin cosas distintas que hacer fuera de esperar la quincena, descubrieron que aplicando miles de requisitos inverosímiles ocupan el tiempo y se lo quitan a los que sí tienen que trabajar.

El modelo de las empresas prestadoras de salud o EPS, que sólo busca la producción y el rendimiento económico sin más contemplaciones o alternativas. Bajar los costos y gastos a cualquier precio, sacrificando la dignidad profesional y la calidad del servicio. Hay varias que al final del año sacan una lista de los médicos que menos droga recetan, que menos exámenes ordenan y que menos remiten al especialista. Según el criterio de la tabla de calificación, esos son los mejores, porque tienen “un sentido clínico más agudo”; tienen derecho a que les renueven el contrato, lo que por obvias razones no ocurre con los últimos del listado, que resultan ser los más onerosos para la EPS. Nadie se pregunta si son buenos o no, responsables, prácticos o éticos.

El exceso de ambición, acaso presionado por un arribismo muy ampliamente extendido entre el gremio, hace que el médico se involucre en maratones de varias jornadas sucesivas, sin descanso, sin apenas ver a la familia, exhausto, sin tiempo ni disposición para reposar, disfrutar, estudiar y actualizarse.

Los laboratorios farmacéuticos y sus representantes los visitadores médicos tratando de imponerle a como de lugar sus formulaciones, presionándolo para que recete sus productos sin sustento bibliográfico riguroso y veraz, muchas veces mentiroso, tratando de comprarle la conciencia con bisutería para convertirlo en un idiota útil a su servicio.

Los pacientes sabihondos o que se creen de mejor estirpe, que siempre saben más que uno de medicina, que cuestionan todos los conceptos, que siempre piden  segundas y terceras opiniones, que se enojan si no se les ordena el examen que ellos consideran necesario aunque el criterio clínico diga lo contrario.

El egocentrismo y la megalomanía de especialistas que se creen ungidos por un soplo divino y sobredimensionan su importancias personal y profesional llegando a mirar por encima del hombro a sus colegas, tornándose insufribles e insoportables  a través de los años.




En fin, podríamos seguir enumerando los factores que nos impiden trabajar como es debido, como lo diseñamos en nuestros sueños de juventud y darle un poco más de estatus y calidad a nuestra labor y a nuestro nivel de vida. Evidentemente, toda generalización puede conllevar a una arbitrariedad y en la enumeración hay con seguridad honrosas excepciones, pero con la mano en el corazón, todos sabemos que hay mucho de cierto en ello, que no estamos todo lo bien que anhelamos, que estamos desunidos y solos, amenazados por mil factores y mal pagados, vulnerables y sin muchas otras opciones para rectificar en el camino. Solo la mística, el apostolado, la entrega y el amor con que asumimos lo que hacemos nos defienden contra la amargura y la intolerancia.

Thursday, November 29, 2018

COLEGA, CUIDADO CON LOS SAPOS


COLEGA, CUIDADO CON LOS SAPOS



Desde tiempos inmemoriales, como el dinosaurio de Monterroso, el sapo siempre ha estado allí. Y no necesariamente al despertar: desde todo momento, al dormir, al irse, al regresar. Nunca se han movido de su hábitat natural,  la babosa humedad de su charca. Porque uno de sus atributos es la omnipresencia. Cuente con él, como con las brujas, los fantasmas y los recuerdos. El sapo siempre va a estar ahí, atento, sus ojos enormes y fijos, silencioso, con la lengua rápida y la piel fría, dispuesto a tirar leche, presto a saltar, a mimetizarse con el paisaje, a confundirse con el entorno.
El Sapo es imprescindible y no puede faltar en ninguna reunión humana de más de tres personas. No se aguanta las ganas, (ya que en él es una necesidad biológica y existencial) de contar, de llevar y traer, de aventar, de delatar; y no lo hace por llamar la atención, pues su estilo es rastrero, hipócrita y servil. Por el contrario, pretende pasar desapercibido, diluirse en las situaciones, hacer que nadie lo note.
Por eso, hace lo posible por no ser descubierto y actuar de manera soterrada, porque sabe que hace daño, tiene conciencia de que no está haciendo lo correcto, pero es algo más fuerte que él y lo sigue realizando, y lo volverá a hacer una y otra vez, pues está en su esencia, es su naturaleza y se mira al espejo y sabe que no puede hacer otra cosa distinta, pues es su gran lastre y está sentenciado: es un sapo. No puede ser otra cosa. Y ya tampoco quiere cambiar.
Y lo grave es que lo disfruta y se regocija de ello. La delación, o la difamación de la honra del prójimo es su pequeño triunfo del día a día. Y traga saliva e hincha el cuello y redobla el vientre, en un agobio de felicidad cuando el dardo llega a su destino. En silencio se goza su victoria mientras, atento, planea la siguiente acometida. Y no gasta afán, sabe esperar, la paciencia es su virtud.
Y no crea, colega, que es algo que se depura con la formación y el ingreso. No sea tan ingenuo: Se da en todos los estratos y en todos los oficios.
Se reconoce desde pequeñín, pues muy temprano en la vida define su vocación, ya que es algo que le surge de lo más profundo de su entraña y tiñe de convicción todas y cada una de sus células y no se cuestiona por ello, al estar convencido de que hace lo correcto y es su forma habitual, aunque oculta, de interacción con sus semejantes. Además, desde su más tierna infancia en los colegios y grupos juveniles es estimulado por curas, tías y maestros.
En los trabajos, es la mano derecha de jefecitos de media petaca y de los mandos medios, sobre todo de los menos dotados. Es el que trae y lleva, el que denuncia a los pocos segundos de presentado un hecho, con riqueza de detalles y haciendo su propio énfasis sobre lo acaecido. Que quede clara la falta del otro, que se note la intención de sus palabras, que se arrepienta de su emprendimiento, de su iniciativa, de su liderazgo. Porque al sapo le duele el avance del otro, la superación del otro, los valores y talentos del otro, de los cuales, casi siempre, él carece.
Desde que aparecieron los celulares inteligentes, es el más rápido con la foto, con la grabación, con la evidencia. Es experto en posar con disimulo para selfis que tienen como fondo a la víctima de su delación. Es de una velocidad inverosímil para registrar la posición prohibida del amigo, el sueño inoportuno del compañero, la rascada indecorosa, el gesto reprochable, el comentario crítico del inconforme. No puede ver un teléfono porque le da un temblor y lo acomete un sudor frío. Nadie tan raudo como él para marcar un número, para enviar un mensaje, para hacer que el coordinador se entere de algo que se supone no debería hacerlo.
Con reserva, es el primero en manifestarse en el cumpleaños del jefe, en traer regalitos discretos de sus paseos, en dejar la torta, en poner las serpentinas. Aunque esté a punto de reventarse por dentro, aguanta con una sonrisa de estoicismo los regaños y las reconvenciones con una agradecida bajada de cabeza.
Y no luche, colega, que no lo va a desterrar. Por uno que se descubra, otros cuatro se ocultan. Por uno que se ponga en evidencia y se gane la justa animadversión de personas trabajadoras y buenas que hacen su trabajo con compromiso y coherencia, otros cuatro se aprestan a reemplazarlo, serviles, dúctiles, acomodados, dispuestos a enclavarle la puñalada trapera al que les dé la oportunidad. Porque es su identidad, es su naturaleza, así son y no van a cambiar. Además, cierto tipo de jefes los estimulan y los alientan a seguir siendo sapos y ello les hace feliz, se lo gozan y es la mejor forma de dar rienda suelta a su pequeñez y a su mezquindad, pues no pueden ser de otra forma. Está en su código genético y en su necesidad de obtener satisfacciones y prebendas.
Colega, aprenda a convivir con los sapos, pero en lo posible, no se deje hacer daño de ellos. Si toca, tómese la foto con ellos, deles la palmadita en la espalda, no les niegue una sonrisa, entienda que tienen muchas carencias y son seres faltos de afecto y seguridad personal, pero no por ello   baje la guardia. Trate de ser discreto y cuidadoso y no dejarse lesionar por sus acciones; cree mecanismos para que sus palabras no lo traicionen y que nada de lo que diga o haga pueda ser utilizado en su contra, pero no pretenda erradicarlos, colega. Es una lucha perdida desde el inicio. No sea iluso. Y en los ratos libres, dedíqueles una reflexión, un pensamiento crítico o un artículo de opinión. Tenga la seguridad de que lo avientan porque lo avientan, pero no se van a dar por aludidos.
Colega, cuidado con los sapos...y, sobre todo, ¡¡¡no sea sapo!!!


ÑAPA:

Una buena tanda de cuentos leídos por el autor para Teledonmatías https://emiliorestrepo.blogspot.com/2015/06/cuentos-



Más artículos de la colección CONSEJOS A UN JOVEN COLEGA https://www.youtube.com/playlist?list=PLm-lfL5KTbVOjHC0N-0MJveoeRRfLY4EP


Sunday, October 30, 2016

COLEGA, ATIENDA SU NEGOCIO

COLEGA, ATIENDA SU NEGOCIO




Decían los viejos, “El que tenga tienda, que la atienda o que la venda”, para expresar con mucha sabiduría que si determinamos vender servicios, debemos asumirlo con responsabilidad y compromiso, o sino, enfardar maletas y dedicarnos a otra cosa.

Porque no tiene sentido ofertar un producto y al tener de frente un comprador  interesado en lo que ofrecemos, espantarlo a punta de mala atención, de negligencia, de displicencia, de indiferencia o incluso de irrespeto. Recuerde que el cliente, o  el usuario, o el paciente, llámelo como quiera de acuerdo al oficio, está pagando por el servicio y tiene derecho a una atención digna. Y hay primeras impresiones y primeras oportunidades. Y no siempre se repiten.

Miremos algunas de las quejas más frecuentes recibidas en el servicio de atención al usuario, todas entre comillas, porque son textuales:

“Tenía la cita a las 2 de la tarde, y había transcurrido más de dos horas, y el gerente ni me había llamado. Claro, como llegó después de las 3, se puso a tomar café  y empezó a contestar llamadas…”
“Cuando entré a la oficina, tuve una cita de 20 minutos. Casi ni pude hablar, pues se pasó contestando el celular, incluso para asuntos personales, creo que ni se enteró de que yo estuve allí, entre llamada y llamada me preguntó 3 veces mi nombre…”
“Yo le explicaba una cosa y él ni me miraba…cuando no era pegado a la pantalla del computador, era chateando por su celular, era como si yo no estuviera frente a él…”
“Estuve llamando dos días seguidos para concertar la cita. Nunca me contestaron, me ponían  una maquinita sonando y dejando mensajes…nunca pude conseguirla, entonces me fui para la competencia. Allí sí me contestaron y atendieron de una.”
“Me llamaron a cancelar la cita que había esperado 15 días, apenas unos minutos antes, ya estaba en la sala de espera cuando sonó el teléfono. A mi hermana le pasó lo mismo, creo que ya no voy a volver”
“Llegué donde la secretaria a entregarle el portafolio de servicios; estaba mirando una revista de catálogo con otra compañera. Me dijo que esperara un rato y mientras masticaba chicle y ni me miraba, seguía en lo que estaba, haciendo su pedido. Decidí que con esa empresa era mejor no negociar” (una similar a esta, denuncia a la secretaria haciéndole el manicure a otra compañera en horas laborales, sin prestarle apenas atención, y contestando de mala gana).
“Le pedí una cotización para el paseo de la oficina. La llamé 3 veces a recordarle. A los 15 días no me había respondido. Cuando lo hizo, casi al mes, yo ya había negociado con la empresa de al lado”
“Le pedí  una cotización; me la dio de inmediato, una señora muy amable. Al otro día me llamó, diciendo que se había equivocado en el precio. Entendí, le dije que iría  a pagarle a su oficina con tarjeta de crédito. Me dijo que no había ningún problema. Al llegar, me dijo que eso subía un 5% el valor de la factura, por lo de la comisión de la tarjeta. En mi afán, tuve que aceptar a regañadientes, pues estaba sobre el tiempo. Dos de los tiquetes quedaron mal escritos. Casi no arreglo el problema. Cambié de Agencia”.
“Muy formal el médico, pero al atenderme, tenía la bata sucia, como de comida derramada y olía a puro cigarrillo y los dientes muy descuidados. Me da pena, puede que sepa mucho, pero, ¿podría conseguirme cita con la otra doctora?
“A mí me ha tocado esperarlo hasta una hora, pero hoy que llegué tarde 5 minutos por un trancón, no me quiso atender. Le expliqué y ya me estaba gritando. Me sentí muy humillada. Uno con más de 70 años, que se mueve lento y que lo griten a uno…me sentí muy mal, y sigo enferma”

Y así como todas estas, hay cientos de quejas. Todas cuestionan la falta de caridad, de calidad humana, de compromiso y de tolerancia por parte del profesional independiente que vende sus servicios. Y eso que no ponemos ejemplos de funcionarios públicos, que esa es otra raza aparte. Estamos hablando de especialistas de muchas áreas que ofrecen sus servicios a libre demanda, a cambio de una tarifa.

Hay que entender que esa persona que pretende pagar por nuestra atención, tiene el poder adquisitivo para hacerlo con cualquiera de los cientos de colegas de la competencia, pero tuvimos el privilegio de que nos escogiera a nosotros, pudiendo hacerlo con cualquiera del directorio. Eso hay que valorarlo y no perder la oportunidad de demostrarle que hizo una buena elección al contar con nuestro nombre o nuestra empresa.

Esa persona que está sentada al frente, vino por cercanía, por facilidad de parqueo, por la oportunidad de la cita, porque la llamada le entró, por referencias de alguien que nos recomendó, por la entrevista que dimos a los medios, por lo que fuera, lo cierto es que está allí anhelando obtener un excelente servicio a cambio de su dinero. Es lo mínimo que tenemos que hacer, para retribuirle su deferencia. Si no llenamos sus expectativas, le garantizo colega que esa persona no vuelve, no nos recomienda y con seguridad habla mal de nosotros, lo que espanta a otros potenciales clientes y nos va dañando el prestigio. Recuerde que el “voz a voz” o el “boca-oreja”, además de la publicidad pagada, es uno de los más eficientes medios de ganar clientela. O de perderla...

Colega, si ofrecemos servicios, garanticemos que estamos a la altura de las expectativas que estamos generando. Garanticemos que cada centavo del cliente que nos contrata está bien invertido. 

Preocupémonos por ser amables, oportunos, diligentes, confiables. Recordemos que nuestro buen nombre es nuestro principal activo. Si lo perdemos o lo dejamos ensuciar, nos quedamos sin nada, es una mala fama de la cual es difícil recuperarse. Recuerde, si tiene tienda, negocio, local, oficina, o consultorio,  atiéndalo con calidad y eficiencia, con sentido humano y compromiso. O sino, mejor empaque sus corotos y su ego y dedíquese a otra cosa, que la clientela no perdona y es despiadada al momento de fustigar, la mayoría de las veces con toda razón.
CODA

Dentro de la misma serie de CONSEJOS A UN JOVEN COLEGA, les recomendamos estas otras entradas

COLEGA, NO TRABAJE TANTO





COLEGA, ATERRICE, NO SE PONGA A CREER BOBADAS


Wednesday, August 14, 2013

Defensa mínima de la intensidad






De un tiempo para acá, ser “intenso” se volvió un estigma. Antes se decía que “es mejor contener un avispado que arrear un bobo”, entendiendo que en el mundo de las ideas, de la producción, de la creatividad, es mejor contar con la gente que tiene empuje, tesón, iniciativa, que esperar con paciencia infinita que los lentos, los perezosos y los pusilánimes hagan lo mínimo que les corresponde por obligación.  Y, a  veces, ni aun así.

Ser intenso quiere decir respetar los pactos, cumplir los horarios, ir un poco más allá que lo que el simple compromiso exige.  Y también reclamar cuando las cosas no están bien hechas, dejar sentado un precedente cuando por desidia las situaciones quedan a mitad de camino.  Sin intensos el progreso no existiría, el conocimiento estaría estancado, las obras no se terminarían nunca, el arte, la ciencia y la literatura no tendrían expresión.

Y el mediocre odia al intenso.  No tolera su nivel de competencia, no le marcha a su ritmo, no comparte su compulsión porque las cosas queden bien hechas.  La mejor defensa para justificar su incompetencia es refugiarse en un adjetivo que se volvió, de tanto usarlo, un insulto: “Pobrecito, es insoportable: es que es muy intenso”.

El intenso espera que los demás cumplan sus tareas a su ritmo y eso genera desgaste y confrontación, pues la gran masa se debate entre la pereza y el conformismo, amparados en la ley del menor esfuerzo.  Y como el intenso odia el facilismo y se desespera con la lentitud  y la ineficiencia de los lerdos, es común que se generen debates e inconformismo que lo hacen impopular entre la horda de acomodados que buscan refugiarse en las disculpas y las justificaciones para disimular su falta de gestión.

El DRAE lo define de forma contundente: Que tiene intensidad.  Muy vehemente y vivo.  Ahora bien, hay intensos de intensos.  Ser comprometido no justifica ni la arrogancia, ni la intolerancia ni la grosería, que son cosas distintas a la intensidad.  Es que una cosa es ser intenso y otra es ser abusivo con los demás.  Un asunto es la auto conciencia de las capacidades que se poseen y otro el engreimiento vano.  Es distinta la confianza en sí mismo que la vanidad desbordada.  No es lo mismo exigir que abusar, pautar que acosar, liderar que imponer.  Y desafortunadamente estas atribuciones son las que le han hecho mala prensa a los intensos.  No es la intensidad, son los defectos personales que algunos individuos tienen asociados, amén de intensos.

El intenso es exigente con sus alumnos, pues sabe que tiene la obligación de educarlos y formarlos.  Espera mucho de sus hijos, entendiendo que tiene la  obligación y la esperanza de que sean buenos ciudadanos, decentes y útiles a la sociedad.  Es referente para sus colegas, pues cree que la calidad es necesaria y tiene que imponerse en el resultado final de sus acciones.

El intenso va aprendiendo que tiene que sortear toda serie de talanqueras que le anteponen los que no le dan la talla.  Tiene que enfrentar la incomprensión de los que no toleran su ritmo.  Tiene que capotear la malquerencia de los que van quedando rezagados por causa de su propia incompetencia, de los que no están de acuerdo con su mística, con su responsabilidad, con su coherencia, con su sentido de pertenencia.

Con el tiempo, hemos aprendido que al intenso no hay que desdeñarlo por ser intenso.  Esto en sí mismo puede ser hasta un motor para el desarrollo individual y social.  Es posible que sean sus características agregadas lo que lo hagan repelente, pero no hay que echarle la culpa a la intensidad por ella misma.  Tomo prestadas las palabras de Jairo Dueñas, quien en un editorial de la revista Cromos (Junio 14 2013) se refería al mismo tema que hoy nos ocupa:

-  “El ímpetu con que rompen las olas siempre va a ser más conmovedor que un mar en calma.  ¿Cuándo fue que la intensidad perdió su imán?  ¿Cuándo se volvió jarta?  ¿Cuándo se convirtió en medalla de seres insufribles y no de almas sensibles?  ¿Cuándo salió del libro de las virtudes y entró al de las patologías?  Aplicado al papel, vivir intensamente no es más que reteñirnos sobre las páginas de nuestros días.  Lo contrario no son más que dibujos desvaídos de lo que hacemos sin creencias ni firmeza.  ¡Que vuelvan los días y los hombres intensos!  Porque, seguramente, traerán más energía y color a nuestra existencia que esos otros soles desteñidos que ni siquiera calientan.”






Monday, June 10, 2013

COLEGA, NO TRABAJE TANTO

Colega, no trabaje tanto
Emilio Alberto Restrepo Baena






En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás. William Faulkner







Y es que desde que nos graduamos ya estamos programados para trabajar sin descanso, para tomar como natural el sofisma que nos recuerda que “al principio uno tiene que matarse trabajando eturnos y festivos para hacerse un capitalcito y después soltar un poco y bajar el ritmo”.MENTIRAS. Ese chip de la trabajo-adicción que empieza a funcionar al tener el diploma que nos da licencia para ejercer, nos marca de por vida, nos programa sin opciones en la perversa tradición del “trabajar, trabajar y trabajar”.

La experiencia lo demuestra. Cuando uno se mete en la licuadora del trabajo sin pausa, de hacer labores continuas sin darle cabida al reposo, con la ambición de atesorar y conseguir objetos de consumo en pocos años, ya no es capaz de soltar, de recuperar un nivel digno y razonable de jornada laboral. No es capaz de adecuarse a los menores ingresos que se obtienen por bajar el ritmo. No sabe qué hacer con el ocio, pues por estar permanentemente ejecutando un trabajo, perdió la capacidad del deleite, la delicia del hobby, la dulce lentitud de la lectura, el ejercicio, la película, la conversación por placer, la amistad, el amor, los juegos con los hijos y mil etcéteras, que el exceso de trabajo no nos dejan ver.

En Europa hay países con jornadas semanales de 32 horas, y les parece excesiva. En Colombia es de 48 horas y la mayoría de nuestros colegas trabaja alrededor de cien horas en dos y tres trabajos. Una aberración. ¿A qué horas viven, aman, estudian, sueñan y crecen como seres humanos?

Es natural que como producto de ello, sean padres ausentes, esposos descuidados, amigos indiferentes. Es que físicamente no tienen tiempo sino para estar en un turno, empatar con otro y tratar de recuperarse de ellos para recomenzar el carrusel. ¿A qué horas se actualizan, a qué horas leen, sí tienen tiempo de darse un gustico sin afanes, sin carreras, sin estar mirando el reloj para irse a acometer una nueva jornada?

¿No le parece abominable andar con la ropa en el carro, dormir tres a cinco noches por semana fuera de la casa en una cama de uso colectivo, sin la privacidad del baño propio, embutiéndose de afán comida chatarra en los cambios del semáforo mientras va de un sitio a otro? ¿No es horrible que la esposa le tenga que llevar los niños al trabajo los fines de semana, porque de otra forma no es posible que se vean y compartan aunque sea unos minutos?

Y pasan los años, y nada que le baja al ritmo. El autoengaño permanente no le permite ver que está dejando en un trabajo la juventud y la salud mientras engorda la cuenta bancaria que probablemente otros van a disfrutar. Claro, compró una casa en un estrato dos estratos por encima del suyo, pues no puede ser inferior al compañero que se le adelantó en la decisión y no puede ser en el barrio de siempre, pues uno “tiene que progresar en la vida”. Y el auto tiene que ser más nuevo y más grande que el del colega, pues todo el mundo debe darse cuenta que “uno no es ninguna lagaña de mico”.Y la familia exige y presiona, pues hay que darse caché y estatus y la experiencia muestra que no hay nadie más arribista, esnobista y exhibicionista que la clase media cuando le da por el ascenso social. Entonces es un círculo vicioso que nunca se acaba, el endeudarse, el consumir sin limite, el trabajar sin descanso para poder cumplir, etc.

Muchas veces lo único que nos hace detenernos a reflexionar, no es el producto de una racionalización o de una elucubración filosófica que nos hace caer en cuenta de que somos poco menos que unos esclavos, sino un infarto fulminante, una estadía en una unidad de cuidados intensivos, una separación, una infidelidad, delincuencia o drogadicción en el hogar y mil tragedias más, cada una peor que la otra.

Hay que recordar que cuando soñábamos con estudiar y especializarnos, lo hacíamos entre otras cosas para tener una mejor calidad de vida. ¿Acaso sí lo hemos logrado? ¿Sí vivimos mejor? O simplemente somos esclavos con título universitario sin tiempo para nosotros mismos, ni para nuestras familias, sin lugar para el crecimiento intelectual, para el goce mundano y el regocijo estético, para sentir en el cuerpo y en los sentidos el sublime placer de sentirnos vivos y sanos y vigorosos y agradecerle a la vida por tantos privilegios y beneficios que nos ha dispensado y que muchas veces derrochamos imbécilmente sin siquiera darnos cuenta.

No hay que pretender enriquecerse en el primer año de ejercicio. Las cosas van llegando, las recompensas se obtienen cuando el trabajo se hace con responsabilidad, constancia y dignificando a la persona como un ser integral. Es mejor un profesional culto, equilibrado, feliz, compensado anímica y espiritualmente, que genere confianza entre sus semejantes, que un pobre rico que lo único que tiene es plata, un vulgar burro de oro que sólo piensa en el billete y en el trabajo, el profesional más adinerado del cementerio.

Esos años de trabajo-adicción sin sosiego pasan su cuenta de cobro en úlceras, insomnios, hipertensión, lumbagos, impotencia, malgenio crónico, migrañas. Tarde o temprano la hipófisis y la glándula pineal llaman a juicio por el maltrato, por el abuso contra el ciclo circadiano, por la sobrecarga. Y uno se enfrenta al espejo, a la noche oscura e interminable y descubre que no hay marcha atrás.

Colega, su familia lo necesita. Vuelva a los placeres elementales que tan feliz lo hacían cuando no estaba obsesionado con el trabajo. Tenga una diversión, un oficio, un entretenedero para que no se aburra cuando se jubile, si es que no llega enfermo de tanto trabajar. Lea, ríase, goce, disfrute. Vida hay solo una y se nos está acabando. Colega, no trabaje tanto.

Nota: Publicado en el periódico PRINCIPIO ACTIVO, Facultad de Medicina U de A, Junio 2013









¡¡¡¡DESTACADO!!!!
Cuentos propios, leídos por el autor:



Comentarios:

Me encantó "colega no trabaje tanto"


Recibidos
x

ADRIANA ANGEL aangelramon@gmail.com

08:58 (Hace 34 minutos.)
para 
Buenos días

Por casualidad del destino encontré el video "colega no trabaje tanto" y quedé "plop"
y quisiera contarle porque...

Me encantó porque ví reflejada en el la realidad de nuestra profesión, profesión que amo
 pero que suele quitarle mucho a quienes la ejercen. 

Hace algún tiempo trabajaba así, de sol a sombra, hasta que en mi vida apareció mi hijo y
me permitió abrir los ojos a todo eso que usted describe, pero que la mayoría lastimosamente
nunca vé. Fue así como decidimos con mi esposo que solo trabajaría en las mañanas y
renunciaría al otro puesto,mis propios colegas no entendían como era que yo sólo iba a
 trabajar hasta el medio día y que obviamente iba a "sacrificar" un salario por dedicarme a
mi hijo en las tardes, acaso no lo puede cuidar tu mamá o una tía o si quieres te recomiendo
 una excelente niñera, me decían. pero nosotros teníamos claro que dejar de trabajar en la
 tarde no era "sacrificar" un puesto, todo lo contrario, CONTINUAR ALLI ERA SACRIFICAR
NUESTRO HIJO, NUESTRA FAMILIA, porque entre otras cosas, por alguna razón somos
el gremio con más índice de separaciones, infidelidades  y en general familias disfuncionales
 (pero que esperábamos,  si nos vemos más con la gente del hospital y dormimos más en el
 hospital muchas veces, que con la familia).

Y entonces también aparece la consabida pregunta, y no piensas especializarte?, pues quererlo
sí, porque me encanta estudiar pero cuando  racionalicé la realidad mía y la comparé con la
de mis compañeros especialistas, nuevamente entendí algo que radicalizó mi decisión de
no especializarme. Yo soy médico general, trabajo hasta el medio día, puedo cuidar a mi
 hijo, vivo bien (hablando del contexto social), cuando mi esposo llega del trabajo podemos
compartir tiempo los 3, las fechas especiales puedo compartirlas en familia, en cambio mis
amigos especialistas, todos están en un afán social enorme (el mejor carro, la acción del club,
 viajes al exterior, etc), es cierto, ganan más que yo pero trabajan 3 veces más que yo, no t
ienen tiempo para disfrutar en familia, no pueden dejar de trabajar ni un día porque las
deudas los agobian (aunque obviamente ninguno lo reconozca),  así que decidí firmemente
no especializarme, he visto que SE GANA MAS DINERO PERO SE OBTIENE A CAMBIO
MENOR CALIDAD DE VIDA.

Y entonces tomé otra decisión en mi vida y fue buscar una fuente de ingreso diferente, que
algún día me permita no sólo disfrutar de todo esto que hoy en día estoy disfrutando con mi
familia, sino que me permita también algún día ejercer LA MEDICINA QUE SOÑÉ EJERCER,
 esa que idealizaba cuando presenté el examen de admisión en la Universidad Nacional  y no
 la que me tocó ejercer cuando me entregaron mi tarjeta profesional y me metí en todo este
rollo laboral y social de ser médico, donde se debe sacrificar la esencia de tu profesión para
poder mantener el salario a toda costa, donde te toca entender frases como "el POS no lo cubre",
 "la consulta es de 20 min", "hay que hacer reducción del gasto", "ese examen solo lo pueden
solicitar los especialistas" (claro si logran conseguir la cita con el consabido Dr.). Es así como
la realidad de nuestro sistema se reduce a los "pobres" médicos amarrados por el sistema, sin
 tiempo para sí mismos ni para sus familias, atendiendo a pacientes que ni siquiera eso les
 reconocen, conocedores de sus derechos lo que los hace muy demandantes ante el médico
 pero no ante la entidad que los cobija a ambos y la otra cara de la moneda, los "pobres"
pacientes atendidos por médicos "amarrados", sobresaturados de trabajo, mal dormidos,
mal comidos, en mal estado de salud, con dificultades enormes como humanos que son.
Podríamos pensar que tenemos un problema de publicidad engañosa, una cosa es la que
nos prometen cuando nos matriculamos en la universidad y otra muy diferente la que obtenemos
cuando nos entregan la tarjeta profesional.  

Es así como en conjunto con otros médicos nos hemos dedicado a algo que nosotros
hemos llamado "médicos en rehabilitación", nos hemos dedicado a mostrarles que hay
formas diferentes de ganar dinero sin tener que sacrificarlo todo por el dinero, que nuestras
 familias nos necesitan ahora, que con el tiempo podremos también ejercer la profesión
de una manera diferente, donde el motor para ejercerla no sea el dinero  sino la pasión
y la vocación que nos motivó a estudiarla.

Doctor, con todo esto quiero decirle muchas gracias, es bueno saber que somos varios
 pensando de la misma manera, para que con el tiempo seamos muchos y ojalá algún día,
 fuéramos todos. 

Si algún día pasa por Bogotá, no dude en contactarme, por favor avíseme, en realidad
 quisiera conocerlo y presentarle a los colegas "rehabilitados" con los que trabajo.

Un abrazo

Oscar Henao

11:58 (Hace 10 minutos.)
para 
Simplemente excelente su artículo. No podría expresarlo de mejor manera. Gracias por compartirlo

Saturday, April 28, 2012

LA CALLADA PRESENCIA, Periódico Momento Médico, ASMEDAS Antioquia


Periódico Momento Medico

ASMEDAS Antioquia

LA CALLADA PRESENCIA



La columna  de prensa LA CALLADA PRESENCIA, se publica en el Periódico MOMENTO MEDICO, de la agremiación sindical médica ASMEDAS (Antioquia) en forma ininterrumpida desde 2002. En ella el autor  consigna opiniones, ensayos, divertimentos y no ha estado exenta de polémicas. Por efectos de diseño, para acceder a la columna en mención, el periódico se descarga entero en formato PDF. Empieza desde las más recientes y desde la parte de abajo se buscan las mas antiguas.

DocumentosFecha publicación

Ordenado por : Nombre | Fecha Hits [ Ascendiente ]
Abril - Mayo de 2012
Noviembre - Diciembre de 2011
Marzo - Abril de 2011
Octubre - Noviembre de 2010
Mayo - Junio de 2010
<< Inicio < Anterior 1 2 3 4 5 6 7 Siguiente > Fin >>
Página 1 de 7