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Monday, November 16, 2020

Memorias y testimonio de un medico escritor por Emilio Alberto Restrepo

 

Una conversación con la Academia de Medicina de Manizales acerca de la trayectoria literaria de Emilio Alberto Restrepo, haciendo énfasis en la Medicina como generadora de temas para textos literarios.

La intervncion llega hasta el minuto una hora y 2 minutos




https://www.youtube.com/watch?v=GHzkmaX639A



Thursday, October 29, 2020

Medicina y Literatura: podcast

 

Medellín, Anverso y Reverso #583 Medicina y Literatura

Medicos escritores y la medicina como generador de historias de ficción y no ficción


Se puede escuchar en: 


https://www.ivoox.com/medellin-anverso-reverso-583-medicina-literatura-audios-mp3_rf_26260157_1.html


Los médicos también escriben

Llama la atención el por qué hay tanto médico escritor.  
La lista es innumerable: Federico Schiller, Arthur Conan Doyle,  Rabelais,  Anton Chejov, René Descartes, Pío 
Baroja, Ramón y Cajal, Gregorio Marañón, John Keats, 
W. Somerset Maugham, James Barry,  por mencionar algunos de los más famosos.   

En nuestro territorio tenemos a Cesar Uribe Piedrahíta, Manuel Uribe Angel, Andrés Posada Arango, Jorge 
Franco Velez, Mario Melguizo Bermúdez, entre otros. 



Ante la pregunta de por qué hay tanto médico escritor,
 yo tengo mi propia hipótesis. Los médicos estamos 
inmersos en todas las pasiones humanas:  si quieren 
ver felicidad, solo hay que observar a una madre al recibir
 en brazos al recién nacido, si quieren ver angustia, no 
es si no mirar la cara de una mujer al preguntar por su 
hijo accidentado que ingresó a cirugía; ¿Desolación? 
basta con ir a la morgue y ver al hijo único acompañando
 el cadáver de su madre. Los médicos conocemos la condición humana de la manera más desnuda posible. 
Pocas profesiones, como la nuestra, conviven con
 el ser humano despojado de la etiqueta y las 
convenciones sociales. Los médicos conocemos al ser humano sin 
tapujos.  (ver Medicina Narrativa)

Tengo además otra hipótesis.  Durante nuestra formación como médicos nos entrenamos para escribir historias clínicas. ¿Y esto que es? pues precisamente el relato pormenorizado de lo que le ocurre a un paciente.  Averiguamos su vida para entender su enfermedad y 
poder ayudarle a escribir un desenlace. (Leer: 
 La historia clínica desde la perspectiva del cuento 
literario


A continuación comparto el audio del programa radial Medellín Anverso y Reverso, que se trasmitió el día 
sábado 26 de mayo de 2018  por Radio Bolivariana, 
con retransmision el domingo 27 de mayo.

En el programa los médicos y escritores  Emilio Alberto Restrepo Baena y Carlos Alberto Velásquez Córdoba, hablaron con los periodistas Reinaldo Spitaletta y 
Joaquin Gomez sobre la literatura en la profesión 
médica, sus motivaciones y algunos otros aspectos 
que espero sean de su interés. 

 

Para quienes quieren seguir escuchando los programas 
les recuerdo que se transmiten los sábados a las 10 de 
la mañana en la frecuencia AM 1110kHz y a la una de 
la tarde por frecuencia  FM 92.4, con repetición los 
domingos a las 10:30 de la noche.
Tomado de:  https://elblogdeloslagartijos.blogspot.com/search?updated-max=2018-09-05T00:00:00-05:00&max-results=500

Thursday, December 06, 2018

SER MÉDICO EN COLOMBIA:¡VAYA UN OFICIO DIFÍCIL!


SER MÉDICO EN COLOMBIA:¡VAYA UN OFICIO DIFÍCIL!

Emilio A. Restrepo Baena
Tomado de: Revista 360 2018  

Esta es la tercera edición de la publicación que presenta el medio de comunicación 360. Como siempre, recogemos lo mas relevante del año en distintos frentes, analizamos el futuro y presentamos distintos puntos de vista sobre lo tratado. Esta Revista llega a mas de 20.000 personas en las ciudades de Medellín, Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena y Manizales.


El trabajo del médico en Colombia, a la luz de la ley que nos rige, se ha vuelto poco menos que imposible cuando no indignante, todos los días menos apetecido y cada vez más mal remunerado.

Los intermediarios del sistema no solamente explotan su trabajo pauperizándolo cada vez más, sino que se quedan con el mayor porcentaje de las ganancias que se derivan del ejercicio de la profesión, obviando conceptos como calidad y solidaridad.

Recordemos algunas de las situaciones que nos atormentan:

Los abogados que tratan en todo momento de pescar en río revuelto, sometiendo por cualquier razón al médico, justa o injusta, al riesgo permanente de ser demandado. Cualquier motivo genera una demanda, sin ninguna consideración de tipo ético. Muchos de ellos engolosinan al paciente o a su familia, les cobran el adelanto para comenzar a trabajar y disparan el proceso. No les importa lo que tengan que enfrentar, si las evidencias son reales o no, si los testigos son válidos o no, el  plan es tratar de conciliar y sacar la mejor tajada posible. Si no lo logran, asumen inicialmente el proceso y en el desgaste natural de él, lo más común es que pierdan rápidamente el interés; de hecho, cerca del 98% de las demandas médico legales son precluidas o falladas a favor del médico. Pero en el camino quedan grandes costos, angustias que no tienen precio y menguan la tranquilidad, la autoestima y el entorno personal y familiar del galeno involucrado; se generan enemigos potencialmente peligrosos, el prestigio se socava, se crea un precedente. Y todo por la plata. Y todos los que estamos en esto sabemos que un altísimo porcentaje ejercemos con ética y compromiso, con responsabilidad y honradez, que nadie se complica porque quiere, que nadie daña a un paciente a propósito, que explicamos bien los procedimientos para que la persona sepa a que se está sometiendo cuando firma el consentimiento informado.

Los malos colegas, verdadera peste que nos implica estar durmiendo con el enemigo, bajar la guardia y no saber que a la vuelta del pasillo nos espera la puñalada trapera, por resentimiento, por celos profesionales, por envidia, por luchas de egos, por competencia desleal, por dinero, etc.

Los sapos, usualmente camuflados entre el personal paramédico, son capaces de destruir en un minuto con un comentario venenoso un prestigio construido durante años a base de sacrificio, coherencia y trabajo duro. En ocasiones reciben prebendas de las aseguradoras o de los abogados carroñeros en busca de casos para demandas por delatar con disimulo los errores ocurridos o las complicaciones.

Los acompañantes del paciente, incluido el infaltable “pato” o “metiche lambón” que es el que más grita, el que más injuria, el que más amenaza, sobre todo en los servicios de urgencias, más aún si está borracho. En todo acto siempre está por delante la advertencia de que si algo sale mal, a pesar de lo grave que esté el paciente, el galeno se tendrá que ver con él y atenerse a las consecuencias.

Los auditores médicos, verdadera piedra en el zapato, que si bien en el diseño teórico del sistema son muy importantes, en el acontecer cotidiano no hacen más que perseguir a sus colegas clínicos, entorpecer el trabajo, dilatar los procesos (exámenes, remisiones, cirugías), glosar las cuentas para retrasar los pagos y así favorecer a las empresas promotoras, pervirtiendo los preceptos del juramento hipocrático y la ley 23 de 1981.

Las oficinas de control de las direcciones de salud, empecinadas como están en lograr finiquitar los procesos de acreditación y certificación, al mismo tiempo que mantienen en la nómina oficial hordas enteras de burócratas sin cosas distintas que hacer fuera de esperar la quincena, descubrieron que aplicando miles de requisitos inverosímiles ocupan el tiempo y se lo quitan a los que sí tienen que trabajar.

El modelo de las empresas prestadoras de salud o EPS, que sólo busca la producción y el rendimiento económico sin más contemplaciones o alternativas. Bajar los costos y gastos a cualquier precio, sacrificando la dignidad profesional y la calidad del servicio. Hay varias que al final del año sacan una lista de los médicos que menos droga recetan, que menos exámenes ordenan y que menos remiten al especialista. Según el criterio de la tabla de calificación, esos son los mejores, porque tienen “un sentido clínico más agudo”; tienen derecho a que les renueven el contrato, lo que por obvias razones no ocurre con los últimos del listado, que resultan ser los más onerosos para la EPS. Nadie se pregunta si son buenos o no, responsables, prácticos o éticos.

El exceso de ambición, acaso presionado por un arribismo muy ampliamente extendido entre el gremio, hace que el médico se involucre en maratones de varias jornadas sucesivas, sin descanso, sin apenas ver a la familia, exhausto, sin tiempo ni disposición para reposar, disfrutar, estudiar y actualizarse.

Los laboratorios farmacéuticos y sus representantes los visitadores médicos tratando de imponerle a como de lugar sus formulaciones, presionándolo para que recete sus productos sin sustento bibliográfico riguroso y veraz, muchas veces mentiroso, tratando de comprarle la conciencia con bisutería para convertirlo en un idiota útil a su servicio.

Los pacientes sabihondos o que se creen de mejor estirpe, que siempre saben más que uno de medicina, que cuestionan todos los conceptos, que siempre piden  segundas y terceras opiniones, que se enojan si no se les ordena el examen que ellos consideran necesario aunque el criterio clínico diga lo contrario.

El egocentrismo y la megalomanía de especialistas que se creen ungidos por un soplo divino y sobredimensionan su importancias personal y profesional llegando a mirar por encima del hombro a sus colegas, tornándose insufribles e insoportables  a través de los años.




En fin, podríamos seguir enumerando los factores que nos impiden trabajar como es debido, como lo diseñamos en nuestros sueños de juventud y darle un poco más de estatus y calidad a nuestra labor y a nuestro nivel de vida. Evidentemente, toda generalización puede conllevar a una arbitrariedad y en la enumeración hay con seguridad honrosas excepciones, pero con la mano en el corazón, todos sabemos que hay mucho de cierto en ello, que no estamos todo lo bien que anhelamos, que estamos desunidos y solos, amenazados por mil factores y mal pagados, vulnerables y sin muchas otras opciones para rectificar en el camino. Solo la mística, el apostolado, la entrega y el amor con que asumimos lo que hacemos nos defienden contra la amargura y la intolerancia.

Wednesday, June 07, 2017

A PROPÓSITO DE LAS INFECCIONES EN CIRUGÍA, UNA EXPLICACIÓN PARA PERSONAL NO MÉDICO

A PROPÓSITO DE LAS INFECCIONES EN CIRUGÍA, UNA EXPLICACIÓN PARA PERSONAL NO MÉDICO                  

Emilio Alberto Restrepo





















Haciendo un peritaje médico legal, a propósito de una paciente que demandó porque se le hizo cesárea, se infectó y terminó en histerectomía, pregunta el abogado:

¿Dicha infección en área de cesárea es consecuencia de mala praxis de asepsia postparto por cuenta de personal médico o enfermería en la recién parida o es un cuadro que normalmente se presenta en persona que ha dado a luz? El perito asignado contesta: RESPUESTA: Dicha infección pudo ser consecuencia de mala asepsia por personal médico, o de enfermería e incluso también de la paciente, ya que como esta bacteria hace parte de la flora normal por vía ascendente haya alcanzado la cavidad uterina y de allí se haya diseminado al peritoneo.

Al abogado le preocupa esta respuesta y pide un concepto.

No me preocupa mucho, porque dice que la responsabilidad puede ser tanto del uno, como del otro, como de la paciente misma, es decir, no se le puede asignar la carga de la culpa a ninguno en particular, pues cualquiera puede tener la bacteria en sus manos y deja abierta la posibilidad de que sea la paciente misma, pues especifica que hace parte de la flora normal y que por vía ascendente entró a la cavidad uterina y de allí al peritoneo.

Es más, en la cadena real de responsabilidades de la asepsia, el que menos impacto tiene es el cirujano, pues no es el directo responsable de lavar a los pacientes. De esto se encargan las auxiliares de enfermería o las enfermeras profesionales y la instrumentadora es la que maneja las pinzas, los materiales y ropa quirúrgica que está dentro del paquete asignado a cada paciente. Más aún, por encima de estos cuatro funcionarios, está la central de instrumentación, en donde se lleva a cabo el proceso de lavado y esterilización de la ropa y el instrumental. Allí hay otro grupo de personas encargadas.

Pero si un solo punto de esta cadena falla, si los autoclaves o las máquinas que llevan a cabo el proceso de esterilización no hacen bien su función, o los marcadores de calidad no están precisos y ajustados, o hay algún inconveniente en el secado, un solo error, la bacteria entra en contacto con el paciente y lo infecta.

Estamos indicando que cuando una paciente se infecta por una cirugía, hay una enorme lista de implicados que pudiera explicar el asunto, el problema es que, para efecto médico legal, siempre demandan al cirujano que firmó la historia, sin contar con que en ese lapso la paciente estuvo en contacto con muchas personas (a veces decenas) y muchos procesos. Y más en maternidad, que la paciente presenta secreciones continuas y casi nunca está menos de 24 horas en contacto con la flora hospitalaria.

Veamos: la paciente entra al hospital, está un rato en la sala de espera con otras personas, una enfermera la recibe, un médico le hace un tacto, otra la rasura, otra le pone una sonda, siguen más tactos de la vigilancia de la labor de parto, la paciente orina en un “pato” no estéril o defeca en el baño, más contaminado todavía, es programada para cirugía después de varias horas de trabajo de parto y muchos tactos(recuerden que la vagina tiene su propia flora), otra le aplica yodo en el abdomen mientras entra al quirófano(esto se llama “pre-asepsia”), otra le escucha el niño con un aparato en el abdomen(que nunca se limpia con alcohol y se le pone a todas las señoras que entran ese día, esa semana, ese mes), la entran a un quirófano en donde se han hecho cientos de cirugías en un año, montada en una camilla que lleva y trae pacientes las 24 horas del día; otra funcionaria la acomoda en una mesa quirúrgica que se supone que está recién aseada por una funcionaria de servicios generales que pasa la misma trapeadora por todas las salas(en contacto con sangre, orina y materia fecal o purulenta), otra trae la ropa y el material de la central de esterilización, le hacen la asepsia, la cubren, entra el cirujano y llama al ayudante que muchas veces viene de urgencias o de los pisos donde hay otros pacientes infectados o de la calle y la operan. Después pasa a una sala de recuperación en donde hay otros pacientes, algunos de ellos con infecciones, y después la llevan a una habitación con otras pacientes en similares condiciones. Y hay aires acondicionados que tienen flujos de corrientes que muchas veces arrastran microrganismos, algo suficientemente documentado en la literatura.

Y fuera de todo lo anterior, tenemos que contar con que sus defensas funcionen adecuadamente, que no sea diabética, que no tenga inmunodepresión por alguna causa oculta, que esté bien alimentada, que no esté deprimida, etc

¿Cómo garantizamos que todos estos funcionarios están sanos, que se han aseado una y otra vez manos y uñas, que tienen el cabello completamente recogido, que no están colonizados de bacterias en sus orificios de las orejas, nariz, boca y ano?

¿Cómo garantizamos sin violentar su intimidad que ellos o sus familiares en sus casas no tienen diarreas, que alguno no tiene un granito con pus o una pústula de acné o una amigdalitis o una bronquitis inicial, o un herpes o una enfermedad contagiosa?

¿Cómo garantizamos que todos cumplieron los protocolos e hicieron la lista de chequeo que permitiera confiar en la cadena de desinfección?

¿Cómo sabemos que ese día los equipos estaban bien calibrados y alcanzaron las temperaturas óptimas?

Por eso es que a pesar que se haga todo con rigor y vigilancia, que se cumplan todos los estándares y protocolos, la infección se sigue presentando en un porcentaje estimado y no se ha podido erradicar. Por eso en el peritaje, y basados en la literatura, se dice que toda cesárea tiene el 2% de riesgo de infección, hágase lo que se haga, opérela quien la opere.

Esa es la gran angustia del cirujano: que, aunque haga las cosas con rigor y compromiso, aunque aplique los protocolos, de cada 100 cesáreas va a tener 2 de ellas infectadas. Porque hay muchas cosas en esa cadena de la asepsia que no dependen de él. La gran mayoría van a evolucionar sin complicaciones, pero alguna puede ir hacia la sepsis y termina, como esta, en histerectomía, muy a su pesar.


Y él, sabiendo todo esto, tiene que asumir que, si la paciente se infecta, al que le van a caer con todo el rigor, la rabia y la avaricia, es a él.

NOTA: En la edición de El Colombino de Junio 11 de 2017, apareció un artículo del mismo talante, escrito por el gran autor Juan José Hoyos, que también trataba el tema de las infecciones hospitalarias. Lo incluyo para tener más elementos de análisis:

http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/como-las-bacterias-colonizan-un-hospital-AY6706046


https://www.pressreader.com/@Emilio_A__Restrepo/csb_eqz82atXLIwrt5s62hVCRWEtSu_2pqAtdabIRSzq3lI

Y en El País de España:
http://elpais.com/elpais/2017/05/24/ciencia/1495611408_352870.html