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Thursday, April 07, 2022

La delicada operación de todos los días: sobre la novela 'Medicina bajo sospecha' RESEÑA DE ENRIQUE POSADA

 

La delicada operación de todos los días: sobre la novela 'Medicina bajo sospecha'


A diferencia de los sencillos tiempos ya idos, ahora todo hace parte de un sistema en el cual la medicina es una gran burocracia, y el médico es un funcionario. 

Por: ENRIQUE POSADA RESTREPO*abril 06, 2022
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
La delicada operación de todos los días: sobre la novela 'Medicina bajo sospecha'
Foto: Pixabay


Publicado https://www.las2orillas.co/la-delicada-operacion-de-todos-los-dias-sobre-la-novela-medicina-bajo-sospecha/

La vocación de la medicina es quizás la más prestigiosa y la más admirada de todas. El médico es para muchos de nosotros una especie única, una combinación de mago, artista, sanador, consejero, amigo, científico, maestro y ser humano que se entrega al servicio sin pausa y sin límites.

Bien recuerdo en mi niñez las varias ocasiones en que mi madre me llevó a consulta con el Doctor Betancur, un personaje mítico quien trabajó en Fredonia en épocas de mi nacimiento, quien atendió el parto, y que convenientemente atendía en el barrio Manrique cuando nos trasladamos a Medellín.

 

Ella y yo íbamos con total confianza, seguros de que encontrábamos remedio en sus fórmulas y en su cariñosa presencia y atención a cualquier dolencia. Y así fue siempre. Y la verdad que no solamente con él; ya adulto, esa ha sido la constante: el médico tiene respuestas y sabe.Pero sí he ido notando, cada vez más, que, además de atender a los pacientes en las consultas e intervenciones, el médico debe llenar formas y registros y dedicar tiempos a hacer preguntas a los pacientes, que se antojan, al menos ligeramente, burocráticas y administrativas.


Es que a diferencia de los sencillos tiempos ya idos, ahora todo hace parte de un sistema en el cual la medicina es una gran burocracia, así que el médico es también un funcionario. Otra notable diferencia es la importancia creciente que se da a la utilización de exámenes de laboratorio y a pruebas corporales, con lo cual se busca acertar con mucha mayor precisión en los diagnósticos y trabajar en forma preventiva.

Es que, ante el avance de la ciencia y de los instrumentos, la medicina ha adquirido más y más connotaciones científicas, objetivas y precisas. Con estas tendencias, es todavía más claro que la medicina es un complejo sistema sujeto a la burocracia y a la información científica.

¿Entonces, cómo podría estar la medicina bajo sospecha, esa profesión única, tan excelentemente reglamentada, sistematizada, soportada en datos y servida por personas que dedican muchos años a formarse con clara vocación fundamentada en el estudio, la ética y el amor por los demás?

En forma magistral, detallada, humorosa y seria a la vez, el doctor Emilio Alberto Restrepo, ducho escritor y explorador de los recovecos de la malicia y de la bondad humana, nos lleva en esta novela, en un recorrido casi detectivesco, por los tortuosos senderos que con frecuencia deben recorrer los médicos para defenderse y sobrevivir a tres grandes peligros que acechan su profesión y su práctica.

El primero de ellos es el del enorme y traicionero impacto de la ambición económica, que se manifiesta en la frecuente presencia de personajes que ven en la profesión una oportunidad para conseguir dinero y privilegios a base de todo tipo de manipulaciones, oportunismos y trucos, aprovechando los espacios de la burocracia, la inocente bondad de las personas y el aura especial que confiere la profesión.

Son estos médicos una minoría, pero su acción puede ser extremadamente perturbadora pues su malicia carece de escrúpulos y de límites. No se escapan los pacientes a las ambiciones económicas; bajo el consejo de abogados, varios de ellos ambiciosos malandrines también, suficientes pacientes y sus familiares, aprovechan cualquier circunstancia, complicación y dificultad, tan naturales en temas de salud, para demandar al sistema, a las clínicas o a los médicos.

Con ello crean angustiosas espirales para los médicos, que se convierten en sospechosos criminales, sujetos a multas, cárcel y desprestigio. La novela pinta estos dos paisajes en forma admirable, señalando que las dos ambiciones están claramente relacionadas y diseñadas, como si se tratara de harpías, para crear daño y tormento.

El segundo peligro tiene que ver con las probabilidades de ser objeto de demandas por malas prácticas y errores. Esto es evidente dada la naturaleza de esta profesión que debe atender urgencias, heridas de todo tipo y miles de enfermedades y complicaciones, además de salvar vidas y casi que literalmente, resucitar personas que ya han entrado al túnel de la muerte.

Muchos de los familiares de los pacientes solo aceptan la curación radical como resultado de la medicina, sin importar la edad de los dolientes o las condiciones o las costumbres de los mismos. Para muchos de ellos, el concepto de riesgo y la incertidumbre no existen. Si no hay curación óptima, si hay resultados no deseados, ven como la mejor medida demandar y exigir una compensación económica, lo cual consideran justo, en vista de que la sospechosa medicina da lugar al enriquecimiento de entidades, médicos y clínicas (y, naturalmente, de las compañías farmacéuticas).

Acá están prestos los abogados, los fiscales y hasta los jueces, para aplicar condenas. El novelista traza con conocimiento de causa, cómo deben proceder los médicos para protegerse de todo esto, adquiriendo seguros, siendo muy cuidadosos, teniendo excelente memoria, enorme paciencia, cultivando buenas relaciones y en último término, confiando en su inteligencia, honestidad y persistencia para salir avante cuando estas cosas se atraviesan en sus caminos profesionales.

El tercer grave riesgo, que se desprende de los anteriores, es el de caer víctima del sistema judicial, viéndose obligado el médico, ahora oficialmente sospechoso y sujeto a

acusaciones y a posibles condenas, a trasladarse a los laberintos de los juzgados, sujeto a la lenta burocracia legal, a las potenciales arbitrariedades de jueces, funcionarios y fiscales, transitando por terrenos desconocidos en los cuales todo lo que se diga puede ser tomado en su contra y nada de lo que se diga puede ser aceptado, y sí cuestionado. Un sistema judicial en el cual los procesos no terminan fácilmente, pues hay que recurrir a instancias y a tribunales y cruzar los dedos y rogar porque haya entendimiento, equilibrio y justicia; o, desgraciadamente, resignarse a caer en el desprestigio y la ruina.

Emplea el novelista un recurso muy didáctico para introducir a sus lectores en todas estas desafortunadas aventuras de la sospecha. En la novel hay un narrador, un experimentado médico de amplia capacidad para examinar situaciones conflictivas, quien con frecuencia da conceptos autorizados, como experto, durante los procesos de revisión relacionados con las buenas y malas prácticas de la medicina.

Este, narrador, en primera persona, aconseja, anima y apoya amistosamente a un joven médico que ha sido víctima de las circunstancias quedando atrapado en un amenazante juicio, donde las cosas se complican más y más.

El médico veterano nos cuenta a los lectores intimidades para que tengamos contexto, a la vez que sostiene diálogos con su joven pupilo, cuyos estados de ánimo describe con una mezcla de compasión y objetiva observación, mostrando las dos caras que hay siempre en cada cosa y circunstancia.

¿Y qué puede concluir un lector desprevenido como yo, luego de recorrer todos esos casos y esos azares? Me viene a la mente un mayor sentimiento de admiración por estos profesionales y por esta profesión, por estos magos de la vida cotidiana que alivian el sufrimiento sin importar que haya pacientes desagradecidos; enormes riesgos; sistemas burocráticos absorbentes y demonios escondidos.

Para ellos importa más la sanación, la recuperación del paciente, el natural sentimiento de gratitud, el evidente aumento en la salud de las poblaciones, en la calidad y en la esperanza de vida y la diaria satisfacción del deber cumplido. En ellos veo al doctor Betancur de mi niñez, siempre buena gente y acertado, solo que ahora lleno de herramientas, de instrumentos y de espacios de atención, frutos de un sistema cada vez más maduro y completo.

Y me viene a la mente la importancia de la honestidad y de la ética en todos los espacios, no solamente el de la medicina, sino en el de la vida personal, laboral, judicial y del derecho, en todos los campos. Atentos a no caer en las tentaciones del enriquecimiento, de la manipulación del otro y del trato indecente es irrespetuoso con los demás.

Y como en todo proceso, tener la mente abierta hacia el acusado, que no debería estar bajo sospecha, sino bajo examen, cuando ocurran cosas que deben ser explicadas; y ser capaces de aceptar el riesgo y la incertidumbre como aspectos propios de todo desarrollo meritorio, evitando la tentación de encontrar culpabilidad y víctimas por todas partes.

Tener conciencia de que las personas que ejercen profesiones de alto riesgo deben ser muy respetadas ya que para ellos cada momento constituye una delicada operación de todos los días, lo cual aceptan con honor y con fe.

Un libro muy interesante, de una gran factura literaria que no dudo en recomendar. Sin lugar a dudas, un testimonio muy valioso y documentado, que invita a una profunda reflexión.

*Ingeniero Mecánico, presidente de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos – SAI. Autor de múltiples libros y artículos técnicos y literarios.

https://www.autoreseditores.com/eposadar

Sunday, April 26, 2020

Presentación del libro"LAS QUEBRADAS DE MEDELLÍN, una crónica poética", de Enrique Posada


Presentación del libro"LAS QUEBRADAS DE MEDELLÍN, una crónica poética", de Enrique Posada






























PRESENTACIÓN

Por Emilio Alberto Restrepo Baena

Nuestro País es privilegiado por tener un tesoro hídrico que lo hace una de las reservas acuíferas más destacadas del mundo [1]. A pesar de que seguimos contando con esta suerte y nuestros arroyos y riachuelos han sido la imagen de la naturaleza vital, un hábitat pletórico de flora y fauna, una permanente fuente de abastecimiento de agua, que equivale a vida, a movimiento, a salud, a frescura, las cosas han ido cambiando con el paso del tiempo. Y no necesariamente para bien.

Cuando Colombia hizo su transición de rural a mayoritariamente urbana, ya sea como consecuencia del desarrollo desaforado de la segunda mitad del siglo XX, o por desplazamientos forzados por persecución política o en medio de una lucha por la tierra, o por migraciones con motivación económica o por industrialización de las crecientes ciudades, empezó a perder contacto con uno de los referentes más apreciados de la cultura y el goce personal: sus ríos y quebradas.

A las sociedades que crecieron en las concentraciones urbanas a partir de los años 60´s y 70´s les tocó dejar de tener contacto con los caudales hídricos y los que empezaron a ver en su vida cotidiana ya no eran campestres ni limpios sino que se convirtieron en canalizaciones que vertían su corriente al río principal de cada ciudad y mutaron en vertederos de basuras, de desechos industriales y afluentes de alcantarillados, sacrificando los ecosistemas que ancestralmente crecían alrededor de sus cauces. Ya no fluía en ellos la vida, ya no se podía apropiar en su lecho de la lúdica de un baño refrescante que congregaba la familia y los amigos o de un día de campo en las praderas que reverdecían a sus orillas, o el divertimento de pescadores que gastaban horas enteras en sus riveras. Y ni qué decir de las lavanderas que se aposentaban en sus orillas a lavar la ropa ajena cuando esta función se hacía sin la ayuda de los electrodomésticos. Todas esas actividades están prácticamente erradicadas. Las nuevas generaciones las desconocen por completo.

Pero siempre queda la memoria y la búsqueda permanente del conocimiento, que es lo que genera la creatividad y las propuestas en los hombres que no se resignan al conformismo ni se sientan a renegar de los tiempos idos ni a evocar con desesperanza las buenas viejas épocas que ya nunca volverán.

De eso se trata esta propuesta de Enrique Posada Restrepo. Es una portentosa idea la suya de recorrer a pie metro a metro todas las quebradas de Medellín, y al tiempo que realiza un diagnóstico con su ojo de ingeniero entrenado, hace una recreación poética y literaria con su sensibilidad artística, expresándola en fotografías, gráficos, dibujos, reflexiones, propuestas y textos llenos de lirismo y sentido común. Y no se resigna solo a exponer problemas. Cada frase suya genera una solución, un pensamiento, una alternativa, una salida, para eso que es un reconocido líder en el área del reciclaje y la optimización con criterio ecológico de los residuos industriales. Porque, además, Enrique entiende que el hombre se debe apropiar de los espacios que habita, piensa con convicción que hay que conocer los entornos que nos acogen y con su sensibilidad ve poesía y pretextos para la creación en donde otros solo ven desechos y malos olores.

Muy valiosa esta obra. Desde el punto de vista del género, es inclasificable, porque toca con lo técnico, con lo literario, con lo filosófico, con lo pictórico, con lo ecológico. Es como el mismo autor, a quien algunos de los que bien lo conocen, lo definen como de la generación de los “últimos renacentistas”, por su descomunal capacidad de creación y docencia que tiene que ver con el dibujo, la música, la poesía, el emprendimiento, la fotografía, la crítica cinematográfica, la divulgación científica, la superación personal, las propuestas empresariales, siempre con el humanismo y la pedagogía marcando todos sus actos públicos o privados, siempre disparando conceptos y desarrollo, comprometido con la creación de empleo y la generación de oportunidades, lo que lo convierte, literalmente, en una “máquina-humana de ideas”, un “torrente de creatividad que nunca se detiene” (definiciones que en lo personal he escuchado sobre él y que comparto), además de dirigente gremial muy destacado y ser humano integral y sin tacha.[2,3,4]

Pienso que este libro debería ser conocido y degustado por muchas personas, empezando por nuestros gobernantes, que de manera tan oportunista se acuerdan de las aguas y los asuntos ecológicos cuando están recogiendo votos y después desechan los excedentes de las campañas a los lechos de los ríos, por el hombre del común que habita y padece los barrios con una quebrada a sus pies, por los amantes de la literatura y la poesía, por los defensores del medio ambiente, por los que creen, como Enrique, que no todo está perdido y todavía podemos aferrarnos a una esperanza, y luchar por ella, y disfrutar estéticamente con ella. Es encantador y asombroso ver cómo les da cuerpo a sus ideas, ser testigo de la lucha por sus utopías, mirar en primera fila su forma de amasar proyectos que parecen sacados del anaquel de las causas perdidas y ver cómo se materializan y alzan vuelo en cada nueva iniciativa, en cada texto, en cada conferencia. Este libro es la reciente muestra de esa lucha sin tregua en pro de la originalidad y en la búsqueda de la excelencia.

Pienso que esta obra es un trabajo monumental y quijotesco de muchos años que merece su espacio en la buena literatura sobre Medellín, en aquella que no tiene reflectores, pero que llega al alma del individuo y de la ciudad y tiene la capacidad de transformarlos. En aquella que brota de los espíritus sensibles para dejar huella, para provocar una experiencia estética genuina y una reflexión profunda que vaya más allá de los oportunismos, de las vanidades, de los conciliábulos. Debería rotar de mano en mano por colegios e institutos descentralizados, servir como hoja de ruta para encontrarnos a nosotros mismos, para deshacer los pasos equivocados, las esperanzas olvidadas, las ilusiones rotas. Este libro plantea una forma distinta de ver, de sentir y de apropiarse de Medellín como pocos lo han hecho.

Medellín, febrero de 2020

REFERENCIAS


Emilio Alberto Restrepo Baena es médico y escritor