Saturday, October 21, 2017

EMILIO ALBERTO RESTREPO EN LA REVISTA LIBROS&LETRAS

EMILIO ALBERTO RESTREPO EN

LA REVISTA LIBROS&LETRAS 

Perfil publicado en el número 91, aniversario  de la revista literaria  LIBROS&LETRAS de octubre de 2014, paginas 29-31



































Reproducimos el texto completo del perfil, para facilitar la lectura a los interesados:

EMILIO ALBERTO RESTREPO: UN ESCRITOR QUE 

VALE LA PENA CONOCER Y LEER

La primera vez que oí mencionar al escritor Emilio Alberto Restrepo fue en la Feria del libro de Bogotá de 2014, en donde lanzaba un libro con Ediciones Urano, DE COMO LES CRECIO EL CUELLO A LAS JIRAFAS, que había ganado una convocatoria en Argentina y había sido publicado con bastante éxito en los países del cono sur. Hojeé su libro (confieso que no lo compré), me pareció divertido y me escabullí rápidamente para tratar de entrar a la conferencia de Fernando Vallejo. No sabía nada de él; pensaba, con base en esa referencia, que era un escritor de literatura infantil.

Casualmente en la Fiesta del Libro de Medellín me volví a topar con su nombre, esta vez en términos un tanto distintos. Era ponente, junto a otros escritores,  de la conferencia “PORNOGRAFIA, SEXO Y CRIMEN: Esa Medellín desconocida”. El nombre era el mismo, no había duda, pero la diferencia drástica de temas me hacía sospechar de una especie de Dr Jekyll y Mr Hyde. Y para acabar de ajustar era médico…Algo raro se las traía ese personaje.

Ya en dos de los periódicos más importantes de Medellín, el tradicional El Colombiano, en la edición del 13 y del 16 de septiembre y en el alternativo UNIVERSOCENTRO, # 58 de agosto de 2014, me volví a topar con su nombre: su último libro “ENTRE EL MIEDOY EL MAL (El género negro en la poesía colombiana)” era ubicado en la lista de los libros más recomendados (lo que automáticamente equivale a aparecer en el ranking de los más vendidos). Ya el hombre me estaba produciendo curiosidad, entonces decidí programarme para asistir a su charla, dentro de la Fiesta, en el congreso literario Medellín Negro, que congrega autores especialistas en el género. Mientras daba vueltas por las librerías, me lo volví a topar otras 2 veces: Ediciones B había publicado dos novelas cortas suyas en un solo volumen: DESPUES DE ISABEL, EL INFIERNOy ¿ALGUIEN HA VISTO EL ENTIERRO DE UN CHINO? La primera me llamó la atención porque fue finalista entre casi 700 novelas del premio internacional Mario Vargas Llosa y el segundo porque tiene un título irresistible. En justicia, ambas tenían ese mérito: el primero bien poético y el segundo brutalmente atractivo. Esta vez sí lo compré, y el libro fue devorado y saboreado como se hace con los textos buenos: un gustazo, novela negra dura, carrasposa, cruel, sin concesiones. Chuleado, pasó la prueba. La segunda fue en el pabellón de las universitarias, en el Fondo editorial del ITM aparecía otro volumen del autor: "Un asunto miccional y otros casos de Joaquín Tornado, detective". Otro título bien extraño y atractivo. Una colección de cuentos de un rufián llamado Joaquín Tornado, un investigador bastante singular; para mí, otro hallazgo, sobre todo la última nouvelle, una verdadera joya que condensa toda la estética y los mejores valores de la narrativa negra llamada “Tornado y el Obregón”. Ahí le medí el aceite a Restrepo y entendí que se trataba de un autor con oficio, que evidenciaba horas y horas de lectura y manejaba el desenfado del género de una manera natural y fluida. Este estaba en rebaja y de todas maneras valió la pena.

Lo siguiente fue Google, para saber el resto: Finalista del premio Internacional Alvaro Cepeda Samudio con la novela LOS CIRCULOS PERPETUOS(cuatro ediciones hasta que la piratearon y el mismo Restrepo para no pelear más, la montó gratis en internet). Ganador de la Beca de creación del Municipio de Medellín en 2005 con EL PABELLON DE LA MANDRAGORA. Según me cuenta Jorge Consuegra, un libro también adictivo, brutal y crudo, de tema hospitalario, con pincelazos del negro, que no lo abandona del todo. Otro libro LA MILONGA DEL BANDIDO, finalista en el concurso de guiones de Buenos Aires Negra, también navega en las podridas aguas del bajo mundo y sobrevive al naufragio. QUE ME QUEDA DE TI SINO EL OLVIDO, ganadora del Premio de Novela Talentos Ciudad de Envigado 2008, una de las historias más graciosas y entretenidas que recuerdo haber leído en mucho tiempo. Como no se conseguía ya en tiendas, el propio autor me regaló un ejemplar. Me lo gocé de cabo a rabo.

Curioso, pero fuera de los mencionados, los libros parecen difíciles de conseguir. Restrepo dice que el escritor de fuera de Bogotá, sin prensa ni reflectores, se ve condenado al anonimato. Creo que valdría la pena que una editorial comercial se interesara por reeditar y distribuir su obra. Párenme bolas: tiene un enorme potencial de ventas, es entretenimiento garantizado. Haciendo una búsqueda, descubrí que amazon, norma, libreríadelau , digital.gandhi.com.mx, librerianacional.com, artemisedinter.com, los distribuyen por internet. (Al menos los 3 primeros libros citados)

Por fin llegó el día del conversatorio. Estaba con el periodista y profesor Reinaldo Spitaletta, el comunicador y estudioso del mundo porno Ramón Pineda y la cantante y escritora argentina Tatiana Goransky. El tema, ese Medellín oculto que ruge bajo nuestros pies en un mundo acaso más grande que el que se ve en la superficie. Fue un coloquio de antología. Los cuatro se pusieron eso de ruana y los espectadores reían hasta la carcajada, al tiempo que meditaban las duras realidades que los expositores proponían como de ocurrencia en esa Medellín que casi ninguno de nosotros parecía conocer. La conexión con Emilio Alberto Restrepo fue inmediata. Me parecía como si lo conociera desde siempre, como si fuéramos buenos amigos de toda la vida. Es capaz de decir cualquier enormidad sin perder la seriedad y la compostura y su oralidad se acompaña de un calculado histrionismo que lo gradúa de excelente narrador oral, amén de ser un escritor de primera categoría. Tranquilos que Youtube.com no deja pasar nada y allí quedó evidencia de la charla para que se la gocen.

Lo que sigue, aún inédito, es la saga de su compadre (¿alterego?)Joaquín Tornado. Parece que tiene mucha cuerda, pues tema no le falta: apuestas ilegales, robo y falsificación de arte, la mafia de los directivos del deporte, pornografía, prostitución y cine snuff, movidas ilegales del mundo de las aseguradoras. Menudos asuntos condensados en una serie de novelas cortas afiladas como el bisturí que utiliza a diario en los quirófanos. Conociéndolo, afirmo que debe valer la pena.

En este perfil, un tanto a pincelazos, queríamos hacer justicia a un escritor juicioso y disciplinado, cultivado y riguroso que ha venido forjando desde la provincia, libro a libro, una carrera sólida y bien cimentada, con un porvenir que se augura gratificante y que se consolida paso a paso, lejos de los cerrados círculos de la élite de los grandes distribuidores, de por sí excluyente y descalificadora. Se ha venido haciendo con su esfuerzo personal, sin padrinos, con el apoyo de premios y menciones de honor, con una constante labor de pedagogía en grupos de estudiantes en los cuales va dejando la semilla de su legado, con sus conferencias y e interacciones con sus lectores que van dejando una profunda huella en ellos, en el voz a voz. Como bien lo dice Restrepo, lentamente va haciendo camino…

Monday, October 16, 2017

El género negro en la poesía colombiana(Prólogo a la antología ENTRE EL MIEDO Y EL MAL

ENTRE EL MIEDO Y EL MAL
El género negro en la poesía colombiana
Ensayo
por  Emilio Alberto Restrepo
Nota: el portal español Solonovelanegra reprodujo el ensayo del libro que referencia la relación entre crimen, género negro y poesía, en la literatura colombiana, por considerarlo de interés general para los amantes de estos géneros.
Prólogo

vagó toda la noche por calles desiertas
maldiciendo
alguien lo llamó por un nombre que no era el suyo
 pero sabía que era a él a quien llamaban.
José Manuel Arango

Introducción

El género negro, novela y cuento incluidos, trata de explorar el mundo del crimen, describiéndolo desde adentro, penetrando en sus más secretos recovecos.
Su búsqueda, más allá de encontrar o no un culpable, es también una búsqueda estética con una motivación que puede ser abiertamente filosófica o sociológica: encontrar la verdad, describir el entorno deteriorado por el miedo, la inseguridad, la violencia, la venganza, la maldad o la corrupción, y tratar de describir cómo esas características impactan al ser humano e influyen en él como víctima o victimario, detallando el sentido de las relaciones entre los dos protagonistas: cómo la sociedad cambia al individuo y cómo este se deja transformar por aquella, casi siempre para mal.
El género ha sido una especie de amanuense para nada condescendiente, un testigo y relator de primera mano de los aspectos más oscuros y abyectos del comportamiento del ser humano en la relación con sus semejantes. Su ojo avizor no deja escapar detalle y se ha encargado de dejar constancia escrita de las debilidades humanas, mientras, tácitamente, al describirla sin ahorrar detalles, va haciendo una reflexión desde la literatura (no desde la religión ni la jurisprudencia ni el periodismo) de ese deterioro ético, implacable e irrefrenable. Por ello mismo es que, como decía Paco Ignacio Taibo II: “una buena novela negra investiga algo más que quién mató o quién cometió el delito, investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad”.
Lo más tradicional es que el género se apoye en la novela y el cuento, expresiones literarias narradoras por excelencia, basados en la descripción de situaciones concretas o en anécdotas o historias que pueden estar tomados o no de la vida real y modificados en la ficción por la imaginación del autor.
Por eso, cuando se habla de género negro, se hace referencia a novela y cuento. Hasta ahora, nunca se ha tenido en cuenta la poesía. 
Motivaciones
¿Por qué la poesía, por lo menos en la literatura colombiana, no tiene representación en el género negro?, fue la pregunta que planteó el escritor y cineasta Andrés Burgos, durante  una conferencia en el II Congreso Internacional de Literatura “Medellín Negro”. El comentario no se hizo esperar. En Colombia sí hay una tradición poética que tiene que ver con el crimen, que trata de pintar imágenes del bajo mundo, que recrea metáforas alusivas al oscuro universo de la muerte y del delito en un ambiente urbano cargado de asperezas y conflictos sociales. Sin embargo, luego de un rastreo amplio, no encontramos en la literatura colombiana referentes previos consolidados en cuanto a la existencia de “lo negro” en la poesía. Por lo menos como género. Lo que existe son intentos aislados, poemas que deambulan y conspiran desperdigados en periódicos, libros y revistas, pero sin unidad temática, sin circunscribirse en corrientes o movimientos. Esta antología trata de ser el primer intento.
En el estricto sentido de la discusión, es claro que la poesía no puede competir con los equivalentes narrativos de la novela y el cuento, pues es posible que no resuelvan un asesinato; es más, puede que no haya ni asesino ni víctima ni investigador, pero no se debe desconocer que tiene todos los elementos de dicha vertiente literaria. Verso a verso se sienten la atmósfera opresiva, los callejones, las búsquedas que no conducen a ninguna parte o que desembocan en lo más ruin de la condición humana, en un entorno típico de ciudad, envuelto por el temor, la soledad, la pobreza, la maldad o el abandono: las características que recrean la esencia del género negro. Lógicamente, casi siempre sin la carga de una historia, sin el hilo conductor de una investigación, ni siquiera con respuestas, pero el color, el sabor y el olor están allí.
Las imágenes del poema pintan el desencanto, el profundo resentimiento de un hombre usualmente solo —pero no necesariamente indefenso— ante la urbe y sus vericuetos, tratando de sobrevivir desde la marginalidad de su condición con la única arma de su palabra, todavía humeante luego de disparar el poema que lo redime en su indignidad de personaje sujeto a un destino que casi nunca le es favorable. En ello vemos con toda claridad la esencia de lo negro, incluso permitiendo que se adopten desde el poema la brutalidad y la violencia como formas reales y válidas de expresión artística.
El resultado final: agridulce, poco definido, errático, marcado por una sensación de pesimismo. Como la vida. Hay en consecuencia mucho más escepticismo en las calles, vías asfaltadas de un enorme cinismo y una sensación de frustración en el ambiente, pero nos queda a cambio la descripción de la sociedad donde nacen el vicio y el pecado, y la reflexión sobre el deterioro ético de un colectivo del que no podemos excluirnos, pero que sí podemos representar con el arte y la literatura.
La poesía y su relación con el género negro 
En el género negro importan tanto los asuntos éticos como los estéticos. Como ya se dijo, su objetivo, más allá de entretener, es tratar de ahondar en los aspectos del proceder humano y social que tienen que ver con la relación del individuo consigo mismo, con el otro y con la sociedad, sobre todo en lo que respecta a su cara oculta, perversa, violenta. Mariano Sánchez Soler, hablando de cine negro, pero extrapolable a la narrativa y, en este caso, a la poesía, hace un aporte muy significativo al respecto:
El término “negro” tiene mucho que ver con la composición visual de las imágenes, con la estructura narrativa y con la mirada crítica, la búsqueda del realismo, la verosimilitud (…) es preciso que las narraciones criminales contengan la denuncia política, la crítica social; esta última característica es la fundamental para hablar de “género negro”: al tratar temas sociales, políticos y económicos, al bajar el enigma a la calle y a la realidad, el género nos permite acercarnos al funcionamiento del sistema para criticarlo, mostrando sus malas prácticas y sus elementos deficitarios, o para justificarlo con una visión reaccionaria que, por sí misma, también desvela los entresijos del poder. De cualquier poder.
No obstante, los autores del género se preocupan por dibujar con las palabras escenarios y acciones, a través de imágenes que buscan traducir la esencia de lo negro, para proyectar la intención de mostrar lo más oscuro del alma. De ahí se desprenden los elementos que lo caracterizan: la intensidad de la acción, el suspenso y el ritmo narrativo, el miedo y la ansiedad que suscitan en el lector, la recreación de la violencia, la derrota individual, el heroísmo, el descaro, la desfachatez y, siempre rondando, la ambición, el poder, el abandono, la corrupción y el dinero como factores dispuestos a torcer y desviar el destino de los seres humanos.
En este género, la línea que separa el bien y el mal es delgada e imprecisa, y nada de lo que es evidente a primera vista puede considerarse como cierto. Lo más común es encontrar que sus protagonistas son individuos angustiados, temerosos, llenos de dudas e insatisfacciones, sin un sentido muy claro del rumbo de su existencia.
Pero lo más llamativo es la descripción de las atmósferas: callejones y antros oscuros y asfixiantes; injusticia, traición, inseguridad y depravación. El ambiente —primordialmente urbano— de barrio, de esquina, de bajos fondos, es lo que lo define en sus límites territoriales.
En cuanto a la poesía, una de sus características, gracias a su capacidad de síntesis y asociación, es el uso de las figuras literarias. Estas se tejen, en paciente filigrana de palabras, buscando pintar imágenes de valor simbólico que se decantan y se representan en la mente del lector, quien las recrea mediante una especie de decodificación que requiere de su participación (por eso, no siempre es un asunto fácil ni masivo); cuando este cometido se logra, en unas pocas líneas se puede apreciar el mensaje latente condensado en los versos, que llegan a su cerebro como una proyección que se mira y se recibe, no solo con los ojos, ni se oye únicamente con los oídos, sino con la sensibilidad, la emotividad y la inteligencia puestas al servicio del goce, el disfrute y la contemplación.
Si bien la poesía en su concepción tradicional es una búsqueda permanente de  la belleza, no es una motivación única ni excluyente. Este dilema, en lo personal, me lo resolvió un párrafo del fallecido escritor Mario Escobar Velásquez. Al no toparse con su concepto clásico de la estética literaria en la poesía de Carlos Trejos, ganador del Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia de 1995, en contradicción con la fuerza de unos versos que lo conmovían, Escobar escribió en la presentación:
Muy difícilmente hubiera podido creer, antes del libro Manos ineptas, de Carlos Héctor Trejos Reyes, que pudiera hacerse poesía verdadera y honda sin una sola palabra untada de belleza o de bondad o de optimismo o de salud o de cielo o de esperanza o de verde.
Podido creer que los otros cuarenta y dos hablaran de cosas lúgubres, solamente, como tinieblas, ahorcamientos, Judas de Kerioth, condenamientos a fracturas y amputamientos, y malos tinos de la vida, y destrucciones, y naufragios, y trampas y muertes y fantasmas y partidas y muertes —para los de las buenas venturas— y ebriedades y sentencias y herencias de miserias y dolores y manos ineptas —como tullidas y engarabatadas—, e infiernos…
Pero es. Tremendamente es, y uno acabó aprendiendo que las tinieblas son luz y las puses belleza y las maldiciones edificantes. Eso lo logrado por Carlos Héctor, a quien Dios guarde. (En Trejos, 1995)
Esto resume con toda claridad el poderoso efecto de la mezcla de poesía y género negro que pretendemos recuperar en esta antología: joyas que brillan en la oscuridad, fulgores resplandeciendo en el infierno de hordas de desposeídos marcados por la soledad, el abandono y la desesperanza. 
La temática
Dice Mempo Giardinelli, uno de los estudiosos más reputados del género:
Los valores primordiales en que basa su existencia el género negro son en primer lugar el poder y el dinero, y asociados a ellos están siempre la ambición incontrolada, el heroísmo personal, la hipocresía, el machismo, la conquista sexual, la ominosa crueldad que humilla o somete, las infinitas formas efímeras de la ilusión de la gloria. Decir todo esto no es otra cosa que hablar de la naturaleza humana. Y es que el crimen, el poder y el dinero son como el miedo y la culpa: no se puede vivir sin ellos. Aunque la literatura negra conserva enigma (ninguna narrativa existe sin enigma) no es su presencia lo que la define, sino la ambientación que se describe, la causalidad, las motivaciones de sus personajes y sobre todo su lenguaje, que es violento, duro, machista y completamente despiadado.
Con esa premisa emprendimos la búsqueda de los textos más representativos de lo negro en la literatura colombiana. Y la primera referencia apareció a finales del siglo XIX y no precisamente en un tratado de violencia; por el contrario, se trata de un texto infantil de Rafael Pombo, “El gato bandido”, que narra la intención del ciudadano del común de asumir la canallesca como fórmula de vida. Es toda una declaración de principios. Nada distinto a lo que vemos a diario, ya intuido desde un siglo antes, del que toma a su libre albedrío la decisión de asumir el camino del mal como forma de vida, versificado con una ironía y una musicalidad que lo volvió un clásico apreciado por varias generaciones de todas las edades; no podía prescindir, a la usanza de la época, de la moraleja y la enseñanza de anteponer las virtudes y los valores por sobre otras consideraciones.
En esta misma línea se encuentra el hombre que toma voluntariamente la determinación de acoger el pillaje como hoja de ruta con la claridad de una autoconciencia feroz, o el que se sabe marginal, porque entiende que no tiene otra opción, y hay varios poemas que lo registran.
Y para hablar de temas mirados desde siempre con recelo y aprehensión, como el suicidio y la homosexualidad, los poetas siempre han tenido su propia voz. Ya a principios del siglo XX, Bernardo Arias Trujillo había asumido y consignado por escrito en un poema publicado y muy difundido una ruptura con dos conceptos convencionales, muy arraigados para su época: un amor homosexual, y con alguien del bajo mundo. Era ir a contracorriente de los preceptos morales y aun de la propia seguridad personal. Se refería a “Roby Nelson”, poema que deja constancia de esa relación prohibida e intensa. Sobre el suicidio, se citan en esta antología varios poemas alusivos y se recogen textos de vates que efectivamente acabaron de cuenta propia con su vida.
La experiencia carcelaria, que marca los espíritus de forma indeleble, así como los peligros de la calle, son evocados y descritos en forma recurrente; la muerte que espera a la vuelta de la esquina, la pesada carga de una tensión que impregna con su densa bruma el simple hecho de salir a recorrer el laberinto de las ciudades. Los barrios, las esquinas y las avenidas, apéndices y arterias de la urbe, son cantados una y otra vez en definiciones por lo demás melancólicas.
Y el miedo interior, para acabar de acrecentar el que de por sí ya asfixia la ciudad, también se narra en forma reiterativa. O la dolorosa premonición del que sabe que va a morir en sus calles.
Se encuentran, además, versos que evocan un cantar metafísico: una suerte de voces fantasmales, que parecieran de ultratumba, hacen coro y son estampa en la ciudad entre penumbras. Así mismo, alusiones obvias y directas a la muerte como una presencia necesaria y cotidiana. El reclutamiento forzoso, las desapariciones, ese azar casi siempre adverso que agazapado en las sombras planea el zarpazo definitivo.
En otras ocasiones el poema no se escapa de lo explícito, de lo espantosamente real, pues entiende que también puede ser una fotografía de la misma vida o incluso de la muerte, no de la manera periodística, por supuesto, lo que no lo hace menos desgarrador. Cabe aquí el conflicto armado, la confrontación entre facciones que disparan desde todos los frentes y que son motivo de zozobra, de muerte, de crimen, que afectan la paz interior y la seguridad exterior del ciudadano de a pie. Si bien los gobiernos se obstinan en negar oficialmente la existencia de la guerra y no hay bombardeos aéreos de grandes ciudades ni campos de concentración, el monstruo está ahí y la poesía y la literatura lo han evidenciado, desnudando su carácter destructivo y aterrador. Los poemas han seguido su rastro y las metáforas han pintado sus imágenes cargadas de dolor, espanto y destrucción.
Esos, entre otros, son los temas desarrollados a lo largo de muchas décadas de poesía colombiana en lo que respecta al género negro. Esta antología mínima, en la que se escogieron autores de varias épocas y de casi todas las regiones geográficas, trata de recopilar textos representativos que hacen alusión a ese mundo sin perder la música, sin sacrificar esa cadencia que siempre deja algún sinsabor en el espíritu, como en los buenos tangos, como en el mejor Borges, con el gusto agridulce de la insatisfacción, en seres humanos marcados con el sello de la perdición y la derrota.
Referencias
Escobar, M. (1995). Prólogo. En Trejos, Carlos. Manos Ineptas. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Giardinelli, M. La novela negra en la América hispana. Recuperado de: www.mml.cam.ac.uk/sp13/resources/detective/Giardinelli.html
Sánchez, M. ¿De qué hablamos cuando decimos “cine negro”? En Calibre 38, mayo de 2011. Recuperado de:

Publicado en 2014 por Hilo de Plata editores 
Más referencias:

Sunday, September 17, 2017

Saturday, September 16, 2017

CONCURSO UPB: ¿Cuál es tu cuento con el fútbol?

Este es el cuento finalista en el concurso de la UPB ¿Cuál es tu cuento con el fútbol? de Emilio Alberto Restrepo



TODO POR EL FÚTBOL                                                                                                       
¿Que cuál es mi cuento con el fútbol? Hombre, todo es todo, estoy así por el fútbol.
Escúcheme. Ahora tengo 23 años. En esa época tenía 17, estaba en las inferiores del Nacional, los fines de semana me volaba al escondido a jugar con un equipo del barrio, pagaban bien, además los muchachos del combo apostaban plata, casi siempre ganábamos buenas propinas y recogía buen billetico pa´invitar a la niña que me gustaba a tomar gaseosa. Ahí lo importante era el juego, casi siempre, pero cuando venían los duros primaban las apuestas, rumbaba la plata antes que el deporte.
Mi equipo era de los tesos, lo manejaba Zinzonte, jefe del combo de la 92; ya casi nadie quería enfrentarnos, pues era botar el tiempo, todos perdían contra nosotros. Así llegamos a la final del campeonato, había mucha tensión en el ambiente porque habían matado a dos jefazos y el resto estaba escondido. Pero podía pasar lo que fuera, el partido no se suspendía por nada del mundo.
Yo estaba súper-contento, iba de goleador, me iba a meter al bolsillo una bonificación y pa´acabar de ajustar, preciso ese fin de semana, mi hermano anunció visita con mi abuelita y mis tías, que venían del pueblo exclusivamente a verme jugar y alzar la copa y gozar porque me ganaba el botín de oro, que ya era prácticamente mío, por la ventaja de goles que llevaba. Además, logré que a la peladita le dieran permiso, con la condición de que fuera con unas primas, pues el papá era hincha del Medellín y siempre le daba rabiecita que yo jugara con los verdes, pero qué iba a hacer, yo era serio, tenía futuro y le respetaba la niña. Le tocó dejarla ir, o sea que ese día íbamos a tener la cancha llena pa´vernos jugar, muchos de ellos iban por mí, y mi familia y mi amorcito en primera fila, todos haciéndome barra.
Con lo que no contaba, era que faltando pocos minutos pa´jugar nos dimos cuenta que el partido estaba arreglado pa´perder; como teníamos tanto favoritismo, Zinzonte había apostado un billete largo en contra nuestra; iba a ganar millones esa noche y luego se esfumaría con los jefes. ¡Nos ordenaron que teníamos que perder como fuera!
Yo, con ese público, tenía que lucirme; pa´rematar, esa tarde estuve más volador que nunca, metí como tres goles, me anularon uno, sacaba pecho, no me importaba la orden que nos habían dado. Sabía que conmigo no se iban a meter, era el goleador, ellos entenderían.

Al terminar, me pareció raro, los compañeros se dispersaron, nadie me felicitó, quedé solo. Cuando iba a buscar a los otros pa´celebrar, fue que perdí el sentido por el golpe. Ahí me cambió la vida, ni me enteré. Por lo menos la mamá de Zinzonte me regaló esta silla de ruedas. Ese es mi cuento. Tullido-a-punta-de-totazos, pero guerreando como un crack. ¡Todo por el fútbol!

Los cuentos fueron traducidos al inglés, en el libro, que es bilingüe. Aquí la traducción del cuento, realizada por Danny Jean Paul Mejía:



Aquí les dejo una lectura realizada para Teledonmatías:


Wednesday, June 07, 2017

A PROPÓSITO DE LAS INFECCIONES EN CIRUGÍA, UNA EXPLICACIÓN PARA PERSONAL NO MÉDICO

A PROPÓSITO DE LAS INFECCIONES EN CIRUGÍA, UNA EXPLICACIÓN PARA PERSONAL NO MÉDICO                  Emilio Alberto Restrepo

Haciendo un peritaje médico legal, a propósito de una paciente que demandó porque se le hizo cesárea, se infectó y terminó en histerectomía, pregunta el abogado:

¿Dicha infección en área de cesárea es consecuencia de mala praxis de asepsia postparto por cuenta de personal médico o enfermería en la recién parida o es un cuadro que normalmente se presenta en persona que ha dado a luz? El perito asignado contesta: RESPUESTA: Dicha infección pudo ser consecuencia de mala asepsia por personal médico, o de enfermería e incluso también de la paciente, ya que como esta bacteria hace parte de la flora normal por vía ascendente haya alcanzado la cavidad uterina y de allí se haya diseminado al peritoneo.

Al abogado le preocupa esta respuesta y pide un concepto.

No me preocupa mucho, porque dice que la responsabilidad puede ser tanto del uno, como del otro, como de la paciente misma, es decir, no se le puede asignar la carga de la culpa a ninguno en particular, pues cualquiera puede tener la bacteria en sus manos y deja abierta la posibilidad de que sea la paciente misma, pues especifica que hace parte de la flora normal y que por vía ascendente entró a la cavidad uterina y de allí al peritoneo.

Es más, en la cadena real de responsabilidades de la asepsia, el que menos impacto tiene es el cirujano, pues no es el directo responsable de lavar a los pacientes. De esto se encargan las auxiliares de enfermería o las enfermeras profesionales y la instrumentadora es la que maneja las pinzas, los materiales y ropa quirúrgica que está dentro del paquete asignado a cada paciente. Más aún, por encima de estos cuatro funcionarios, está la central de instrumentación, en donde se lleva a cabo el proceso de lavado y esterilización de la ropa y el instrumental. Allí hay otro grupo de personas encargadas.

Pero si un solo punto de esta cadena falla, si los autoclaves o las máquinas que llevan a cabo el proceso de esterilización no hacen bien su función, o los marcadores de calidad no están precisos y ajustados, o hay algún inconveniente en el secado, un solo error, la bacteria entra en contacto con el paciente y lo infecta.

Estamos indicando que cuando una paciente se infecta por una cirugía, hay una enorme lista de implicados que pudiera explicar el asunto, el problema es que, para efecto médico legal, siempre demandan al cirujano que firmó la historia, sin contar con que en ese lapso la paciente estuvo en contacto con muchas personas (a veces decenas) y muchos procesos. Y más en maternidad, que la paciente presenta secreciones continuas y casi nunca está menos de 24 horas en contacto con la flora hospitalaria.

Veamos: la paciente entra al hospital, está un rato en la sala de espera con otras personas, una enfermera la recibe, un médico le hace un tacto, otra la rasura, otra le pone una sonda, siguen más tactos de la vigilancia de la labor de parto, la paciente orina en un “pato” no estéril o defeca en el baño, más contaminado todavía, es programada para cirugía después de varias horas de trabajo de parto y muchos tactos(recuerden que la vagina tiene su propia flora), otra le aplica yodo en el abdomen mientras entra al quirófano(esto se llama “pre-asepsia”), otra le escucha el niño con un aparato en el abdomen(que nunca se limpia con alcohol y se le pone a todas las señoras que entran ese día, esa semana, ese mes), la entran a un quirófano en donde se han hecho cientos de cirugías en un año, montada en una camilla que lleva y trae pacientes las 24 horas del día; otra funcionaria la acomoda en una mesa quirúrgica que se supone que está recién aseada por una funcionaria de servicios generales que pasa la misma trapeadora por todas las salas(en contacto con sangre, orina y materia fecal o purulenta), otra trae la ropa y el material de la central de esterilización, le hacen la asepsia, la cubren, entra el cirujano y llama al ayudante que muchas veces viene de urgencias o de los pisos donde hay otros pacientes infectados o de la calle y la operan. Después pasa a una sala de recuperación en donde hay otros pacientes, algunos de ellos con infecciones, y después la llevan a una habitación con otras pacientes en similares condiciones. Y hay aires acondicionados que tienen flujos de corrientes que muchas veces arrastran microrganismos, algo suficientemente documentado en la literatura.

Y fuera de todo lo anterior, tenemos que contar con que sus defensas funcionen adecuadamente, que no sea diabética, que no tenga inmunodepresión por alguna causa oculta, que esté bien alimentada, que no esté deprimida, etc

¿Cómo garantizamos que todos estos funcionarios están sanos, que se han aseado una y otra vez manos y uñas, que tienen el cabello completamente recogido, que no están colonizados de bacterias en sus orificios de las orejas, nariz, boca y ano?

¿Cómo garantizamos sin violentar su intimidad que ellos o sus familiares en sus casas no tienen diarreas, que alguno no tiene un granito con pus o una pústula de acné o una amigdalitis o una bronquitis inicial, o un herpes o una enfermedad contagiosa?

¿Cómo garantizamos que todos cumplieron los protocolos e hicieron la lista de chequeo que permitiera confiar en la cadena de desinfección?

¿Cómo sabemos que ese día los equipos estaban bien calibrados y alcanzaron las temperaturas óptimas?

Por eso es que a pesar que se haga todo con rigor y vigilancia, que se cumplan todos los estándares y protocolos, la infección se sigue presentando en un porcentaje estimado y no se ha podido erradicar. Por eso en el peritaje, y basados en la literatura, se dice que toda cesárea tiene el 2% de riesgo de infección, hágase lo que se haga, opérela quien la opere.

Esa es la gran angustia del cirujano: que, aunque haga las cosas con rigor y compromiso, aunque aplique los protocolos, de cada 100 cesáreas va a tener 2 de ellas infectadas. Porque hay muchas cosas en esa cadena de la asepsia que no dependen de él. La gran mayoría van a evolucionar sin complicaciones, pero alguna puede ir hacia la sepsis y termina, como esta, en histerectomía, muy a su pesar.


Y él, sabiendo todo esto, tiene que asumir que, si la paciente se infecta, al que le van a caer con todo el rigor, la rabia y la avaricia, es a él.

NOTA: En la edición de El Colombino de Junio 11 de 2017, apareció un artículo del mismo talante, escrito por el gran autor Juan José Hoyos, que también trataba el tema de las infecciones hospitalarias. Lo incluyo para tener más elementos de análisis:

http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/como-las-bacterias-colonizan-un-hospital-AY6706046


https://www.pressreader.com/@Emilio_A__Restrepo/csb_eqz82atXLIwrt5s62hVCRWEtSu_2pqAtdabIRSzq3lI

Y en El País de España:
http://elpais.com/elpais/2017/05/24/ciencia/1495611408_352870.html

Sunday, May 07, 2017

COLEGA, CUIDADO CON ESAS VERDADES REVELADAS

COLEGA, CUIDADO CON ESAS VERDADES REVELADAS



Es muy común notar que, con el paso del tiempo, muchos colegas van adquiriendo una entonación pontifical que les marca el tono de la voz, como si en realidad pensaran que son los dueños de la verdad revelada.

Con los años y los méritos y los triunfos personales y profesionales se va perdiendo ese tono respetuoso y discreto que permitía interactuar en condiciones de tú a tú con los semejantes, y se adquiere un insufrible aire de superioridad impostada, o autoinflingida, que, en lugar de ganarse el respeto, más bien atrae la animadversión y el rechazo.

Muchos colegas se la van creyendo que por aquello de la “edad, dignidad y gobierno” pueden alzar la voz, pueden dirigir la vida de los demás, pueden andar descalificando los conceptos y la forma de ser del otro, que pueden ir por el mundo dando cátedra de moral, poniéndose como ejemplo de seres “bien-pensantes”.

“Usted está sesgado, mi amigo”…”Es ridículo lo que 
usted piensa”….” A sus años y diciendo esas sandeces, ¿es que no va a madurar?” “Está equivocado, el que tengo la razón soy yo, lo que usted piensa va en contravía de la verdad” “Cómo se le ocurre no ir a la marcha, o votar por Fulano, o no apoyar a Zutano, colega, ¿usted en qué mundo anda? Revísese, ¿cómo puede usted conciliar el sueño después de eso?”

Y ese egocentrismo de palabra, pensamiento y obra los va llevando a concluir y a sentir realmente que el que no piense como ellos está errado y va en contravía de la lógica y la verdad. Es muy común observarlo en los grupos de chat por Whatsapp o por Facebook ver las descalificaciones gratuitas y los matoneos al que se atreve a pensar distinto, o a plantear dudas o a interrogar un comportamiento de la mayoría que él considera que tiene muchas cosas discutibles o se atreve a cuestionar las actitudes de algún líder del cual se piensa que no actúa con toda la ética y la transparencia que se estima sana y equilibrada para dirigir un movimiento.
Este sacralismo se vuelve epidémico en tres esferas: la política, los deportes y la música. En el espíritu de muchos ciudadanos se esconde  un brillante técnico de fútbol o del deporte que esté de moda, un politólogo con aires de estadista que se las sabe todas (y las que no se las inventa) y un crítico musical severo y excluyente que le lleva a desdeñar todo lo que se salga de le esfera de sus afectos: “Yo no sé qué le ven a ese ruido, quien dijo que el vallenato o el reguetón eran música, en mis tiempos sí que había armonías, en mi época los bailes si eran decentes, no ese restregón de hebillas, deberían pagar motel” o “yo no sé ese idiota porqué insiste en colocar a tales en el equipo o ese vergajo debería jugar más lateralizado, no sé porque ese imbécil insiste con él, debe tener comisión en el pase de compraventa” o “el que vote por tal y pascual es un guerrillero encubierto, cómo se les ocurre apoyar ese asunto, no sean idiotas carajo,  no ven que llevan el País derechito a convertirlo en una cloaca como X o Y república, ¡animales!, ¡atarvanes!”

Y se enojan genuinamente con el colega de toda la vida, se cuestiona hasta la inteligencia del contertulio, se le pisotean los principios de formación, se tira al aire un manto de duda de sus reales intereses al apoyar la iniciativa con la que no se está de acuerdo.

Colega, créame, no vale la pena. ¿En dónde quedó su buen humor, su capacidad de negociar la diferencia, su respeto por la opinión de los demás? ¿No cree que esa actitud le estrangula la úlcera y le trombosa las hemorroides, mientras acaba con la camaradería que alimentó durante tantos años?

¿Sí vale la pena acabar amistades de toda la vida por defender actitudes de políticos que lo usan a usted a su antojo, que lo manipulan para enriquecerse y hacerse al poder para satisfacer sus intereses personales, mientras brindan complacidos por tener hordas de idiotas útiles como los que en las calles se revientan por apoyarlos?¿Si cree usted que los resultados de la selección van a cambiar por sus comentarios de sabio de pacotilla? ¿Cree usted que los estadios se van a dejar de llenar en los conciertos del artista que usted desprecia y que la juventud, por esa razón, va a dejar de disfrutarlos? Me atrevo a pensar que no, pero podría estar equivocado, para que no entremos en contradicción.


Colega, hay que volver a la tertulia risueña y afectuosa, al respeto por el otro, al disfrute de la buena charla y los mejores tragos, a la complacencia del deporte sano y la cadencia melodiosa de las canciones bellas. Hay que recuperar el liderazgo asertivo, para defendernos del opresivo. Colega, hay que entender que no tenemos la verdad revelada, no vale la pena creer que, porque lo digamos, somos mejores o sabemos más que los demás. Bajémosle al volumen, que, como decían los viejos, “por el tonito se dañan los matrimonios”.
CODA

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Orlando Ramírez Casas

6 may. (Hace 1 día.)
para AlvarezAlvarezArangoAriasArredondoBravoBustamanteBustilloCalderónCalderónCamachoCampuzanoCeballosCeballosDelgadoDomínguezDomínguezEcheverryEstradaEstradaGalloGarcíaGaviriaGiraldoGiraldo
Hola, jóvenes:

Hollywood suele ser un espejo de la realidad, y hay películas en las que uno se encuentra con ambientes universitarios en los que los hijos de la élite matonean al nerd o don nadie de turno. También se ve tal cosa entre nosotros y recuerdo lo graciosa que era la rubia teñida (o catirita de farmacia, que dirían en Venezuela) que hacía de recepcionista y era representada por la actriz Lorna Paz en la telenovela “Betty, la fea” versión colombiana. Lorna, que era arribista a morir, se inventó el haber cursado unos semestres de carrera en la Universidad de San Marino, y este nombre ficticio era peyorativamente mencionado como contraposición a las universidades de Los Andes, Javeriana, El Rosario, San Bartolomé, Eafit, Icesi, y demás universidades “donde estudian los hijos de nosotros”. Tengamos en cuenta que a “los hijos de nosotros” se los educa para mirar despectivamente a los egresados de universidades públicas como la Nacional o la de Antioquia, y ni se diga los que exhiban en la pared diplomas de universidades de garaje de las que no requieren entrevistas ni exámenes de admisión “porque lo único que hay que pasar es la avenida circunvalar que queda al frente”. Estos no califican para entrar al club social de la ciudad, y no pregunte cuál es porque en cada ciudad a la hora de la verdad no hay sino uno porque los demás, según la élite, “son recocha”.

Tal vez la carrera en la que más se ven las diferencias sociales pregraduales es la de Medicina. Suelen las facultades insistir en que sus estudiantes desde el primer semestre usen bata blanca con el nombre bordado en el bolsillo, y se traten desde un principio de doctor por aquí y doctor por allá. Se trata de enseñarlos a que se den su posición y toque de distinción, y de lavarles el cerebro para que se acostumbren a saber que ellos no son iguales a los demás, y que los pacientes no pasan de estar en la categoría de “hijos de vecino”. Esto que digo lo digo en términos generales, porque tengo varios parientes y amigos que son médicos pero cuyo comportamiento corresponde al de la excepción que confirma la regla porque su sencillez de trato se sale del molde preestablecido.

Uno de ellos es el médico ginecobstetra, profesor universitario, Emilio Alberto Restrepo Baena. Ustedes lo conocen porque ya les he dicho que él es escritor y en los ratos libres que le deja el ejercicio de la medicina se mueve en círculos de libros y de intelectualidad. Pero no crean, por esto, que se da aires de intelectual. Todo lo contrario. Él toma las cosas de manera natural sin hacer alardes. Por esto, y mucho más, se ha ganado mi aprecio.

Acabo de recibir uno más de los videos que él está grabando en el canal local de televisión del municipio de Don Matías, y esta vez da otra zarandeada a algunos colegas de los que se creen bajados del ombligo del Espíritu Santo. Simpática la alocución del querido amigo que, naturalmente, comparto con ustedes.

Abrazos,

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
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