Sunday, May 29, 2005

MEDELLíN UNDERGROUND

MEDELLíN UNDERGROUND
Emilio Alberto Restrepo Baena






La ciudad , tal como la conocemos, es nuestro hábitat natural, el lugar donde transcurre nuestra cotidianidad y nuestro quehacer. La gran mayoría vivimos en ella y de ella. Allí trabajamos, estudiamos , nos recreamos, casi siempre en una forma convencional, normatizada, predecible, organizada. Tenemos rutinas predeterminadas que condicionan nuestro comportamiento social en un equilibrio mas o menos justo entre nuestros derechos y deberes. Casi todos somos así. Casi todos tenemos un trabajo socialmente aceptado, estudiamos en una institución conocida, vivimos en un barrio nomenclado.

Pero hay otra ciudad que no conocemos. Hay otra urbe subterránea en total contravía de la que asumimos a diario, verdadero laberinto oscuro, impreciso, indefinible, que vive a su propio ritmo y con unas reglas de juego sorprendentes y a veces aterradoras. Es lo que se conoce entre iniciados como el “Medellín Underground”. Y no solamente nos referimos al crimen organizado, que en toda ciudad ocupa su lugar dentro del espectro de lo “normal”, de lo esperado. Por eso no nos sorprende que haya traficantes de droga, de armas, sicarios, ladrones de autos, guerrilleros, paramilitares, asaltantes callejeros, etc, que ya se convirtieron en parte del paisaje natural de las grandes y aún pequeñas ciudades.

Nos referimos a otros mundos menos definidos, más volátiles, más borrosos. Por ejemplo hay un grupo de desposeídos que asumen su tragedia de parias con una dignidad distinta a la de los tugurianos o de los desplazados. Se trata de errabundos de más astucia que viven del descuido de las agencias de arrendamientos, cuya rutina consiste en simular que son potenciales clientes de un apartamento de barrio de clase media o alta, sobre el cual averiguaron que hace mucho tiempo no se alquila. Se presentan bien vestidos, con cédula en mano y piden prestada la llave para supuestamente verlo y alquilarlo. Le sacan copia, la devuelven, y luego por la noche entran subrepticiamente a él. Usualmente repiten el ciclo por varios meses, hasta que tienen que salir, pero pasan a ocupar otro que previamente detectaron. Allí expertos en silencios y oscuridades pernoctan, cocinan, se aman, pasan la vida en espera de mejores tiempos. No es extraño; esta población evanescente es más abundante de lo que uno piensa.

Otros con menos fortuna viven bajo los puentes de las quebradas y más aún, en el sistema de alcantarillas aledaño al río, donde hay todo un submundo laberíntico ocupado por familias enteras, clanes que no necesariamente conforman rufianes o pillos. Ingeniosamente se instalan servicios públicos de contrabando y la policía conoce de verdaderas batallas campales y tragedias en la lucha por el territorio, pero se ven intimidados para ejercer allí la autoridad. En los barrios de bajos fondos existen casonas viejas colonizadas por hordas de viciosos que se encierran allí para consumir drogas en condiciones extremas de hacinamiento, suciedad y promiscuidad. Todos recordamos el allanamiento por parte de las autoridades de un viejo edificio ubicado en “Barrio Triste” conocido como “Las cuevas”, de donde expulsaron más de doscientas personas que vivían día y noche durante meses consumiendo toda clase de sustancias; se encontraron túneles que comunicaban con otras construcciones para huir en caso de emergencia, se encontraron niños de meses que habían nacido allí y nunca los sacaron a la calle y mucho menos los registraron ante la ley, en una situación aberrante de desnutrición y descuido, conviviendo como bestias con todo tipo de roedores e insectos.

En el mundo del entretenimiento, no todo son centros comerciales, parques públicos, teatros o museos. Además de la prostitución profesional tradicional tan ancestralmente arraigada en todas las poblaciones, hay sistemas especializados en sexo para satisfacer todos los gustos, dejando casi sin límites a la imaginación: prostitución de niños de ambos sexos, sin discriminación de estrato social, a domicilio, sin limitaciones en el momento de satisfacer al cliente ; ofrecimiento de sexo real con animales o bestialismo, que sorprende por el entrenamiento que tienen para ejercer el oficio ; casas de citas con colegialas de verdad, que a escondidas de su familia ejercen su labor aún en locales de lujo y por catálogo. Modelos de moda, que si se logran contactar en forma precisa, venden sus favores por millonarias cifras. Estudiantes de ambos sexos que hacen visitas domiciliarias para practicar por una suma de dinero masajes de todo tipo, shows de nudismo privado o para pequeños grupos, sexo colectivo, espectáculos de sado-masoquismo, despedida de solteros, uso de los más sofisticados aparatos, etc. Es común contactarlos en los medios universitarios y en publicaciones especializadas. También existen en la ciudad salas de cine “snuff”, donde proyectan películas de filmaciones reales de sexo “duro”, donde derrochan altísimas dosis de violencia sexual y física e incluso ocurren muertes reales, no fingidas por la víctima.

Hay quien asegura sin poderlo demostrar que varias de esas películas han sido filmadas en la ciudad . También hay sitios especializados en intercambios de parejas, clubes y bares de homosexuales, todo tipo de shows de striptease , salas de lucha libre nudista, clubes de pelea con sistema de apuesta; ahora florecen las líneas calientes, donde se da rienda suelta a todo tipo de expresiones sexuales y pornográficas por teléfono, lo cual ha resultado ser un negocio redondo. También se hacen revistas eróticas y se filman videos comerciales de pornografía.

En el campo de la rumba, con énfasis en la población de adolescentes y adultos jóvenes, han proliferado locales anónimos y bien camuflados donde se rematan las fiestas o donde la gente sigue bailando y bebiendo una vez cerradas las tabernas y discotecas. Se conoce como salas “after party” y allí, a puerta cerrada, con discreción para la admisión de los clientes, muelen música a volumen y ritmo estridente hasta ver el amanecer. Se consumen todo tipo de licores sin restricción y parece que la droga circula a manos llenas.

El bajo mundo también tiene sus expresiones poco convencionales en el submundo urbano. Según un conocedor, en Medellín es posible conseguir absolutamente cualquier cosa. Desde narcóticos de todo tipo como la marihuana y la cocaína, hasta droga dura como la heroína y el ácido ( LSD ) , pasando por las pastas, de las cuales ahora hacen furor unas llamadas “éxtasis”, “Blues”, “Pulpos”,etc. Hay un tráfico descomunal e ilimitado. Se consiguen armas de corto y largo alcance, de todos los calibres, profesionales y también de confección casera artesanal o “hechizos”.

Se venden y compran cheques, facturas de difícil cobro, contenedores con mercancía, medicamentos europeos y americanos originales y falsificados, dólares buenos y falsos, marquillas de ropa fina, animales exóticos y en peligro de extinción, etc.

Este mercadeo de todo tipo de artículos se hace en lugares públicos que operan bajo otra fachada en edificios de oficinas y aún en las grandes plazas de mercado . Solo se necesita un buen contacto y efectivo en la mano . Allí mismo funcionan oficinas para contratar sicarios, para hacer cobros de deudas difíciles por vía de la intimidación, para trabajos de detectivismo informal o seguimiento y espionaje de víctimas potenciales de secuestro y extorsión, de infieles o de socios sospechosos de fraude, para ejecutar actos de terrorismo o para intervenir teléfonos, para falsificar firmas o documentos, para “lavar” o borrar cheques. Se fabrican cédulas, pasaportes, visas falsas, tarjetas del seguro de U.S.A.; se cambian marcaciones de motores, de máquinas y vehículos, etc. Es real. Todo es posible . Siempre hay un experto dispuesto a realizar cualquier tipo de trabajo sin escrúpulos ni condicionamientos de tipo moral y ético.

En este comercio ilícito, posiblemente el más increíble y aberrante es el humano. Como en la mejor tradición de la esclavitud o del feudalismo a usted le venden mujeres campesinas de extrema pobreza venidas de la costa y del Chocó . Allí los padres de familia solo necesitan hijos varones para trabajar la tierra y no pueden darse el lujo de criar y sostener mujeres . Solo necesitan una que cuide la casa, haga la comida y cumpla funciones sexuales y reproductivas . Es más útil un burro, un perro cazador, herramientas, utensilios de cocina y víveres .

De esto se aprovechan intermediarios que hacen la conexión y las venden a las familias de la ciudad para el servicio doméstico a bajo costo, sin sueldo y sin prestaciones sociales y a veces terminan en la prostitución. En su mente se asumen como propiedad exclusiva del dueño en una actitud sumisa e incondicional. También se da el caso de personas que alquilan niños que son utilizados para pedir limosnas en las calles.

En la ciudad proliferan las sectas satánicas, con sus rituales y convicciones y en varias ocasiones han sido vinculadas a episodios de robo de niños, oleadas de suicidios, intoxicaciones colectivas, etc. Suelen hacer sus reuniones, conocidas como aquelarres o “sabbaths” en garajes, sótanos e incluso cementerios y ocasionalmente acompañadas de un grupo de rock fuerte, bailando una música violenta y frenética conocida como “pogo”, terminando en desenfrenadas francachelas de alcohol, drogas y sexo promiscuo. Algunos aseguran que hay pederastia y bestialismo, y los han asociados con crímenes varios, como vandalismo, profanación de tumbas, violación de menores, sacrilegios religiosos e incluso asesinatos.

En fin, el laberinto interminable del Medellín subterráneo que desconocemos o que no queremos ver, sigue su marcha a su propio ritmo y con sus propias leyes, muchas veces entrelazando sus tentáculos con el Medellín “normal”, el cotidiano, el que nos ocupa nuestro día a día. El que la mayoría no lo conozcamos, no implica necesariamente que no exista y en ocasiones el descubrirlo abruptamente es una terrible y confrontadora experiencia que puede tocarnos directamente en carne propia o en la de nuestros propios hijos.

Lo más impresionante es que los protagonistas de muchas de estas historias oscuras que realmente están ocurriendo están a nuestro lado, pasan camuflados por nuestras narices sin que nos percatemos de ello, bien sea como ejecutores o como víctimas de ese retorcido mundo. El anonimato, la doble vida, el carácter soterrado, lo subrepticio es característica fundamental para que el vecino, el hermano, el hijo o el esposo pasen desapercibidos.

Nota: En una entrevista periodística, se tocó el tema referido en el artículo:

https://www.youtube.com/watch?v=qQW0ahTcmSQ


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