Thursday, July 02, 2020

LOS EXCLUIDOS DEL FÚTBOL REVISTA CRONOPIO





Escritor invitado

 REVISTA CRONOPIO EDICIÓN 89 CRONOPIO ESCRITOR INVITADO 0 COMMENTS

Por Emilio Alberto Restrepo*
Casi desde sus comienzos, el fútbol se tornó en un asunto de masas, con un impacto profundo en todos los sectores. Podríamos aseverar que nada en el mundo moderno se ha podido aislar a su profundo impacto e influencia. —Hasta los papas, tan serios y graves ellos se han involucrado, recordemos a Wojtyła y a Bergoglio, entre otros—.
En el periodismo ocupa grandes titulares y una gran proporción de las páginas informativas. Cuando hay certámenes importantes, el despliegue informativo copa la radio, la televisión, las revistas de actualidad, la Internet, las redes sociales, la propaganda.
Las multinacionales se disputan el apoyo a los grandes equipos, saturan los espacios publicitarios de las trasmisiones, ponen sus marcas en las camisetas, en la publicidad, en los balones, en las vallas de los estadios y compiten por imponerse contra sus rivales en los patrocinios, giras y comercio.
En la parte económica, los representantes de este deporte mueven más dinero que el resto de las empresas, son verdaderas multinacionales e impactan en las transmisiones, en la boletería, en el valor de los pases y comisiones, mueven campañas publicitarias, todo en torno a la danza de los billones.
Los futbolistas son personajes de élite que cotizan sus pases en cifras astronómicas, hacen parte del jet set y del periodismo de farándula, opinan de lo humano y lo divino, cada comentario, romance o desliz es noticia de primer orden, alimentan el morbo de paparazis y fanáticos que están pendientes de todos y cada uno de sus movimientos y sus miserias y triunfos son alimentos de un público frenético y ávido de sensacionalismo.
También se ha contaminado de la corrupción y sus tentáculos resbalosos. En su evolución hemos visto cómo se ha formado prácticamente una mafia en torno a sus transacciones, a la elección de sus directivas, en las presiones para lograr determinadas sedes para los campeonatos o para favorecer asuntos de transmisiones mediáticas a cadenas específicas, o malversación de fondos o coimas o chanchullos en boletería y muchas más situaciones embarazosas y cuestionables. Y ni se diga de arreglar partidos, de amenazar deportistas para presionar resultados o de comprar jueces. O de alentar la vitrina de jugadores para mejorar el valor de sus pases o fomentar su llamamiento a convocatorias para facilitar su venta. O estimular a las barras bravas para ejercer presiones indebidas, que muchas veces cohonestan con el microtráfico de drogas o de armas, el mundo de las apuestas o los negocios de parqueo, comidas o vigilancia de los alrededores de los estadios. Es todo un submundo que a veces el ciudadano de a pie no alcanza a dimensionar, que solo ve por encima el fenómeno del barrismo como un asunto puntual de delincuencia, desorden y desmadre de unos sujetos desadaptados que se refugian en lo colectivo para dar rienda suelta a sus carencias como individuos y no sabe que bajo su fachada puede existir toda una estructura amparada en el crimen organizado.
Lo mismo en lo político. Su esfera supera lo deportivo para impactar lo electoral y dar apoyo partidista y económico en ambos sentidos: directivos que ayudan a elegir dignatarios y políticos que hacen lo propio. O para obtener permisos, o para suavizar asuntos tributarios o para halagar con cortesías o descuentos o contratación de personal y hasta falsificación de documentos con la edad de los pupilos. Sin contar con el oportunismo maniqueo que suele rodear las campañas, cuando los candidatos se dejan retratar muy sonrientes con las figuras de la temporada. Sus alcances muchas veces llegan a rincones insospechados.
En la parte cultural también tiene un profundo impacto. Muchos creadores se han sensibilizado por su estética y se han inspirado en su dinámica para diseñar sus propuestas en torno a este deporte y lo que lo rodea: hay arte que pinta e interpreta al futbol, cine de futbol, literatura de futbol (ensayo crítico, ensayo literario, cuentos de futbol, crónica periodística, biografía, columnas de prensa, caricatura, cómic, letras de canciones, poesía, coplas) que trascienden lo puramente deportivo y se impregnan de lo cultural e intelectual. El fútbol como una de las bellas artes, que puede ir más allá de lo aparente y superficial para recrearse en lo estético, en lo poético, en lo evocador, en un generador de reflexión y en un catalizador del comportamiento humano, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Por eso sostenemos la tesis de que el futbol es omnipresente, tanto por convicción como por fervor intransigente; lo mismo como entretenimiento puro, como por herramienta de evasión, tanto por amor al deporte y valoración de su esencia puramente estética hasta contrastar con el extremo del fanatismo más obcecado. Y es democrático, impacta tanto al pobre como al rico, al culto como al iletrado, hermana a las derechas con las izquierdas, a los religiosos con los ateos, reconcilia bandos de orillas opuestas.
Y como se puede colegir, toca con los intereses más altruistas y con los más mezquinos. Con lo bello y con lo feo. Con lo sensible y poético y con la agresividad más descarnada. Con la hermandad y con la confrontación. Con la abstinencia y la ebriedad. Con lo sensitivo, pero también con lo irracional, o con lo primario, a la vez que involucra lo cerebral.
Pero al mismo tiempo, mientras todo aquello ocurre, mientras las tribunas tiemblan, las gargantas rugen y las coronarias sufren espasmos, hay un grupo que definitivamente no estamos representados por el futbol, que no vibramos con él, que nos sentimos como leprosos ante su universalidad, su ubicuidad y su difusión masiva: somos los excluidos del fútbol.
Y aunque se nos ignore, existimos y estamos ahí, pese a que muchos de nosotros no lo declaren y lo disimulen, para no padecer el linchamiento mediático y social a que muchas veces estamos sometidos, o simplemente para ser aceptados sin discriminación.
Desde la infancia se nos mira como bichos raros. Si no nos incorporamos a las expresiones masivas en la escuela, si no hacemos parte del colectivo, somos dejados a un lado y muchas veces maltratados. Ni los padres ni los maestros ni los compañeritos pueden entender que prefiramos una lectura o una película o una conversación a un partido de futbol. Si lo expresamos, entonces somos asociales, nerds, perezosos, tullidos o simplemente mariquitas.

En el pensamiento social y grupal es imposible que no queramos hacer parte del equipo o que no participemos en el «picadito» [1]. Si lo hacemos para tratar de encajar o porque nos sentimos presionados, entonces ante el bajo o pésimo rendimiento por nuestra falta de habilidad o por miedo a una lesión o por evitar la brusquedad y el choque físico, entonces somos calificados de «maletas» o «petardos» o «troncos» y ahí generamos otra nueva causal de ninguneada y matoneo. O sea, malo porque no jugamos y malo porque lo hacemos. Excluidos.
Y si nos aburre el ritual de ir con nuestros compañeros de colegio o de barrio de ir a ver entrenar al equipo en su sede, entonces «que no estamos en nada», que nos creemos de mejor familia porque el «futbol es el deporte del pueblo» y ni modo de decir en voz alta que preferimos la asepsia de un partido de tenis o la fogosidad de uno de baloncesto porque «de dónde sacamos esos aspavientos arribistas», o que no somos más que unos «pelados pupis». De nuevo excluidos.
O si simplemente no nos gusta el ritual de ir a un estadio porque nos aterra la sensación de sentirnos perdidos dentro de la masa, o nos da físico miedo caer en la mitad de una pelea de barras, o nos molestan los insultos gratuitos del enfrentamiento entre hinchas, o que nos fastidie estar en el centro del consumo de marihuana o licor que es tan habitual en una tribuna, de nuevo nos vemos atacados por los conceptos, «que no sabemos lo que es bueno», que somos aburridos y desdeñamos el goce popular, que nos perdemos el «verdadero placer de la vida, la emoción de ser un fan comprometido con su equipo». Si argumentamos que preferimos la comodidad de una sala y las ventajas de la tecnología en lo que respecta a ahorrarnos desplazamientos, o a disfrutar de repeticiones, cámaras lentas llenas de sutilezas y detalles, simple, la razón esgrimida es que fue que nos aburguesamos, que caímos en la monotonía y en el facilismo de la clase media conformista, sin sentido de la aventura ni capacidad de la apropiación del goce. ¿No es eso una forma de exclusión?
Y lo mismo si no decimos que dejamos cualquier cosa que estemos haciendo por ver una final de copa, o si no nos ponemos la camiseta de la selección en el trabajo el día que hay un partido importante, o si citamos a nuestros alumnos para compromisos adquiridos con meses de anticipación que se cruzan con un clásico, o si cumplimos la convocatoria que habíamos agendado con alguien a quien respetamos pero que no nos había dicho que tenía pendiente verse el partido y terminamos plantados…
Y también cuando no nos interesa pertenecer al equipo corporativo, ni dejarnos empapelar por eso de «casados contra solteros», porque no queremos sufrir una fractura ni un esguince, no queremos encontronazos ni caídas, ni someternos a un «infarto de jugador de fin de semana», ni ganarnos codazos ni patadas en la espinilla de cuenta de broncas contenidas que aprovechan para salir a flote en la licencia que da un partido, ni pasar con tirones y lumbagos que nos dañan varios días, ni obligar a nuestras familias a ir al club a acompañarnos y fingir alegría y regocijo cuando preferirían estar en otros asuntos, porque este patético espectáculo de rodillones asfixiados sin técnica los tiene sin cuidado y al borde del bostezo en la peor de las harteras.
Entonces debemos pedir disculpas por todo eso, por ser como somos, por reconocer que no deliramos con esa euforia por decreto, que no tenemos la necesidad de insultar ni gritar a nadie que no le guste lo mismo que a nosotros, que no por ser así amamos menos a nuestro país, ni somos apátridas, ni somos maricones encubiertos; simplemente no aprendimos a disfrutar del futbol y por alguna incompresible razón, siendo criados con los mismos valores y costumbres, nos gustan otras cosas y no por ello desdeñamos al que no piense como nosotros. O como nos dicen con cierto desdén, «nos sacaron el chip del futbol», como si eso fuera una enfermedad contagiosa o vergonzante y debiéramos sentir culpa por ello.
En este punto de la vida, ya estamos acostumbrados a ser los excluidos del fútbol. Ya aprendimos cómo pasar de agache cuando sabemos que la ola amenaza con arrastrarnos en su furor, en su iracundia, en su fervor. Ya sabemos cómo organizar las agendas para no importunar a los que hacen girar su actividad en torno a los eventos, cuándo no contestar los teléfonos, cuándo y con quién organizar los paseos, las salidas a restaurantes, las idas a cine o las tertulias.
Ya, a esta edad, sabemos que somos los excluidos del fútbol, con la ventaja de que decidimos que no tenemos que pedir perdón por ello, que no somos más malos, que simplemente somos distintos y que disfrutamos de otras cosas.
Y lo principal, no estamos arrepentidos y cuando nos provoca, nos sentamos a ver el partido que queramos, disfrutamos de los resúmenes de las jornadas épicas, de las grandes jugadas, de las vidas de los cracs, de los golazos que ponen la piel de gallina, pero, eso sí, a nuestro ritmo, con nuestra forma de ser y de sentir y sin sentirnos obligados a pedirle permiso a nadie.
NOTA:
[1] En Colombia se le dice así a un partido de fútbol improvisado o espontáneo, realizado normalmente en una calle de barrio o en cualquier espacio que lo permita. N. del e.
___________
* Emilio Alberto Restrepo. Médico, especialista en Gineco-obstetricia y en Laparoscopia Ginecológica (Universidad Pontificia Bolivariana, Universidad de Antioquia, CES, Respectivamente). Profesor, conferencista de su especialidad. Autor de cerca de 20 artículos médicos. Ha sido colaborador de los periódicos la hoja, cambio, el mundo, y Momento Médico, Universo Centro. Tiene publicados los libros «textos para pervertir a la juventud», ganador de un concurso de poesía en la Universidad de Antioquia (dos ediciones) y la novela «Los círculos perpetuos», finalista en el concurso de novela breve «Álvaro Cepeda Samudio» (cuatro ediciones). Ganador de la III convocatoria de proyectos culturales del Municipio de Medellín con la novela «El pabellón de la mandrágora», (2 ediciones). Actualmente circulan sus novelas «La milonga del bandido» y «Qué me queda de ti sino el olvido», 2da edición, ganadora del concurso de novela talentos ciudad de Envigado, 2008. Actualmente circula su novela «Crónica de un proceso» publicada por la Universidad CES. En 2012, ediciones b publicó un libro con 2 novelas cortas de género negro: «Después de Isabel, el infierno» y «¿Alguien ha visto el entierro de un chino?» En 2013 publicó «De cómo les creció el cuello a las jirafas». Este libro fue seleccionado por Uranito Ediciones de Argentina para su publicación, en una convocatoria internacional que pretendía lanzar textos novedosos en la colección «Pequeños Lectores», dirigido a un público infantil. Fue distribuido en toda América Latina. Ganador en 2016 de las becas de presupuesto participativo del Municipio de Medellín, con su colección de cuentos Gamberros S.A. que recoge una colección de historias de pícaros, pillos y malevos. Con la Editorial UPB ha publicado desde 2015 4 novelas de su personaje, el detective Joaquín Tornado. En 2018 publicó su novela «Y nos robaron la clínica», con Sílaba editores.
Serie de YouTube Consejos a un joven colega.
Twitter: @emilioarestrepo

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Thursday, June 11, 2020

EL PUTO VIRUS: Cuento Ganador Concurso de Microrrelatos Letras en el Confinamiento CASA DE LA CULTURA SANTA ELENA

Cuento Ganador
Concurso de Microrrelatos
Letras en el Confinamiento


                      

                          https://www.facebook.com/cdcsantaelena/?epa=SEARCH_BOX


Felicitamos a los ganadores del concurso de Microrrelatos "Letras en el confinamiento"  y dentro de nuestro reconocimiento, compartimos con ustedes su textos para ser leídos y disfrutados, y también agradecemos a todos los participantes, con la firme intención de divulgar además muchos de los excelentes textos e historias creados e imaginados por ustedes.
Emilio Alberto Restrepo
Categoría Adultos
http://emiliorestrepo.blogspot.com/
@emilioarestrepo
EL PUTO VIRUS
Cuando nos confinaron por la pandemia, nunca imaginé que la vida, como yo la conocía, cambiaría de manera tan radical.

Comprendí que desconocía a esa dama que roncaba a mi lado durante décadas, que nunca me preocupé de cómo pensaba, qué le gustaba, en qué invertía el tiempo libre, ni sospechaba que se fumaba cinco cigarrillos diarios, mientras degustaba unas copas de vino, algo que también ignoraba; cuando yo llegaba en la noche su aliento no tenía rastros de aromas que pudieran delatarla.

Ni sabía que mi hija salía con un hombre casado, que se veían durante el día y en las noches y fines de semana se dedicaba a extrañarlo, no podían compartir, pues todo su tiempo lo dedicaba a su “familia-oficial”. También ignoraba que, por eso, ella estaba recibiendo tratamiento para la depresión. Ni que mi hijo ya había dejado 2 veces la mariguana y había recaído, teniendo incluso un cultivo hidropónico en casa.

Con sorpresa descubrí que yo era un extraño que compartía unas horas en el recinto cerrado de ellos, que me había limitado a ser un proveedor, que les molestaba cuando yo hacía una pregunta de más o cuestionaba algo que ellos pensaban que no tenía ningún derecho; era como si violentara un recinto privado, como si vulnerara espacios sagrados que tenían demarcados y de los cuales yo solo tenía una membresía de unas cuantas horas al día.

Entonces lo comprendí: mi rol me daba derechos restringidos y tendría que asumir mis limitaciones.

Nunca pude recuperar un territorio que-ya-no-era-el-mío y sobre el cual no tenía potestad, ni siquiera un lenguaje común y al final, creo, siento, ni medio afecto.

Cuando todo terminó, hice lo que tenía que hacer y comencé mi vida en solitario. Tuve que marcharme.

El puto virus nos había transformado a todos.
.


Saturday, May 16, 2020

MEMORIAS DE UN LECTOR DESORDENADO

MEMORIAS DE UN LECTOR DESORDENADO                Emilio Alberto Restrepo

Publicado originalmente en: Ficción, la revista # 8 diseñada y dirigida por el maestro Saul Alvarez Lara, que incluye textos de Emperatriz Muñoz Pérez Memo Anjel Reinaldo Spitaletta  Emilio Alberto Restrepo William Rouge Olga Isabel Restrepo Baena Julian Estrada Ochoa Claudia Restrepo Ruiz Luís Calderón Angela Maria Gaviria Rico @Mauricio Torres Paredes @Maria Cecilia Cadavid Moreno Paula Andrea Gaviria @Paola Rego Rahal @Sofia del Carmen Rodriguez
Está dedicada al concepto de "LEER"







En un coloquio con unos estudiantes de archivística y bibliotecología de la Universidad de Antioquia, la profesora quería que hiciera énfasis en mi faceta de lector y de cómo esa actividad había influenciado mi formación como profesional, escritor y ciudadano. Más que una conferencia magistral, se pretendía tener una conversación que explorara la verdadera significancia de la experiencia lectora en mi estructuración. Para ello, primero recopilaron unas preguntas y respuestas, tomadas de mi blog:


Al final, sacaron un documento de relatoría, resumiendo los conceptos expresados. Los reproduzco textualmente, porque son fieles a mi pensamiento y hacen justicia a lo que he cavilado por años sobre la importancia de la lectura.

- ¿Usted se descubrió primero médico o escritor?
-Al principio, siempre estuvo el Verbo.  Primero fui lector, luego médico y ya ejerciendo, empecé a publicar.

- ¿Es su infancia fue un gran lector?
-Desde siempre. Mis padres nos inculcaron a mis hermanos y a mí un gran afán por leer, por el cine y por la tradición oral que hasta ahora conservamos.
                       






Con mi madre Gilma y mi hermano Oscar, desde muy temprano en la vida leyendo, estimulando la lectura, sin importarle su cansancio, sus quehaceres, su trabajo. Un gran estímulo que marcó para siempre el talante lector de sus 3 hijos.




Desde pequeño me encantaban los escritores y me encantaba encontrarme con las historias, a través del comic, de las colecciones de novelas condensadas de Ariel juvenil o de Colcultura, de los cientos de películas vistas en un teatro de barrio sin censura y sin método, a través de la poderosa tradición oral de un barrio y una familia de clase media que hacía culto a la palabra. En fin, el poder de contar una narración que generara interés en alguien, en este caso un contertulio o un lector. Mientras tanto, leía y leía y veía todo el cine que podía.

- ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas sobre ese mundo de detectives?
¿La primera Novela Negra que recuerda?
Ingresé al género por los referentes obligados, los clásicos, ya que con ellos se va a la fija: los casos de Sherlock Holmes, muchas novelas baratas de Agatha Cristhie y ediciones populares de Simenon. No las entendía como “Negras”, sino simplemente de “detectives”, incluidas muchas de bolsillo, puro “pulp” de cinco centavos como Silver Kane o Lou Carrigan, y las novelas gráficas de Rip Kirby y el Agente Secreto X-9. Lo primero realmente negro que leí, fue un cuento que encontré en una revista argentina, escrito por Dashiell Hammet llamado “Un hombre llamado Spade”. Luego en la Biblioteca Básica Salvat leí la “La maldición de los Dain”, del mismo autor. Ahí en realidad perdí la inocencia. Por otro lado, en el teatro “El Subterráneo”, que fue de culto en la ciudad, vi varias películas cuando era adolescente: “El Halcón Maltés”, Marlowe (con James Garner), “La dama de Shangai”, entre otras y ciclos de cine del mismo tema. Era ya claro, eran las historias que me gustaban y que desde entonces me estaban marcando.

Otras influencias fuertes fueron unas historietas con las aventuras de un periodista que hacía investigaciones y recorría el mundo, “Tintín”.  Axterix el galo…todo un goce. Y Mortadelo y Filemón y El Kalifa y Kaliman y Turoc. En fin, los comics en general, lo que en España recibe el raro nombre de Tebeos. Pura “comida-chatarra”, encantadora y deliciosa, pero de una discutible factura y dudoso buen gusto, pero inolvidables; me inocularon el virus de la lectura.

Después llegaron los maestros, creadores de personajes inolvidables, como Dashiell Hammet, Raymond Chandler (que nos pegaron indeleblemente la imagen del detective rudo, irónico y conflictivo  encarnado por Humphrey Bogart) y Patricia Higsmith o James Cain. Luego fui conociendo a Vásquez Montalván, a Francisco González Ledesma, a Paco Ignacio Taibo, a Roberto Ampuero, a  Ricardo Pligia, a Luis López Nieves. En la galería de los grandes están también John Katzenbach, David Baldacci y Petros Markaris. Últimamente, las de Don Wislow.

- ¿Cómo ha sido su vida con los libros? ¿En su casa siempre hubo libros por todos lados?
En mi casa desde siempre hubo libros. Crecimos en medio de las ediciones baratas ya citadas de  Colcultura y Ariel Juvenil, de las revistas de Walt Disney y comics de todo tipo que intercambiábamos con los amigos. Hoy me sorprendo de la estructuración literaria de esas aventuras. Se las tomaban realmente en serio. Nos pueden enseñar mucho acerca de cómo se cuenta una historia, además de ser muy entretenidas, con personajes muy estructurados e historias muchas de ellas épicas, no necesariamente cómicas. Luego mis padres se suscribieron al Círculo de Lectores: dos libros por mes, una bacanal de letras. La condición era que efectivamente nos los leyéramos, no había dinero para derrochar. Hubo una lucha que mis papás perdieron, la de las “buenas costumbres”: evitar que comiéramos leyendo, entrar al baño leyendo, leer hasta tarde en la noche, libros en los paseos o en el carro en movimiento. Pero lo que pretendían lo lograron y nos formaron como lectores. Recuerde: años 60´s-70´s, sin televisión, sin videos ni internet, sólo amigos, calle, juego y lectura. ¡Ah!, y la maravillosa influencia de un teatro de barrio y la tradición oral de la esquina, de la cuadra (con los marihuaneros, los mejores y más delirantes conversadores, portento de mentirosos creativos), además de las historias alrededor de tíos mayores, abuelos y primos. Después la lectura ya era un hábito, hacía parte de lo normal de la vida cotidiana. Un complemento perfecto con el cine para una búsqueda única: las historias. Luego la medicina y lo mismo: leer y leer, de manera constante y necesaria, por exigencia de la carrera.

Resumo: primero, lector voraz y desordenado, sin más método que la compulsión sin filtro alguno. Luego, temático, por géneros y autores. Años después, al tratar de escribir, descubrí el valor de esas lecturas en mi bagaje, en mi caja de herramientas.

- ¿Siempre su vida ha estado cercada con libros, protagonistas, alegrías bibliográficas?
- Siempre he tenido libros al lado mío. Lo primero que exploro en una casa o en un colegio es la biblioteca. He tenido siempre el vicio solitario de esculcar las librerías de viejo, las ventas de garaje, los rebuscadores callejeros del centro. Nunca he perdido la ida y la escarbada. La última reforma de mi casa fue para reacomodar libros y discos, incluyendo los acetatos. En esa transición, ingresé sin conflicto a los lectores-electrónicos y ahora a las tabletas. Con este sistema, he conseguido todos los libros que he querido, los que había anhelado, incluso los que eran referentes y nunca podía conseguir en físico, por ejemplo: Los mejores cuentos policiales, recopilados por Borges y Bioy Casares y la colección del Padre Brown y así una interminable lista. Es un verdadero regocijo.

-¿Primero nació el médico y luego el escritor?
Primero el niño lector, luego el jovencito apasionado por los cómics y el cine de aventuras en un teatro de barrio, influenciado por los westerns, las películas de chinos, detectives y luchadores mexicanos. No sé cómo sobreviví a tanto bodrio, pero me entró una fiebre por las historias, oírlas y contarlas, que nunca se me ha quitado.

-¿Se ha visto influenciado por algún estilo literario?
Evidentemente nuestra generación tiene toda la carga del boom latinoamericano con cierta rebeldía contra el realismo mágico, que no le queda bien hecho sino a García Márquez. Tenemos encima muchas lecturas de él y de Bennedetti, Vargas Llosa, Cortazar, Borges, Cabrera Infante, etc. También admiro a los humoristas y a los cronistas, Vargas Tejada, Salom Becerra, Samper Pizano, Klim, Castillo Gómez, JJ Hoyos, Adriana Mejía, Aricapa, ETC.

Me defino como un lector de lo clásico y los últimos años he hecho énfasis en la novela policíaca que explora la influencia de la ciudad en el individuo. A los lectores principiantes les recomiendo empezar con los textos viejos de Daniel Samper Pizano, como DEJEMONOS DE VAINAS o LLEVATE ESOS PAYASOS, que son de esos en los que “carcajada tras carcajada se va cogiendo el hábito de la lectura”. También clásicos como EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL COLERA, de Gabo o PANTALEON Y LAS VISITADORAS, de Vargas Llosa, con los que “siempre se va a la fija”. Claro que también están los casos de Sherlock Holmes, que son encantadores y adictivos, porque siempre se adelantan al ingenio del lector. Para mí, leer es “abrir la mente, es una forma responsable, encantadora e ilimitada de acceder al conocimiento”, “para la tristeza, para la alegría, para la soledad, incluso cuando los malos amigos o los amores ingratos se van, siempre habrá un libro”



Coda: un cuento del autor publicado también en Ficción, la revista:

"CACA DE PERRO"

https://emiliorestrepo.blogspot.com/2020/04/cuento-caca-de-perro-publicado-en.html




Tuesday, April 28, 2020

El síndrome de la primera princesa - LATERALES MAGAZINE

Laterales Magazine - Medio cultural - Medellín




El síndrome de la primera princesa - Literatura



EL SÍNDROME DE LA PRIMERA PRINCESA                                                                                                                                      Emilio Alberto Restrepo*


Es muy común, más de lo que se reconoce en público, que los escritores participen en concursos literarios. Desde el punto de vista de la probabilidad matemática, lo más factible es que se pierdan, dado que el ganador es solo uno entre cientos, a veces miles, de participantes. A veces hay premios de consolación con un segundo o un tercer premio, muchas veces en metálico, otras con edición y otras veces se declara una lista de finalistas que según el jurado merecen ser exaltados. Casi nunca se gana, casi siempre se pierde, a veces queda uno en la zona fantasma de los seleccionados no ganadores en la recta final, alimentando la egoteca con publicaciones que de entrada descalifican al texto para seguir participando en otros concursos, pero uno se la cree, por el poder que tienen las letras impresas para estimular la vanidad y la sensación de que se están haciendo las cosas bien, de que solo fue que “nos faltaron cinco centavos para el peso”, de que la próxima vez puede que nos vaya mejor, de que hay que seguir intentando. Este es el llamado “síndrome de la primera princesa”, cuando se obtienen estos premios de consolación para el onanismo mental que uno piensa que son mejor que nada, pero que al final resultan siendo efectivamente poco menos que nada, tema de burlas a nuestras espaldas o de palmadas de felicitación en los talleres literarios y algo de aspaviento pasajero en redes sociales.

En 2019 me sucedió a mí, no gané ninguno, pero quedé de primera princesa en varios. Curiosamente todos en microcuento, genero en el que no tenía casi ninguna experiencia. Para no pasar solo el trago amargo del éxito tan obstinadamente esquivo, he decidido compartirlos con el improbable lector. Ya están quemados, no se pueden usar en otros eventos, entonces que sea un motivo para hacerlos públicos y de pronto hacer que alguien les encuentre un nuevo sentido.





1.     En el Concurso de microcuento de la Fundación Haceb – 100 palabras, 80 años contando historias –, en el cual participaron más de  500 microrrelatos, fui seleccionado con 2 relatos. Uno(DUDA) quedó de tercero, con placa, dinero y publicación, y otro(SALA DE JUNTAS) quedó de 9, entre los 100 publicados en las memorias del evento.

DUDA
Luego de la reunión con la chica, procedió a cortar los filetes con el cuchillo eléctrico, los ordenó cuidadosamente en el refrigerador, limpió las entrañas con la manguera del dispensador de agua, batió y licuó los aliños para adobar las carnes que iba a servir en el banquete, utilizó la picadora para hacer el paté con las vísceras.  Con aspiradora,  lavadora y  secadora, limpió todo vestigio de lo que había pasado aquella tarde en la alcoba,  sala y  cocina. Asepsia total. Satisfecho, el hombre se preguntó cómo demonios se practicaba la antropofagia antes de la invención de los electrodomésticos.


SALA DE JUNTAS
Los electrodomésticos definieron, en una electrizante reunión en la que  batieron y ventilaron  ideas, mientras aspiraban consensos,  licuaban conceptos y  congelaban propuestas,   que ya estaba bueno del predominio humano; a partir entonces ellos tomarían el control y reemplazarían board por  cerebro y chip por corazón, pues habían demostrado ser falibles, corrompibles y muy poco confiables. El fax emitió un comunicado, la impresora lo concretó, el bafle lo transmitió…En el momento de firmar el acta, Rosita-la-de-los-tintos tropezó y desconectó el transformador de la energía. La sala quedó oscura y en silencio y todo volvió a la normalidad.








2.     PARCHE CON RULETA RUSA, un cuento de mi autoría, finalista en el concurso "Échame un cuento" convocado por el periódico Q´hubo en septiembre de 2019. Quedó de 4to entre 250 participantes

PARCHE CON RULETA RUSA
Me llamó mucho la atención que ese parche del 31 de diciembre en el barrio, del que tanto escuché hablar, para mí fue el primero y el último.
Me llegaban cada año cartas y postales en las que narraban cómo había sido el del fin de año que pasó, cada vez mejor que el anterior, las llamadas daban cuenta de lo maravilloso que era estar en esa rumba, de lo que me estaba perdiendo, que cuándo iba a regresar y yo con las disculpas, que el billete, que el trabajo(en realidad los tres trabajos) que estar indocumentado, que mi novia mexicana(pero con papeles, esperando un hijo), y mil justificaciones que lo que hacían era demostrar un improbable retorno  cada vez más lejano.
(Hago notar que antes las fiestas eran reposadas, un tanto contenidas, pero desde que llegó Calofe al barrio, luego de un coronis, impregnó la cuadra de desborde, y desde entonces la francachela nunca volvió a ser la misma: desmadre total)
Hasta que un día retorné al barrio. Me había casado; como ella era ciudadana me hice ciudadano legal, el embarazo abortó, creo que por tanta trabajadera y esas estaciones a las que nunca nos acostumbramos. Nos desgastaron las culpas y los reproches, y en una rabia, apenas tuve los papeles, hice todas las locuras posibles, entre otras renunciar a 2 trabajos porque no me dieron el permiso y me vine para Colombia. ¡Era diciembre, me iba a tocar gozarme el parche que durante años me había sido negado!
Volví casi como un héroe de guerra, supe que me apodaron “Gringo” y se corrió la fama de que había regresado “atascado-en-los-billetes”. Era cierto que había ahorrado, tenía más que los muchachos que había dejado en el vecindario, pero distaba mucho de ser un magnate. Y lo que tenía me lo había conseguido trabajando como un burro, nada ilegal, mucho menos traqueteando.
Y supe que Calofe tenía mucha curiosidad de ver cómo estaba yo, no sé si marcando territorio, lo cierto del caso fue que se notaba un tanto retador y con aires de macho-alfa con ganas de demostrar quien-la-tenía-más-grande.

Resumo: Entre tragos, chanzas e historias, la gente fue tomando partido por mí, me veían más refinado y a Calofe como el cafre que era, nunca había sido mas que un aparecido que consiguió plata a punta de torcidos. Y se notaba. Fue un contrapunto total, el ambiente estaba tenso y prometía ponerse peor. Y se puso. Con decirles que al final me retó delate de todos a jugar a la ruleta-rusa y yo estaba tan prendido y tan asado, que acepté. Hicimos cada uno de a 4 disparos, haga de cuenta una final a los penaltis y en el último, la cabeza le voló en mil pedazos. Quedamos todos en shock.
Sobra decir que, entre policías y compinches, me tuve que abrir del parche y volví en-bombas a la USA con la mexicana. La encontré suavecita y aún vivo con ella. Les cuento: Está otra vez embarazada. Hay esperanzas.








3.     El microcuento OFICIO, de mi autoría, quedó en el segundo puesto  en  la convocatoria de la primera edición del “CONCURSO INTERNACIONAL DE MICRORRELATOS MÉDICOS AMIR", organizado por AMIR MÉXICO en colaboración con CITA EN LA GLORIETA y TOPmicrorrelatos. Me dieron un estetoscopio marca Littmann. Aquí está la noticia:




Aquí les comparto el microcuento:

OFICIO

- Bájese sin escándalo… deme las llaves, no quiero matarlo.
- Tranquilo, no me haga daño, no dispare.

No tenía opción. A tropezones, con una opresión en su pecho y una voz apenas más temblorosa que sus piernas, se bajó; viendo aquella mirada fiera, contundente, entendió que era un experto, un profesional.
Entonces, sin quererlo, lo miró a los ojos. Hubiera deseado no haberlo reconocido…maldijo. Se sintió miserable cuando se oyó balbuceando como un imbécil:
- Mendoza…¿no me reconoce? Soy el doctor Restrepo, el que lo operó cuando usted llegó herido al hospital. Recuérdeme, Mendoza; yo lo cuidé, nos hicimos muy amigos cuando usted casi muere abaleado.
- Claro que me acuerdo, médico. Yo estoy vivo gracias a usted. Pero usted estaba trabajando, hizo bien su labor... Ahora yo estoy en mi trabajo y hago muy bien mi oficio.

No sintió nada. Pensaba que las balas dolían al entrar y se alegró de que no fuera así. Le pareció muy duro el suelo y triste la forma cómo se diluyeron recuerdos, afectos, apegos, el orgullo, ese cuerpo que ya casi no estaba, ese líquido caliente que humillaba su hombría, ese frío que le desgarraba el alma....




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* IDENTIFICACIÓN DEL ESCRITOR
Médico, especialista en Gineco-obstetricia y en Laparoscopia Ginecológica.(U.P.B. , U. de A. , CES, Respectivamente). Profesor, conferencista de su especialidad. Autor de cerca de 20 artículos médicos. Ha sido colaborador de los periódicos LA HOJA, CAMBIO, EL MUNDO, y MOMENTO MEDICO, UNIVERSOCENTRO. Tiene publicados los libros “TEXTOS PARA PERVERTIR A LA JUVENTUD”, ganador de un concurso de poesía en la U. de A. (Dos ediciones) y la novela “LOS CIRCULOS PERPETUOS”, finalista en el concurso de novela breve “Álvaro Cepeda Samudio” (Cuatro ediciones). Ganador de la III convocatoria de proyectos culturales del Municipio de Medellín con la novela “EL PABELLON DE LA MANDRAGORA”, (2 ediciones). Actualmente circulan sus novelas "LA MILONGA DEL BANDIDO" Y "QUE ME QUEDA DE TI SINO EL OLVIDO", 2da edición, ganadora del concurso de novela Talentos Ciudad de Envigado, 2008. Actualmente circula su novela "CRONICA DE UN PROCESO" publicada por la Universidad CES. En 2012, Ediciones B publicó un libro con 2 novelas cortas de género negro: DESPUES DE ISABEL, EL INFIERNO y ¿ALGUIEN HA VISTO EL ENTIERRO DE UN CHINO? En 2013 publicó DE COMO LES CRECIO EL CUELLO A LAS JIRAFAS Este libro fue seleccionado por Uranito Ediciones de Argentina para su publicación, en una convocatoria internacional que pretendía lanzar textos novedosos en la colección "Pequeños Lectores", dirigido a un público infantil. Fue  distribuido en toda América Latina. Ganador en 2016 de las becas de presupuesto participativo del Municipio de Medellín, con su colección de cuentos GAMBERROS S.A. que recoge una colección de historias de pícaros, pillos y malevos. Con la Editorial UPB ha publicado desde 2015 4 novelas de su personaje, el detective Joaquín Tornado. En 2018 publicó su novela Y NOS ROBARON LA CLÍNICA, con Sílaba editores.
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Cuentos Leídos por el autor:
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