Thursday, September 08, 2016

COLEGA, ATERRICE, NO SE PONGA A CREER BOBADAS

COLEGA, ATERRICE, NO SE PONGA A CREER BOBADAS



Parece mentira, pero el concepto aquel de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, no siempre se aplica a la vida real. Hay gente que no aprende, hay gente a la que la edad no le sirve para nada, hay gente que no se talla con la experiencia, hay personas a las que los hechos no les alimentan las entendederas. A más viejos, más pendejos, mientras más deberían saber, menos parecen entender.
Las cosas les pasan por las narices, se ven a punto de verse atropellados por la evidencia y ellos siguen ahí, como si nada, su conciencia permeable sigue sin inmutarse, sin romperse ni mancharse, como si no fuera con ellos.
O será que el equivocado es uno, pero, ¿cómo es posible que después de cumplidos los 50, un compañero crea que la secretaria recién llegada, o la estudiante, o la practicante de curvas imposibles, exultante de hormonas por todos lados, lo está mirando con un interés genuino   de hembra en celo que quiere tener una aproximación física porque lo encuentra un macho interesante y apetecible? Colega, aterrice, lo que quiere es exprimirlo, vaciarle los bolsillos y capitalizarse a su costa. A su edad, el único que le mira con interés genuino el cuerpo es el urólogo o el forense, y eso que con otro tipo de propósitos.
A su edad, eso de teñirse el pelo(incluso de tonos verdosos o rojizos), eso de empezar con ropas apretadas diseñadas para especímenes tres décadas más jóvenes, eso de empalagarse con cremas y gominas típicas de metrosexuales de músculos firmes y barbillas poderosas no es para usted, no haga el ridículo, las pocas rigideces que le quedan si mucho serán de orden moral o conceptual, deje de ser el centro de burlas de sus compañeros de trabajo.
Es hora de entender que las cirugías plásticas no devuelven la juventud ni la belleza, que la lozanía de la piel se pierde y no se recupera a punta de botox y que es más digno tener unas arruguitas naturales que una forzada sonrisa de guasón moldeada a punta de bisturí que, honestamente, no engaña a nadie. Colega, nadie le cree a ese cabellera implantada o teñida que nunca se acerca ni remotamente al natural, a esos párpados operados, a esas patas de gallo infiltradas. No se engañe. A su alrededor, todos están conteniendo la burla y el  comentario. Si no le dicen nada, es por pudor, por respeto a la edad, por una contenida compasión  o por un simple asunto de caridad y discreción, cuando no por mezquina indiferencia.
A estas alturas, y empezar a creerse que puede hacer ejercicio con el vigor que en realidad no demostró cuando sí se podía, no es sino un factor de esguinces, desgarros, fracturas e infartos fulminantes, sin contar con las descalificaciones y los susurros que se generan a sus espaldas, o incluso en sus propias barbas, lo que pasa es que ya no las oye. Porque además de todo, los años traen eso, una sordera selectiva.
O eso de querer sabérselas todas, alegar y querer imponer su verdad revelada sobre todos los temas humanos y divinos, ya no le luce, lo hacen ver como un viejorro prepotente y arrogante que borra con el codo todo lo que ha logrado con su mente en su trayectoria de tantos años, por presumir que sabe más que todos los que lo rodean. No desdeñe la carga intelectual y académica de la gente que viene detrás de usted. Es una generación muy estructurada, que piensa y se informa, llena de datos y de recursos. No piense que estar veterano es sinónimo de ser sabio; debería ir de la mano, pero no siempre es así, hay muchos que con los años es más lo que babosean que lo reflexionan y lo único que ganan es que los que están a su lado les vayan perdiendo el respeto o los vayan catalogando de insufribles. Eso de pontificar con la cabeza pelada y las sienes llenas de canas no le luce sino al Santo Papa, que dicen que es infalible. Y créame, usted está un tanto lejos, aunque se lo crea, de parecerse al romano pontífice. No sea tan pelotudo, o por lo menos, disimúlelo un tantico.
A estas edades, ya deberíamos saber que nadie regala nada, que de eso tan bueno no dan tanto, que al caballo lo soban es para montarlo, que más de un halago en un día empalaga, que no se ganan loterías sin comprarlas, que tanto manoseo deja llaga, que no existen minas con tanto oro y que de riqueza y de bondad, no debemos creer sino la mitad de la mitad.
Y esos bríos, eso de querer lucirse bailando reggaetón, eso de estar poniendo esa mirada de galán que lo hacen ver patético, eso de estar usando nombres inventados en redes sociales aparentando 20 años, 20 kilos y 5 pastillas menos, eso no le luce colega, créame, se lo digo de todo corazón.
No hay nada malo en envejecer con dignidad, en encanecerse con inteligencia, en encorvarse con altura. Lo importante es no resbalar en las pantanosas aguas del ridículo, en sacar a bailar en público ese oso peludo de la desvergüenza, en patinar en la pista de esa desubicación que no genera sino pena ajena.

Colega, ante todo, aterrice, no de papaya, no babosee tanto, no haga pendejadas y, por amor a Dios, deje de creer en tantas bobadas. Usted ya no está para esas cosas.

CODA

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