Sunday, October 30, 2016

COLEGA, ATIENDA SU NEGOCIO

COLEGA, ATIENDA SU NEGOCIO




Decían los viejos, “El que tenga tienda, que la atienda o que la venda”, para expresar con mucha sabiduría que si determinamos vender servicios, debemos asumirlo con responsabilidad y compromiso, o sino, enfardar maletas y dedicarnos a otra cosa.

Porque no tiene sentido ofertar un producto y al tener de frente un comprador  interesado en lo que ofrecemos, espantarlo a punta de mala atención, de negligencia, de displicencia, de indiferencia o incluso de irrespeto. Recuerde que el cliente, o  el usuario, o el paciente, llámelo como quiera de acuerdo al oficio, está pagando por el servicio y tiene derecho a una atención digna. Y hay primeras impresiones y primeras oportunidades. Y no siempre se repiten.

Miremos algunas de las quejas más frecuentes recibidas en el servicio de atención al usuario, todas entre comillas, porque son textuales:

“Tenía la cita a las 2 de la tarde, y había transcurrido más de dos horas, y el gerente ni me había llamado. Claro, como llegó después de las 3, se puso a tomar café  y empezó a contestar llamadas…”
“Cuando entré a la oficina, tuve una cita de 20 minutos. Casi ni pude hablar, pues se pasó contestando el celular, incluso para asuntos personales, creo que ni se enteró de que yo estuve allí, entre llamada y llamada me preguntó 3 veces mi nombre…”
“Yo le explicaba una cosa y él ni me miraba…cuando no era pegado a la pantalla del computador, era chateando por su celular, era como si yo no estuviera frente a él…”
“Estuve llamando dos días seguidos para concertar la cita. Nunca me contestaron, me ponían  una maquinita sonando y dejando mensajes…nunca pude conseguirla, entonces me fui para la competencia. Allí sí me contestaron y atendieron de una.”
“Me llamaron a cancelar la cita que había esperado 15 días, apenas unos minutos antes, ya estaba en la sala de espera cuando sonó el teléfono. A mi hermana le pasó lo mismo, creo que ya no voy a volver”
“Llegué donde la secretaria a entregarle el portafolio de servicios; estaba mirando una revista de catálogo con otra compañera. Me dijo que esperara un rato y mientras masticaba chicle y ni me miraba, seguía en lo que estaba, haciendo su pedido. Decidí que con esa empresa era mejor no negociar” (una similar a esta, denuncia a la secretaria haciéndole el manicure a otra compañera en horas laborales, sin prestarle apenas atención, y contestando de mala gana).
“Le pedí una cotización para el paseo de la oficina. La llamé 3 veces a recordarle. A los 15 días no me había respondido. Cuando lo hizo, casi al mes, yo ya había negociado con la empresa de al lado”
“Le pedí  una cotización; me la dio de inmediato, una señora muy amable. Al otro día me llamó, diciendo que se había equivocado en el precio. Entendí, le dije que iría  a pagarle a su oficina con tarjeta de crédito. Me dijo que no había ningún problema. Al llegar, me dijo que eso subía un 5% el valor de la factura, por lo de la comisión de la tarjeta. En mi afán, tuve que aceptar a regañadientes, pues estaba sobre el tiempo. Dos de los tiquetes quedaron mal escritos. Casi no arreglo el problema. Cambié de Agencia”.
“Muy formal el médico, pero al atenderme, tenía la bata sucia, como de comida derramada y olía a puro cigarrillo y los dientes muy descuidados. Me da pena, puede que sepa mucho, pero, ¿podría conseguirme cita con la otra doctora?
“A mí me ha tocado esperarlo hasta una hora, pero hoy que llegué tarde 5 minutos por un trancón, no me quiso atender. Le expliqué y ya me estaba gritando. Me sentí muy humillada. Uno con más de 70 años, que se mueve lento y que lo griten a uno…me sentí muy mal, y sigo enferma”

Y así como todas estas, hay cientos de quejas. Todas cuestionan la falta de caridad, de calidad humana, de compromiso y de tolerancia por parte del profesional independiente que vende sus servicios. Y eso que no ponemos ejemplos de funcionarios públicos, que esa es otra raza aparte. Estamos hablando de especialistas de muchas áreas que ofrecen sus servicios a libre demanda, a cambio de una tarifa.

Hay que entender que esa persona que pretende pagar por nuestra atención, tiene el poder adquisitivo para hacerlo con cualquiera de los cientos de colegas de la competencia, pero tuvimos el privilegio de que nos escogiera a nosotros, pudiendo hacerlo con cualquiera del directorio. Eso hay que valorarlo y no perder la oportunidad de demostrarle que hizo una buena elección al contar con nuestro nombre o nuestra empresa.

Esa persona que está sentada al frente, vino por cercanía, por facilidad de parqueo, por la oportunidad de la cita, porque la llamada le entró, por referencias de alguien que nos recomendó, por la entrevista que dimos a los medios, por lo que fuera, lo cierto es que está allí anhelando obtener un excelente servicio a cambio de su dinero. Es lo mínimo que tenemos que hacer, para retribuirle su deferencia. Si no llenamos sus expectativas, le garantizo colega que esa persona no vuelve, no nos recomienda y con seguridad habla mal de nosotros, lo que espanta a otros potenciales clientes y nos va dañando el prestigio. Recuerde que el “voz a voz” o el “boca-oreja”, además de la publicidad pagada, es uno de los más eficientes medios de ganar clientela. O de perderla...

Colega, si ofrecemos servicios, garanticemos que estamos a la altura de las expectativas que estamos generando. Garanticemos que cada centavo del cliente que nos contrata está bien invertido. 

Preocupémonos por ser amables, oportunos, diligentes, confiables. Recordemos que nuestro buen nombre es nuestro principal activo. Si lo perdemos o lo dejamos ensuciar, nos quedamos sin nada, es una mala fama de la cual es difícil recuperarse. Recuerde, si tiene tienda, negocio, local, oficina, o consultorio,  atiéndalo con calidad y eficiencia, con sentido humano y compromiso. O sino, mejor empaque sus corotos y su ego y dedíquese a otra cosa, que la clientela no perdona y es despiadada al momento de fustigar, la mayoría de las veces con toda razón.
CODA

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Thursday, October 27, 2016

Pillos, encarcelados en tinta y papel: GAMBERROS S.A. Reseñado en el Colombiano de 27 de octubre de 2016

GAMBERROS S.A. Reseñado en el Colombiano de 27 de octubre de 2016



POR JOHN SALDARRIAGA




Pillos, encarcelados en tinta y papelHay pillos y malandrines de poca monta, que no cometen el gran crimen y sus fechorías no alcanzan a mojar de tinta los periódicos. Sin embargo, son estorbos y gandules que convierten la vida del barrio en un pequeño infierno... Pero no teman: esos sujetos ya están capturados.
Capturados, sí, por la pluma del escritor Emilio Alberto Restrepo, quien después de escribir historias de asesinatos, salió con el libro Gamberros S.A. Historias de pícaros, pillos y malevos.
Editado por Hilo de Plata Editores, este libro está escrito con soltura, buen manejo del lenguaje, uso apropiado de jerga o, más bien, de lenguaje coloquial que se entiende por contexto, y con gran humor.
Quedan en la cabeza del lector algunos de esos proyectos de criminales negados en tercer debate. Figuras más bien irrisorias metidas en un mundo ruin, pero sin tener el talento para serlo. También pillos de poca monta, como el seudofalsificador de gaseosas o la ladrona de hospital que apenas sí se robó una cantidad insignificante; el empeliculado que quería calentar su vida con hechos truculentos, pero claro, le faltaba talento...
Sin embargo, también hay homicidio. Uno sin querer y sin consecuencias sociales. Está relatado en Una llamada por cobrar desde el infierno.
Al hablar del género negro, llegan a la mente imágenes del matón, el asesinado, la escena criminal. ¿Cuál es el espíritu de Gamberros S.A.?

“Se trata de seguir el camino de la picaresca. No de la sicaresca, que ha tenido espacio en nuestro medio. Por eso, en Gamberros aparecen personajes y actos abyectos, ruines, grandes o pequeños. Robos, trampas, falsificaciones, extorsiones, traiciones. Todo eso tiene que ver con lo negro...”.
¿Cómo crea los personajes? ¿Cómo los documenta y caracteriza?
“Pueden partir de personas reales, pero, al llevarlas a la literatura, las enriquezco con características de otras personas. Así, los gamberros a los que aludo no son fácilmente reconocibles en la realidad”.
¿Cómo crea las historias?

“Por mi profesión de ginecoobstetra escucho a muchas personas. Algunas me cuentan historias. También, cuando uno va al barrio Belén, le dicen: “¿supiste lo que le pasó a tal...? Lo metieron preso”. “Pero si era tan sano”, comenta uno. Y por ahí le echan el cuento. Otras veces, como yo soy el tipo más bobo de Medellín, he sido la víctima: me han estafado. Y mi forma de vengarme es hacer cuentos con eso, cambiándoles el nombre a los tramposos para que sean irreconocibles. Por ejemplo, si se llama Evelio, lo pongo Hevelio, con hache. Y así...”


CONTEXTO DE LA NOTICIA

EMILIO ALBERTO RESTREPO
Escritor
Emilio Alberto Restrepo se mueve como ave en un vasto firmamento. Escribe literatura infantil, crónicas, poesía, novela, novela negra, relatos... Entre los títulos de su autoría están: Textos para pervertir a la juventud (poesía), Qué me queda de ti sino el olvido (novela), El pabellón de la mandrágora (novela), Después de Isabel, el infierno y ¿Alguien ha visto el entierro de un chino (dos relatos.
Gamberros S.A. fue ganador de la convocatoria de Estímulos de Presupuesto Participativo de Medellín 2016.












    John Saldarriaga Londoño

    Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros publicados: Al filo de la realidad (cuentos), Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López (periodismo), Crónicas de humo, El Arca de Noé (crónicas) y Vida y milagros (crónicas), El alma de las cosas (relatos), Gema, la nieve y el batracio (novela). Recibí el Premio a la Excelencia Periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa en 2005; el Premio CIPA, en 2004.