Monday, December 09, 2013

LAS OTRAS VICTIMAS

LAS OTRAS VICTIMAS
En general, las víctimas de la violencia han conmovido desde siempre a la sociedad. Y más en nuestro país, en el que  es tan fácil caer como consecuencia  de las balas o las bombas de cualquiera de las múltiples facciones del conflicto que nos azota.

Nos duelen porque entendemos que son un reflejo de nuestros propios miedos, porque  nos hacen entender que mañana podemos ser nosotros mismos o nuestras familias quienes estemos aterrados llorando a un ser querido o sufriendo por el desplazamiento forzoso a que fuimos sometidos o lamentando la pérdida de nuestros bienes personales conseguidos con tanto esfuerzo y sacrificio.

Son como fantasmas que nos rondan y nos conduelen y nos sacuden la conciencia, la solidaridad y el espíritu.

Y como un colectivo los apoyamos. Los acompañamos de corazón en su dolor, participamos de las colectas que buscan aliviar un poco el sufrimiento que los agobia, acudimos con ellos a las marchas de apoyo o de rechazo a una causa cualquiera que implique demostrar el repudio que le tenemos como sociedad a involucrar a la población civil en la contienda, provenga del bando que sea.

Y rezamos por ellos y los estudiamos con las herramientas de la sicología, la antropología y  la sociología y les ayudamos a hacer catarsis desde lo religioso,  lo académico o lo político. Y la prensa les hace eco y el arte trata de interpretar su condición y las oenegés los apoyan y hasta el Papa los bendice e invoca la ayuda divina. Y les hacemos murales con sus fotos  para la recuperación de la memoria histórica y escribimos libros a la manera del “Nunca más”.

Y todo eso está bien, y hay que hacerlo. Es necesario para la preservación de una mínima dignidad social. Porque sabemos que ellos han puesto hoy el dolor y la carne herida y la pérdida de la paz y del sosiego y el funeral y el desarraigo.

Y mañana puede que seamos nosotros, entonces elevamos nuestras plegarias, les brindamos toda nuestra solidaridad y apoyo y de paso alivianamos el pesado fardo de nuestra conciencia pasiva y acomodada.

Pero hay otras víctimas de la violencia que tienen su propio dolor y su propia manera de enfrentar el duelo. Son los que tienen recursos, los que han estado siempre en la orilla de los privilegios y no se resignan a perderlos sin dar la batalla al precio que sea. Y cobrándole  caro a la sociedad en general la osadía de haberse atrevido a vulnerarlos.

Y el país ha temblado con el vértigo de su retaliación y  los efectos secundarios de su venganza. Muchas veces ha salido más costosa su revancha y su proceder iracundo se ha visto reflejado en el doble de desplazamientos, de corrupción desaforada, de masacres, de usurpación de tierras, de entrega de los presupuestos regionales, de desempleo, de vendettas indiscriminadas. Su arrogancia de dioses iracundos explica la más grave historia de desarraigo, muerte y violencia en los últimos años, en una sociedad que ve con impotencia que el origen de la agresión comienza en un bando y es respondido con el doble de contundencia y agresividad por el otro, con efectos secundarios irreversibles que siempre son asumidos por la población indefensa que mira desde el centro con impotencia y resignación.

Y es que no se puede negar que también ellos son víctimas de una guerra que no parece tener fin.

Pero nos ha dolido ver que sus remedios han sido peores que la enfermedad. Hemos pagado mil veces por ello sin tener la culpa. Hemos tenido que entregar la paz, el estado, el presupuesto, la tierra y la tranquilidad. Por eso le rogamos a la Providencia que casos como los de la muerte del papá de Álvaro Uribe, del secuestro del papá  de Pablo Escobar, del secuestro y muerte del papá de los hermanos Castaño, o la del secuestro de la hermana de los Ochoa Vásquez o el magnicidio de Galán o el de Gaitán, o de las muertes a familiares de jefes guerrilleros y miembros del cartel del norte del valle no se vuelvan a repetir. Hemos pagado todos un alto costo por esos asuntos. Hemos sufrido y sacrificado demasiado por ello y para ellos.

Y ya aprendimos que debemos temblar cuando algo hace clamar venganza al poderoso. Ya sabemos en qué van a parar las cosas. Y no nos queda sino rezar, escondernos y rogar que ninguno de los nuestros caiga en la próxima bomba, sea víctima de la bala perdida o caiga en la lista de los delatores que bajo tortura son capaces de decir cualquier cosa. O muera por falta de atención en un hospital cuyo presupuesto les fue asignado o perezca en una carretera deshecha pagada  cinco veces o muera por una infección transmitida por un acueducto que se robaron siete veces siete. ¡Que Dios no sorprenda confesados!

Sunday, December 01, 2013

EL ESCRITOR ARGENTINO ANDRÉS NEUMAN NOS ESCRIBE

A propósito de la página DECÁLOGOS AJENOS (Tips de los maestros, organizados en listas), el escritor argentino Andrés Neuman nos escribió con el fin de hacernos conocer su posición en lo que respecta a una polémica que lleva varios años, relacionado con un duodecálogo para escritores que él escribió y que en algunas páginas de internet atribuyen a Erskine Caldwell.  

(Ver una reflexión en: http://vivirdelcuento.blogspot.com.es/2006/11/parecidos-razonables.html )

Los textos se incluyen en un capítulo del presente blog:

http://emiliorestrepo.blogspot.com/p/decalogos-ajenos.html

en donde se pueden leer una larga colección de decálogos literarios y consejos de escritores que he recogido con el paso de los años.

A pesar de su juventud, Neuman ha consolidado una reconocida y fructífera carrera literaria, como se puede ver en estas referencias:
http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Neuman

http://www.andresneuman.com/

Este es el texto que nos suscribió Andrés Neuman:



Andrés Neuman said...
Estimado Emilio,

saludos y muy interesante la recopilación de decálogos. Respecto al supuesto texto "de Caldwell", el mismo jamás existió, y eso puede comprobarse muy fácilmente.

Como es natural, Erskine Caldwell escribió toda su obra en inglés. Pero si buscas el pretendido "original" en lengua inglesa, comprobarás que dicho autor jamás escribió ese texto, ni tampoco uno parecido. Lo único que encontrarás en Internet será el texto en lengua española, por la sencilla razón de que fue escrito por mí y no por un autor norteamericano. Quien de verdad esté interesado en conocer la verdadera autoría del dodecálogo, no tiene más que hacer esa sencilla búsqueda. Me sorprende que quienes han dudado sobre este punto no se hayan preguntado por qué el texto sólo aparece en castellano, y por cierto la gran mayoría de las veces atribuido a mí.

Por todo esto, te ruego respetuosamente que borres del post esa duda o "parecido sospechoso", que como comprenderás me produce una ofensa; así como el supuesto decálogo de Caldwell, que no es más que el mío propio, que en su edición original iba encabezada por una breve cita de dicho autor. Un día un tallerista copió y pegó en Internet mi texto, atribuyéndoselo por error a Caldwell (quien, insisto, jamás en su vida escribió ningún dodecálogo). Y ese error fue propagándose por un cierto número de páginas sobre el tema, hasta llegar a ti.

Espero haber despejado tus dudas y te agradecería mucho la rectificación del post, para no seguir alimentando este garrafal error entre los lectores, quienes merecerían conocer la información exacta. Un saludo cordial de

Andrés Neuman


Posteriormente, anotó:


Blogger Andrés Neuman said...
Estimado Emilio,

ante todo agradezco el eco que te has hecho de mi mensaje, enviado desde el máximo respeto. Ahora bien, como acto de mínimo rigor literario, para que esta supuesta discusión que das por abierta fuese tal, lo ético sería que aportases alguna prueba del supuesto texto original de Caldwell (cuya existencia tú pareces considerar al menos como posible). De lo contrario, y mucho más allá del derecho legal, que desde ya me asiste, lo honesto sería que rectificases la información de tu post para adecuarlo a la verdad del asunto. Esa es una de las responsabilidades de la difusión pública de ideas. Mis pruebas son sencillas: los registros legales e ISBNs de mis libros. Entre los que se incluyen, por supuesto, los libros donde figuran aquellos dodecálogos sobre el cuento que reprodujiste, y que naturalmente cuentan con su correspondiente copyright. En ningún momento te estoy pidiendo que elimines esos textos de tu blog, sino sencillamente que informes adecuadamente de su autoría real. Me parecería un pequeño acto de justicia que no te costaría ningún esfuerzo hacer. Saludos cordiales de
Andrés
8:08 PM
 Delete


La discusión queda abierta, por si alguien quiere aportar elementos nuevos en cualquiera de los dos sentidos. Neuman es claro en explicar que el decálogo suyo fue atribuido a Caldwel por una ligereza de alguien que lo copió en un post, malinterpretando un epígrafe que lo citaba. En las diferentes búsquedas, no hemos podido encontrar el supuesto original en inglés, además como dice el escritor argentino, a él lo respaldan los registros legales de sus libros, en uno de los cuales apareció originalmente el listado en discusión. En realidad, creo que tiene razón, todo parece indicar que es de su autoría; al parecer el efecto viral de cómo se reproducen algunos conceptos en internet ha propagado esta discusión, sin que el bueno de Caldwel (muerto en 1987) se haya siquiera dado por enterado. En las páginas que hablan de su vida y obra, no se hace referencia a la lista de consejos  de la polémica.

Thursday, October 10, 2013

FERNANDO MORA MELENDEZ y sus LETRAS DE MOLDE, en UNIVERSO CENTRO

En la Fiesta del libro de 2013, en el agite del lanzamiento de mi libro de cuentos negros publicado por el Fondo Editorial del ITM, "UN ASUNTO MICCIONAL Y OTROS CASOS DE JOAQUIN TORNADO, DETECTIVE", me encontré con Fernando Mora Meléndez, profesor de EAFIT y columnista de UNIVERSOCENTRO. Amable y simpático como siempre, muy culto y con la ironía a flor de lengua ante cualquier interpelación, hablamos tranquilos y relajados, contentos de departir casualmente; lo que yo no sabía es que nuestro amigo andaba con su parabólica de periodista prendida y su olfato de sabueso croniquero algo arisco por la hora del cierre del periódico. Sin darnos apenas cuenta, mientras compartíamos una tertulia improvisada y muy agradable con los otros colegas de letras que se iban acercando, Fernando iba elaborando una reseña que trataba de plasmar bajo su particular mirada,  aquella noche de viernes en el vayven de las cientos de personas que como hormigas daban vueltas alrededor de jardín botánico.

De eso da testimonio lo que apareció en UNIVERSOCENTRO  de Septiembre de 2013:

http://www.universocentro.com/NUMERO49/Letrasdemolde.aspx

A propósito de Fernando Mora Melendez, es profesor de EAFIT. Este año ganó el Premio Simón Bolívar(El más importante de Colombia) en Entrevista en Medio Escrito por su trabajo:  "El Poema llega solo", dedicado al poeta nadaista Jaime Jaramillo Escobar.Pueden leer esta excelente aproximación al poeta en: http://elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2687

La referencia al premio de Fernando Mora, la pueden leer en:
http://www.eafit.edu.co/agencia-noticias/historico-noticias/2013/noticias-noviembre/Paginas/Academia-entrevista-un-simon-bolivar-fernando-mora.aspx#.UnwSX8Ug_Z4

Felicitaciones, Maestro.

UNIVERSO CENTRO







El Texto:

Letras de molde
Fernando Mora Meléndez. Ilustración: Mónica Betancourt


Al lado del Cafetín espero a un amigo que anda al otro extremo del Jardín Botánico. Mientras asoma, saludo a otros que pasan. Uno me dice que quedó de finalista en un concurso literario, pero que al final le ganó un pelado que está empezando a escribir cuentos. Después del veredicto decidió publicar el libro de su propio bolsillo.
Enseguida se acerca otro que hace tiempo no veía. Me cuenta que tiene una nueva versión de su novela, un repaso por diversos lupanares de Medellín. En uno de ellos el protagonista va a besar a una prepago en la boca, pero ella le dice que allí no porque ese sitio está reservado a su novio: es un lugar sagrado. Nuestro autor entiende lo difícil que es vender un libro, se alegraría solo de verlo publicado. Parece que este anhelo no se cura con mirar la cantidad de textos que prueban suerte en los estantes, con pilas de nombres desconocidos; "el alud editorial", lo llamó un profesor que conocí en la escuela de periodismo.
Estos dos escritores no se conocen, y apenas los presento se cruzan números telefónicos y datos sobre posibles editores. Me convidan a un té frío, pero insisto en que debo esperar aquí a alguien que está del otro lado.
Mientras tanto llega un tercer escritor. Hace parte de un movimiento que busca despertar el entusiasmo por la novela negra. Parece que en el Valle de Aburrá hay suficiente material para escribir cientos de estas historias. Aclara que la novela negra no es la policiaca, pero tampoco la negroide, ni la que escriben los llamados negros literarios. Aunque no es racista, aclara. Por lo visto, entender qué es la novela negra es una trama secreta.
Este novelista atiende partos en una clínica de Envigado, y en la tarde urde crímenes de papel. Luz en la clínica, oscuridad en las páginas. La pluma es otro bisturí. Vendió 800 ejemplares de su última novela, con todo y haberla editado un sello español con un nombre propicio para el tema: Ediciones B. Está satisfecho de haber creado su propio detective, con gabán, aunque sin pipa. El sabueso criollo ya anda muy orondo por este valle, a pesar de que un jurado de novela dijo que los detectives privados ya estaban archivados por inverosímiles. Pero él conoce a varios en persona, se ha encontrado con alguno en el parque, ambos con crímenes sin resolver.
En el corrillo, el mismo novelista les sugiere a los otros dos hacer libros que se vendan para luego buscar el gran arte. Ha escrito un best seller sobre obstetricia que leen con juicio los estudiantes de esta rama. También tiene uno de autosuperación que ojalá supere a Og Mandigno, el de El vendedor más grande del mundo. "Recuerden que a la Fiesta del Libro no se va solo a comprar libros", nos dijo su director, y en una conferencia un invitado también dijo que en Colombia había más escritores que lectores.
El autor de la serie negra me muestra a los ejecutivos de su editorial española, que han venido a desafiar estos calores que atentan contra la textura de las flores del Orquideorama.
Muy a propósito, a Laura Restrepo le pareció bello el encuentro de las plantas con los libros, la naturaleza y la cultura de nuevo juntas, como en los tiempos de Lévi-Strauss, aunque Juan Gabriel Vázquez hizo ruido con estas cosas al decir que no valía la pena sacrificar un bosque para editar a gente como Paolo Coello. La frase, por supuesto, no detendrá la marcha de los fieles paulistas, que se amparan en uno de los derechos del lector: leer lo que se le dé la gana.
Deberían poner a hablar más a los lectores, dijo otra de las plumas del corrillo, como esa vez que vino hasta el general Bonnet a conversar sobre Lisístrata.

 ¿Será que hay tan poquitos lectores en el país como dice la última encuesta? Le pido a uno de ellos que me la explique: ¿Cómo así que un colombiano lee en promedio 1,9 libros? ¿Quiere decir esto que un lector en Colombia termina un libro y deja el final del otro para verlo por televisión? No hay una sibila que nos resuelva el enigma, y entonces uno de los inéditos propone buscar puesto en el recital de los poetas de agua dulce.
Al final nadie se pone de acuerdo. Comienzan a rondar los jóvenes de logística para anunciar que la fiesta ya terminó. El amigo que esperaba no llegó o se hizo el perdido. Los tres escritores que quieren mojar tinta ya andan en confianza, como viejos cuates, por el milagro del encuentro. Vamos a curiosear a un puesto de la colección Biblioteca de Ayacucho con otras preguntas inocuas como: ¿Es cierto que Chávez compró a Monte Ávila dizque para limpiarla de las plumas burguesas? ¿Qué más se ha sabido sobre la vida del camarada Bolívar? Y mientras los chamos empacan en cajas sus volúmenes, alguien propone ir a la calle Barranquilla donde un librero que antes hacía hamacas, de las mismas en que dormía el prócer.
En el local nos dicen que el dueño anda perdido en el Congreso Mundial de Haikuistas. ¿De qué hablarán en ese evento? ¿Vendrá algún experto japonés a mostrar el poema más pequeño del mundo en su microscopio? ¿Habrá ronda de haikús eróticos para leer sin kimono? ¿Hay vida más allá del haikú?
De pronto, en medio de la chacota, una vieja amiga me llama desde la trastienda para mostrarme algo que hay enmarcado en la pared. Se trata de un poema que le envió su amor desde el lecho de deshauciado. Está escrito a lápiz sobre una hoja de cuaderno simple. El poeta había sido mi profesor años antes, y era el mismo que hablaba del alud editorial. Varios de sus textos quedaron sin publicar, después del pedido que les hizo a sus hijos: "si yo me muero, no publiquen nada de eso". Al final de sus días lo único que le importó fue estar lejos de las letras de molde. 
El poema dice:
Defínete de una vez, y haz caso omiso de mí.
No me tengas en cuenta en adelante
y ni siquiera me recuerdes en las fechas sagradas.
Sácame a empellones de tu vida
y ocupa pronto el lugar
que me correspondía en tu corazón.
Rompe mi retrato
y borra las letras indelebles del amor.
Grita, exagera, difama.
Hazlo todo a la perfección,
pues este es el último homenaje que me rindes.
UC

Friday, September 13, 2013

DECALOGO ARBITRARIO PARA ASPIRANTES A ESCRITORES





      


     






A raíz de una conversación que sostuvimos, motivada por la publicación de la colección de decálogos y consejos de escritores que a manera de listas  he venido guardando con los años y    recopilada en mi blog, 


y luego, por asuntos de organización, consolidada en:

http://decalogosliterarios.blogspot.com/

algunos muchachos me lanzaron la inquietud: ¿Qué tan valiosos eran los famosos decálogos para escritores, hasta dónde servían, qué tan válido era apegarse a ellos como si se trataran de unas "tablas de la ley"?Estábamos con  unos estudiantes en la Parada Literaria Juvenil que se realizó en Medellín, algunos eran de bachillerato, otros universitarios, había alguno que otro veterano matando el tiempo mientras cumplía una cita. Pero el reto, al mismo tiempo conclusión,  fue claro: cada cual debía regirse por sus propias normas, cada uno debía decantar su propio código, cada cual tenía que reinventarse a sí mismo, total, nadie iba a responder por uno. Entonces nos pusimos el ejercicio de diseñar cada uno su propio "manual de instrucciones", su propia lista y para efectos metodológicos, se sugerían 10 puntos, para asuntos de orden y concisión. Acá cumplo con mi tarea. Trato de creer en esos principios, no se dentro de unos días piense lo mismo, pero ahí vamos.
Emilio Alberto Restrepo

1 Mira el mundo, escúchalo, huélelo: en todo lo que pasa alrededor, hay una historia potencial gritando por ser descubierta, contada o tergiversada. Si quieres ser escritor, no pierdas ninguna oportunidad. Si no la ves, invéntala, de todas formas allí está.

2 Toma apuntes, la memoria es frágil. Para hacerlo, carga un libreta, una agenda, una grabadora de periodista. Si no lo haces, mas de la mitad de las cosas que hoy te llaman la atención, mañana  se volverán polvo de olvido. Si lo haces, siempre podrás volver sobre el apunte y tarde o temprano te servirá para elaborar un texto, para cubrir un espacio, para resolver una situación o para tomar una pequeña venganza.

3 Escribe, escribe, escribe. Lo que sea; ojalá con método e intención, pero sino, con intuición y anarquía. Muchas veces de estos últimos intentos, al escarbar se encuentra un diamante dentro de la basura.

4 Durante las épocas de sequía creativa, los mejores recursos para escamparse son: el cine, ver todas las películas posibles, sobre todo las clásicas, basadas en guiones poderosos llenos de historias vigorosas e imaginativas sin sobrecarga de efectos especiales;  leer y leer, tratando de entender las costuras con que los maestros hicieron obras memorables y los no tan brillantes desaprovecharon buenas ideas; vivir, amar, pensar, hacer ejercicio y no auto-compadecerse, lamentándose de estar viviendo el cacareado "sindrome de la página en blanco".

5 No tengas miedos ni temores: puedes ser fiel retratista de la realidad, o combinar la ficción con sucesos reales, o inventarse una situación alternativa jugando un poco a ser un Dios imperfecto. Es una cuestión de gustos personales. En literatura, más que en otras áreas, es cierto aquello de "piensa mal y acertarás". No le tengas miedo a la mentira, a la distorsión, al chisme, al mal pensamiento, a la calumnia...Siempre un nombre podrá ser cambiado, siempre podrás jurar en falso, siempre te podrás retractar o no, siempre podrás pedir disculpas. Lo importante es escribir. El infierno se encargará del resto.

6 Corrige, corrige, corrige. En caliente o en frío. Castiga los adjetivos, los adverbios y los adornos innecesarios o excesivos. Usa el buscador del computador para las palabras repetidas muchas veces. Pisa con cuidado la delgada línea de la gramática y la ortografía, que castigan con rigor los textos, a pesar de su calidad literaria.

7 Si puedes, busca un buen Taller de Escritores. Los genios silvestres que nacen y se hacen por generación espontánea son muy escasos, unas pocas decenas por siglo. Lo importante en ellos es el profesor, alguien con experiencia que genere confianza en el alumno y le refuerce la técnica para superar las debilidades, estimulando las virtudes individuales de cada uno. Hay que ir con la mente abierta y la autoestima en su punto, pues en los buenos talleres, son más las críticas que los halagos, las reprimendas que los aplausos, las deserciones que la continuidad. Solo los obstinados, que casi siempre son los que persisten y van haciendo obra, sobreviven a las tormentas -y tormentos-del ego.

8 Detecta los concursos honestos y que se adapten a tu obra. No escribas para ellos, pero si puedes, participa con intensiones de ganar. Si no ganas, te debes blindar para que no  importe y de todas formas seguir escribiendo. Son más los que se pierden, siempre saldrán nuevas convocatorias y nadie ha podido entender lo que pasa por la cabeza de los jurados. Es un completo azar, y ganar puede servir, pero perder no descalifica ni debe acabar con la motivación de un escritor. Si ganas, hay publicación, dinero y reconocimiento. Un premio te puede resucitar la obra anterior y generar un nuevo interés en potenciales lectores y editores

9 Las ideas no son de nadie, el conocimiento es universal, la cultura está globalizada. Pero cuidado, el plagio es un pecado, mortal e inadmisible. Todo es susceptible de servir de inspiración, una buena canción, una mala película, una historia coja, un poema memorable. Todo admite continuaciones, variantes, segundas miradas, terceras opiniones, otras perspectivas. En literatura no hay cadáveres definitivos ni hornos crematorios que destruyan los rastros. Todo es cuestión de respeto, lenguaje y perspectiva. Lo importante es el estilo, el sello personal, ese aire individual que hace la diferencia.

10 No te creas el cuento de la fama, que es evanescente y pasajera, pero tiene el peligro de ser adictiva y enceguecedora. No niegues un consejo a tiempo a quien lo necesita y te mira con ansiedad; no eludas ni pospongas una buena  conversación y aunque pienses que te están succionando tus trucos, considéralo un halago. No te marees con el éxito ni con el fracaso. Los libros están ahí, alguien los valora y otros los desprecian, pero a la mayoría les son indiferentes. Comparte con generosidad tus memorias, tus archivos, tus colecciones, incluso a los que han sido mezquinos contigo. Así estás sembrando un camino de recompensas, de ideas. O de de rechazo y traición, tampoco importa mucho. En el fondo se trata de vivir, de sentir. El resto vale menos. Y recuerda que al final todos vamos a terminar en poder de los gusanos

CODA. Recomendación final: Lee todos los decálogos, escucha y repasa todos los consejos, reflexiona sobre lo que han dicho otros más viejos o más sabios o más exitosos. Por lo menos te divertirás haciéndolo, aunque no cuentes con  volverte un portento genial por hacerlo. Pero no  creas en todo lo que dicen, no hay fórmulas mágicas. Cada uno se rasca su propio trasero como puede. Al final , eres el único que responde, nadie te va a dar la mano si no funciona. Con decálogo o sin él, ten en cuenta que los libros se defienden o se hunden solos, el tiempo no perdona y una moda siempre desplaza a otra.


Nota: Este decálogo ha tenido amplia difusión en la red. Ha sido reproducido en varios medios, como El Diario del Otún, de Pereira y la revista cultural Libros&letras




Wednesday, August 14, 2013

Defensa mínima de la intensidad






De un tiempo para acá, ser “intenso” se volvió un estigma. Antes se decía que “es mejor contener un avispado que arrear un bobo”, entendiendo que en el mundo de las ideas, de la producción, de la creatividad, es mejor contar con la gente que tiene empuje, tesón, iniciativa, que esperar con paciencia infinita que los lentos, los perezosos y los pusilánimes hagan lo mínimo que les corresponde por obligación.  Y, a  veces, ni aun así.

Ser intenso quiere decir respetar los pactos, cumplir los horarios, ir un poco más allá que lo que el simple compromiso exige.  Y también reclamar cuando las cosas no están bien hechas, dejar sentado un precedente cuando por desidia las situaciones quedan a mitad de camino.  Sin intensos el progreso no existiría, el conocimiento estaría estancado, las obras no se terminarían nunca, el arte, la ciencia y la literatura no tendrían expresión.

Y el mediocre odia al intenso.  No tolera su nivel de competencia, no le marcha a su ritmo, no comparte su compulsión porque las cosas queden bien hechas.  La mejor defensa para justificar su incompetencia es refugiarse en un adjetivo que se volvió, de tanto usarlo, un insulto: “Pobrecito, es insoportable: es que es muy intenso”.

El intenso espera que los demás cumplan sus tareas a su ritmo y eso genera desgaste y confrontación, pues la gran masa se debate entre la pereza y el conformismo, amparados en la ley del menor esfuerzo.  Y como el intenso odia el facilismo y se desespera con la lentitud  y la ineficiencia de los lerdos, es común que se generen debates e inconformismo que lo hacen impopular entre la horda de acomodados que buscan refugiarse en las disculpas y las justificaciones para disimular su falta de gestión.

El DRAE lo define de forma contundente: Que tiene intensidad.  Muy vehemente y vivo.  Ahora bien, hay intensos de intensos.  Ser comprometido no justifica ni la arrogancia, ni la intolerancia ni la grosería, que son cosas distintas a la intensidad.  Es que una cosa es ser intenso y otra es ser abusivo con los demás.  Un asunto es la auto conciencia de las capacidades que se poseen y otro el engreimiento vano.  Es distinta la confianza en sí mismo que la vanidad desbordada.  No es lo mismo exigir que abusar, pautar que acosar, liderar que imponer.  Y desafortunadamente estas atribuciones son las que le han hecho mala prensa a los intensos.  No es la intensidad, son los defectos personales que algunos individuos tienen asociados, amén de intensos.

El intenso es exigente con sus alumnos, pues sabe que tiene la obligación de educarlos y formarlos.  Espera mucho de sus hijos, entendiendo que tiene la  obligación y la esperanza de que sean buenos ciudadanos, decentes y útiles a la sociedad.  Es referente para sus colegas, pues cree que la calidad es necesaria y tiene que imponerse en el resultado final de sus acciones.

El intenso va aprendiendo que tiene que sortear toda serie de talanqueras que le anteponen los que no le dan la talla.  Tiene que enfrentar la incomprensión de los que no toleran su ritmo.  Tiene que capotear la malquerencia de los que van quedando rezagados por causa de su propia incompetencia, de los que no están de acuerdo con su mística, con su responsabilidad, con su coherencia, con su sentido de pertenencia.

Con el tiempo, hemos aprendido que al intenso no hay que desdeñarlo por ser intenso.  Esto en sí mismo puede ser hasta un motor para el desarrollo individual y social.  Es posible que sean sus características agregadas lo que lo hagan repelente, pero no hay que echarle la culpa a la intensidad por ella misma.  Tomo prestadas las palabras de Jairo Dueñas, quien en un editorial de la revista Cromos (Junio 14 2013) se refería al mismo tema que hoy nos ocupa:

-  “El ímpetu con que rompen las olas siempre va a ser más conmovedor que un mar en calma.  ¿Cuándo fue que la intensidad perdió su imán?  ¿Cuándo se volvió jarta?  ¿Cuándo se convirtió en medalla de seres insufribles y no de almas sensibles?  ¿Cuándo salió del libro de las virtudes y entró al de las patologías?  Aplicado al papel, vivir intensamente no es más que reteñirnos sobre las páginas de nuestros días.  Lo contrario no son más que dibujos desvaídos de lo que hacemos sin creencias ni firmeza.  ¡Que vuelvan los días y los hombres intensos!  Porque, seguramente, traerán más energía y color a nuestra existencia que esos otros soles desteñidos que ni siquiera calientan.”






Monday, July 29, 2013

LA CLASE MEDIA





Hoy más que nunca me tiene irritado el pertenecer inexorable e irremediablemente a la clase media. Y no es que esté siendo víctima de un ataque de arribismo súbito o que tenga una especie de insatisfacción crónica con lo que me tocó en suerte. No. Es que me siento asfixiado y sitiado en esa clase sánduche que me acorta las perspectivas y me limita los horizontes.

Y es que la cotidianidad me lo recuerda y me lo reprocha en la cara: La clase media está prisionera de sus limitaciones, de sus escrúpulos, de sus miedos, de las amenazas del entorno.  Es la clase del medio, la que contribuye con su mano de obra y su fuerza laboral al enriquecimiento de los ricos, al mantenimiento del orden establecido, al sostenimiento del poder sin  lograr nunca ejercerlo, a la silenciosa opinión pública que nunca se expresa a una viva voz.

La clase media siempre estará a merced de las otras clases, enquistada en una impotencia ancestral que le impide evolucionar; si acaso cambia, casi siempre es para empeorar, para perder poder adquisitivo, para tener cada vez más deudas, para poner más sacrificios y entregar su cuota de deterioro personal. Recordemos la reciente crisis bancaria que obligó a entregar muebles e inmuebles en parte de pago obligado para las entidades que sin ninguna consideración ejercieron los cobros: miles de personas devolvieron sus propiedades conseguidas con grandes sacrificios. Siempre fue la clase media. Por supuesto, los ricos no tenían este problema, pues la falta de financiación no los mortifica. Los pobres, menos aún, pues a ningún indigente le prestan plata las corporaciones.

La clase media siempre es víctima de los efectos de las otras clases, de la explotación de los ricos y de la violencia de ricos y pobres. De la arrogancia del poder, del abuso de la autoridad, de la humillación, de los excesos, de la envidia, del exhibicionismo, del derroche  y por el otro lado de la irritación del desplazado, de la amenaza del indigente, de la despreocupación social del desposeído, del resentimiento del que nada tiene.

El conductor de clase media tiene que soportar en silencio la soberbia del emergente que atraviesa su carro de mayor valor y tamaño sin ninguna consideración ni respeto; tiene que tolerar su mirada arrogante teñida de una velada amenaza, tiene que ceder el paso y el espacio en forma impotente, tiene que verlos cruzar por la izquierda sin que la larga fila les importe. Además tiene que tolerar las hordas de mendigos e indigentes que lo acosan en cada esquina, lo injurian, lo recriminan y hasta lo amenazan.

El trabajador de clase media ve cómo se le va la juventud en trabajos duros e inestables, en contratos leoninos y temporales, en sobre-explotación y plusvalía. El rico usualmente es dueño de los medios de producción o tiene renta y capital. El pobre ya tiene incorporada la tendencia viciosa a tratar de resolver el día a día de sus necesidades primarias, con dificultad, pero con cierta dosis de estoicismo que lo hace relativamente inmune a una visión escéptica del porvenir; es, si se quiere, más inmediatista y pragmático.

El paciente de clase media está a merced de un sistema de salud inoperante y mercantilista que lo somete a la humillación de parecer mendigando a lo que por derecho propio tiene, al estar bajo el amparo de la seguridad social. El indigente sin preocuparse por esto, está cubierto por los sistemas de beneficencia del estado (SISBEN,  por ej.) y el rico, por supuesto, lo suple con el efectivo, la medicina prepagada o la póliza de seguros.

El ser-social de clase media es víctima mucho más contundente de una sociedad consumista que lo presiona a aspirar, a veces sin conciencia, a bienes de consumo acaso ajenos a sus reales capacidades de gasto y de empeño. Sobre-dimensiona su capacidad de crédito y se somete en muchas ocasiones a la evidencia de no poder asumirlas, una vez ejecutadas. El poderoso, tranquilamente compra con su dinero la magnitud de su deseo o su capricho. El pobre,  al no acceder a la posibilidad del crédito o por saber con claridad que lo limita su poder adquisitivo, simplemente se ubica con más facilidad en su nivel de gastos, despreciando por imposible lo superfluo o suntuoso.




La case media es conducida políticamente con el sofisma eficiente de pertenecer a la “franja de opinión”. Ha sido manipulada para creer que define con su voto, con sus movilizaciones de insatisfecho los designios de la sociedad. Pero no detenta el poder. No ejerce de primera mano el ejercicio de la toma de decisiones desde las altas esferas de la ejecución pública o política. Si acaso lo cree hacer desde su limitado espacio de burócrata, ahí sí, cruel fustigador de sus semejantes, voraz funcionario oportunista y despiadado que no quiere ver más allá de sus propias narices e intereses. 

La clase media está bombardeada por la frustración, el conformismo y la resignación, pero condenada  por eterna memoria a la lucha sin tregua contra el estancamiento y los trámites, contra el sistema que no le da opciones, contra las corporaciones que lo pisotean sin miramientos. 

Para estar a la altura del mercado, es esclava del sistema de crédito, financiación a largo plazo que se le chupa la sangre y las expectativas; si no se revienta en el intento, al terminar de pagar, ya el bien  está obsoleto y  el espíritu cansado, pero las presiones del medio y las expectativas personales, sociales y familiares empujan a un nuevo intento de estar al día, para seguir en un carrusel agobiante que no termina nunca.

Y ella siempre allí, resignada, contenida, asfixiada, pensando en masa, viendo pasar la historia por su lado, apegado a la eterna (vana?) ilusión de algún día salirse de la fila…







Publicado originalmente en el boletín de ASMEDAS:

http://www.asmedasantioquia.org/ws/magazines/articulos/45-magazin-no-20/4419-la-clase-media-callada-presencia


Monday, June 10, 2013

COLEGA, NO TRABAJE TANTO

Colega, no trabaje tanto
Emilio Alberto Restrepo Baena






En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás. William Faulkner







Y es que desde que nos graduamos ya estamos programados para trabajar sin descanso, para tomar como natural el sofisma que nos recuerda que “al principio uno tiene que matarse trabajando eturnos y festivos para hacerse un capitalcito y después soltar un poco y bajar el ritmo”.MENTIRAS. Ese chip de la trabajo-adicción que empieza a funcionar al tener el diploma que nos da licencia para ejercer, nos marca de por vida, nos programa sin opciones en la perversa tradición del “trabajar, trabajar y trabajar”.

La experiencia lo demuestra. Cuando uno se mete en la licuadora del trabajo sin pausa, de hacer labores continuas sin darle cabida al reposo, con la ambición de atesorar y conseguir objetos de consumo en pocos años, ya no es capaz de soltar, de recuperar un nivel digno y razonable de jornada laboral. No es capaz de adecuarse a los menores ingresos que se obtienen por bajar el ritmo. No sabe qué hacer con el ocio, pues por estar permanentemente ejecutando un trabajo, perdió la capacidad del deleite, la delicia del hobby, la dulce lentitud de la lectura, el ejercicio, la película, la conversación por placer, la amistad, el amor, los juegos con los hijos y mil etcéteras, que el exceso de trabajo no nos dejan ver.

En Europa hay países con jornadas semanales de 32 horas, y les parece excesiva. En Colombia es de 48 horas y la mayoría de nuestros colegas trabaja alrededor de cien horas en dos y tres trabajos. Una aberración. ¿A qué horas viven, aman, estudian, sueñan y crecen como seres humanos?

Es natural que como producto de ello, sean padres ausentes, esposos descuidados, amigos indiferentes. Es que físicamente no tienen tiempo sino para estar en un turno, empatar con otro y tratar de recuperarse de ellos para recomenzar el carrusel. ¿A qué horas se actualizan, a qué horas leen, sí tienen tiempo de darse un gustico sin afanes, sin carreras, sin estar mirando el reloj para irse a acometer una nueva jornada?

¿No le parece abominable andar con la ropa en el carro, dormir tres a cinco noches por semana fuera de la casa en una cama de uso colectivo, sin la privacidad del baño propio, embutiéndose de afán comida chatarra en los cambios del semáforo mientras va de un sitio a otro? ¿No es horrible que la esposa le tenga que llevar los niños al trabajo los fines de semana, porque de otra forma no es posible que se vean y compartan aunque sea unos minutos?

Y pasan los años, y nada que le baja al ritmo. El autoengaño permanente no le permite ver que está dejando en un trabajo la juventud y la salud mientras engorda la cuenta bancaria que probablemente otros van a disfrutar. Claro, compró una casa en un estrato dos estratos por encima del suyo, pues no puede ser inferior al compañero que se le adelantó en la decisión y no puede ser en el barrio de siempre, pues uno “tiene que progresar en la vida”. Y el auto tiene que ser más nuevo y más grande que el del colega, pues todo el mundo debe darse cuenta que “uno no es ninguna lagaña de mico”.Y la familia exige y presiona, pues hay que darse caché y estatus y la experiencia muestra que no hay nadie más arribista, esnobista y exhibicionista que la clase media cuando le da por el ascenso social. Entonces es un círculo vicioso que nunca se acaba, el endeudarse, el consumir sin limite, el trabajar sin descanso para poder cumplir, etc.

Muchas veces lo único que nos hace detenernos a reflexionar, no es el producto de una racionalización o de una elucubración filosófica que nos hace caer en cuenta de que somos poco menos que unos esclavos, sino un infarto fulminante, una estadía en una unidad de cuidados intensivos, una separación, una infidelidad, delincuencia o drogadicción en el hogar y mil tragedias más, cada una peor que la otra.

Hay que recordar que cuando soñábamos con estudiar y especializarnos, lo hacíamos entre otras cosas para tener una mejor calidad de vida. ¿Acaso sí lo hemos logrado? ¿Sí vivimos mejor? O simplemente somos esclavos con título universitario sin tiempo para nosotros mismos, ni para nuestras familias, sin lugar para el crecimiento intelectual, para el goce mundano y el regocijo estético, para sentir en el cuerpo y en los sentidos el sublime placer de sentirnos vivos y sanos y vigorosos y agradecerle a la vida por tantos privilegios y beneficios que nos ha dispensado y que muchas veces derrochamos imbécilmente sin siquiera darnos cuenta.

No hay que pretender enriquecerse en el primer año de ejercicio. Las cosas van llegando, las recompensas se obtienen cuando el trabajo se hace con responsabilidad, constancia y dignificando a la persona como un ser integral. Es mejor un profesional culto, equilibrado, feliz, compensado anímica y espiritualmente, que genere confianza entre sus semejantes, que un pobre rico que lo único que tiene es plata, un vulgar burro de oro que sólo piensa en el billete y en el trabajo, el profesional más adinerado del cementerio.

Esos años de trabajo-adicción sin sosiego pasan su cuenta de cobro en úlceras, insomnios, hipertensión, lumbagos, impotencia, malgenio crónico, migrañas. Tarde o temprano la hipófisis y la glándula pineal llaman a juicio por el maltrato, por el abuso contra el ciclo circadiano, por la sobrecarga. Y uno se enfrenta al espejo, a la noche oscura e interminable y descubre que no hay marcha atrás.

Colega, su familia lo necesita. Vuelva a los placeres elementales que tan feliz lo hacían cuando no estaba obsesionado con el trabajo. Tenga una diversión, un oficio, un entretenedero para que no se aburra cuando se jubile, si es que no llega enfermo de tanto trabajar. Lea, ríase, goce, disfrute. Vida hay solo una y se nos está acabando. Colega, no trabaje tanto.

Nota: Publicado en el periódico PRINCIPIO ACTIVO, Facultad de Medicina U de A, Junio 2013









¡¡¡¡DESTACADO!!!!
Cuentos propios, leídos por el autor:



Comentarios:

Me encantó "colega no trabaje tanto"

Recibidos
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ADRIANA ANGEL aangelramon@gmail.com

08:58 (Hace 34 minutos.)
para 
Buenos días

Por casualidad del destino encontré el video "colega no trabaje tanto" y quedé "plop" y quisiera contarle porque...

Me encantó porque ví reflejada en el la realidad de nuestra profesión, profesión que amo pero que suele quitarle mucho a quienes la ejercen. 

Hace algún tiempo trabajaba así, de sol a sombra, hasta que en mi vida apareció mi hijo y me permitió abrir los ojos a todo eso que usted describe, pero que la mayoría lastimosamente nunca vé. Fue así como decidimos con mi esposo que solo trabajaría en las mañanas y renunciaría al otro puesto,mis propios colegas no entendían como era que yo sólo iba a trabajar hasta el medio día y que obviamente iba a "sacrificar" un salario por dedicarme a mi hijo en las tardes, acaso no lo puede cuidar tu mamá o una tía o si quieres te recomiendo una excelente niñera, me decían. pero nosotros teníamos claro que dejar de trabajar en la tarde no era "sacrificar" un puesto, todo lo contrario, CONTINUAR ALLI ERA SACRIFICAR NUESTRO HIJO, NUESTRA FAMILIA, porque entre otras cosas, por alguna razón somos el gremio con más índice de separaciones, infidelidades  y en general familias disfuncionales (pero que esperábamos,  si nos vemos más con la gente del hospital y dormimos más en el hospital muchas veces, que con la familia).

Y entonces también aparece la consabida pregunta, y no piensas especializarte?, pues quererlo sí, porque me encanta estudiar pero cuando  racionalicé la realidad mía y la comparé con la de mis compañeros especialistas, nuevamente entendí algo que radicalizó mi decisión de no especializarme. Yo soy médico general, trabajo hasta el medio día, puedo cuidar a mi hijo, vivo bien (hablando del contexto social), cuando mi esposo llega del trabajo podemos compartir tiempo los 3, las fechas especiales puedo compartirlas en familia, en cambio mis amigos especialistas, todos están en un afán social enorme (el mejor carro, la acción del club, viajes al exterior, etc), es cierto, ganan más que yo pero trabajan 3 veces más que yo, no tienen tiempo para disfrutar en familia, no pueden dejar de trabajar ni un día porque las deudas los agobian (aunque obviamente ninguno lo reconozca),  así que decidí firmemente no especializarme, he visto que SE GANA MAS DINERO PERO SE OBTIENE A CAMBIO MENOR CALIDAD DE VIDA.

Y entonces tomé otra decisión en mi vida y fue buscar una fuente de ingreso diferente, que algún día me permita no sólo disfrutar de todo esto que hoy en día estoy disfrutando con mi familia, sino que me permita también algún día ejercer LA MEDICINA QUE SOÑÉ EJERCER, esa que idealizaba cuando presenté el examen de admisión en la Universidad Nacional  y no la que me tocó ejercer cuando me entregaron mi tarjeta profesional y me metí en todo este rollo laboral y social de ser médico, donde se debe sacrificar la esencia de tu profesión para poder mantener el salario a toda costa, donde te toca entender frases como "el POS no lo cubre", "la consulta es de 20 min", "hay que hacer reducción del gasto", "ese examen solo lo pueden solicitar los especialistas" (claro si logran conseguir la cita con el consabido Dr.). Es así como la realidad de nuestro sistema se reduce a los "pobres" médicos amarrados por el sistema, sin tiempo para sí mismos ni para sus familias, atendiendo a pacientes que ni siquiera eso les reconocen, conocedores de sus derechos lo que los hace muy demandantes ante el médico pero no ante la entidad que los cobija a ambos y la otra cara de la moneda, los "pobres" pacientes atendidos por médicos "amarrados", sobresaturados de trabajo, mal dormidos, mal comidos, en mal estado de salud, con dificultades enormes como humanos que son. Podríamos pensar que tenemos un problema de publicidad engañosa, una cosa es la que nos prometen cuando nos matriculamos en la universidad y otra muy diferente la que obtenemos cuando nos entregan la tarjeta profesional.  

Es así como en conjunto con otros médicos nos hemos dedicado a algo que nosotros hemos llamado "médicos en rehabilitación", nos hemos dedicado a mostrarles que hay formas diferentes de ganar dinero sin tener que sacrificarlo todo por el dinero, que nuestras familias nos necesitan ahora, que con el tiempo podremos también ejercer la profesión de una manera diferente, donde el motor para ejercerla no sea el dinero  sino la pasión y la vocación que nos motivó a estudiarla.

Doctor, con todo esto quiero decirle muchas gracias, es bueno saber que somos varios  pensando de la misma manera, para que con el tiempo seamos muchos y ojalá algún día, fuéramos todos. 

Si algún día pasa por Bogotá, no dude en contactarme, por favor avíseme, en realidad quisiera conocerlo y presentarle a los colegas "rehabilitados" con los que trabajo.

Un abrazo